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Olla gitana

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Foto: Bárbara

 

Ola de frío en toda la Península, incluso hoy ha nevado aquí, donde alcanzamos los cuarenta grados en verano sin pestañear. El cambio climático nos proporciona estas sorpresas. Esta receta, como todos los potajes de invierno, son lo mejor que se ha podido inventar. La olla gitana tiene muchos variantes, pero todos, incluso los que aportan proteína animal como el pollo, son una delicia. Esta, siendo solo de verdura y legumbres, es realmente sabrosa y natural, genial para vegetarianos.

Ingredientes: Judías verdes, judías blancas, patatas, 1 pera, unos trozos de calabaza, 1 tomate. 1 cebolleta, 2 dientes de ajo, un puñado de almendras, una rebanada de pan, sal, pimienta, 1 cucharadita de cominos, hierbabuena (fresca y seca). Las cantidades dependerán de los comensales, pero yo pongo para cuatro unos 200 gr. de judías verdes y cuatrocientos gr. de blancas.

Últimamente utilizo las legumbres ya cocidas, que ya sé que no es lo mismo, pero ahorra mucho tiempo. Cuezo las judías verdes, la calabaza, la pera y las patatas juntas. Si a alguien no le gustan las peras, trocearlas en cuartos y luego retirarlas a la hora de servir, pero os aseguro que le da un sabor excelente al conjunto. Juntamos con las judías blancas y dejamos unos diez minutos más. Añadimos la hierbabuena seca sin escatimar, con alegría, y una cucharadita de cominos. Doramos la cebolleta y el tomate natural troceado y pelado, y añadimos al guiso. En el mortero majamos la rebanada de pan frito en aceite de oliva, los dientes de ajo fritos en el mismo aceite, enteros y sin pelar, y un puñado de almendras tostadas. Agregamos este majado a la olla y dejamos hervir. Aunque la foto no es nada del otro mundo, os aseguro que es uno de los guisos más buenos que he probado; el punto que le da la hierbabuena es genial. Adornamos con ramitas de esta hierba fresca.

Comer en Belmonte

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Verduras a la plancha

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Presa ibérica al vino tinto

La cocina del Hotel Infante Juan Manuel en Belmonte hace honor a las bondades del establecimiento. La ensalada de verduritas con jamón en su punto de plancha, crujientes y deliciosas y la presa al vino con berenjenas de Almagro y mostaza a la antigua dejan un buen sabor de boca. El establecimiento, un lugar de absoluto sosiego, tiene todo lo necesario para que la estancia sea muy agradable; un lugar para descansar y cargar pilas a lo que contribuyen las instalaciones de sauna y piscina. La música clásica pone la guinda a este pastel tan recomendable.

El chuletón de Ávila

Este post es solo para los carnívoros; abstenerse los veganos y vegetarianos. Estar en Ávila y no probar su famoso chuletón es algo imperdonable. Al lado de la catedral, en el Palacio de los Velada, se puede degustar lo mejor de la cocina del lugar, como por ejemplo las también famosas judías del Barco de Ávila con su oreja de cerdo, su chorizo y todo lo demás, en un lugar que de por sí enamora: su claustro. En ese ambiente, el chuletón era inevitable y, acompañado por un vino tinto de la ribera del Duero, después de hacer unos cuantos kilómetros, un regalo de los dioses.

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Chuletón de Ávila. Foto:Bárbara

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Guarnición. Foto: Bárbara

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Después. Foto: Bárbara

Y así quedó el chuletón: mondo y lirondo.

Santorini, un «resto» muy mediterráneo

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

 

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

 

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

 

He descubierto, con la edad, que no hay nada más placentero en un viaje que las paradas que se van haciendo por el camino y por ello no disfruto de los viajes en avión, porque en un abrir y cerrar de ojos ya has llegado a tu destino. El viaje en sí encierra todas las claves de aquello que queremos aprehender: el paisaje, las gentes y la gastronomía, esto último de suma importancia para los estómagos agradecidos como el mío. De camino a Huesca, una parada en Peñíscola, en un hotel de primera línea del mar, me permitió contemplar lo que más me gusta, una playa casi desierta en mayo y descubrir un restaurante, el Santorini, con una estupenda cocina griega e italiana. La decoración de la terraza del «resto» es de lo más mediterráneo, todo pintado en blancos y azules, con unas macetas de geranios sobre unos taburetes de estantes que me recordaban todo el tiempo unos cuadros de Matisse pintados en la Costa Azul sobre todo uno, «Jarrón de capuchinas y la danza». La merluza al cava con frutos del mar fue toda una experiencia deliciosa; la salsa casera, un acierto consecuencia de saber hacer las cosas bien. Si pasan por allí no se lo pierdan…

Setas de ostra a la plancha

Setas de ostra. Foto: Bárbara

Setas de ostra. Foto: Bárbara

Una vez recogidas las primeras, las setas de ostra tenían ese aspecto.

 

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

 

Y así hechas a la plancha con solo un chorrito de aceite de oliva virgen extra y dos dientes de ajo picados. ¡Excelentes! Me está gustando eso de tener la producción en casa.

