Francis Picabia, dadaísta

Francis Picabia

Francis Picabia: «Retrato de Marie Laurencin, 1916-17. Tinta y acuarela sobre cartón, 56 x 45.

 

Francis Picabia

Francis Picabia:» He ahí a la mujer», 1915. Acuarela, gouache y óleo sobre papel. 73 x 48.

 

Francis Picabia

Francis Picabia:»Parade amoureuse, 1917. Óleo sobre lienzo, 96 x 73.

 

Francis Picabia

Francis Picabia:» El niño carburador», 1919. Óleo, esmalte, pintura metálica, pan de oro, lápiz y carboncillo sobre contrachapado. 176 x 101.

 

La aventura o trayectoria de toda una vida buscando un lenguaje propio es una línea, en la mayoría de los casos, sinuosa. El artista como explorador de los diferentes caminos donde el arte se desarrolla se ve asaetado por tentaciones a las que debe o bien dejarse sucumbir o sortear con mayor o menor éxito. El barniz que cualquiera de esas circunstancias deja en su obra es una vía en cualquier caso apasionante. El espectador, ante ese panorama deslumbrante, a veces se puede sentir abrumado o desconcertado. En el caso de Francis Picabia (París, 1879), pintor francés de origen español, se dan todas estos vericuetos, pero aquí veremos gráficamente solo uno de esos caminos. Así, el mismo pintor dice, hablando de sus principios: «El impresionismo fue el cordón umbilical que me permitió desplegar los pulmones, aprender a nadar». Por ello después, a partir de 1908, sus obras experimentan «tentaciones» por el fauvismo, el neoimpresionismo, el cubismo y la abstracción. A través del conocimiento de Duchamp entra en contacto con el grupo de Puteaux (que ya hemos visto recientemente) y expone en la «Sección de oro» donde presenta La Procesión, Sevilla, París y Figura triste (España y los toros, presente siempre en su obra). Así en 1915 comienza su periodo maquinista o mecanomórfico y, junto con Duchamp, abandera el movimiento dadaísta neoyorquino. Sus máquinas son como retratos y, a su través, muestran situaciones equivalentes a las humanas, destacando sus valores propios visuales y funcionales. En los años posteriores desarrolla su labor como guionista, editor y poeta. Participa en el movimiento dadaísta en Zúrich, invitado por Tzara. En 1927 comienza su periodo de transparencias, pero ese es otro tema que merece capítulo aparte. Su obra da mucho de sí.

De una extraña belleza

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

 

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

 

Nunca la había visto antes; entre las otras plantas destacaba por su sobriedad y rareza; nada en su color llamaba la atención, pero sus pesadas hojas, carnosas, reinaban por su quietud elegante mientras a su alrededor las palmeras se desentumecían tan solo con una leve brisa…

Picasso en «La Rotonde»

Jean Cocteau: Picasso, Pâquerette y Moïse Kisling.

Jean Cocteau: Picasso, Pâquerette y Moïse Kisling, 1916. París.

 

Jean Cocteau: Picasso, Pâquertte, Kisling y Max Jacob

Jean Cocteau: Picasso, Pâquertte, Kisling, Max Jacob y Manuel Ortiz

Picasso, con gorra de visera a cuadros en la primera foto de Jean Cocteau que, sentado en la famosa «La Rotonde», sita en el 99 del Boulevard de Montparnasse, comparte mesa con el también pintor Kisling y con Pâquerette su amante de turno. En la segunda, de la misma fecha, aparecen también Max Jacob y Manuel Ortiz.

Los refugiados rechazados por Europa

Homenage a los Refugiados. Puerto de Cartagena

Homenaje a las víctimas del terrorismo. Puerto de Cartagena. Foto: Bárbara

 

Homenaga a los refugiados. Puerto de Cartagena

Homenaje a las víctimas del terrorismo. Puerto de Cartagena. Foto: Bárbara

 

Homenage a los refugiados. Puertp de Cartagena. Foto: Bárbara

Homenaje a las víctimas del terrorismo. Puerto de Cartagena. Foto: Bárbara

Desconozco el autor de esta escultura, cuya fuerza nos habla de tantas cosas: emplazada bajo el sol y el cielo azul, al lado del mar, en el puerto, que evoca tantas rutas; no se puede ignorar por su imponente presencia. Un hombre derrotado, desnudo, cabizbajo, herido en su dignidad, recogido sobre sí mismo, con la mirada fija en el suelo, impotente. Cuando la vi, me sentí sobrecogida y golpeada. Y te tienes que parar, clavada en el suelo, y te dan ganas de abrazarla… mientras la gente pasea entre los barcos y las gaviotas.

Y SIENTO VERGÜENZA DE SER EUROPEA.

