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Nefertiti

 

Nefertiti. Museo de El Cairo.

Nefertiti. Museo de El Cairo.

Todos conocemos, aunque sea por reproducciones,  la bellísima cabeza de Nefertiti, esposa de Akhenatón, que se encuentra en el Museo de Berlín, pero esta, en cuarcita rosa, no por ser menos famosa deja de sorprendernos por la belleza de sus rasgos, teniendo en cuenta que está inacabada. Aun así es curioso el color de sus labios y el leve perfilado, en negro, de cejas y ojos y aun  sin el perfilado final ni la tiara real con el «ureus» responde claramente al canón estético de Tell-el -Amarna, perteneciendo al taller del primer escultor del reino, Tutmés. La revolución estética que supuso Tell-el-Amarna duró poco, hasta la muerte del faraón, pero el impulso renovador influyó en toda la época de los Ramésidas, es decir la XIX Dinastía. Este hermoso retrato se encuentra en el Museo de El Cairo.

Corot, «El puente de Mantes»

 

Corot: "El puente de Mantes". Museo del Louvre. Paris.

Corot: «El puente de Mantes». Museo de El Louvre. Paris.

 

El puente de Mantes lo pintó Corot una docena de veces desde su juventud, desde distintos ángulos, manteniendo la robustez de los elementos geométricos; este, realizado al final de su vida, destaca por su luminosidad y la atmósfera peculiar que caracterizan todas sus obras. En sus obras paisajísticas se percibe el aire, la frescura, la sensibilidad hacia la naturaleza y, aunque su concepto de paisaje sea clásica ciñéndose al de Poussin, avanza en la manera de sentir a la naturaleza. Moreau-Nélaton publicó el libro «Corot raconté par lui-même» donde se vierte esa relación del pintor con ella. Théophile Gautier emitió el juicio siguiente sobre el arte de Corot: ¡Qué talento más singular el de Monsieur Corot. Tiene ojo, pero no le sigue la mano; ve como un artista consumado, y pinta como un niño!». Siempre se habló de la ingenuidad de Corot que, por más que busco, no encuentro… y si es así, es penetrante, sagaz y luminosa.

 

Toulouse-Lautrec, «La toilette»

Toulouse-Lautrec, "La Toilette".1889 (67x54 cm.) Musée d'Orsay.  Paris.

Toulouse-Lautrec, «La Toilette».1889. Óleo sobre cartón, (67×54 cm.) Musée d’Orsay. Paris.

«La toilette» es uno de los esbozos para una serie de litografías que el pintor reunió bajo el titulo de «Elles». Los modelos de Toulouse-Lautrec solían ser prostitutas, sus desnudos de gran naturalidad, admirables, están tratados con frescura, elegancia, pero nunca son vulgares. A la sagaz mirada del pintor nada se le escapa y llena de ternura el mundo donde se movían esas criaturas alegres o desdichadas. En una exposición que realizó en la Galería Goupil en 1893 a la que invitó a Degas, por el que sentía una gran admiración, cuentan que este al salir comentó:» Ça, Lautrec, on voit que vous êtes du bâtiment», en señal de aprobación. Esta obra, catalogada como óleo sobre cartón, tiene, según mi opinión, el acabado y la textura del óleo y el pastel y una luminosidad espectacular; estuvo expuesta en su momento en el Jeu de Paume y se puede admirar, hoy, en el Musée d’Orsay. ¡Admirable esta obra de Toulouse- Lautrec!

Baudelaire, Rodin y Manet

A. Rodin, "Baudelaire"

A. Rodin, «Baudelaire»

 

Rodin hizo la cabeza de Baudelaire en plaster en 1898.

Baudelaire, el autor de «Les Fleures du mal», escribió este cuarteto dedicado a Lola de Valencia, artista muy conocida en París, de la compañía  de balé dirigida por Mariano Camprubí, cuya primera estrella era sin duda ella.

El cuarteto dice así:

 

Entre tant de beautés que partout on peut voir,

Je comprends bien, amis, que le désir balance.

Mais on voit scintiller en Lola de Valence

le charme inattendu d’un bijou rose et noir.

 

Antes de pintar «Le Déjeneur sur l’herbe» y «Olympia», Manet tuvo su momento de predilección por lo que algunos llamaron «españoladas». Tres de ellas demuestran su admiración por Velázquez, «El niño de la espada», «El cantaor español» y «El torero muerto». Después del viaje de Manet a España realizó, en 1866, «El pífano», sin duda una obra maestra, bajo el influjo de Goya y Velázquez.

Monet hace el retrato de Lola de Valencia en 1862, en él aparece ataviada, se supone, con traje regional, regordeta y bajita; se expuso en la Galería Martinet y fue vendido al barítono Faure; con posterioridad lo compró el Conde de Camondo quien lo legó al Louvre en 1911.

