
Foto: Bárbara
En mi nombre y en el de La Estirga os deseamos una muy Feliz Navidad y unas fiestas llenas de buenos deseos. Yo solo pido uno: Paz para todos esos territorios donde la guerra continua.

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En mi nombre y en el de La Estirga os deseamos una muy Feliz Navidad y unas fiestas llenas de buenos deseos. Yo solo pido uno: Paz para todos esos territorios donde la guerra continua.


Ya he hablado en otras ocasiones de las tiendas de barrio, cuyos escaparates son una prueba del ingenio y del sentido del humor, qué duda cabe, de los dueños. Lo que nunca había visto es tanta devoción en las tiendas de comestibles por las pobres víctimas que sin duda proporcionan los deliciosos embutidos de los que nos surten. Y encima la alegría que muestran sería suficiente para que una se volviera, ante tanta muestra de «joie de vivre», de pronto vegetariana. No hay más que ver la carita del corderito, toda risa y jolgorio, y la sonrisa abierta del cerdito, hecho un cascabel. ¡En fin, no somos nada!
Fotos: Bárbara
Ya iba siendo hora que la poesía de Dylan tuviera ese reconocimiento. Enhorabuena sin duda al bardo, juglar de nuestro tiempo, y por supuesto a la academia sueca por bajar a la calle y respirar aires nuevos. He acudido a nuestra biblioteca y tengo en mis manos un libro de Bob Dylan editado en 1972 por Júcar bajo el epígrafe de Los Juglares y la batuta de Jesús Ordovás. El cantautor dijo: «De la ciudad en que nací no me acuerdo muy bien. Duluth es una pequeña ciudad minera. Está construida sobre una montaña en Lake Superior»…y más adelante: «Escribí mi primera canción a mi madre y la titulé «A mi madre». Empecé a fumar a los once años y solo dejaba de hacerlo para respirar. No recuerdo que mis padres cantaran demasiado…» No fue un alumno brillante sino todo lo contrario como casi todos los genios, porque ellos están en otras cosas. Y Dylan estaba soplando al viento y en el viento…
SOPLANDO EN EL VIENTO
¿Cuántos caminos debe un hombre andar
Para que le tengáis por hombre?
¿Cuántos mares debe una blanca paloma surcar
Para poder descansar en la arena?
¿Cuánto tiempo seguirán silbando las balas de cañón
Antes de ser prohibidas para siempre?
La respuesta, mi amigo, está sonando en el viento,
La respuesta está sonando en el viento.
Bello y emblemáticos versos del pensamiento antibelicista de Dylan. Enhorabuena, mi amigo.

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara
Siempre que hago un contraluz me lleva a J. Ford y a «Centauros del desierto», y más concretamente al contraluz inicial y al final con los que el maestro abre y cierra la película a modo de telón. Y es cuando tengo la máquina en la mano y el sol de frente, cuando pienso: «Qué churro te va a salir», pero la máquina es muy lista y, a veces, visto el resultado, me digo: «Cuánto sabe».
Tras 1050 entradas y sin tiempo para dedicarle lo que se merecen los lectores, después de pensármelo bien he decidido por fin que ocasionalmente subiré fotografías. La escritura me absorbe en estos momentos y quisiera terminar mi tercera novela y el libro de cuentos que tengo empezado. No obstante, si algo del mundo del arte me golpea con fuerza, lo subiré, porque compartir no deja de ser algo muy hermoso.

