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Colegiata de S. Bartolomé. Belmonte (Cuenca)

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Colegiata de S. Bartolomé, y vista parcial del patio exterior del Palacio Infante Juan Manuel. Fotos Bárbara.

La Mancha es una región que guarda tesoros que uno ni se imagina. La primera vez que la visité fue hace años y recuerdo que estuvimos en las Lagunas de Ruidera, un mar interior con sus cascadas, una realidad desconocida, sorprendente, pues se supone que la región es seca y llana; nada más lejos de la realidad. Años después, de camino a Madrid, parábamos en Belmonte, un típico pueblo manchego con sus tejados rojos y sus casas encaladas, y allí pernoctábamos en El Palacio del Infante Juan Manuel, otro espacio único de gran belleza, muy bien restaurado y conservado. Justo al lado se encuentra la Colegiata de S. Bartolomé, que el marqués de Villena hace edificar sobre los cimientos de una iglesia visigótica del siglo V; dicho marqués, Juan Pacheco, maestre de la Orden de Santiago, fue un personaje de gran influencia en la corte de los Reyes Católicos. A instancias del marqués, el Papa Pío II la erige en colegiata. La importancia de Belmonte en aquel tiempo queda reflejada en la magnificencia de esta colegiata, que consta de tres naves con cuatro tramos que separan gruesos sillares, soportando arcos apuntados y bóvedas de crucería; en estas aparecen los motivos heráldicos del marqués. Es de destacar la sillería de 1454 del coro gótico, tallada en madera de nogal por los hermanos Hannegin de Bruselas, el órgano de tubos de 1718 y un cuadro de la Virgen con Jesús muerto atribuido a Luis de Morales. La colegiata fue declarada Monumento Histórico Artístico en 1943. Y cómo no mencionar al hermoso castillo de Belmonte, que se conserva admirablemente; pero eso merece otra entrada.

Retratos del doctor Gachet por van Gogh

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El doctor Gachet por Vincent van Gogh

Cronológicamente primero fue realizado el retrato que lleva sobre la mesa el libro y un vaso y el segundo, eliminados estos dos elementos, solo lleva sobre la mesa una planta de digital, que se suele emplear para tratar enfermedades cardiacas. La relación del pintor con el médico comienza cuando este le trata en Saint-Rémy. El doctor Gachet era un médico homeópata y siquiatra amigo de Theo van Gogh, que le dio el alta a Vincent en el hospital de Saint-Remy y al que tratará después en Auvers-sur-Oise. Este personaje era un pintor y grabador aficionado, que fue además uno de los primeros compradores de los cuadros de Cézanne y Pissarro, y cuyo hijo donó su importante colección de obras de arte al estado francés en 1952. La relación entre ambos fue realmente productiva, basta con ver estos dos extraordinarios retratos donde el pintor abandona la pose estática y tradicional. En una carta a su amigo Gaugin, el pintor afirma que el doctor es la expresión desencantada de nuestro tiempo. En 1890, en una de las cartas a su hermano, le habla de que ha hecho un retrato al doctor Gachet con una expresión melancólica… triste, pero amable, y aún así clara e inteligente, así como muchos retratos deberían hacerse.

La segunda versión del retrato fue ejecutada en el mismo año 1890, poco después que el primero. En esta versión del cuadro, donado al Museo de Orsay de París por los hijos del doctor Gachet, Van Gogh ha eliminado, como ya dije, el vaso y el libro, haciendo resaltar la planta de digital sobre el fondo rojo.

Cualquiera de los dos retratos son una verdadera maravilla.

Retrato de Vincent van Gogh

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Dibujo a carboncillo que hizo el doctor Gachet a su amigo y paciente Vincet van Gogh en su lecho de muerte. En él se puede leer claramente la dedicatoria: «A mi amigo Theo van Gogh. 29 de julio 1888. Gachet» El dibujo se lo dedicó a Theo, el hermano de Vincent. En vida Vincent le había hecho varios dibujos al doctor y un retrato al óleo. El doctor Gachet trató al pintor de sus dolencias y se hicieron amigos; dicho doctor era un pintor aficionado y gran amante del arte.