Personalmente no me gusta demasiado esta obra, aunque reconozco que está soberbiamente pintada.

 

Manet, "Lola de Valencia".

Manet, «Lola de Valencia».

 

 

El Greco, precursor del impresionismo

El Greco, "La visión de San Juan". Fragmento.

El Greco, «La visión de San Juan». Fragmento.

Se cumplen cuatrocientos años de la muerte de Dominikos Theotokopoulos,  llamado el Greco. El siete de abril de 1614, en Toledo, expira el pintor que nació en la isla de Creta, en la actual Heraklión. Aún ahora el Greco es un personaje del que se sabe más bien poco; con el paso del tiempo su pintura se ha ido revalorizando y hoy se le considera el precursor del realismo y del impresionismo. Cuando nace en Creta, esta isla pertenecía a la República veneciana, por lo que era lógico que, convertido en maestro pintor de iconos muy valorado por su dominio de la pintura bizantina, se trasladara a Venecia y porteriormente a Roma. En Venecia trabaja en el taller de Tiziano junto con Tintoretto y conoce al Veronés; allí bebió de las fuentes renacentistas, con especial predilección por el manierismo. En Roma consigue formar parte del grupo de artistas auspiciados por el cardenal Alejandro Farnesio. Cabe destacar el hecho extraordinario de pasar de la pintura posbizantina a  la pintura occidental, para llegar a convertirse en un  pintor renacentista italiano. De la escuela veneciana aprendió la técnica al óleo y la riqueza de luz y colorido, la  síntesis colorista peculiar que convierte su paleta en algo prodigioso; de Roma,  una concepción de la figura netamente manierista.

Este fragmento es rabiosamente actual y las figuras nos llevan a las bañistas de Cézanne, Matisse; el abandono de la proporción, el movimiento exacerbado, lo dramático en lugar de lo descriptivo, la idealización de las formas alargadas y la brillantez de sus colores hacen del Greco el mejor pintor del siglo XVII en España.

Esta obra se encuentra en  The Metropolitan Museum of Art, N.Y. 222,3 x 193 cm.

Toulouse-Lautrec

Toulouse-Lautrec, "Yvette saludando al público". Museo de Albi.

Toulouse-Lautrec, «Yvette saludando al público». Museo de Albi. Francia.

 

 

El aristócrata Henri de Toulouse-Lautrec retrató como nadie el París de la belle  époque; sus temas fueron las carreras de caballos, las bailarinas del can-can del Moulin Rouge, las del café-concert, el mundo del circo y el ambiente de los burdeles y la vida nocturna de los elegantes. Admirador de Degas, su pintura tiene su apogeo alrededor de 1895. Fue el poeta y chansonnier Aristide Bruant, que cantaba en el cabaret «Le Mirliton», quien le introduce en la vida nocturna de Montmartre; luego se hizo asiduo del Moulin Rouge, que inmortalizó en varias obras y carteles. Para las bailarinas Jane Avril, May Belfort, May Milton e Yvette Guilbert realizó una serie de carteles fantásticos utilizando la litografía en colores, que revolucionó totalmente. A pesar de su corta vida, murió a los treinta y siete años, su obra es de importancia capital por su calidad y por retratar el París de fin de siglo; un solo cuadro como «La toilette» (Museo de Orsay) bastaría para situarlo entre los mejores de su generación de por sí brillantísima.

Genial este retrato de «Ivette saludando al público», que no cesó de ovacionarla durante cincuenta años. Se encuentra en el Museo Toulouse-Lautrec de Albi, lugar de nacimiento del artista.

Rodin, «La Danaïde»

A. Rodin, "La Danaïde". escultura en mármol.

A. Rodin, «La Danaïde». Escultura en mármol. Museo Rodin, París.

 

Rodin, el padre de la escultura moderna, como Miguel Angel dejó «inacabadas» algunas de sus obras, abandonadas, incompletas, saliendo de la materia en el acto en el que cualquier ser sale al mundo exterior desde el útero, aquí de la piedra, del mármol, fijando para el infinito el momento, el acto mismo de la creación.

Pissarro, «Le Pont Royal et le Louvre»

Camille Pissarro, "Le Pont Royal et Le Louvre". Óleo sobre tela. Musée d'Orsay.

