Bram Stoker, el padre de Drácula

Muñeca de porcelana. Colección privada. Foto: Bárbara.

Muñeca de porcelana. Colección privada Albaladejo-Serrano. Foto: Bárbara.

Este genial irlandés -nacido en Clontarf en1847  y muerto (?) en Londres-, escribió » la novela  más hermosa jamás escrita» según palabras de Oscar Wilde.  El escritor autor de «Drácula» pasó una infancia marcada por la enfermedad, la soledad y el sufrimiento físico. La introspección que ello conlleva, ha sido en muchos casos el caldo de cultivo desde donde muchos artistas -en potencia- se han visto impulsados hacia la práctica de cualquier expresión artística como válvula de escape. El espíritu trasciende, tiene que hacerlo para poder sobrevivir al dolor y a las carencias; en compensación, el supremo  placer que experimentan «creando», solo  unos pocos espíritus privilegiados son capaces de sentirlo, de disfrutarlo. Muchas veces el camino no es fácil, y el mismo Stoker llevó durante  unos cuantos años la vida reglada de un funcionario. Fue en 1897 cuando escribió «Drácula», la novela considerada como la cima de la literatura gótica de terror. El personaje del vampiro, el conde de Transilvania, ha sido toda una inspiración para generaciones sucesivas. Hoy más que nunca el vampirismo está de moda, particularmente entre los jóvenes, gracias a las diferentes versiones cinematográficas y a una serie muy de moda. Particularmente me quedo con el conde Drácula de Stoker.

 Stoker fue además critico teatral y autor de numerosos  relatos como «El entierro de las ratas», «La casa del Juez» y «El invitado de Drácula» que fue escrito como primer capítulo de su gran obra «Drácula».

Stoker tuvo en Sir Arthur Conan Doyle un admirador ferviente. Juntos compartieron su afición por las ciencias ocultas y el espiritismo.

El anhelo del hombre por la inmortalidad ha sido, sin duda, el motor de muchas creaciones literarias. Vencer a la muerte es en sí una aspiración inútil, pero  qué  herramienta más fértil para la imaginación.

«Souvenir» de La Exposición Universal de 1889, París.

Recuerdo de la Exposición Universal de París, 1889. Entrada. Porcelana. colección particular.Foto: Bárbara.

Recuerdo de la Exposición Universal de París, 1889. Entrada principal. Porcelana. Colección particular.Foto: Bárbara.

A veces las cosas se encadenan por si solas sin que sepamos  muy bien por qué. Después de poner en el blog las dos fotos de La Tour, el domingo pasado estuve en el campo. Era un día espléndido de invierno, con un sol radiante que calentaba los naranjos y las lagartijas somnolientas eran un poema de felicidad. Mi perra y «Mateo» corrían alrededor de la piscina como locos, persiguiendo a un gato blanco. Como el gato era raudo y veloz, esquivó a los perros sin problema alguno, quedando estos con dos palmos de narices, resoplando y sin pieza. El aire se disfrutaba como un caramelo. El suelo se adornaba con las naranjas que los árboles no contenían ya. Paseando buscábamos que el sol  nos atendiera con el mismo mimo que hacía con el resto de las cosas. La casa nos aguardaba; nos aguardaba con sus tesoros. El día iba avanzando perezoso mientras degustábamos un arroz delicioso. La casa es un museo privado, donde hemos pasado ratos inolvidables, tanto por lo que contiene como por la hospitalidad y la calidad humana de sus dueños. Ha sido y es lugar de encuentro de los amigos, de la familia, siempre centro de reunión, de tertulias, de noches alrededor de un fuego, de cantos y de risas. Cada rincón tiene una foto exquisita; he visto fotos magníficas hechas por un gran profesional que ha sabido captar la atmósfera que se respira. Como amateur, cogí la máquina; nadie se podría resistir a la tentación. Y ella, la dueña y anfitriona, me mostró algo que se encadenaba con el señor Eiffel y La Tour: un «souvenir»  en porcelana de la Exposición Universal de París de 1889. Tantos años visitando la casa y ahora, en ese momento… esto. La vida es así y nos depara estas sorpresas.  Gracias, María Teresa. Tu casa, una casa vivida.

Solo un apunte sobre la Exposición Universal de 1889: se celebró para conmemorar los cien años de la toma de la Bastilla y para -digo yo- que no se nos olvide lo de: Libertad, Igualdad y Fraternidad. El pabellón de Argentina se llevó todos los premios. Y la dame Eiffel asombró al mundo hasta nuestros días.

La Tour 2

"La Tour desde fuera". Foto: Bárbara.

«La Tour desde fuera». Foto: Bárbara.

