El periodo Ming (1368-1664) se caracteriza por su espíritu libre e independiente; se abandona la policromía brillante y apuesta por los colores suaves, desvaídos, como lavados, con apenas contrastes, como en «La Portadora de Ofrendas» con verdes jade y azules translúcidos, rosas apagados y algún toque marrón. Todo en esta pintura mural parece surgir de un mundo marino, de algas y espuma. El rostro de dibujadas cejas, boca menuda y óvalo perfecto de esas mujeres chinas, que parecen muñecas de una impostada belleza, esas tan queridas por los poetas, aquí, en sus ojos entornados, se adivina el escepticismo y la poderosa fuerza de la mujer oriental.
Oso y Duna: amigos inseparables
¿Contemplando el panorama?
Oso y Duna, un golden retriever y una labrador retriever, se han vuelto inseparables, no paran de jugar y de hacerse carantoñas; a eso le llamo yo un «mordisquillo cariñoso».
Gracias a la gentileza de sus respectivos dueños, Pilar, Alex y Natalia podemos disfrutar de esas imágenes estupendas que nos acercan más a esos nobles animales, sin duda los más fieles compañeros del hombre.
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Santa María del Mar (Barcelona)
He dejado pasar los meses para despojar de la memoria todo lo superfluo, que sea la emoción y solo ella lo que quede de aquella sensación tras traspasar la puerta. Me he olvidado de los datos, de las fechas, de nombres y posibles benefactores si los hubo, de quién eran las tierras, de todo. Hasta quiero olvidar toda la literatura que la circunda, que la nutre o quizás la distorsione. Ahora, pasados los meses, me queda la emoción, el asombro ante la grandiosidad despojada de todo artificio u ornamento, la magia de esta otra catedral de Barcelona; esa que en su interior se eleva majestuosa e íntima, de una sobriedad elocuente que habla de los hombres de la mar que la fueron elevando con su esfuerzo, su sangre y su fatiga; esa otra Catedral al margen de los poderosos. Si creyera en los milagros, creería que Santa María del Mar es el resultado de un milagro hecho por los estibadores del puerto, por los marineros, que portaban las piedras a sus espaldas un día tras otro. Santa María del Mar es por la voluntad de unos hombres rudos; lo que dejaron está en el aire, se siente en la garganta y alegra el corazón. Traspasar esa puerta y sentir algo indescriptible es lo que me queda de esa primera visita que había deseado desde que supe de ella; sentirlo en compañía de tres personas maravillosas, un regalo inolvidable.
Bárbara Carpi: poema
Poemas de Nina
En el quai
(III)
Te vas y el aire
y la carne dolorida;
dentro de la noche
escucho tus pasos que se alejan
y los míos ya siempre
en otras direcciones.
De «Los poemas de Nina», libro inédito de poemas de Bárbara Carpi.
«Las Hoces» de la exposición «En torno a Zóbel». Cuenca, 1987.
Asombrosamente guapos!!!
¿Globos con luz propia?
El viernes pasado comenzó la estampida desde todos los puntos de la geografía española, son días de fiesta, la inmensa mayoría hacia las playas y otros a conocer la Semana Santa en sus diversas versiones: las austeras castellanas, las más coloristas del Levante, las más dramáticas del Sur… Otra opción es el turismo rural, cada vez con más adeptos por quienes buscan el descanso absoluto y la contemplación de la naturaleza… Visitar lugares así, como el Huerto del Cura en Elche, y de paso comer un buen arroz reconforta, anima y restablece el equilibrio interior.
Kuan Lin, el Caronte chino
Pintura de la época T’ang que comprende desde el 618 al 906 en la que predomina la figura como elemento predominante y donde reside el ch’i-yün o estado de ánimo del personaje. Kuan Lin viene a ser el Caronte clásico que acompaña a las almas de los difuntos hacia las mansiones celestes. No obstante el movimiento de las vestiduras, el rostro muestra una serena placidez. Este estandarte que se haya en el Museo Británico posiblemente sea una copia hecha en el periodo Ming de otra pintura desaparecida, aunque otros lo atribuyen a la época T’ang; sea como sea, la espiritualidad del rostro reconforta por su elegante sobriedad.