Camille Pissarro fue uno de los artistas impresionistas mejor dotados. Nacido en las Pequeñas Antillas en el seno de una familia de origen portugués, estudió en Francia y, en vista de su decidida vocación artística, su padre le envió a París, donde Corot le aconsejó sobre la pintura paisajística por la que se sentía atraído. En la Academie Suïsse conoció a Monet y a sus amigos. Residió en Pontoise antes y después de la Gran Guerra y con Monet y Renoir salía a pintar los paisajes de Bougival. En su quehacer pictórico fue un espíritu inquieto que adoptó el impresionismo buscando «la vibración de la luz», aunque investigó el divisionismo y el puntillismo para definitivamente seguir por el camino iniciado, donde la luz es sujeto fundamental. Expuso con los impresionistas, pero fue la que realizó en la Galería Dural-Ruel en 1892 la que lo consagró.

Al año siguiente comenzó a pintar desde un balcón de un piso en alto, iniciando sus series de vistas «plongeantes» (desde arriba) de París. De esta manera, Pissarro aporta unas perspectivas nuevas de los bulevares, de los quais, del Sena, de gentes paseando, con los coches y ómnibus; visiones nocturnas con farolas de gas iluminando un rincón … Su aportación al paisaje urbano es evidente, esa visión de picado casi fotográfica es muy novedosa; aunque también los compaginó con los paisajes rurales, huertos y frutales en flor hasta su muerte en 1903.

 Camille Pissarro, «Le Pont Royal et Le Louvre». Óleo sobre tela. Su obra se puede contemplar en el Musée d’Orsay.

Manet, «Olympia»

Manet, "Olympia". 1863. Óleo sobre tela. Museo de Orsay. París

Manet, «Olympia». 1863. Óleo sobre tela. Museo de Orsay. París

En las Tullerías, se hallaba el Jeu de Paume, donde se encontraba reunida la pintura de los impresionistas; era, para todo el que llegaba a París en los años setenta, «el museo de los impresionistas».

Después la colección pasó al otro lado del Sena en la remozada antigua estación de Orsay, donde la podemos contemplar hoy. La primera vez que vi «Olympia» de Manet fue en el Jeu de Paume. Recuerdo que en la Planta baja de aquel delicioso palacete, tan fácil de recorrer por sus dimensiones, y como bienvenida, se encontraba el «Déjeuner sur l’herbe» de Manet, enorme, que nos dejaba sin aliento. Esta obra maestra, de riguroso realismo, con el desnudo de la modelo Victorine Meurend sentada entre los los dos varones vestidos, era tremendamente impactante. Esta obra y el desnudo de «Olympia», pintada en 1863, expuestos en 1865 en la galería Martinet y después en el «Salón des Réfusés», causaron un gran escándalo. Para la «Olympia» la modelo fue la misma (Victorine Meurend) y representa a una joven cortesana desnuda recibiendo un ramo de flores que trae una sirvienta negra. La belleza y la delicadeza del trazo del cuerpo, el contraste con el chal y el blanco de las sábanas con el tono rosado de carnalidad, la luminosidad de los tonos claros de los almohadones crean una de las obras maestras más admiradas de Manet.

En 1890 Claude Monet, admirador de esta obra, abrió una suscripción pública para ofrecer esta obra al Estado francés que no ingresó en el Louvre hasta que Clemenceau lo ordenó  (Jeu de Paume) en 1907. Debo aclarar que la obra contemporánea que pertenece al Louvre no estuvo ni está expuesta en sus salas.

Van Gogh, «Iris»

V. Van Gogh, "Iris".Saint-Remy, mayo, 1889. óleo sobre papel sobre tela (62X 48 cm.). Ottawa, National Gallery of Canada.

V. Van Gogh, «Iris». Saint-Remy, mayo, 1889. Óleo sobre papel sobre tela (62X 48 cm.). Ottawa, National Gallery of Canada.

A unos veinte kilómetros al norte de Arles se encuentra el Hospital Psiquiátrico de Saint-Paul-de-Mousole; el hospital está dentro de un convento de agustinos abandonado, muy cerca de Saint-Remy. Allí Vincent, recluido, es como un monje ascético que trabaja cuando le dejan; de los alrededor de 140 obras fechados en Saint-Remy solo firmó siete, lo que demuestra el ejercicio continuo de exigencia al que se sometía. Al no estar recluido como el resto de los internos, se abandonó al paisaje y a la vegetación circundante. Y como telón de fondo allí están las suaves montañas de Les Alpilles, los campos de trigo, los olivos retorcidos con las ramas giradas hacia el cielo y los cipreses que son parte esencial de toda la zona. Para Vincent ellos, los cipreses, son mejor que el mejor de los obeliscos egipcios… Los muros no muy altos del edificio están rodeados de olivos, lo mismo que flanqueaban el camino de tierra por donde debía pasear y pintar todo lo que se ofrecía ante sus ojos. Este iris, fechado en Saint-Remy, de esta época, es una obra impresionante en su sencillez y en la que no busca la exuberancia de las flores abiertas, sino la perfecta, equilibrada composición y la ondulante disposición de las hojas.