Luces y sombras, espacio donde maravillarse de lo que el hombre es capaz de soñar y de convertir lo soñado en realidad tangible y corpórea. Un placer para los sentidos.
Con la iglesia románica del siglo XII de Saint-Honorat concluyo el paseo por los Alyscamps. Llama la atención los robustos pilares cilíndricos que se instalaron en el siglo XVI para reforzar el campanario conocido como «la linterna de los muertos».
Bóveda sobre trompas. Toda la belleza del románico en una mañana soleada donde la quietud y el silencio fueron la única compañía: un sueño.
Para los amigos de México este hermoso cactus mexicano, recuerdo del Huerto del Cura de Elche (Jardín Artístico Nacional). En Elche se denomina Huerto a una parcela de tierra de menor o mayor extensión, plantada de palmeras. En el término municipal de la ciudad de Elche existe la mayor concentración de palmeras de toda Europa calculándose entre 200.000 y 300.000 el número de las mismas.
Ya queda menos para el nuevo año que ha tenido, supongo que para todos, luces y sombras. Mi deseo sería que este, aún no nato, tenga más luz que otra cosa. Mis mejores deseos para todos y muy especial para los amigos de todo el mundo que hacéis mi ruta diaria cálida y placentera, todo mi agradecimiento y cariño y… a esperar las uvas.
En el Jardín Artístico Nacional del huerto del Cura de Elche se hermanan todo tipo de especies vegetales como estos Phyllostachys Aurea (bambús) con las aspidistras que a sus pies se mecen elásticas: rigidez y movimiento en feliz compañía. El palmeral de Elche fue declarado en el 2000 Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
Este bello ejemplar de pavo real hembra, nos mira receloso desde su impoluta belleza como diciendo: ¡ojo no estoy disponible para la cazuela! Donde esté un buen besugo… o un pavo de andar por casa, de esos pavos, pavos vulgares…
En estos días festivos cualquier ave se siente vulnerable y con razón.
La Abadía de Montmajour a las afueras de Arles es como un sueño, como volver a una época de cantos gregorianos, de silencio y vida contemplativa, lo dicho, un sueño donde no existen poderes financieros ni mafias que determinan las vidas de los ciudadanos… De aquellos tiempos solo nos queda la cerveza de la Abadía que, por cierto, está de vicio.
La Abadía de Montmajour está a pocos kilómetros de Arles; desde allí se divisa a lo lejos la ciudad y la llanura de la Crau, que en los dibujos de Van Gogh aparece roturada, con el campo perfectamente ordenado. El pintor gustaba de dar largos paseos hasta la abadía y allí, sentado sobre unas rocas, dibujaba aquel paisaje tranquilo. Cuando trabó amistad con el subteniente de los zuavos, Milliet, iban los dos conversando y volvían al atardecer. La amistad con Milliet fue un gran consuelo para Van Gogh, que necesitaba el contacto humano con la misma vehemencia con la que pintaba, lo que hacía que muchos se sintieran incómodos ante su entusiasmo sincero; quizá su poco tacto le ocasionara situaciones difíciles, hoy diríamos que no era politicamente correcto, pero con el militar se encontró con un amigo que le entendía y que le escuchaba. A finales de septiembre de 1888 le hizo un retrato al óleo que muestra la estrella y la media luna de la compañía argelina de los zuavos afincada en Arles.
Este excepcional conjunto arquitectural fue fundado en la Edad Media por los frailes benedictinos en medio de los pantanos. La Abadía comprende un edificio prerrománico del siglo X, una iglesia abacial y un claustro románico del siglo XII. En el siglo XVIII, se construyó el imponente monasterio de Saint-Maur de arquitectura clásica.