Leonardo: «La Virgen de Las Rocas»

Leonardo da Vinci: "La Virgen de Las Rocas". Óleo sobre tabla (transferido a lienzo en 1806), Museo del Louvre.

Leonardo da Vinci: «La Virgen de Las Rocas». Óleo sobre tabla (transferido a lienzo en 1806), 1497. Museo del Louvre, París.

Leonardo

Leonardo da Vinci: «La Virgen de Las rocas». Óleo sobre tabla, 189 x 120, 1506- 1508, Nationale Gallery. Londres.

 

Estas dos versiones de la Virgen de las Rocas y las vicisitudes de ambas rodean la obra de cierta aura de misterio. Leonardo, que entonces vivía en Milán, recibe el encargo de hacer el frontal de un retablo de parte de la Cofradía franciscana para la iglesia de San Francesco Grande. El caso es que la primera  (comenzada en 1843), realizada por Leonardo, nunca se llegó a entregar, bien por desavenencias dinerarias o por que la obra no gustó a dicha cofradía por desavenencias de contenido; la obra, hoy en el Louvre, parece ser que finalmente se vendió a Luis XII, rey de Francia. La segunda parece ser una réplica completada por los hermanos De Predis. La réplica de una obra se generalizó, en los distintos talleres, durante el siglo XVI, gracias a Tiziano. La réplica del original podía suponer variaciones, estar ejecutada por el autor o bien dirigida por él. Formalmente, la digamos original, es una obra que no se ciñe al contenido clásico cristiano; Leonardo obraba más de acuerdo con la naturaleza que con contenidos puramente de religión. La primera versión es más monumental que la segunda; en la primera predominan los colores oliva metalizados, en la segunda destacan los azules que idealizan el paisaje. Los rasgos delicados de la Virgen con la barbilla muy perfilada es el modelo renacentista ideal del pintor, un modelo juvenil de rasgos serenos que tiene en los cabellos bien definidos otra característica de la época. Por mediación de las manos de la Virgen, Leonardo equilibra el conjunto nada convencional y oscuro en su significado, y con ese gesto lleno de ternura humaniza lo que en principio era un encargo de la Virgen con el Niño y ángeles. La Virgen de rodillas tampoco se ceñía a la idea original. El paisaje rocoso es otra aportación brillante de Leonardo, que con la técnica del sfumato consigue difuminar los contornos para crear una atmósfera irreal o de sueño; el sfumato permite lo que siglos después Picasso repetía tozudamente: «Cada uno de los colores deben estar en todas partes a la vez»; en definitiva se trata de armonizar el conjunto. Finalmente reseñar que el dibujo del agua que fluye, que el gran Leonardo dibujara, según él se asemeja a los rizos en el cabello y las espirales del agua tienen semejanza con el crecimiento espiral de algunas plantas. Rocas, agua, plantas, naturaleza toda que Leonardo reverenciaba. Dominio total y absoluto de la luz y de la sombra.

Gertrude Stein a través de … otros ojos

Picasso: "Gertrude Stein"- Óleo sobre lienzo.

Picasso: «Gertrude Stein»- Óleo sobre lienzo, 1905-6. Museo Metropolitano de N.Y.

 

Gertrude Stein fotografiada por Coburn

Gertrude Stein fotografiada por Coburn

 

Aunque en su momento ya subí el cuadro que Picasso hiciera a su amiga y mecenas norteamericana Gertrude Stein, ahora me encuentro con la fotografía que Coburn le hiciera en 1917. A Stein los pintores  que trabajaban en París a principios del siglo pasado le deben mucho; su labor a favor del arte de vanguardia ahí está. Sobre ella y Picasso se cuenta lo siguiente: una vez finalizado el retrato alguien le dijo a Picasso: «No se le parece», a lo que este contestó sin inmutarse: «Ya se le parecerá». Respuesta que puede sorprender, pero que tiene mucha enjundia. El retrato, una vez que la fotografía permite acercarse lo más fielmente a la realidad, se libra del lastre del «parecido» y son otros valores los que entran en juego, la captación de la personalidad, el cómo y los valores intrínsecos de la obra y, como consecuencia, el retrato se libra de embellecer al retratado. La dureza del retrato de Gertrude hay que encajarlo en el momento estilístico en que se hizo y ese rostro, casi máscara de ella, es sumamente elocuente en cuanto a su fuerte personalidad. Con la mirada limpia, ajena a los prejuicios es como mejor se puede acceder a cualquier obra. Ustedes juzgaran.

