
Eugène Atget: «Esquina de la rue des Nounais-d’Hyères y de la rue de l’Hôtel de Ville», 1899

Eugène Atget: «Rue Hautefeuille», 1898

Eugène Atget: «Notre Dame»

Eugène Atget: «Esquina de la rue de Seine», 1924
Eugène Atget es sin duda el fotógrafo al que los enamorados de París más le debemos; sus fotos del «Vieux París», que hiciera por encargo del Consejo Municipal de París decidido a conservar la imagen de las viejas calles en el momento en que era previsible su desaparición, hizo posible este documento impagable. Eso ocurría en 1898. El desarrollo trae modernidad a las ciudades, pero la inmensa mayoría de las veces el viejo espíritu se desvanece y, no obstante eso, París ha conservado todo el encanto de su centro y de algunos barrios que, si se vive en ellos, una se da cuenta de que son como pequeños pueblos con todo lo bueno que eso conlleva. Hasta llegar ahí, Atget ha fracasado en los diversos aspectos de su vida: intentó dedicarse a la pintura sin grandes éxitos, lo mismo que al teatro como actor y, hasta que la fotografía llega a su vida, Arget navega sin rumbo. A partir de 1900 la fotografía de detalles gana en importancia haciéndose series de puertas, aldabones, cornisas…; Atget crea su serie «Les petits métiers», retratos de los distintos oficios, artesanía y la venta ambulante por las calles de París. En 1906 trabaja por encargo de la Blibliotheque Historique de la Ville de París fotografiando el centro, cuyo resultado es la serie «Topografía del viejo París». Después de la Primera Guerra Mundial, reanuda su actividad, realizando por encargo del pintor André Dignimont una serie sobre prostitutas. En esta época conoce al artista Man Ray. Las fotografías de Atget fascinaron a los surrealistas, pero eso es otro capítulo, porque da mucho de sí. Sus fantásticas fotografías reflejan lo cotidiano, la vida de París en tomas directas y, sin proponérselo, influyó sobre la estética surrealista, sobre todo en lo que se ha dado en llamar «l’objet trouvé».