¡No tiene desperdicio! Como la censura, entonces, era tan tremenda el subconciente les jugaba malas pasada a los publicistas de la época… ¡No le dé gusto al dedo!!! Brutal.
A las tiras de Quino le debemos unos ratos deliciosos de la mano de Mafalda, de su mundo infantil tremendamente lúcido, con un humor ácido y corrosivo al tiempo que lleno de ternura. ¡Enhorabuena a Quino por la concesión del Premio Príncipe de Asturias de la Comunicación! Lo que viene del continente hermano nos nutre siempre con grandes legados culturales que nos enriquecen con su savia nueva y renovadora, de modo que felicidades, también, a todos los hispanoparlantes.
Picasso y su última mujer Jacqueline en un salón de su residencia, el castillo de Vauvenarges, a donde se trasladaron a vivir en 1959. A partir de entonces se acaba la vida social del pintor y la vida se torna solitaria, centrada casi exclusivamente en el trabajo: todo el castillo, situado en un lugar apartado, se convierte en estudio. Su labor se centra en su modelo: Jacqueline. Mas adelante se mudan a Notre Dame de Vie , su última morada; en 1962 Picasso pinta 70 veces a su mujer, al año siguiente 160 veces. La foto refleja una escena doméstica y cotidiana donde llaman la atención los pantalones a rayas de un Picasso anciano, que viste como un chaval.
Una foto curiosa de la actriz francesa de moda, musa de los años cincuenta-sesenta, icono en el que se fijaban todas las adolescentes del mundo, con Picasso, otro fenómeno que, al margen del mundo artístico, era también objeto mediático. La foto corresponde a una visita que ella hizo al estudio del pintor en Cannes en 1956. La fotografía aun siendo antigua, con poca definición tiene su aquel, siendo además poco conocida.
Cuando hace unos días escribía sobre un cementerio de perros y gatos, no me podía imaginar que al poco tiempo Nona, nuestra perra, nos iba a abandonar… Han sido diez años de convivencia diaria, a todas horas, dándonos cariño, alegría, haciéndonos mimos y carantoñas…; el que tenga o haya tenido animales en casa sabe de lo que estoy hablando. Se ha ido y ha dejado un vacío enorme que se siente en cada rincón de la casa, esperándola ver aparecer trotando por la escalera o saltando al tratar de cazar una mosca… Esta semana pasada ha sido dura, difícil, pero la vida sigue, aunque sin ella.
Esta mañana me he despertado con la sorpresa de haber traspasado las 50.000 visitas: ¡un montón de gracias a todos! Y aunque La Estirga está fisicamente lejos, encaramada en Notre Dame, el pajarillo de Chagal le habrá llevado la noticia surcando los cielos parisinos; aquí el sol ya baña los sombreros, espero que en París haga un buen día primaveral y Atón le caliente su piel de piedra bruñida por la lluvia y el viento invernal.
En el cementerio de Montparnasse, sin buscarla, me encontré con la tumba del músico, compositor, cantante, pintor… del polifacético Serge Gainsbourg (1928-1991); las canciones de este provocador, que compuso para la Greco, como «La javanesa», la versión rompedora de «La Marsellesa» con tintes jamaicanos, y la celebérrima «Je t’aime … moi non plus» escrita para la Bardot, pero finalmente cantada a dúo con su pareja Jane Birkin están, forman parte de nuestra memoria. En su tumba nunca faltan flores y macetas y los típicos billetes de metro.
Enfrente de la tapia del cementerio de Montparnasse, en la avenida de Edgar Quinet, se encuentra está floristería muy bien situada para que nadie se quede con ganas de ofrendar unas flores a todos los que descansan, dicen que en paz.
Muchos están en las playas o descansando en las ciudades, haciendo turismo rural o senderismo… en fin son días de recargar las pilas; en el levante sufrimos ya los 33 grados en abril que ya es pasar calor. Y en vista de que todo el mundo está en otras cosas aprovecho para poner alguna fotografía de una de las cosas que más mitigan el calor de una forma bonita.
La Casa Rosa, en la actualidad, se conserva como cuando en ella vivió Utrillo, el pintor de Montmartre por excelencia; famosas y reconocidas son sus telas donde plasmó los rincones del barrio nevados, con fuerte sabor parisino, pertenecientes a su etapa blanca. Fue hijo de Suzane Valadon, una pintora francesa, y luego reconocido como hijo por un pintor español, Miguel Utrillo. El pintor pertenece a la llamada Escuela de París, comprendida entre el periodo de entre guerras; en ella se incluye a Chagall y a Modigliani, otros dos enamorados de París.
¿Cuántas furgonetas blancas están ahí siempre, donde no deben?
La Casa Rosa. Foto: Bárbara.
El toldo se va abriendo para dejar pasar los primeros rayos primaverales; en la pared, luz y sombras: el esbozo de la sonrisa de las gitanillas, de los geranios, de las begonias que no se ven…, pero que a las tres de la tarde son carcajadas que se escuchan rotundas hasta en la cocina inundada de sol…