Shiitake: mi primer cultivo

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

 

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

 

 Hacía tiempo que me rondaba por la cabeza cultivar setas; es tan sencillo que cualquiera que tenga un lugar con poca luz y sin corrientes de aire, puede hacerlo. Debe ser que los ciudadanos echamos de menos el contacto directo con la naturaleza, el poder contemplar cómo brotan y crecen los productos con los que no solo nos alimentamos sino con los que gozamos en la mesa; he tenido pimientos y tomates, y este año he plantado fresones; ahora tengo setas shiitake y de ostra, estas últimas van más lentas, a diferencia de las primeras, que han cogido una carrerilla increíble. Al segundo día aparecieron las primeras setas shiitake como botoncillos pequeños y al tercero están como aparecen en la foto: alucinante. Ahora busco recetas y ya casi voy salivando pensando en la primera cosecha.

Pollo en escabeche

Receta y foto: Bárbara

Receta y foto: Bárbara

 

Receta y foto: Barbara

Receta y foto: Barbara

 

Con esta receta no he inventado la pólvora, porque en cocina el apartado escabeches es un clásico; prácticamente casi todo es susceptible de ser escabechado y el escabeche básico se fundamenta en tres elementos, sin los cuales no se puede hablar de escabeche, y luego lo que la fantasía e imaginación quiera agregar; estos elementos básicos son: el ajo, el vinagre y el aceite. El escabeche era casi una necesidad en tiempos en que no había neveras y había que conservar los alimentos durante días en perfectas condiciones. La bondad del escabechado es tal que, a medida que pasan los días, se potencia el sabor de los alimentos.

Ingredientes: 1 hoja o dos de laurel, aceite de oliva virgen extra, vinagre, varios dientes de ajo, sal, pimienta y muslos o contramuslos de pollo,  2 cebolletas y 2 zanahorias.

En una sartén, salteamos los trozos de pollo y los salpimentamos;  los doramos para sellar la carne. Reservamos. En la misma sartén, doramos unos dientes de ajo enteros con su piel, a los que hacemos un corte; agregamos zanahoria en brounois o en rodajitas y las cebolletas picadas con parte del verde, que normalmente se desecha menos en la cocina oriental, que lo aprovechan todo. Cuando estén rehogadas añadimos el vinagre de forma generosa, un poco más de aceite, el laurel y los trozos de pollo; agregamos un poco de agua y dejamos cocer hasta que el pollo esté tierno. Si hemos de añadir más vinagre se añade, dependiendo de lo fuerte que queramos el escabeche. Dejamos enfriar y acompañamos con pasta o arroz blanco, si queremos tener un plato único y resolver así una comida sin complicarnos más la vida.

Ensalada de arenques

Foto: Bárbara

Foto y receta : Bárbara

 

Foto: Bárbara

Foto y receta: Bárbara

 

Este es un plato que se hace casi solo y resuelve el eterno problema de: ¿qué hago mañana para comer?; es de esos que resuelve cualquier contingencia y tarda en hacerse no más de un cuarto de hora, el tiempo de cocer un arroz blanco y cinco minutos más. Si tenemos la precaución de tener en la despensa algunas latas y botes precocinados, improvisar una comida es bien sencillo. Y, a veces, improvisando el resultado está de rechupete. Personalmente me gusta mucho este invento y como no hace falta irse a Suecia para pescar los arenques… no digo más.

Ingredientes: 1 bote de arenques, un puñado de alcaparras, un poco de mostaza de Dijon y arroz blanco, una ramita de perejil.

Hervimos el arroz en abundante agua y una vez cocido lo pasamos por un chorro de agua fría para quitar el almidón. Lo escurrimos y en un bol, ponemos el arroz con un poco de mostaza, unas alcaparras y los arenques con su salsa que ya vienen troceado; removemos, adornamos con perejil et voilà!

 

Ensalada de la casa

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

 

Comer bien en los restaurantes de los pueblos de nuestra geografía no es difícil; en «El Lobo» de Alhama esta sencilla pero sabrosa ensalada compuesta por cogollos de lechuga aliñados con una salsa blanca es la prueba. Los cogollos de lechuga abiertos por la mitad son una constante en Murcia como también lo son en Navarra; el mayor aliciente son los trozos de bonito, deliciosos, que aportan un sabor denso y fuerte al plato.

 

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

 

En primer término un trozo de bonito insuperable.

Tagliatelle con espinacas, nueces y pasas.

Foto: Bárbara. Receta mía

Receta y foto: Bárbara.

 

Receta y foto: Bárbara

Receta y foto: Bárbara

 

Con lo que tengamos en casa, podemos jugar e inventar recetas con las que podemos aprovechar restos y así ir renovando la despensa. Para el domingo esta receta acompañada de un buen vino tinto, por ejemplo un Faustino crianza 2011, es una buena propuesta.

Ingredientes: Tagliatelle de pasta dura, espinacas, salsa bechamel, nueces y pasas.

Hervimos la pasta en abundante agua con sal, durante el tiempo que marque en el paquete. Hacemos una salsa bechamel no muy espesa (con harina, sal, leche y nuez moscada) y la reservamos. Escurrimos la pasta y le añadimos la bechamel. Hacemos en una sartén las espinacas con muy poco aceite y las agregamos a la pasta. Salpimentamos el conjunto y añadimos unos trozos de nueces y las pasas, que las habremos tenido en remojo con un poco de coñac. Et voilà, très facile!