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Un autorretrato sorprendente de Gauguin

Gauguin: "Autorretrato con nimbo". Óleo sobre lienzo. 79,6 por 51,7 cm. National Gallery of Art, Washington

Gauguin: «Autorretrato con nimbo». Óleo sobre lienzo. 79,6 por 51,7 cm. National Gallery of Art, Washington

Es posiblemente un autorretrato que cualquier pintor con sentido del humor y fina ironía hubiera querido hacer. La aureola de santidad sobre su cabeza quizá es lo primero que llama la atención. Este autorretrato lleva por título «Autorretrato con nimbo». Dos grandes masas de color conforman el cuadro, la parte superior en rojo, donde destacan dos manzanas, y la amarilla, en la que una serpiente que sostiene el pintor completa la idea de la tentación. La crítica religiosa se evidencia en esta simbología y en la intención de presentarse como «Tentador»; Gauguin se burla de sí mismo e ironiza sobre la imaginería cristiana.  Choca también su expresión triste o melancólica o de resentimiento; se ha hablado de amargura por no tener el reconocimiento esperado de sus compatriotas. El cuadro está fechado en 1889, antes de partir hacia la Polinesia francesa.

La «cocina de los pintores» II

"El estudio". Foto: Aurelio Serrano Ortiz.

«El estudio». Foto: Aurelio Serrano Ortiz.

Los  «maestros» del Paleolítico usaban en su cocina pictórica el huevo y la sangre como aglutinantes y se ha visto que proteína de tan alta calidad les proporcionó una perdurabilidad de la que, en la actualidad, aún disfrutamos en lugares míticos como Lescaux, Altamira… Durante siglos se fue avanzando en la búsqueda de nuevos materiales que dieran respuesta a los nuevos retos; así, en los talleres renacentistas se tenían que moler los pigmentos para conseguir los colores (el azul, que se conseguía de la molienda de la piedra semipreciosa lapislázuli, era muy apreciado y caro); había que preparar las tablas de modo que el trabajo, anterior al hecho real de pintar, era ciertamente laborioso; después de las tablas preparadas se pasó al uso de los lienzos, siendo los más apreciados por su calidad los de lino. Luego vendrían las casas inglesas de pinturas de calidad que, ya de modo industrial, envasaban las pinturas en tubitos, que también eran caros; de ahí se pasó a los botes de pintura de litro de dudosa calidad, pero baratos.

A la generalidad de los pintores, experimentar en sus talleres es la parte más excitante y crea las expectativas necesarias para que el tiempo se detenga y brote el ansia alquímica de la creación. Antes, cuando se imprimaban las superficies, se hacía uno los colores (o lo hacía el aprendiz), el taller era una retorta y la obra final el oro alquímico. Ahora, se bate el bote, se abre, se remueve la pintura con la brocha y, pum, ya está.  De todas formas la incorporación de clavos, maderas, trapos, escayola, excrementos y demás responde a esa necesitad del artista de sentirse alquimista. Experimentar. Crear de la nada y sentirse un demiurgo. Oh la la… Los momentos más increíbles los he pasado ensimismada durante toda la noche, trabajando hasta que la luz del día me decía que ya era hora de bajar de la nube.Y sin pecar de falsa modestia, era una nube alquímica.

Van Gogh buscaba cañas y plumas de ave para dibujar como Rembrandt. Y fue en la casa amarilla donde crecieron sus girasoles, como no podía ser menos; catorce cuadros alquímicos que ofreció a Gaugin como homenaje de admiración.

Klimt usaba papeles dorados y pan de oro en su periodo más alquímico.

Tàpies usó los polvos de mármol para hacer las superficies más hermosas.

Picasso hizo de la retorta su mejor arma, mezclando acuarelas con pastel, pastel con óleo…. no hubo experimento sin hallazgo glorioso.

Dalí hizo de las avispas el oro líquido de sus metáforas.

La «cocina» de los pintores es sumamente interesante; particularmente me apasiona y es un tema que da para mucho.

