Este genial irlandés -nacido en Clontarf en1847 y muerto (?) en Londres-, escribió » la novela más hermosa jamás escrita» según palabras de Oscar Wilde. El escritor autor de «Drácula» pasó una infancia marcada por la enfermedad, la soledad y el sufrimiento físico. La introspección que ello conlleva, ha sido en muchos casos el caldo de cultivo desde donde muchos artistas -en potencia- se han visto impulsados hacia la práctica de cualquier expresión artística como válvula de escape. El espíritu trasciende, tiene que hacerlo para poder sobrevivir al dolor y a las carencias; en compensación, el supremo placer que experimentan «creando», solo unos pocos espíritus privilegiados son capaces de sentirlo, de disfrutarlo. Muchas veces el camino no es fácil, y el mismo Stoker llevó durante unos cuantos años la vida reglada de un funcionario. Fue en 1897 cuando escribió «Drácula», la novela considerada como la cima de la literatura gótica de terror. El personaje del vampiro, el conde de Transilvania, ha sido toda una inspiración para generaciones sucesivas. Hoy más que nunca el vampirismo está de moda, particularmente entre los jóvenes, gracias a las diferentes versiones cinematográficas y a una serie muy de moda. Particularmente me quedo con el conde Drácula de Stoker.
Stoker fue además critico teatral y autor de numerosos relatos como «El entierro de las ratas», «La casa del Juez» y «El invitado de Drácula» que fue escrito como primer capítulo de su gran obra «Drácula».
Stoker tuvo en Sir Arthur Conan Doyle un admirador ferviente. Juntos compartieron su afición por las ciencias ocultas y el espiritismo.
El anhelo del hombre por la inmortalidad ha sido, sin duda, el motor de muchas creaciones literarias. Vencer a la muerte es en sí una aspiración inútil, pero qué herramienta más fértil para la imaginación.









