Bodegón con jarra un tanto chulesca

Bárbara Carpi: Bodegón

Bárbara Carpi: «Bodegón». Foto: Bárbara.

Este es un bodegón que me divierte, porque lo pinté sin darme cuenta de la actitud de la jarra. No fui consciente de su pose un tanto altiva y con aspecto chulesco, como diciendo»aquí estoy yo». Normalmente no copio del natural; me gusta inventarme los elementos de la composición. No tengo ningún referente delante de mí, de modo que juego y pinto sobre la marcha y, como no dibujo previamente, sucede a veces que la sorprendida soy yo: cada elemento va a su aire. Esta forma de trabajar, tan poco seria o académica, me permite divertirme hasta el final: es un disfrute total, aunque requiere una concentración extrema y un esfuerzo que agota como una media maratón. Pero para eso llevo entrenándome toda la vida. Esa «pelea» contra la nada del lienzo en blanco es tan sumamente creativa que digo como decía Picasso: «Si sale con barba es San Antón y si no, la Purísima Concepción». Observen la apostura y gallardía de la jarra; aquí en España diríamos que es una jarra chula -aunque soy consciente de que en otros países castellano-parlantes es una palabra malsonante-.

¡El fin del mundo…! Mañana no.

Coatlicue o "la de la falda de serpientes", diosa de la tierra y creadora de los hombres, patrona de la vida  de la muerte. Piedra. Postclásico tardío. Museo Nacional de Antropología de México.

Coatlicue o «la de la falda de serpientes», diosa de la tierra y creadora de los hombres, patrona de la vida de la muerte. Piedra. Postclásico tardío. Museo Nacional de Antropología de México.

Según algunos tremendos interpretes del calendario Maya, mañana es el fin del mundo. Yo no he tomado precaución alguna. Será porque no creo en los augures tremendistas ni catastrofistas, porque soy bastante incrédula o porque mi idea de la catástrofe está depositada desde hace años en los asuntos bancarios que gobiernan la vida de los ciudadanos desde que se inventó la usura. En fin, nada me da más pavor que una carta de la sucursal bancaria o del Ministerio de Hacienda. Largos años de hipoteca y de sobresaltos han terminado por curtirme la piel de manera que el miedo a que me parta un rayo me resulta, a estas alturas, algo banal e irrisorio. Terminar achicharrada de forma fulminante por un fenómeno atmosférico es algo que, bien mirado, tiene su aquel romántico y aleatorio. El gran Nostradamus también se equivocó al predecir el fin del mundo, pero sus profecías eran sugerentes, cargadas de poesía oscura y con ellas uno podía ir en varias direcciones. Siempre me digo que no hay que tomar según qué temas al pie de la letra.

Los Mayas, ese gran pueblo, nos legó a través de su cultura un sentimiento del tiempo circular. Según el calendario Maya, mañana se cierra un periodo, un ciclo y otro se inicia. Nuestra cultura tiene un cómputo del tiempo lineal. A mí me gusta decir que tengo un sentimiento plano del tiempo en donde el pasado, el presente y el futuro se dan en el mismo espacio temporal. Esto, que puede parecer una tontería, tiene la gran ventaja de querer a todos los que queremos y hemos querido sin tener que pasar página.

Tomadura de pelo

El Greco: "San Sebastían", Museo Catedralicio de Palencia.

El Greco: «San Sebastián», Museo Catedralicio de Palencia.

El Presidente del Gobierno de este país, con mucha guasa, felicita las fiestas con un mensaje de agradecimiento a los ciudadanos, funcionarios y jubilados por su sacrificio y esfuerzo en estos momentos tan delicados. ¡Hombre,  a nadie se le ha pedido permiso ni opinión!  Si así lo hubiera hecho el Gobierno, pongamos por caso, los más de cinco millones que sufren el paro, los jubilados que han visto mermado su poder adquisitivo y los funcionarios sin paga extra y con el sueldo reducido le hubieran dicho más de cuatro palabras. Palabras gruesas y malsonantes con corte de manga incluido. Que se sepa ningún miembro del gobierno se ha bajado el sueldo como medida solidaria.  Si la clase política de este país no se pone las pilas, a votar van a ir los leones del Congreso.