La «cocina de los pintores» I

"El estudio" Foto: Aurelio Serrano Ortiz

«El estudio» Foto: Aurelio Serrano Ortiz

La gran revolución en la llamada cocina de los pintores se produce en el siglo XX. Cuando hablo de «cocina de los pintores», me  estoy refiriendo a lo que se produce en sus estudios y no evidentemente a la revolución culinaria encabezada por los cocineros vascos y catalanes -a propósito, desde hace cuatro días tenemos el mejor restaurante del mundo; enhorabuena al Celler de Can Roca-. Dicho esto, me ciño a lo que se cuece en los talleres, estudios o ateliers.  Cada pintor tiene su propia cocina, su forma de hacer y de experimentar con las distintas técnicas y materiales. Desde Altamira, por quedarme en el suelo patrio, las condiciones de las cuevas y los aglutinantes, así como los pigmentos que utilizaron, permitieron que sus pinturas hayan llegado hasta nosotros.  Cuando el estudio de la práctica del arte pasa a depender de las academias y escuelas de Bellas Artes, las distintas disciplinas se apoyan en tratados y libros que los alumnos se aprestan a estudiar. Desde los años cincuenta hay un volumen imprescindible: me refiero al de Max Doerner » Los materiales de pintura y su empleo en el arte» (Editorial Reverté S. A. Barcelona, 1977), que es el resumen de las conferencias que el profesor dio, durante diez años, en la Academia de Bellas Artes de Munich. Desde 1957, el autor actúa  como profesor en el Seminario de la Técnica de la Pintura fundada por Oskar Kokoschka.

El libro, exhaustivo,  resuelve cualquier duda sobre imprimación, colores, aglutinantes, pintura al pastel, al óleo, al temple, pintura mural, técnicas, fenómenos cromáticos. conservación, restauración…, en fin, todo lo que un aspirante a pintor debería saber. Pero eso ya es cosa del pasado desde el momento en que «la obra de arte» no busca la permanencia en el tiempo. Desde que se añaden materiales perecederos, como cartones, papeles de periódicos, pinturas industriales, la obra se convierte en algo perecedero y su conservación algo de locos. Las vanguardias, a partir de los años 20, por cierto fantásticas y rompedoras de verdad,  es ya obra museística y no lo que se hace ahora como un remedo sin sentido de aquella. Después del arte povera, la pintura es un valor efímero. No digo que esté mal, pero es lo que hay. De todo ello se deduce que lo que se cuece hoy en los talleres, estudios o ateliers es una cocina particular donde cada cual cocina con sus propias recetas. Los conservadores de los museos se pueden ver en un buen aprieto cuando tengan que «restaurar» y «conservar» las obras de los maestros del siglo XX en adelante.

Rembrandt y Picasso

Rembrandt: "Mujer desnuda sentada girada a la izquierda". Lapiz y aguada con tinta china. Museo del Louvre.

Rembrandt: «Mujer desnuda sentada girada a la izquierda». Lápiz y aguada con tinta china. Museo del Louvre.

Los amigos seguidores de este blog saben que tengo la manía de rastrear buscando relaciones y posibles influencias entre unos artistas y otros, teniendo en cuenta que el ansia de conocer y de aprender directamente de los maestros es una constante en todas las épocas. Repasando un libro magnífico de dibujos de Rembrandt -«Drawings of Rembrandt», editado en  N.Y.  en 1965 por Dover Publications, Inc.- me he encontrado con este dibujo de un desnudo que podría estar firmado por cualquiera de los maestros del siglo XX. La formación académica de Picasso es indudable, solo es preciso ver sus dibujos de estudiante y sus primeros cuadros regidos por los cánones clásicos; sin duda su padre, profesor de dibujo, le aconsejó bien. Picasso conocía concienzudamente a los grandes pintores flamencos,  italianos, franceses e indudablemente a los españoles; es sobradamente conocida su admiración por Velázquez. Lo admirable es que, durante toda su longeva vida activa como pintor, su diálogo con los grandes maestros fue constante. Este hermoso dibujo de Rembrandt tiene, si se fijan, la fuerza tremenda, casi robusta, escultórica de las mujeres de Picasso de su época neoclásica. Recuerdo el bellisimo conjunto de tres mujeres en la fuente realizado en sanguina que fue expuesto en la exposición de «Picasso y los Maestros» realizada en París hace unos años. Las proporciones de ese dibujo eran poco frecuentes; si acaso en el Renacimiento. Aquel dibujo de Picasso me impactó por su limpieza de ejecución, su belleza y su maestría.