Foto Bárbara

Foto Bárbara
El pasado 23 de mayo, al instalar el Windows 10 empecé a tener problemas y, tras un arrepentimiento y vuelta al pasado, infructuoso, (pensé que más vale malo conocido que bueno por conocer), al 7, que me era más familiar, vi consternada que el ordenador estaba cual encefalograma plano o como un papel en blanco; se ve que a mí lo de la informática no me va y tuve que pasarlo por el quirófano; al llegar me sentí aliviada por que había una cola tremenda de ordenadores con la mente en blanco: » vaya, no soy la única, pensé»; esto, que es la conformidad del tonto, me reconfortó y ante tamaña invasión de ordenadores descerebrados he tenido que tomar número y esperar pacientemente a que me tocara la vez; hasta hoy, que ha vuelto a casa, el pobre, renqueante, porque va lento de cojones (no me lo tomen en cuenta, es por el cabreo) y con signos de patente debilidad. De modo que pido disculpas a todos y de todas formas. En vista del panorama me ha ido de viaje por la costa y el interior oscense que ha estado muy bien. Moraleja: ¡No hay mal que cien años dure ni mal que por bien no venga!
Acabo de tener un sofoco bloguero y no se lo deseo a nadie; es lo que tienen los sofocos, primero te sube un calor a la cara, que se enrojece, y a continuación te invade la confusión y te preguntas: ¿Cómo ha sido posible? ¿Tan despistada soy? ¡Pues sí!, debo reconocer y, a continuación, a modo de única excusa posible, ¿me estaré haciendo mayor?… Esto no reconforta nada, de modo que intento buscar una explicación racional en vano. La menopausia no es, de manera que este sofoco es de pura tierra, trágame o algo así. En fin, lo confieso sin más preámbulos: ¡me he quitado dos años! Después me voy sintiendo mejor, como aliviada… mi falta ha sido no consultar las estadística por años y creer, ingenua de mí, que este año que empieza es el tercero de andadura, de esta andadura bloguera, cuando realmente comienzo el quinto. Ya está dicho. Finalmente, uff, no ha sido tan duro. En mi descargo solo puedo decir que no ha sido intencionado, que va en contra de mi actitud ante la vida (estoy muy orgullosa de cumplir años) y que, buscando las causas, solo he encontrado una: que me lo paso tan bien que el tiempo se me ha pasado volando. Solo me queda pedir disculpas a todos. Fin.
Por esas casualidades de la vida, ahora que acabo de poner un post sobre el genio de cara de palo, me entero que el día 1 de febrero hace cincuenta años moría Buster Keaton a los setenta años de cáncer. Desde bien pequeño Buster actuó en el teatro con sus padres; el trío se deshizo cuando el padre falleció alcoholizado; de modo que su paso al cine debió de ser un proceso casi inevitable.
Me asombra y me admira ver a esos «magos de la quietud» que se pasan horas en la misma postura, sin mover un músculo, interpretando su papel a las mil maravillas, ajenos a lo que sucede a su alrededor. Este Fin de Año, en las Puertas de Murcia de Cartagena, estos dos ejecutivos dejaban a los viandantes con la boca abierta, bouche bée como dicen los franceses. Estos artistas del gesto que son capaces de congelar el tiempo y de parar los relojes me dan una envidia…
Gertrude Käsebier (1852 Iowa- 1934 N,Y.) está considerada la primera fotógrafa americana y la más influyente del pasado siglo. Su primera gran dedicación fue el dibujo y la pintura que abandona por la fotografía perfeccionando su aprendizaje en Europa. Abrió su primer estudio en Manhattan en 1897. Se relacionó profesionalmente con Alfred Stieglitz, quien la incluye como miembro fundador de Photo-Secession, grupo que promovió el pictorialismo y la promoción de la fotografía como expresión artística; publicó regularmente sus fotos en la revista Camera Work editada por Stieglitz y este, en 1906, organiza una gran exposición de ella y de Clarence H, White en su galería 291. El trabajo de esa famosa galería ayudó a elevar la fotografía en Estados Unidos al mismo nivel que la pintura o la escultura. A través de Buffalo Bill consigue poder retratar a los indios que formaban parte de su espectáculo; el resultado son unos retratos llenos de respeto, belleza y dignidad; retratos que se perpetúan durante una década en la que la artista mantiene una relación de amistad con el pueblo sioux. La relación especial de Gertrude con los indígenas se remonta, por otra parte, a su niñez en Colorado. Estos retratos se exhiben hoy y forman parte de la Colección del Museo Nacional de Historia Americana en el Instituto Smithsonian. A Gertude Käsebier se la considera la madre de la fotografía estadounidense.