Ya que estamos aquí, esta otra toma desde fuera, nos permite ver la grandeza de esta obra de ingeniería que debió maravillar a los visitantes de la Exposición Universal y que nos sigue maravillando aún. En mi opinión el señor Eiffel fue un genio y hoy se sentiría feliz al ver como cada atardecer La Tour arde a lo bonzo con millares de luces intermitentes o lanzando haces luminosos que barren París en todas direcciones. A veces, tú que vives en París me cuentas que la bruma espesa de algunos días de invierno envuelve y hace desaparecer los últimos pisos y que es como si alguien os hubiera robado algo importante de la ciudad. ¡Daría lo que fuera por estar allí y tomar esa foto!

La Tour

"Desde el interior de la Tour". Foto: Bárbara.

«Desde el interior de la Tour». Foto: Bárbara.

Torres hay muchas, pero «La Tour» es solo una. La torre por excelencia es la del señor Eiffel. No solo es el símbolo de París, es su esencia de ciudad luz. Encendida de noche, es el faro guía que nos sitúa en el mapa. Con ella presente desde cualquier lugar de la ciudad es imposible perderse. Adoro el entramado de hierros que la conforman. Durante años me negué a subir por no desentrañar sus enigmas, por otro lado indescifrables para alguien como yo, de letras -no se conoce en el mundo una ingeniería en latín o en sánscrito, por lo menos que yo sepa-.

 Su belleza férrea ha ido ganando con los años; unas veces -cada siete años estrena pintura- es verde, otras de un color praliné delicado… Sea cual sea su maquillaje, ella está impecable con esa belleza elegante de proporciones majestuosas. Es en definitiva la mejor representante de la elegancia parisina, que tanta envidia genera en otras latitudes.

Retrospectiva de Dalí en el Centro Pompidou

"Dalí y la calavera": Philippe Halsman, 1951. Dundación Gala-Salvador Dalí, Figueres.

«Dalí y la calavera»: Philippe Halsman, 1951. Fundación Gala-Salvador Dalí, Figueres.

El Centro Pompidou ha preparado, con mimo, una retrospectiva de la obra de Salvador Dalí. La muestra se inauguró el 25 de Noviembre y estará abierta hasta el 25 de Marzo de 2013. Para los enamorados de su obra es esta una muy buena ocasión para darse una vuelta por París -a nadie le amarga un dulce-. Philippe Halsman, el autor de la magnífica fotografía reproducida, colaboró con Dalí en varias ocasiones. La historia del fotógrafo parece realmente una obra de ficción. Hasta los 22 años su vida era la normal de cualquier estudiante, hijo de una familia media acomodada de origen judío  En el transcurso de una excursión con su padre por un pueblo de los Alpes, este sufrió un accidente mortal. A su hijo se le acusó falsamente del asesinato de su padre. A ello contribuyó el ambiente antisemita;  en el  proceso se le llamó el «Dreyfus austriaco». Sigmund Freud apoyó su inocencia, porque curiosamente se le acusó sin pruebas basándose en el freudiano complejo de Edipo. Una vez terminado el juicio se trasladó con su familia a París.  Tras la invasión alemana  partió a Estados Unidos para afincarse allí. En América trabajo como fotógrafo para la agencia Black Star. En 1941 comienza su fructífera relación con Salvador Dalí. En 1948 realiza «Dalí Atomicus» y «Desnudo con palomitas»; «La Calavera» es del año 1951.

Ejecución en Homs

Finaliza el año con una nueva matanza al noroeste de Homs. 200 personas han sido ejecutadas por parte del ejército del tirano Bachar el Asad. Después los cadáveres han sido quemados y sepultados en una fosa común. ¡HASTA CUÁNDO ESTA BARBARIE!  Todas las lágrimas del mundo no podrían lavar esta mancha que, queramos o no, nos salpica a todos. ¿Cómo podremos festejar el Año Nuevo? Sin comentarios.

Auténtica ensaladilla rusa. Rulo para la cena de fin de año.

Rulo de ensaladilla. Foto: Bárbara.

Rulo de ensaladilla. Foto: Bárbara.

Esta receta familiar siempre ha formado parte de alguna de las comidas o cenas de estas fiestas. Generalmente se preparaba para la comida del día 25, después de unos aperitivos seguidos de una deliciosa sopa de menudillos y antes de la pata de cordero asada al horno. Últimamente se come menos -gracias a Dios- porque después  de dos días seguidos comiendo de esta guisa los pobres estómagos se resentían. Con los años creo que en general somos más racionales y más frugales. Esta receta que he visto hacer en casa de los abuelos se ha repetido todos los años como algo inmutable, al margen de que el resto del menú variase. Siendo ya mayor y viviendo en Bilbao, me enteré a través de los niños (ya crecidos) enviados a Rusia que así era como presentaban la ensaladilla rusa en algunas partes de la URSS. Prepararlo para la cena de fin de año es una buena opción, pues tiene una presentación muy bonita -cada uno puede echar mano de su fantasía- y es muy asequible.