Y siento vergüenza por ser europea. El gran mito de Europa se nos ha roto definitivamente. Ya se me rompió cuando Europa bombardeó la antigua Yugoslavia, mirando para otro lado, cuando se masacraba a los albaneses. Ahora, los miles y millones de refugiados que intentan salvar la vida claman, pero Europa, con su política de mercachifles, está sorda y ciega. Y me da vergüenza cada día, porque los vemos atrapados como animales y Europa solo sabe poner alambradas. Y pagar, eso sí, para que Turquía se las apañe !Qué Vergüenza! Y solo me viene a la mente la frase de «El año que vivimos peligrosamente», la que dice y martillea sobre el teclado con desesperación el fotógrafo, después asesinado: ¿Qué podemos hacer? ¿Qué podemos hacer? ¡Qué podemos hacer!

Rectificación: Buscando al autor de la escultura, me entero de que es un homenaje a las víctimas del terrorismo, pero es realmente lo mismo, salvo que este terrorismo es un terrorismo de Estado; la realidad es tan dolorosa la una como la otra; el desamparo, el mismo, las vidas que se pierden en el camino son las mismas. La magnífica obra es de  Víctor Ochoa.

 

Retratos de A. L. Coburn

A. L. Coburn: Matisse

A. L. Coburn: Matisse, 1913

 

A. L. Coburn: Ezra Pound

A. L. Coburn: Ezra Pound, 1913

 

A.L. Coburn: B. Sw

A.L. Coburn: B. Shaw, 1908

 

A. L. Coburn: Walt Whitman, 1891

A. L. Coburn: Walt Whitman, 1891

Si magníficas son las fotografías pictorialistas que Coburn hiciera de Londres, buenísimos son sus retratos; el de Walt Whitman es, por la luz y la atmósfera que enmarca el rostro venerable de patriarca, un retrato clásico, como si fuera más el resultado de una obra pictórica; su aspecto me recuerda al dibujo de Leonardo anciano. Muy bello el retrato de Ezra Pound, así como la fuerza magnética del premio Nobel B. Shaw. Respecto al retrato de Matisse paleta en mano y con su pulcra bata, debía ser la pose más natural de un pintor infatigable, pues así ha sido retratado en numerosas ocasiones.

 

 

Cubismo Órfico II – Grupo de Puteaux

Marcel Duchamp

Marcel Duchamp:»Dulcinea». 1911. Óleo sobre lienzo, 146 x 114. Museo de Filadelfia

 

Maecel Duchamp

Marcel Duchamp: «Jugadores de ajedrez». 1911. Óleo sobre tela, 102 x 102. Museo de Arte de Filadelfia

 

Siempre que hablo de Duchamp me acuerdo de Cortázar, es inevitable. El maestro Julio, atento a todas las vanguardias, apasionado del surrealismo, llamaba al pintor Marcelo Delcampo, castellanizando su nombre y apellido, con la gracia que le caracterizaba y no creo que con ánimo de ridiculizarlo, ya que este es una de las figuras claves del arte del siglo pasado y Cortázar, hombre cultísimo, conocía su trayectoria tanto como su obra. Duchamp se movió en las vanguardias mas rompedoras, pero en los años en los que el Cubismo Órfico (1911-1914) se manifiesta, formó parte del llamado Grupo de Puteaux, formado por artistas y críticos de arte, que toma su nombre de la localidad francesa donde murió Kupka, en las afueras de París, y que desarrolló un cubismo que se quiso enfrentar al cubismo de Montmartre; este grupo de tendencia más moderada giraba en torno a los tres hermanos Duchamp: Jacques (Villon), Raymond, que era escultor, y Marcel. Los Duchamp se reunían una vez por semana con amigos cubistas, entre ellos, Metzinger, Gleizes, La Fresnaye, Picabia, todos ellos con una concepción digamos «comedida» del cubismo. Jacques, hermano de Marcel, conocido como Jacques Villon, se dejó iniciar por este en el cubismo y desarrolló su especial forma de construcción  basado en la estructura piramidal que halló en los textos del gran Leonardo da Vinci y que él calificaba de «cubismo impresionista».

Por otro lado el cubismo de La Fresnaye, moderado ciertamente, se basa sobre todo en la superposición de los planos y de la técnica de Delaunay, sin abandonar por ello la composición tradicional con influencia de Cézanne. Lo mismo se podría decir de André Lhote en su intento de adaptar el cubismo al clasicismo. Pero no solo ellos, sino un gran número de artistas decidieron aprovechar ciertas técnicas y procedimientos del cubismo como un medio de avanzar por nuevos caminos de expresión. Al Grupo de Puteaux, aparte de los ya citados, hay que añadir a Picabia, Alexander Calder, Louis Marcoussis, Léger, Jeanne Rij-Rousseau y algunos más.

