Por la calle: Tatuajes y piercings

  Tatuajes. Foto: Bárbara

Tatuajes. Foto: Bárbara

 

Tatuaje. Foto: Bárbara

Tatuaje. Foto: Bárbara

 

Tras los cristales de la tienda, piercings y tatuajes tientan a los aventureros de la decoración personal. Tunéese la piel, trasforme su anatomía, quédese como un colador… todo es posible si uno le echa ganas. Reconozco su exotismo y belleza; personalmente me quedo como estoy, ¡los años ya me van tuneando bastante…!

La Abadía de Montmajour (Arles)

Planta baja de la Abadía de Montmajour. Foto: Bárbara

Planta baja de la Abadía de Montmajour. Foto: Bárbara

 

Planta baja de la Abadía. Foto: Bárbara

Planta baja de la Abadía. Foto: Bárbara

 

Planta baja de la Abadía. Foto: Bárbara

Planta baja de la Abadía. Foto: Bárbara

 

Este excepcional conjunto arquitectural fue fundado en la Edad Media por los frailes benedictinos en medio de los pantanos. La Abadía comprende un edificio prerrománico del siglo X, una iglesia abacial y un claustro románico del siglo XII. En el siglo XVIII, se construyó el imponente monasterio de Saint-Maur de arquitectura clásica.

En la terraza, el arco iris: Gaudí

Jardineras en la terraza de la Casa Batlló. Foto: Bárbara

Jardineras en la terraza de la Casa Batlló. Foto: Bárbara

Jardinera de la casa Batlló. Foto. Barbara

Jardinera de la casa Batlló. Foto. Barbara

Foto: Bárbara

Detalle de la terraza. Foto: Bárbara

El arco iris en la terraza de la Casa Batlló, deslumbrantes jardineras de cerámica y trencadís. Me las imagino bajo la luz de la luna mientras suena alguno de los conciertos que en verano se celebran allí.

La catedral de los mercados: La Boquería

La Boquería. Foto: Bárbara

La Boquería. Foto: Bárbara

 

Qué cosa mejor para endulzar el fin de semana que estos dulces tan apetitosos… empezando por esos bombones bustos que cuanto menos son epatantes.

 

La Boquería. Foto: Bárbara

La Boquería. Foto: Bárbara

 

Y como estamos en época de setas,  la sola visión de los níscalos o rovellons me transporta y casi me hace levitar.

La leyenda de los toneles o saturación de muertos (Arles)

Saint-Honorat (Les Alyscamps). Foto: Bárbara

Saint-Honorat (Les Alyscamps). Foto: Bárbara

 

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

 

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

 

Saint-Honorat y la linterna de los muertos. Foto: Bárbara

Saint-Honorat y la «linterna de los muertos». Foto: Bárbara

 

La iglesia fue construida alrededor de la tumba de Saint-Genest y en la parte de delante se quiso apilar el mayor número de sarcófagos por estar al lado de lugares santos y procurarse así una rápida subida al paraíso.

Una leyenda cuenta que Jesucristo se apareció aquí para bendecir los lugares y dejó la huella de su rodilla sobre una roca (por eso el barrio que se encuentra junto a los Alyscamps se llama «La Genouillade»). Al ser un lugar santo todo el mundo quería ser enterrado frente a la iglesia, incluso creyentes de lugares muy lejanos. Cuando no se podía trasportar a los muertos se colocaban en toneles y se arrojaban al Ródano, los cuales descendían por el río gracias a la corriente. La leyenda cuenta que milagrosamente se detenían en Arles. Y allí eran enterrados. Otras personas venían en peregrinaje para ver las tumbas de Saint-Genest y los santos obispos allí enterrados; a modo de faro para orientarlos, se encendía un fuego en lo alto de la torre de la iglesia, razón por la cual esta torre se la llama la «linterna de los muertos» .

Al margen de las creencias, el lugar tiene una energía poderosa como la que se siente en ciertos sitios del planeta… si pasan cerca no se lo pierdan.

 

 

Que me caigo… !

Gárgola. Foto: Bárbara

Gárgola. Foto: Aurelio Serrano Ortiz

 

Gárgola. Foto: Bárbara

Gárgola. Foto: Aurelio Serrano Ortiz

 

Le encargué a Aurelio que retratara a todas las gárgola o quimeras que se cruzaran por nuestro camino para mandárselas a la Estirga, que sigue encaramada en Notre Dame (no vaya a pensar que la tenemos olvidada); recibir noticias de la familia siempre es agradable. Esta prima de la Estirga, afincada en los Alyscamps, tan guapa ella, nos dio un susto que no veas… estaba haciendo una maniobra de resistencia, afilando las uñas para no caerse y… uff, por los pelos!

Pollo al limón con alcachofas

Pollo al limón. Foto: Bárbara

Pollo al limón. Foto: Bárbara

Fácil, muy sana y digestiva esta receta además de barata aporta vitamina C y todas las propiedades beneficiosas de las alcachofas como depurativo. Para regímes de adelgazamiento viene muy bien siempre que se haga en la versión ligera es decir prescindiendo de la harina; de esta manera sale igual de bueno aunque hay que tener la picardía de reducir la salsa para que el sabor sea más intenso.