A los ciudadanos se les está quedando el careto de estupefacción como al pobre San Sebastián de El Greco. Precioso cuadro que no tiene culpa de nada. Más que dolor, su rostro muestra una expresión de asombro, como esperando lo que está por llegar; de hecho aún está poco castigado; unas o dos flechas de nada…

 No quiero ser pájaro de mal agüero, pero mucho me temo que esto no ha hecho más que empezar.

Surcando los mares

A los que somos marinos frustrados, como yo, a veces el ansia de navegar nos invade como una fiebre, como una gripe mal curada. Suele ser una gripe sin estornudos, pero con escalofríos continuos que recorren nuestro cuerpo enfebrecido. Si uno se atreve a mirarse en el espejo, los ojos enrojecidos denotan un cansancio de otras latitudes. Las gaviotas se estrellan contra la superficie que nos refleja.

En la cocina, el olor del café de la mañana huele a salitre y las tostadas se ondulan como las olas. Y entre un escalofrío y otro miramos el calendario. Diciembre ha tomado carrera y se nos va.  Encendiendo motores, soltando amarras, va surcando la última página con rumbo desconocido.

Y yo me quedo sentada soñando con mares de otras latitudes; con países donde la injusticia y la intolerancia se las lleve el viento. Y veo en sueños las costas de Siria, de Argelia, de Túnez, de Egipto…, de hermosos países hermanos que luchan por los derechos humanos, por la libertad.

La cafetera del mediodía sigue sonando, brama como las olas al chocar contra los acantilados. Se me está inundando la casa y salgo nadando hasta el puerto buscando un barco que me quiera llevar…

Dedicado a todos los marinos. Especialmente a Josemari C. C.,  capitán de la marina mercante, a quien siempre querré.

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

La pequeña gárgola de la Sainte Chapelle

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

 

Aunque no lo parezca esta gárgola está situada en un edificio del recinto de La Sainte Chapelle. Parece -por su tamaño- una prima pequeña de la Estirga. Puestos a imaginar podemos imaginar cualquier cosa.

Albert Camus. Solitario y Solidario. Por Catherine Camus

Albert Camus, foto de Cartier-Bresson.

Albert Camus, foto de Cartier-Bresson.

Este libro ha estado dormido durante unos meses; callado -por mi voluntad- esperando que el deseo de afrontarlo llegará un día con la necesidad perentoria de escribir como lo hace el escritor que vuelca de pronto un manantial de letras. El momento ha llegado propiciado por la soledad, la perra durmiendo a mi lado y la chimenea encendiendo el rostro hermoso de la portada.

El respeto hacia el hombre y el tesoro que encierra el libro me han hecho demorar el momento excitante de conocer más sobre alguien a quien he admirado desde que leí por primera vez con catorce años «El extranjero». Albert Camus ha sido para mí un hombre digno. No es poco. Decir que es uno de los mejores escritores, Premio Nobel, articulista magistral, ensayista, director de teatro… ya es sabido. Algunas veces -pocas- una gran obra se corresponde con una talla humana excepcional: ese es el caso de Camus.

