Guillermo Khalo, padre de Frida Khalo, fue un emigrante alemán al que su hija describió, bajo su retrato, de la siguiente manera y a modo de homenaje en 1951: «Pinté a mi padre Wilheim Khalo de origen húngaro-alemán, artista-fotógrafo de profesión, de carácter generoso, inteligente y bueno, valiente porque sufrió durante sesenta años de epilepsia pero nunca se rindió trabajando y luchó contra Hitler. Con adoración, su hija Frida Khalo» . El padre murió en 1941. La relación entre ambos fue de amor y comprensión; Guillermo cuidó a su hija en su rehabilitación tras padecer poliomielitis, ambos saben lo que es el sufrimiento físico y la lucha cotidiana. Su relación filial está marcada, pues, no solo por el interés común por el arte, como se refleja en los diarios de la hija, sino también por la supervivencia; la influencia de su padre en ella y en su obra es determinante. Y aunque el brillo de Frida pudo ensombrecer la obra del padre, hay que señalar que este era un afamado fotógrafo que hizo de la arquitectura el objeto de sus mejores obras. La arquitectura colonial y la transformación moderna de México en sus manifestaciones de progreso fueron constantes en su fotografía, donde la proporción y el equilibrio, sin olvidar la simetría, dieron como resultado unas espectaculares obras, testimonio de cómo eran los monumentos antes de las luchas revolucionarias, de todo su esplendor y por tanto de todo lo que se podía hacer para su recuperación.

