«Puesta de sol en Montmajour» de V. van Gogh

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«Puesta de sol en Montmajour» de Vincent van Gogh

Esta pintura que está sin firmar fue autentificada tras un exhaustivo estudio de la obra y materiales utilizados por el pintor en el periodo en que fue pintado, concretamente en julio de 1888 durante su estancia en Arles, en la Provenza francesa. Fue pintado posiblemente el 4 de dicho mes, según las propias palabras del pintor. Fue autentificada en 2013 por el Museo van Gogh después de dos años de verificación y análisis minucioso. La mejor prueba sin duda es la descripción que de ella hace el propio Vincent en una carta a su hermano Theo: «Ayer, al atardecer, yo estaba en un brezal pedregoso donde crecen muy pequeños y retorcidos robles, en el fondo de una ruina en la colina, y campos de trigo en el valle. Era romántico, no podía ser más, a lo Monticelli, el sol se derramaba con sus rayos amarillos muy por encima de los arbustos y el suelo, absolutamente una lluvia de oro».

Quien haya estado en la abadía de Montmajour reconocerá la silueta de la misma apenas esbozada en la parte superior izquierda del óleo. Es realmente una construcción soberbia desde donde el pintor hizo muchos dibujos, pues desde allí se contempla todo el valle. La abadía está a pocos kilómetros de Arles y Vincent iba y venía andando. La mayor y la mejor producción del pintor la realizó en Arles. La pintura mide 73cm x 93,3cm y se encuentra, en la actualidad, en el Museo van Gogh en Amsterdam; antes había pertenecido a la colección de Theo y fue vendida en 1901 al empresario noruego Nicolai Mustad, quien la tuvo almacenada hasta su muerte; en 1990 el cuadro fue mostrado al personal del Museo, quien en principio la rechazó por estar sin firma, mas el avance de las distintas técnicas han podido demostrar finalmente su autenticidad. Quizás, esta es una opinión mía, lo que más nos choca de esta pintura son las pinceladas de un cielo poco o nada vangoghiano.

Hammurabi

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Foto Bárbara. Código de Hammurabi, Museo del Louvre, París.

Hammurabi

Mientras tú girabas

en torno al código

yo me instalaba junto a uno

de los toros alados

empequeñecida, asombrada;

veía nuestros respectivos vuelos

¿porqué no? a través de

Mesopotamia.

Del libro «Cantos del Arpista» de Bárbara Carpi.

Helene Schjerfbeck III

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1821

!) Rosas en un jarrón 2) Bodegón con limones3) Narcisos

Hace unos días vi en Filmin una extraordinaria película sobre la mejor pintora finesa de todos los tiempos. Con anterioridad ya había puesto dos entradas sobre su obra y ahora vuelvo a recrearme con la figura de Helene, una mujer fuera de lo común, movida por su vocación-pasión: la pintura. El filme, que recomiendo, «Helene», por su enorme calidad, está dirigido por Antti Jokinen y comprende el periodo de 1915 a 1923 de la actividad de la artista. La película nos muestra a Helen viviendo en el campo con su anciana madre, dedicada a la creación artística y a Einar Reuter, con el que mantiene una relación amorosa frustrada que la marcará para siempre. El matrimonio de este con otra mujer es un hecho del que no se repondrá. No obstante él será su biógrafo, su confidente y el que le presenta al marchante que lanzará su carrera mediante una exposición antológica de sus 229 obras. Su fama no dejará de crecer. Cada plano y encuadre de la película de 2020 es de una belleza inusual, realmente son cuadros auténticos, pero no de ella, sino del relato de su quehacer. La cámara no nos enseña lo que está pintando, nos enseña su tenacidad, su obstinación, su lucha, su destino hecho pintura. Ni siquiera la presencia de su madre la distrae, la aparta de su quehacer hasta que consigue quedarse sola por que ella, su madre, no entiende el significado de lo que hace. Helene sola, Helene ante el caballete. Ella y la pintura. Si podéis, no dejéis de ver este filme imprescindible.