Rulo

Ingredientes: 2 kilos de patatas, 2 botes de aceitunas rellenas de anchoas, 1 bote pequeño de variantes, 2 latas de atún o de bonito en aceite de oliva virgen, pimientos rojos del piquillo, 2 huevos duros, mahonesa -mejor casera-. Para adornar se pueden utilizar pimientos morrones, lechuga picada, espárragos, aceitunas, etc., cualquier cosa que se les ocurra.

Se hierven las patatas y se aplastan con un tenedor hasta formar un puré -no se debe hacer con un pasapurés, porque las patatas pueden quedar correosas y no se puedan trabajar bien-. En un bol picamos las aceitunas, el pimiento morrón y los huevos duros; añadimos los variantes picados (encurtidos de zanahoria, pepinillos, coliflor…), y el atún. Mezclamos bien y lo ponemos en un colador grande para escurrir el exceso de liquido que pueda tener la mezcla. Mojamos bajo el grifo un paño de cocina y lo escurrimos muy bien. Extendemos el puré de patatas sobre el paño limpio de cocina formando un cuadrado; ponemos mahonesa sobre la superficie y el picadillo lo vamos extendiendo hasta cubrir. Enrollamos el paño con cuidado formando un rulo firme. Una vez dada la forma redonda, retiramos el paño con sumo cuidado para que no se rompa. Lo metemos en la nevera para que se enfríe y se endurezca la patata.  Antes de servirlo, lo cubrimos con mahonesa – a ser posible mejor que yo por las prisas- y lo adornamos  a nuestro gusto. ¡Y buen provecho!

Rulo de ensaladilla 2. Foto: Bárbara.

Rulo de ensaladilla 2. Foto: Bárbara.

Klimt, su «periodo de oro»

Gustav Klimt: "Judith y Holofernes"

Gustav Klimt: «Judith y Holofernes»

Terminar el año con esta obra magistral de Klimt perteneciente al llamado «periodo de oro» me parece muy adecuado. Un fin de año dorado eso es lo que nos merecemos todos ante un año tan convulso…,  aunque el tema sea dramático y poco feliz para Holofernes. En la parte superior del cuadro figura una leyenda que dice: Judith vnd / Holofernes. También se ha conocido esta obra como «Salomé». El cuadro lleva un marco de cobre repujado realizado por el hermano del pintor, Georg Klimt, siguiendo un diseño de Gustav. En el llamado «periodo dorado» utiliza láminas y papeles dorados con la técnica del collage. La utilización de un no color -como se considera al dorado- no se utilizaba desde el alto Renacimiento y después de él hasta la aparición de de William Blake y Philipp Otto Runge, pero nadie supo extraer su «expresividad» como él.

Y no olvidemos que los prodigiosos colores de Klimt en cualquiera de sus periodos derivan de influencias orientales, persas y chinas. ¡Quién como él que supo beber de esas fuentes!

Diez años antes de morir, Gustav Klimt escribía: «… hasta el objeto más humilde, cuando está perfectamente realizado, ayuda a mejorar la belleza de este mundo; y por último, creemos que el progreso de la cultura se basa únicamente en una compenetración cada vez mayor de los fines artísticos con todos los variados aspectos de la vida…»

En sus obras, a partir de 1900,  aparece por primera vez la ausencia completa de sombras que sera una de las tendencias de la pintura moderna que se verá más tarde con los constructivistas y con Matisse.

 

El Invierno

El Jucar. Foto: Bárbara.

El Júcar. Foto: Bárbara.

Estaba cantado, después del otoño inexorablemente llega el invierno. Hace un día y algunas horas que se instaló en el calendario, como no podía ser menos. ¡Hala, pues a disfrutar de las aspirinas, de la leche caliente con coñac y de las mantas eléctricas. Y, si la gripe pasa de largo, a pasear por el campo, que no hay nada más sano y saludable. Como este otoño no ha sido por aquí generoso en lluvias, ansiosa espero un aguacero como dios manda para salir a buscar caracoles. Estoy escuchando a Juliette Greco y sueño con los hechos a la francesa, con mantequilla y perejil… Ella canta como musa existencialista de Saint Germain, como reina de «les caves», y yo sueño con gasterópodos a la «llauna». Voilà,  asi es la vida de sencilla, si uno no aspira a más. Un buen libro, la mirada agradecida de la perra, una conversación inteligente con amigos y a esperar que llegue la primavera.