 

 

 

Sofoco bloguero… el mío

Foto: Bárbara

Tirando a rojo. Foto: Bárbara

 

Foto: Bárbara

 Confusión. Foto: Bárbara

 

Acabo de tener un sofoco bloguero y no se lo deseo a nadie; es lo que tienen los sofocos, primero te sube un calor a la cara, que se enrojece, y a continuación te invade la confusión y te preguntas: ¿Cómo ha sido posible? ¿Tan despistada soy? ¡Pues sí!, debo reconocer y, a continuación, a modo de única excusa posible, ¿me estaré haciendo mayor?… Esto no reconforta nada, de modo que intento buscar una explicación racional en vano. La menopausia no es, de manera que este sofoco es de pura tierra, trágame o algo así. En fin, lo confieso sin más preámbulos: ¡me he quitado dos años! Después me voy sintiendo mejor, como aliviada… mi falta ha sido no consultar las estadística por años y creer, ingenua de mí, que este año que empieza es el tercero de andadura, de esta andadura bloguera, cuando realmente comienzo el quinto. Ya está dicho. Finalmente, uff, no ha sido tan duro. En mi descargo solo puedo decir que no ha sido intencionado, que va en contra de mi actitud ante la vida (estoy muy orgullosa de cumplir años) y que, buscando las causas, solo he encontrado una: que me lo paso tan bien que el tiempo se me ha pasado volando. Solo me queda pedir disculpas a todos. Fin.

Los brotes de la higuera

   Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

 

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

 

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

 

Si alguien duda aún del cambio climático, que mire como están las plantas; nunca, que yo recuerde, brotaban en febrero. Las pobres deben andar desorientadas. La higuera que tengo en el patio se ha librado este año de la poda… las hojas con ese color verde tierno crecen cada día a un ritmo frenético; suspiro ya con los higos que, espero, no se malogren con este tiempo tan disparatado.

Chipirones en su tinta

Foto: Bárbara

Chipirones en su tinta. Foto: Bárbara

 

Foto: Bárbara

Chipirones en su tinta. Foto: Bárbara

 

Un plato muy de nuestras costas, muy marinero, que no entraña ninguna dificultad. Acompañado de un molde de arroz blanco es un primer o segundo plato consistente. Si de entrante ponemos unos boquerones rebozados tenemos el mar en nuestra mesa.

 

Foto: Bárbara

Boquerones rebozados. Foto: Bárbara

 

Esta receta de Chipirones en su tinta, se puede hacer también con calamares, pero personalmente prefiero el chipirón o calamar pequeño por que se hacen enseguida y resultan más tiernos.

 

Ingredientes: 1 kg. de chipirones, 1 bolsita de tinta de calamar, 2 cebollas, 1 hoja de laurel, 1 vaso de vino blanco o un chorrito de vinagre,  una pizca de pimienta negra.

Limpiamos los chipirones y los troceamos. En una sartén rehogamos las cebollas partidas en palmera, añadimos  un poco de sal para que suden hasta que esté hecha, sin que lleguen a dorarse; añadimos la hoja de laurel y los chipirones y, cuando estén tiernos, añadimos un poco de pimienta; agregamos el vino, o en su defecto el vinagre, y la tinta, removemos y, cuando pinchemos un trozo y veamos que está tierno el chipirón, retiramos. Mientras, habremos hecho un arroz blanco que escurrimos y emplatamos con un molde.

Los boquerones rebozados se hacen en un santiamén; una vez limpios, le quitamos la espina central y los abrimos como un libro. Los pasamos por harina y huevo, y listo.

