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Camino de El Bierzo

Foto: Barbara

Foto: Barbara

 

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

 

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

 

Esto se está poniendo realmente divertido, pareciera como si el blog funcionara a su aire o siguiendo extraños arcanos sobre los cuales no tengo poder alguno. Intentando, en vano, dormir la siesta, me pongo frente a la pantalla y, ¡oh milagro!,  funciona. Valgan estas fotos como un «regalillo florido» para la vista hasta mi vuelta; parto para tierras de El Bierzo cargada de ilusiones y con la cámara a punto para fijar todo lo bueno que me encuentre por aquellos lares, que no es poco según me han dicho. Ea: hasta pronto, si La Estirga está operativa y todo va bien.

El verano se va

Fotos: Bárbara

Foto: Bárbara

 

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

 

El verano se va, despacio, pero parece que si. Atrás los días de mar y playa… Para mí comienza la estación más bonita del año. El otoño, con la caída de la hoja, no me produce nostalgia alguna; el cambio de estación me asegura que el ciclo se renueva y los árboles, a medida que se van despojando de todo, hacen un estriptis silencioso de lo más elegante, sin prisas, con la sabiduría de los años;  y los más añosos muestran  con arrogancia sus viejos troncos sin falso pudor; claro que saben que, en primavera, mostrarán un espléndido aspecto juvenil que para mí lo quisiera.

En el jardín

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Ayer no pude, como todos los años, felicitarte; a veces el ordenador juega malas pasadas, pero no por ello siento menos la felicidad de saberte tan viva y alegre que haces de nuestras vidas algo nuevo como la savia necesaria para respirar día a día por el impulso que nos da saberte aún gozando en el paraíso de la infancia.¡Y que así sea por muchos años, mi niña!

Unas largas vacaciones

El Sena; foto: Bárbara

El Sena, foto: Bárbara

 

La Estirga, encaramada a Notre Dame, me ha dado un ultimátum: después de cinco años de ininterrumpido trabajo, exige unas largas vacaciones; quizás definitivas…en fin no puedo negarle que tiene más razón que un santo. De modo que ella y yo hacemos mutis por el foro; hasta cuándo, no lo sé, depende de que nos pongamos de acuerdo o que la añoranza de los grandes amigos blogueros nos obligue a volver. Y por si no hay vuelta… un millón de gracias a todos los seguidores. Un abrazo grande.

Santorini, un «resto» muy mediterráneo

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

 

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

 

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

 

He descubierto, con la edad, que no hay nada más placentero en un viaje que las paradas que se van haciendo por el camino y por ello no disfruto de los viajes en avión, porque en un abrir y cerrar de ojos ya has llegado a tu destino. El viaje en sí encierra todas las claves de aquello que queremos aprehender: el paisaje, las gentes y la gastronomía, esto último de suma importancia para los estómagos agradecidos como el mío. De camino a Huesca, una parada en Peñíscola, en un hotel de primera línea del mar, me permitió contemplar lo que más me gusta, una playa casi desierta en mayo y descubrir un restaurante, el Santorini, con una estupenda cocina griega e italiana. La decoración de la terraza del «resto» es de lo más mediterráneo, todo pintado en blancos y azules, con unas macetas de geranios sobre unos taburetes de estantes que me recordaban todo el tiempo unos cuadros de Matisse pintados en la Costa Azul sobre todo uno, «Jarrón de capuchinas y la danza». La merluza al cava con frutos del mar fue toda una experiencia deliciosa; la salsa casera, un acierto consecuencia de saber hacer las cosas bien. Si pasan por allí no se lo pierdan…

Flor de Cactus

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

 

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

 

Una de las flores más delicadas  y más hermosas es la de los cactus, como si celebrara, por pocos días, el esplendor de la primavera sumándose así a la fiesta de las flores que por estas fechas conmemoran un nuevo futuro. Rodeadas de espinas, se ruborizan al atardecer cerrándose sobre sí mismas para no desgastar inútilmente tanta belleza…

Pabellón de la República Española en París

Entrada al Pabellón /Del archivo de Alberto)

Entrada al Pabellón

 

Picaso, Alberto y cuando llegó el Guernika

Picasso, Alberto y Sert el día de la llegada del Gernika al Pabellón

 