Friso del altar de Pérgamo
En el Pergamonmuseum de Berlín, hoy cerrado para su restauración, se encuentra el monumento más notable, el Altar de Zeus, obra monumental dedicada a Zeus y a Atenea Victoriosa. El friso del altar de Pérgamo fue esculpido entre 183-174 a. C. (en las fechas siempre hay ligeras discrepancias), en Asia Menor, en tiempo de Eumenes II, monumento conmemorativo de las victorias del monarca y representa la Gigantomaquia, la lucha entre dioses y gigantes, un tema dramático tratado con frecuencia en la mitología griega. La cabeza de Alcioneo aquí representada es la del caudillo de los gigantes, hijo de Gea, la diosa de la tierra, de la cual recibe su invulnerabilidad. Atenea lo levanta del suelo sujetándolo por los cabellos a fin de que pierda el poder que emana del contacto con ella: su trágico fin se percibe en el dolor de su rostro; su madre intercede por él inútilmente; la imagen del vencido es de un gran patetismo, que recuerda a Escopas, demostrando la lucha del hombre contra su destino. Atenea no accede a las súplicas de Gea para que perdone la vida de su hijo. Bellísima batalla cosmogónica la representada en el friso, tema muy utilizado en la cerámica griega desde la época arcaica y motivo ornamental en las metopas del Partenón.
Fue el ingeniero alemán Carl Humann quién dirigió los trabajos en la acrópolis. En 1930 se abrió al público el Museo de Pérgamo que acoge la reconstrucción del altar y las 132 placas con los relieves encontrados, estatuas, bustos, inscripciones y diversos elementos arquitectónicos. La base del altar estaba decorada por un friso escultórico de 120 metros de largo por dos con veintiocho metros de altura; sobre esta base se alzaba una doble columnata de orden jónico. El altar se elevaba sobre una plataforma casi cuadrada, en lo que era el patio central de una estructura mucho mayor.
Un dato curioso: durante la II Guerra Mundial, el contenido del Museo de Pérgamo fue custodiado en la Unión Soviética hasta que el museo, seriamente dañado por los bombardeos, fue rehabilitado.
Narcisos
Una semana lloviendo casi sin parar; temo por los cactus, pero los narcisos en el interior florecen anunciándonos la primavera; su fuerte y fragante olor inunda la casa de notas florales que se enredan con el allegro vivace de la cuarta de Beethoven.
Gustav Klimt: Obras simbólicas, marañas humanas
En la primavera de 1908 se exponen en Praga algunos cuadros de Klimt; en el verano se abre la primera manifestación oficial del grupo de artistas que, en 1905, se aleja de la Secesión Vienesa, llamado también «grupo Klimt»; en ella también expone Oskar Kokoschka. Ese mismo año inicia «Vida y Muerte» en su primera versión con el fondo de oro; con posterioridad lo cambia radicalmente por un tono verde azulado, tal como apareció en la Exposición Internacional de Roma (1911), y acentúa el volumen de la maraña humana. En Roma obtiene el primer premio ex aequo junto con Zuloaga y Szinyei Merse. La obra, sin vender durante tiempo y en el estudio del pintor, sufrió una transformación intermedia en 1911 y otra más radical en 1915, que es cuando la da por terminada tal como aparece aquí.
En marzo de 1913 participa en la exposición de la Liga de los artistas austriacos, con sede en Budapest. En este año termina «La Virgen», que luego es expuesta en la XI Exposición Internacional de Arte de Munich. Los elementos geométricos de esta gran obra simbólica son como el magma que une los cuerpos enmarañados en una gran geoda cuyo volumen se acentúa por la incorporación de caras y cuerpos alrededor de ella; el concepto, la»idea» prima en ese periodo según una concepción decimonónica (pintura del pensamiento). Inagotable la obra de Klimt, que en este momento está inmerso también en el paisaje.
