El libro, de formato grande, tiene en la portada una hermosa foto del escritor. Su hija, Catherine Camus, escribe una introducción sorprendentemente bella y precisa sobre él, el padre. Sincera, con una contención que emociona. El libro está estructurado en distintos apartados: Introducción, La génesis 1913-1936, El despertar-La acción 1937-1945, La Rebelión 1946-1951, Solitario-Solidario 1952-1960. Esta obra, repleta de magnificas fotografías en blanco y negro, repasan y contienen su vida junto con una selección de textos que se adaptan cronólogicamente a las imágenes. Firmas, como la de Cartier-Bresson, son una garantía de la calidad de estas. Genial la tomada en el estudio de Picasso cuando se representó la obra de teatro «El deseo atrapado por la cola», escrita por Picasso y dirigida por Camus, en la que aparecen Cécile Eluard, Pierre Reverdy, Simone de Beauvoir, Sartre, Michel Leiris… Las fantásticas fotografías son además un documento histórico sobre la vida cultural, social y política de la época que le tocó vivir. Es un libro imprescindible para todo aquel que esté interesado en esos años convulsos de una Europa en guerra y que ame la fotografía de calidad.

Sus artículos en «Combat» en defensa  de la libertad y de la justicia, con titulares como «À guerre totale resistence totale», le permiten luchar con el instrumento que tiene a mano, la pluma. Camus, enfermo de tuberculosis, se vio rechazado para la lucha armada; no obstante no hubo compromiso que eludiera: estuvo en el juicio contra Petain, se reveló cuando Franco entró en la UNESCO, rechazó el uso de las armas nucleares y la pena de muerte…

Camus tuvo un amor profundo por su madre, Catalina Sintes, de origen menorquin; un amor y devoción sin límites por una madre humilde, de raíces humildes como toda su familia. El primer apartado del libro, sus años en Argelia en el despertar a la vida, es un canto feliz de un niño huérfano de padre que murió en suelo francés sirviendo en la primera compañía de Zuavos. Niño que jugaba al fútbol y disfrutaba del mar en las playas argelinas, en aquel mar que ya en la madurez recobró en la Provenza. Catalina Sintes y Argelia, dos amores que le acompañaron hasta el final, igual que la figura del  padre al que brinda su obra inacabada «El primer hombre» -obra de lectura muy recomendable, de una belleza increíble-.

La perra sigue durmiendo en el sofá, a mi lado; el fuego lame los troncos de leña que crepitan como la carcoma. Y recuerdo que leí a Camus por primera vez en Mahón, de donde era José Cardona y Pons, ascendiente menorquín de Albert Camus. ¡Casualidades de la vida!

Muchas veces me he preguntado por las obras que su muerte prematura nos ha hurtado. El absurdo accidente de coche se ha cuestionado por algunos investigadores que culpan a un servicio secreto de un país concreto deseoso de acallar a un defensor de la libertad que arremetió contra toda tiranía. Contra el franquismo, contra el totalitarismo marxista, contra la utilización de la bomba atómica, contra la situación en Argelia, contra el nazismo. Su ideología de hombre de izquierdas, progresista libre, no sujeto por el adoctrinamiento de ningún partido concreto -su adhesión al partido comunista duró poco-  le permitieron, en el tiempo, luchar por la defensa de la libertad, de la dignidad y por el respeto hacia el ser humano.

El libro «Albert Camus, Solitario, Solidario», esta impreso en China, editado en España por Plataforma Editorial, Barcelona, 2012. Edición preciosa, cuidadísima de gran belleza que recomiendo para estas fiestas. ¡Mejor regalo imposible!

Un edificio muy estrecho

Rue Lagrange, Barrio Latino Paris. Foto Bárbara

Rue Lagrange, Barrio Latino Paris. Foto Bárbara

No es esta la casa más estrecha de París, aunque el edificio exento de la foto nos lo pueda parecer. Siempre me ha fascinado este edificio en medio de la calle, esbelto, majestuoso, altivo y que no se apoya en ningún otro. Solitario como un barco anclado en el cemento. La otra casa, la más estrecha de París tiene, si no recuerdo mal, una puerta y encima unas ventanas montadas la una encima de la otra; la fachada no da para más. En los paseos en barco por el Sena se nos indica dónde está situada esa casa que da al río y que fue compartida por dos personalidades notables de la cultura francesa, la memoria me juega malas pasadas y ahora no recuerdo quienes eran.