Cuadro de Miró

Joan Miró: «El payés catalán en rebeldía»

 

Calder frente a su fuente y con el Guernika al fondo

Calder frente a su fuente y con el Gernika al fondo

 

Maqueta de la fuente de Calder

Maqueta de la fuente de Calder. MNCARS

 

Detalle de la fuente de Calder

Detalle de la fuente de Calder

 

Fotografía de la escultura de Alberto «El pueblo español tiene un camino que conduce a una estrella» que presidía la entrada al Pabellón español y que se utilizó como cartel de la muestra. La obra de Alberto, evocadora de dimensiones terrestres y celestes de sus amados paisajes toledanos y de su sentido poético cósmico, era el perfecto equilibrio entre tradición y vanguardia. En la segunda foto, Picasso, el arquitecto Sert y Alberto el día que llegó el Guernika al Pabellón. La tercera nos muestra el cuadro de Miró y su ubicación en el interior del Pabellón que realizaran Luis Lacasa y Josep Lluis Sert, el magnifico arquitecto responsable también de la fantástica Fundación Miró de Barcelona entre otros muchos museos del mundo. La cuarta nos muestra a Calder, el único artista extranjero en el Pabellón, que donó su obra para la muestra, frente a su fuente de mercurio y de espaldas al Gernika. La quinta nos muestra la maqueta de la fuente y, por último, un detalle de la misma realmente fantástica. Todas ellas, documentos históricos de indudable valor.

Desnudos de E. Weston

E. Weston

E. Weston: «desnudo»

 

E. Weston

E. Weston:»desnudo»

 

E. Weston

E. Weston: «desnudo»

 

Los desnudos y los objetos en general, así como los paisajes son retratados en primer plano, de forma directa, sin nada que moleste ni distraiga la atención. Buscando la esencia, el fotógrafo se había de desprender de cualquier regla o norma; la libertad y la espontaneidad en la visión eran los ingredientes para no coartar el empuje del acto creativo.

El gran maestro de la fotografía americana: Edward Weston

Edward Weston

Edward Weston: «Hoja de col», 1931

 

Edwar Weston

Edwar Weston: «Nautilus»

 

Eward Weston

Eward Weston: «Alcachofa»

 

Nacido en Illinois en 1886, se le considera el más grande fotógrafo americano. Sin ningún género de duda, Weston tuvo una vocación inequívoca desde joven: sería fotógrafo. Ensayó con temas y tratamientos nuevos y le pidió consejo al gran Stieglitz, el cual no le hizo demasiado caso. La idea de que un fotógrafo podía hacer obras de arte igual que un pintor, un escultor o un escritor le rondaba por la cabeza. La influencia de varias de sus amantes en su dedicación plena a la fotografía fue decisiva. Su estancia en México le unió al grupo de vanguardia de los «estridentistas» formado por Manuel Álvarez Bravo, Diego Rivera, Frida Khalo, Nahui Ollin… frente a la corriente europea y hubo un antes y un después de México. «La fotografía directa» supuso un gran avance para la fotografía americana con imágenes muy precisas, de gran nitidez. Weston, junto con Adams, Strand y Cunningham, fundaron el Grupo f/64 que defendía una nueva dirección hacia la «fotografía directa» frente al pictorialismo y las vanguardias europeas. En su época la influencia del pictorialismo era aún muy fuerte y él rescata la obra de los primeros retratistas que utilizaron el daguerrotipo y el trabajo tanto de profesionales como de amateurs que practicaban la fotografía por sí misma sin pensar en la valoración posterior. Buscaba la esencia de las formas y diferenciaba la fotografía de la pintura basándose en dos hechos fundamentales: la naturaleza del proceso de impresión y la naturaleza de la imagen.

La cala

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

 

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

 

Hacía años que llegada la primavera las hojas de las calas comenzaban a ponerse bonitas y bien tiesas, pero calas ni una. Esta vez, la cala con su blancura impoluta, a excepción de una hormiga que iba y venía sobre ese manto en forma de cucurucho, me sorprendió una mañana agradablemente y ahí está, entre los helechos, mirando como los peces suben a comer con ese aire altanero que no engaña a nadie.