¿Quién no recuerda a Michaeleen Flinn? Fue como encontarme con un amigo. Allí estaba detrás de un cristal, mirándome con su sonrisa burlona y esos ojillos picarones el último día del año. Pensé que toda la magia del cine estaba en ese escaparate. Al lado, un bar lleno a rebosar de gente joven con la copa en la mano, que invadía la calle con su alegría contagiosa. Me pareció oír su pegadiza cancioncilla mientras conducía su carricoche. Barry Fitgerald que así se llamaba, dio cuerpo y forma en 1958, a uno de los personajes más entrañables de John Ford mientras se enamoraban John Wayne y Maureen O’Hara, teniendo como telón de fondo una Irlanda entrañable con paisajes bellísimos. ¡La magia del cine, que nos permite entablar amistad con gente de todo el mundo, Fitgerald, Wayne, O’Hara… como de la familia! ¡Homérico!
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Que no nos falte…
Que no nos falte el contacto con la naturaleza para no perder el rumbo, salir a respirar el salitre del mar, contemplar asombrados las raíces al aire de los enormes ficus o ver el vuelo de las gaviotas y escuchar su parloteo sobre nuestras cabezas es lo que deseo para este año que empieza; algunos pensarán que no es mucho, pero es lo que Cartagena me ha brindado este fin de año. No obstante, para mí es todo un regalo que no tiene precio…
Ave del paraíso
Viendo estas fotos, uno puede pensar que está en las Islas Canarias, en el parque del reloj de flores de Santa Cruz de Tenerife, por ejemplo, pero no, estos ejemplares de ave del paraíso forman parte de la exuberante vegetación de los magníficos jardines del Hotel del Huerto del Cura de Elche, un lugar paradisíaco cuyos bungalows se diseminan entre caminos cubiertos de palmeras y plantas tropicales; un lugar donde los pájaros te despiertan del silencio de la mañana y el sol se derrama por entre las plantas, y se puede creer que se está en otro meridiano… No hace falta irse muy lejos para encontrar el paraíso.
A los que viajan…
A los que viajan en estos días de fiesta, mucho cuidado en las carreteras, lo importante es llegar al destino y volver felices, pero recordando que el viaje en sí puede y debe ser un placer y un medio de encontrarnos a nosotros mismos, de compartir experiencias y de gozar disfrutando del paisaje. Bon voyage!
Paseando por el Born de Barcelona
El barrio del Born, donde está ubicado el antiguo mercado de Barcelona, es un lugar que enamora con sus callecitas, callejones, sitios de encuentro donde tapear de maravilla, terrazas donde ver y dejarse ver, con un ambiente nocturno fantástico y cuyo lugar de referencia, el mercado, que hoy, convertido en un centro cultural, sigue polarizando lo mejor de este céntrico enclave de la villa. El paseo del Born conserva los sitios de siempre, pequeñas tiendas y tascas con ese sabor que deja el paso del tiempo; hay que perderse, sin prisas, respirando el aíre cosmopolita de Barcelona que sabe, no obstante, mantener sus esencias. Se puede y se debe comer o cenar en cualesquiera de sus locales y después tomar una copa; se puede pasar un día fantástico viendo el Museo Picasso o el Museo del Chocolate, Santa María del Mar… La oferta es inmejorable.
El río
El río Segura, a su paso por el Balneario de Archena, corría manso entre los juncos que enmarcaban sus orillas. El sol comenzaba a declinar y había una luz extraña que envolvía los verdes en tonos ceniza, como si estos fueran el resultado, anticipado, de una combustión postrera al ocaso.
Santa María del Mar
Santa María del Mar, la catedral de los hombres del mar, no deja de asombrarnos por su belleza sobria y rotunda. El gótico catalán en su más excelsa expresión nos eleva y nos conmueve como si una plegaria inmensa se elevara desde las simas más profundas hasta las playas, rozando los cantos pulidos en olas redondas que se rizan sobre sí mismas. Y el órgano callado no hace más que recoger el eco de la espuma…
Tallas románicas en el MNAC
El recorrido de las salas dedicadas al románico en el MNAC de Barcelona está organizado cronológicamente. La colección de tallas en madera consta de magnificas obras, como La Virgen de Ger o como estas tallas del Descendimiento de Erill la Vall que representan a San Juan y la Virgen. Los descendimientos catalanes se distinguen de los europeos, porque constan de siete personajes al incluir a las del buen ladrón y la del mal ladrón. Estas del MNAC y las otras cinco, en la actualidad en el Museu Episcopal de Vic, son de madera de álamo y originariamente iban policromadas, conservando algunos restos de la policromía original. El Descendimiento de Erill la Vall es una joya del románico. Santa Eulalia de Erill la Vall pertenece al conjunto de iglesias románicas catalanas del Valle de Bohí declarado en el año 2000 Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. El conjunto fue dado a conocer en 1907 gracias a la expedición que organizó el Institut d’Estudis Catalans.
Por la calle… Declaración de principios
En el escaparate, toda una declaración de principios, el letrero dice: T’estimo porc que traducido es igual a: Te quiero cerdo; tal declaración de amor se explica en el interior de esta Botifarreria de Sta. María, justo enfrente de Santa María del Mar, que contiene todas las delicias que se derivan del cerdo: jamones, butifarras, sobrasadas… un lugar para pecar contra el colesterol y, si llega el arrepentimiento, buscar la absolución en el interior de la bellísima iglesia.
Un lugar que recomiendo para todo el que quiera conocer los buenísimos embutidos catalanes. La gastronomía catalana, por otra parte, nos puede hacer levitar.
El Gaudí más actual
Conseguir hacer unas fotos en la terraza de la Pedrera sin que salgan turistas por todos lados es una hazaña. Las chimeneas de la Casa Milá, más conocida como La Pedrera, que es como los coetáneos de Gaudí la apodaron despectivamente por ser un conjunto de «piedras», son fascinantes, con un diseño sorprendentemente futurista, moderno y que no han sido superadas aún hoy, sacudieron la imaginación del director de la saga de «La guerra de las galaxias» que inspiraron los uniformes de los guerreros que aparecen en dicha saga. Eso se dice y, al margen de que sea verdad o no, no me extrañaría lo más mínimo. La modernidad del genio de Gaudí es evidente.



