Picasso el pintor del tiempo: cuarenta años sin él

Picasso: "Cabeza llorando con pañuelo", 1937. Museo Reina Sofía. Madrid.

Picasso: «Cabeza llorando con pañuelo», 1937. Museo Reina Sofía. Madrid.

 

Pablo Picasso nació el 25 de Octubre de 1881, cuando Vincent van Gogh descubría el color de la Provenza. Y murió en Mougins tal día como hoy, el 8 de abril, el de 1973, con casi 93 años, en el sur de Francia. Hace pues 40 años que cesó de reinventar el mundo. Su ingente obra es el fruto de un trabajo de titanes; y aun así hubiera hecho falta una cuadrilla de ellos para poder hacer miles de telas,  dibujos, grabados, aguafuertes, esculturas, cerámicas, figurines, obras de teatro…  Y otro tanto de minotauros para sentir el amor de forma ardiente y apasionada como lo hacía un joven casi centenario. Su amigo Guillaume Apollinaire dijo: «Picasso se encuentra entre aquellos que, como dijo Miguel Ángel, merecen el nombre de águilas porque superan a todos los demás y atraviesan las nubes hacia la luz y el sol…».

Y Octavio Paz dice: » Picasso es lo que va a ocurrir y lo que está ocurriendo. La velocidad le permite estar en dos lugares a la vez, pertenecer a todos los siglos sin separarse del aquí y el ahora. No es los movimientos de la pintura del siglo XX; más bien es movimiento convertido en pintura. Pinta por apremio y, sobre todo es apremio lo que pinta: es el pintor del tiempo»

Cocteau decía de él que tenía «ojos de flor de las nieves».

Cuenta el pintor Arman que un día le dijo a Picasso: «Es fantástico lo que usted ha aportado». Y él repuso: «¡Y lo que ustedes se apresuraron a llevarse!». Genio y figura.

Como Picasso mismo dijo: «En esta época de pobreza moral, lo fundamental es despertar el entusiasmo». Sin una gran pasión, ni la vida ni el arte, viene a decir, tiene ningún significado. Esta cita de Picasso es perfectamente aplicable al hoy. Picasso, el pintor del tiempo, nos recomienda el entusiasmo. Apliquémonos.

Sus restos descansan frente a la entrada del castillo de Vauvenargues, al pie de la montaña de Sainte Victoire.

¿Paul Klee o Kandinsky?: «Hacia arriba».

Kandinsky: "Hacia arriba". 70 por 49 cm. Óleo sobre cartón,1929. Peggy Gugenheim Museum, Venecia.

Kandinsky: «Hacia arriba». 70 por 49 cm. Óleo sobre cartón,1929. Peggy Gugenheim Museum, Venecia.

¿A simple vista este cuadro es de Klee o de Kandinsky? ¿Por cual se inclina usted?