Grace Hartigan

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1) Girasoles, 1952; 2) The Grecks, 1957; 3) Bodegón español

Encuadrada en el «expresionismo abstracto» de segunda generación, Grace Hartigan buscó un equilibrio entre lo figurativo y la abstracción. Nacida en Nueva Jersey en 1922, estudió durante cuatro años con el pintor Isaac Lane Muse. Se casó con diecisiete años y al poco se quedó embarazada, dejando a su hijo al cuidado de padre en California. Su marido fue reclutado durante la Segunda Guerra Mundial. Cuando Muse se mudó a N.Y. ella hizo lo mismo. En 1947 visitó el estudio de Pollok, quedó impresionada por su pintura y pronto trabó amistad con él y su esposa Lee Krasner y, a través de ellos, a otros expresionistas abstractos, como Franz Kline y Willem de Kooning. Charlotte Rubinstein en su libro «Mujeres artistas americanas» describe la pintura de Hartigan como «composiciones audaces y cortantes que incorporaban fragmentos de imágenes de la ciudad: escaparates, carros de mano, destellos de figuras, con pinceladas audaces». En 1950 los críticos de arte Meyer Shapiro y Clement Greenberg la seleccionaron para la exposición «New Talent» en la Galería Kootz. Al año siguiente tuvo su primera exposición individual en la Galería Tibor de Nagy. Junto con Jackson Pollock, Willem de Kooning, Franz Kline, Lee Krasner, Mark Rothko y otros , Grace Hartigan es reconocida internacionalmente por llevar la pintura figurativa a la abstracción. Ha realizado al menos dieciocho exposiciones individuales y ha expuesto en el Museo Metropolitano de Arte y en el Museo de Arte Americano de Whitney y otras instituciones prestigiosas.

José Mª Párraga, el amigo de todos.

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José Mª firmaba solamente Párraga y todos los conocían por su apellido y todos le admiraban tanto como lo querían. Se hacía querer solo con su presencia bondadosa y, generoso como era, regalaba su obra al tiempo que creaba sin cesar. Una obra al día, dicen, porque estaba poseído por el arte con mayúsculas y cuando uno nace así es inevitable. Párraga era un volcán, un ser maravilloso que enamoraba a todo el mundo, un encantador de serpientes con su humildad por bandera. Gracias a los hados por habernos permitido coincidir contigo en el espacio y en el tiempo.

Del sombrero de la mujer emerge la figura de la niña que fue. Nuestra pinacoteca familiar está poblada de obras de amigos. Otro inmenso regalo de la vida.

Pedro Pardo, el amigo

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Pedro Pardo, escultor

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Sin titulo, escultura c.a 1986

Esta escultura de Pedro Pardo, que nos regaló, tiene el valor añadido de contener parte de sí, un cálculo biliar que insertó en el centro y nos ofreció junto con su amistad inquebrantable. Pedro era así, basta mirar su sonrisa socarrona y sus ojos de mirada bondadosa que se volcaba en el párpado amigo. Pedro cantaba acompañándose a la guitarra y cuando cerraba los ojos y entonaba «Alfonsina y el mar», nos transportaba y nos emocionaba con el sentimiento que ponía en cada palabra de esa bella y trágica canción. Con Pedro formé parte de uno de los grupos que participamos en las jornadas del Arte en las Escuelas, organizada por la Comunidad Autónoma de Murcia. Una iniciativa fantástica que nos llevó a convivir con los niños de unas escuelas de los pueblos de la Región; durante una semana, los niños no tenía clase, solo talleres de pintura, cerámica, escultura. fotografía… que impartíamos nosotros; recuerdo que un niño con discapacidad no se separó de Pedro en todo el tiempo, se aferraba a él, intuyendo, sabiendo toda la bondad que él encerraba, ese niño fue su apéndice; los niños no se equivocan. Ricardo Zaragoza era el fotógrafo de nuestro grupo, otra bellísima persona con un humor increíble que, junto con Pedro, cantaba todas las canciones del Dúo Dinámico mientras el seiscientos nos llevaba a los pueblos. Fueron unas jornadas maravillosas en Villanueva y en La Paca, un pueblo perdido donde también convivimos con los padres de los alumnos, pues nos abrieron sus casas de par en par. Durante esa semana tuvimos que dormir en las casas de los vecinos, porque estaba el pueblo demasiado lejos para ir y venir todos los días; era maravilloso ver como todo el mundo se volcó con esa iniciativa, que definiría no solo de cultural, sino también y sobre todo de convivencia. Con Pedro solo tengo buenísimos recuerdos, momentos desternillantes, brillantes, hermosos… así son los mejores amigos, los amigos del alma. Allí donde estés Pedro, no nos olvides. Algún día volveremos a encontrarnos y volveremos a oír tu risa, tu fantástico sentido del humor.