 

Juana J. Marín Saura: «Del Azul»

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

 

Esta no es la primera vez que me detengo en la poesía de Juana J. Marín Saura, esta vez con ocasión de una lectura poética que se celebró recientemente en la Galería de Arte Babel de Murcia. Juana respiró su poesía con su voz dulce de mujer valiente y luchadora que, como Frida, sabe que cada día debe ganar la batalla con su cuerpo esbelto y menudo que navega contra el dolor y que ella transmuta en olas regeneradoras de vida. Porque Juana sabe como nadie ganar el tiempo al tiempo, tornar la angustia en risa sonora, y por ello oímos al escucharla un cascabel de cristal con dureza acerada o diamantina; Juana no endulza porque es dulzura, no engaña, cada palabra que brota de ella es cierta, como que nació poeta y solo respira versos claros y meridianos. Su sabiduría viene de siglos, de ese lugar donde reposan las palabras con sonoridad ancestral, allí donde los poetas las rescatan para que los libros sigan siendo lo que son: un regalo de la inteligencia y de la sensibilidad que hace al mundo más habitable. De su libro «Del azul» traigo solo unos versos, pero en el enlace que os dejo tenéis su voz y el poema entero de L’Illa, que me encanta, amén de otros del mismo libro.

 

L’Illa

 

Poco a poco más pequeña te dejo,

en cada surco de ola que el barco forma

distanciándome de ti.

Te abandono angustiada en medio de la espuma

que se estrella contra tus rocas.

Me voy alejando dolorosamente veloz,

hasta dejarte allá, como un indefenso punto

sobre el horizonte.

Sola tú, desafiando rebeldes tempestades

en medio de las profundas aguas,

valiente e inmensa en tu pequeñez mi amada isla,

traigo tu luz en el centro mismo de mi pecho.

 

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

Aquí su voz:

 

 

Al final la pillé

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

 

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

 

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

 

Llevo dos días estornudando, con escalofríos, y con la mente espesa; barrunto que el yin y el yan no andan bien; observando el panorama me digo para mis adentros: Mon dieu, estamos a 26 grados mientras en León, es un decir, tiritan de frío rodeados de nieve que da gusto. Me encuentro en medio de terribles oscilaciones nocturnas y diurnas (típico clima desértico) y al final, claro, la pillé; iniciando el proceso en el que me hallo, aún no estoy segura si es trancazo, constipado o gripe, en fin, que más da si estoy hecha unos zorros. Para mí, que cuando te invaden los microbios, ellos no te preguntan si te viene bien o no, simplemente te invaden… Invadida pues, no me queda otra que resignarme y tomar infusiones de tomillo que aclaran la garganta y te dejan el estómago fané y «descangallao». Barrunto que esta invasión sin previo aviso se debe a que tenía el yin y el yan descompensados; debe ser eso. En fin, para restablecer las coordenadas de mente y espíritu he decidido pasar por el Oasis Zen Garden del Huerto del Cura, que es una maravilla. ¡Vean si no!

El desván de La Pedrera

Foto: Bárbara

Foto: Aurelio Serrano Ortiz

 

Foto: Aurelio Serrano Ortiz

Foto: Aurelio Serrano Ortiz

 

Foto: Aurelio Serrano Ortiz

Foto: Aurelio Serrano Ortiz

 

Foto: Aurelio Serrano Ortiz

Foto: Aurelio Serrano Ortiz

 

La última planta de la Pedrera de Gaudí ocupa 800 m2. y estaba pensada para albergar los lavaderos y otras zonas de servicios, con la finalidad, al mismo tiempo, de aislar el resto de la vivienda de los rigores del tiempo. El genial arquitecto se inspiró en la buhardilla de la masía catalana, pero con la novedad de los arcos parabólicos que no necesitan columnas ni muros de carga; en total 270 arcos que forman una estructura semejante a la de un barco; a otros les recuerda la columna de un animal; sea lo que sea en lo que se inspirase, el espacio es realmente soberbio; a la luz, al exterior se abren dos hileras de pequeñas ventanas. Los arcos catenarios están realizados en ladrillo plano. En 1953 fue remodelado por el arquitecto Francisco Barba, que tuvo la ocurrencia de hacer trece apartamentos, disparate que se solventó en 1996 cuando Caixa Catalunya compró el edificio, devolviendo el desván a su estado original, tal como Gaudí lo diseñó. Este espacio acoge en la actualidad una exposición permanente sobre Gaudí.

 

 

Tagliatelle con espinacas, nueces y pasas.

Foto: Bárbara. Receta mía

Receta y foto: Bárbara.

 

Receta y foto: Bárbara

Receta y foto: Bárbara

 

Con lo que tengamos en casa, podemos jugar e inventar recetas con las que podemos aprovechar restos y así ir renovando la despensa. Para el domingo esta receta acompañada de un buen vino tinto, por ejemplo un Faustino crianza 2011, es una buena propuesta.

Ingredientes: Tagliatelle de pasta dura, espinacas, salsa bechamel, nueces y pasas.

Hervimos la pasta en abundante agua con sal, durante el tiempo que marque en el paquete. Hacemos una salsa bechamel no muy espesa (con harina, sal, leche y nuez moscada) y la reservamos. Escurrimos la pasta y le añadimos la bechamel. Hacemos en una sartén las espinacas con muy poco aceite y las agregamos a la pasta. Salpimentamos el conjunto y añadimos unos trozos de nueces y las pasas, que las habremos tenido en remojo con un poco de coñac. Et voilà, très facile!