La Bauhaus fue fundada por el arquitecto Walter Gropius, en Weimar, en 1919. Kandinsky comenzó su relación con la escuela en 1922, en donde impartió un curso de pintura. La Bauhaus fue concebida como una escuela de diseño, de arquitectura y de técnicas artesanas; el acierto de la misma fue la contratación de grandes pintores abstractos de distintas tendencias y arquitectos quienes realizaron una labor de tal envergadura que su influencia llega hasta nuestros días. En la escuela Kandinsky pudo compaginar su labor docente con la de pintor. De esa época surge la búsqueda de un equilibrio entre elementos contrapuestos. En 1925 la Bauhaus se traslada a Dessau, posiblemente como consecuencia de presiones políticas. En el nuevo recinto, Paul Klee, que impartía clases también y gran amigo personal del ruso, diseñó el interior de la casa de Nina y Wassily, que incluía el mobiliario en blanco y negro, decoración que tuvo un gran impacto por sus ideas innovadoras. Cada profesor disponía de una casa propia que respondían a los nuevos conceptos racionales de arquitectura de la Bauhaus. Cuando el pintor cumple sesenta años, la escuela le organiza una exposición y le dedica un número entero de su famosa revista. Era el año 1926 y Kandinsky exponía en diversas capitales europeas y ciudades alemanas;, su prestigio como pintor estaba consolidado. La relación con Paul Klee más allá de la amistad fue una relación fortísima donde el arte era el vínculo que los unió hasta el fallecimiento de Klee en 1940. Alexei von Jawlensky, Lyonel Feininger, Paul Klee y Kandinsky formaban el grupo «los cuatro azules»; los cuatro, amigos y profesores; pero Kandinsdy estaba más próximo a Klee como se ve claramente en este cuadro.

En 1929 Kandinsky termina el cuadro «Hacia arriba», que en mi opinión podría haber firmado su gran amigo. De estructura marcadamente geométrica, de suaves colores, alternando colores fríos y cálidos sobre ese fondo «atmosférico» en el que la figura parece flotar, me lleva al Klee más poético. El trasvase de ideas, conceptos y sensibilidades que se dieron en la Bauhaus fue  así de enriquecedor.

Hartung: La abstracción lírica.

Hartung: "Pintura sobre lienzo". 180 por 111 cm.

Hartung: «Pintura sobre lienzo». 180 por 111 cm.

Hans Hartung nació en Leipzig en 1904 y murió en Antibes en 1989. Tuvo una vida larga y fecunda marcada por la guerra y el nazismo como todos los artistas de su generación. Fue un miembro eminente de la llamada Escuela de París, pionero del expresionismo abstracto y exponente y creador de la abstracción lírica. Pocos pintores han tenido como él un reconocimiento en vida tan grande y merecido: en el año 1945 se le otorga la Cruz de Guerra y la Medalla Militar por el gobierno francés; en 1952 es nombrado Caballero de la Legión de Honor; en 1956 se le otorga el Premio Guggenheim y es nombrado Miembro de la Academia de Bellas Artes de Berlín; en 1960 se le otorga el Grand Premio Internacional de Pintura de la Bienal de Venecia; en 1964 la gran Cruz de la Orden del Mérito de la República de Alemania; en 1967 el Premio de Honor la VII Bienal de grabado de Ljubljana; en 1970 el Gran Premio de Bellas Artes de la ciudad de París… y otras distinciones como miembro de distintas Academias de Bellas Artes en distintas ciudades de todo el mundo.

Enumerar todos los datos de su biografía sería muy prolijo, datos que, por otra parte, están al alcance de cualquiera. En lo que sí quiero incidir es en el hecho de que se crió en un ambiente familiar donde la pasión por la música y la pintura era compartida por todos sus miembros, lo que, unido a la desahogada situación financiera familiar, le permitió estudiar Historia del Arte y Bellas Artes en su ciudad natal y en Dresde. De niño le atraía la astronomía y la fotografía, las cuales le acompañarían e influirían en su creación posterior. Siendo estudiante en la Universidad, acude a una conferencia de Kandinsky; es su primer contacto con la abstracción, aunque puramente teórico. Es entonces cuando uno de sus profesores le aconseja estudiar en la Bauhaus, pero él opta por seguir sus estudios en Dresde. En esta ciudad, en La Exposición Internacional, descubre la pintura moderna de fuera de Alemania: impresionismo, fauvismo, cubismo… Sus viajes por Francia  e Italia le hacen confrontar la estética de Cézanne y Van Gogh. Expone por primera vez en Dresde y en Berlín, y con su mujer Anna  Eva Bergman en Oslo. Ante el crecimiento del nazismo abandona Alemania. Se cierra una etapa.