Ingredientes: Muslos de pollo, el zumo de un limón, un poco de harina, 1 diente de ajo, alcachofas congeladas, un poco de perejil y agua o caldo vegetal.

Salpimentamos los muslos de pollo y los enharinamos. Ponemos a cocer las alcachofas en agua hirviendo. En una cazuela ponemos un poco de aceite y vamos dorando los muslos y los reservamos; doramos el diente de ajo fileteado. Si ha sobrado aceite lo retiramos. En el mismo recipiente volvemos a poner los trozos de pollo, agregamos el zumo de un limón y añadimos agua o caldo vegetal hasta cubrirlos. Dejamos que se hagan: una vez que estén tiernos añadimos las alcachofas y el perejil picado. La harina del pollo habrá espesado un poco la salsa que debe tener un sabor a cítrico importante, si hace falta se reduce la salsa. Este plato tiene las tres b: bueno, bonito y barato. Se puede acompañar de arroz blanco como guarnición o bien patatas fritas y así obtener un plato único completo pero si no queremos sumar calorías, una ensalada irá bien.

La caída del Muro

El muro de Berlín

El muro de Berlín

 

Para los que tenemos ya unos años, el convulso siglo XX nos hizo partícipes de acontecimientos trágicos y Europa vivió la guerra fría y la partición de Berlín en dos. La perplejidad ante el hecho de levantar un muro, entonces, y el reparto arbitrario de unos territorios en función  del resultado de la guerra que desangró a todos, nos sigue dejando perplejos 25 años después de su caída, porque seguimos levantando muros. Recuerdo perfectamente cómo vivimos, con qué alegría y asombro vimos como los ciudadanos de Berlín echaban abajo aquel muro vergonzoso; la torpeza del político de turno hizo que la gente se lanzara a la calle. Y nos sentimos pico y pala, uñas y carnes de aquellas manos que como podían destrozaban el bastión de la intolerancia, de la violencia callada. Berlín fue hace dos días una fiesta a la que todos nos sumamos.  Y aunque feliz por esa conmemoración, sigo sumida en la perplejidad ante el hecho de que se siguen levantando muros a pesar de la lección que dio la ciudadanía… Y pienso en Palestina…

El muro de Berlín

El muro de Berlín

La gran cómplice de Cortázar: Aurora Bernárdez

Los Cortázar en un viaje a India en 1956

Los Cortázar en un viaje a India en 1956

Hoy me he despertado con la noticia de la muerte de Aurora Bernárdez, su esposa, su amiga, cómplice y fiel custodia de la obra de Cortázar; quién mejor que ella para ser su albacea literaria… Murió ayer en París a los 94 años y seguía viviendo en la misma casa que compartiera con Julio, manteniendo en el buzón el nombre de su marido como si nunca se hubiera ido. Julia Saltzmann, amiga personal de Aurora y la editora en la Argentina de Alfaguara, dice en el País que, para saber quién era esa maravillosa mujer, había que acudir al libro «Cartas a los Jonquières»; totalmente de acuerdo: y añado que este «no diario» de Cortázar es el mejor diario que nunca se ha escrito. Quien no lo haya leído es un buen momento para adentrarse en la vida del maestro a través de las cartas que envía durante años a sus amigos los Jonquières en la Argentina. En esos primeros años en París, es él el que desgrana su vida en común, sus viajes por Europa, sus visitas a los museos, sus problemas económicos iniciales, sus trabajos como traductores en la Unesco (en la oposición sacaron respectivamente el número uno y el dos), sus lecturas. Una vida plena donde el arte tenía un lugar central, dos amantes con una vasta cultura que compartían en el desarrollo diario de sus vidas. Aurora, desde 1951 en París, era el  otro elemento de Julio; en la página 146, en la carta a Eduardo Jonquières de 16 de marzo de 1956, dice de ella: » … Tiene una sensibilidad sin los arrebatos culpables de la mía, y un sentido del humor que nos lleva a reírnos como dos adolescentes por las cosas más absurdas…»  Me hubiera encantado ver, aunque fuera de lejos, a esa mujer menuda que seguía paseando por el barrio, a Glop como la llamaba cariñosamente su marido.

En glíglico o no, Glop o Aurora, un recuerdo agradecido por la inmensa tarea desarrollada como albacea literaria del Maestro Cortázar.

Los Cortázar

Los Cortázar

En el Levante otoñal

Cactus: Foto : Bárbara

Cactus: Foto : Bárbara

 

Cactus. Foto: Bárbara

Cactus. Foto: Bárbara

 

Cactus. Foto: Barbara

Cactus. Foto: Barbara

 

Por aquí, en el Levante, las plantas crasas son el remedio para la nostalgia de flores que en el otoño nos invade; ellas se conservan igual de radiantes y luminosas, y nos consuelan porque siempre están ahí pese a las estaciones…