Retrato de George Bernard Shaw desnudo (Coburn)

Alvin Langdon Coburn : "El Pensador" (G. B. Shaw  posando desnudo)

Alvin Langdon Coburn : «El Pensador» (G. B. Shaw posando desnudo)

 

Alvin Langdon Coburn: "G.B. Shaw"

Alvin Langdon Coburn: «G.B. Shaw», 1908

 

Alvin Langdon Coburn: "Auguste Rodin", 1908

Alvin Langdon Coburn: «Auguste Rodin», 1908

 

Hemos visto las magníficas fotografías de Londres de Coburn, sus experimentos vorticistas y ahora parte de sus retratos. En la foto primera vemos a B. Shaw posando desnudo como si fuera el Pensador de Rodin, que tanta fama le diera al escultor, y que podemos admirar, en la actualidad, entre los rosales que brotan en los jardines del Museo muy cerca de Les invalides. La segunda es un expresivo retrato del dramaturgo y finalmente el retrato que hiciera a Rodin con un aspecto imponente de pope ruso. Las tres claramente pictorialistas.

De la serie Negro sobre Blanco

Foto: Bárbara Carpi

De la serie Negro sobre Blanco, número 2, técnica mixta sobre lienzo. 2013. Foto: Bárbara Carpi

 

Aunque siempre se me ha considerado fundamentalmente colorista, he ido intercalando, en mi trabajo, momentos en que el blanco y negro tomaban protagonismo, excluyendo cualquier nota de color que me apartara del puro gestualismo que estos me brindaban.

Coburn: El vorticismo y las primeras fotografías abstractas

Alving  Langdon Coburn

Alvin Langdon Coburn: «Vortografía»

 

Alving Langdon Coburn

Alvin Langdon Coburn:»Águila»

 

Alving Landon Coburg

Alvin Langdon Coburn: «Vortografía»

 

Alvin Langdon Coburn

Alvin Langdon Coburn: «Vortografía», 1917

 

Coburn fijó su residencia en Londres en 1912, circunstancia que le permitió de modo directo implicarse en la vanguardia de la ciudad, uniéndose al movimiento vorticista británico que se caracterizaba por lo geométrico, la abstracción, la arquitectura y las referencias a las máquinas. El movimiento, que sólo duró tres años, tuvo en otro fotógrafo, Myndham Lewis, y en el escritor  Ezra Pound sus máximos defensores. Coburn diseñó el vortoscopio junto con este último. El vortoscopio estaba formado por tres espejos rectangulares unidos, que formaban un triángulo parecido a un caleidoscopio. Coburn experimentó con cualquier cosa que cayera en sus manos, cristal, madera,  marcos de ventana, fragmentos dispares que dieron origen a unas fotos que no fueron comprendidas ni apreciadas. Los espejos, que actuaban como un prisma, dividían en trozos la imagen formada por la luz. La falta de comprensión en su momento no ha impedido que las fotografías así logradas pasaran a la historia como las primeras fotografías abstractas. Fantásticas fotografías.

«Los Tres Keaton»

Buster Keaton, niño

Buster Keaton, niño

 

Buster Keaton, niño

Buster Keaton, niño

 

"Los tres Keaton"

«Los Tres Keaton»

 

Por esas casualidades de la vida, ahora que acabo de poner un post sobre el genio de cara de palo, me entero que el día 1 de febrero hace cincuenta años moría Buster Keaton a los setenta años de cáncer. Desde bien pequeño Buster actuó en el teatro con sus padres; el trío se deshizo cuando el padre falleció alcoholizado; de modo que su paso al cine debió de ser un proceso casi inevitable.

Los plátanos o bananeros II

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

 

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

 

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

 

He vuelto a Elche para fotografiar de nuevo los plátanos; los colores de las brácteas y las inflorescencias me tienen fascinada, es un prodigio de la naturaleza que, cuando tenía las plantaciones a mano en los años en que viví en las Islas Canarias, no conocí, porque entonces, cuando era joven, una está en otras cosas, como poco en una higuera oyendo a los grupos de moda y preocupada por el acné juvenil…