En 1932 se instalan en Menorca, en el litoral norte de la isla, en la cala Tirán, cerca del puerto de pescadores de Fornells, donde se construyen una casita diseñada por Anna Eva.  Es allí, en la soledad buscada, donde Hartung inicia su propio camino. La belleza incuestionable de la isla, el mar, el cielo limpio lleno de estrellas, que inspiró siempre a su después amigo Miró, le embarcan hacia su propia constelación. Su pintura se vuelve más instintiva: el frustrado astrónomo debió sentir toda la fuerza cósmica que la isla procura.

Entre tanto sus bienes son confiscados en Alemania. Regresa a París y desde allí parte para Estocolmo con el ánimo de volver a Alemania; en Berlín tiene que escapar de la policía nazi. Vuelve a París y crea su taller en el 19 de la rue Daguerre. Entabla amistad con Goetz, Kandinsky, Miró, Calder, Mondrian. Desde 1935 hasta el mismo año en que estalla la guerra, expone todos los años en el Salon des Suridépendents. Entre 1934 y 1938 pinta una serie de telas denominadas taches d’encre (manchas de tinta).  En 1937 expone en la Internacional  que organiza Zervos en el Museo Jeu de Paume donde conoce al escultor Julio González cuyas esculturas le impresionan enormemente. En los años posteriores su situación es precaria y trabaja en el taller de González; expone con su hija Roberta y se casa con ella -su anterior pareja le había abandonado- y es movilizado en la Legión Extranjera. Tras la derrota, regresa a la Francia no ocupada y vive con la familia González en el departamento del Lot. Tras la muerte de González y la ocupación de toda Francia, huye a España donde es hecho prisionero e internado en las prisiones de Figueres y de Girona, y en el campo de Miranda del Ebro; liberado, se vuelve a enrolar en la Legión extranjera; es herido y se le amputa una pierna. En 1945 vuelve a Paris donde el gobierno le concede la nacionalidad francesa y lo condecora. A partir de ahí participa en las exposiciones internacionales más prestigiadas: Bienal de Venecia, Documenta de Kassel, en Sao Paulo, en Tokio, en Lausana, en Estados Unidos, en Canadá, en Osaka,  en la Fundación Maeght…

En 1961 se inicia un nuevo periodo en su pintura: los rascados sobre la superficie fresca, nuevo experimento en lo que los pintores llamamos «la cocina» de cada cual. En el año 1964 la fotografía retoma con fuerza su lugar, propiciado por los innumerables viajes que realiza por todo el mundo. En 1966, abandonando el grafismo casi en su totalidad, aparecen las grandes manchas oscuras, generalmente en telas de gran formato. A Hartung le debe la pintura actual toda la fuerza del expresionismo abstracto, la poesía, el gestualismo inconsciente, la rapidez de la ejecución, aparte de la ya mencionada «cocina» donde él experimentó con la genialidad del que abre caminos antes inexplorados. Su obra reverenciada en todo el mundo es, no un referente, sino «el referente» del expresionismo abstracto.

Por si no se nota, les diré que me entusiasma su pintura, aunque en estos casos los adjetivos se quedan cortos. A  él acudo cuando necesito, en el estudio, oxígeno para seguir pintando.

Kandinsky y Monet

Kandinsky:"Pequeño sueño en rojo", 1925.

Kandinsky:»Pequeño sueño en rojo», 1925.

