Extraordinario este plato que casi nos pone a Mondrian en la mesa. Sin duda primero comemos con la vista, después con el olfato y en casos como este, en que el arte culinario se viste de gala, en esta expresión colorista de reminiscencias artísticas tan claras, una se queda observando dudando en atacar un plato exquisito con derecho a estar en la sala de un museo. Finalmente me puede más la glotonería y las papilas gustativas que reclaman con avidez la degustación del octópodo. ¡Delicioso manjar! La cocina de este NH de Cartagena se merece más de una visita.

