La Estirga y el poseedor salvaje de los vientos.

La Estirga. Foto: Bárbara.

La Estirga. Foto: Bárbara.

Llueve charol noche sobre la torre. Los ojos brumosos de la Estirga y los de los puentes, trianeros de postín, se hermanan en pundoronosos conciertos. Eolo lanza semicorcheas. En lo alto, torpe y toscamente surtida por el poseedor salvaje de los vientos, sierra la galantería de una nube que atraviesa la luna.

En silencio, sesgada, cae sobre el Sena. La Estirga se contempla en el espejo.

La luna remienda con suspiros le Pont-Neuf que pone en solfa el servicio de un juego de naipes. La borrachera mordaz y la morfina de Morfeo bajo los ojos estirgosos que miran la fortuna de los truhanes. La seriedad del talento de Séneca sella el sabor de los surtidores. Arriba en los tejados, en las buhardillas, la solera de la viga soslaya el réquiem con el arco atravesado de un violín.

El adagio de Albinoni sortea la tachuela que el orín origina en el hierro ondulante.

El poseedor salvaje de los vientos azota a la Estirga que se desgreña en greguerías.

Séneca y Ramón Gómez de la Serna.

Pollo a la Estirga burlona para celebrar las fiestas

Hemos entrado en el mes en que los cristianos celebran la Navidad. Y son muchos millones de personas en todo el mundo. No dudo que mucha gente lo haga por fe y esas cosas celestiales. No obstante es indudable que el consumismo y los grandes establecimientos comerciales han ido convirtiendo estos días de fiesta en una locura que liquida los presupuestos familiares consiguiendo que la llamada «cuesta de Enero» tenga sentido. Tirar la casa por la ventana tiene cada día más detractores y hay ciudadanos -poquitos- que pueden en estas fechas poner kilómetros de por medio, desapareciendo de sus ciudades dejando atrás compromisos familiares y derroche de dinero.  Ir al campo, si se puede, es una solución y a lo mejor ni siquiera hace falta irse muy lejos, solo cambiar de escenario basta para poder dormir en paz. ¡Consumamos, consumamos! La locura consumista nos invade, invade las calles, los villancicos -un género lírico de origen dudoso- los oímos hasta en sueños; es una pesadilla que nos persigue cada año y en la que el mensaje es  consume y serás consumido por las deudas, pero eres un idiota si no celebras la Navidad. Lo más sibilino es el origen, en el siglo XIX, de la necesidad. Es necesario consumir como borregos para que se enriquezcan unos pocos. La  «necesidad» de pasar por el aro. ¡Hay que celebrar la Navidad! El consumismo ha diluido realmente el significado religioso, el llamado espíritu de la Navidad.

Propongo para estos días una receta sencilla y sobre todo barata que permite hacer de un humilde pollo asado un plato delicioso con tintes festivos solo con dar una vuelta de tuerca.

Pollo a la Estirga burlona (a pesar del nombre, la receta va en serio, invento de la casa)

Ingredientes: 1 pollo asado (comprado ya asado, la receta se hace en cinco minutos), 2 cebollas,  un vaso de whisky o coñac (de cualquier marca normal), alrededor de medio litro de nata, pimienta, sal, y unas 4 cucharadas de mermelada de arándanos rojos. Para acompañar, un puré de patatas o de castañas.

Cortamos en juliana o como mejor nos parezca las cebollas. Las rehogamos en una sartén hasta que estén tiernas y con un  leve y bonito color dorado. Añadimos el vaso de coñac o lo que tengamos a mano. Dejamos que el alcohol se evapore. Trituramos. Agregamos la nata, sal, pimienta y la mermelada de arándanos. Dejamos que se mezclen bien. Como guarnición, un puré de patatas o uno de castaña harán de este plato un segundo contundente y delicioso.