Wassily Kandisky nace en Moscú en 1886, el 4 de diciembre, y muere en Neuilly-sur-Seine, cerca de París, en diciembre de 1944. Su vida abarca unos momentos históricos y artísticos trascendentes: primera guerra mundial, revolución rusa y la ascensión del nazismo y caída del tercer Reich. Vive en Rusia, Alemania y Francia inmerso en todos y cada uno de esos conflictos y, en primera fila, los distintos movimientos que se producen en el arte en todas sus manifestaciones: en Munich entra en contacto con la Secession, el movimiento que agrupa a los artistas alemanes contrarios al academicismo, preside el grupo de artistas de Die Phalanx, funda la asociación artística NKVM,  época de Der Blaue Reiter (expresionismo alemán), revolución rusa, Bauhaus…

Sabemos que en Rusia se hace abogado e imparte clases en la universidad de Moscú. En 1896 el impacto que le produce un cuadro de Monet en la más importante exposición de pintura impresionista celebrada en Moscú, le impulsa a dedicarse a la pintura. Se dice que tuvo su primera intuición de la abstracción al ver un cuadro de la serie de los Almiares de Monet, se dio cuenta de que la fuerza del color podía hacer prescindible el objeto, pese a  lo cual  la pintura no perdía fuerza. Quiero hacer hincapié en este hecho; la pintura, y el arte en general, es el resultado de avances, de pasos sucesivos que enlazan los unos con los otros; pero también que las distintas manifestaciones se alimentan y se complementan.

La formación artística primera de Kandisky fue la música, decisiva en su creación, lo mismo que su contacto con la arquitectura en sus años como profesor en la Bauhaus. Tras el impacto que le produjo Monet, se traslada a Munich abandonando la abogacía y  se inscribe en la academia de Antonin Azbé,  en donde el modernismo vivía su máximo esplendor. Es un momento de gran agitación cultural -August Endell declara que»no hay mayor error que pensar el arte como una reproducción escrupulosa de la naturaleza»-. El pintor aprovecha de los fauvistas la potencialidad del color; son años de ensayos, de tentativas.  En sus primeras «Improvisaciones», aparece el lenguaje musical aplicado a la pintura;  ya en 1896 le impresionó profundamente la representación de la ópera «Lohengrin» de Wagner, quien postulaba un «arte total», cuya fuerza transmutaba los sonidos en colores, efecto que ahora él procuraba invertir. El color y la forma son más genuinas para expresar la subjetividad del artista, el cual no debe fijarse en lo externo sino en su espíritu.

El pintor frecuenta al expresionista Marc, con quien colabora activamente en la época del «Jinete azul», y a Paul Klee, amigo y compañero en la Bauhaus; el conocimiento de la música de Schönberg, desde su formación musical, le permite darse cuenta del alcance revolucionario del trabajo del músico.

Kandinsky buscó el efecto visual e incluso sonoro de los colores; para ello se sirve del círculo, de la esfera, de la pirámide, del cuadrado y del cubo, de los grafismos y de los colores puros, así como de la relación entre las emociones del creador y del receptor.

Al Kandinsky teórico le debemos dos obras fundamentales: «De lo espiritual en el arte», de gran influencia en el siglo XX, y «El punto y la línea sobre el plano» -esta última como consecuencia de su actividad docente y de su práctica como pintor-.

La extraordinaria actividad de Kandinsky y su recorrido vital dan para varias entradas; esta vez solo un apunte para dejar constancia de cómo un movimiento se enlaza con otro, cómo una pisada hace al artista avanzar en una determinada dirección, el por qué y su consecuencia; asistir en el tiempo a ese devenir es un privilegio del que podemos disfrutar.

Estructura lineal del cuadro: "Pequeño sueño en rojo".

Estructura lineal del cuadro: «Pequeño sueño en rojo».

Monet: el sueño de Giverny

Monet:" El estanque de ninfeas". 1899. Óleo sobre lienzo, N,Y. The Metropolitan Museum. 92'7 por 73'7 cm.

Monet:» El estanque de ninfeas». 1899. Óleo sobre lienzo, N,Y. The Metropolitan Museum. 92’7 por 73’7 cm.

El sueño que arropó a Monet hasta su muerte fue Giverny; su casa y el jardín, el proyecto de su vida. El botánico que era Monet creó un sueño y lo diseñó. Los años en que él y su segunda mujer Alice Hoschedé con sus numerosos hijos dieron forma a aquel hogar fueron los años de la madurez y ancianidad de un genio que abrió un camino enorme a la pintura actual. Cuando Monet se instala en Giverny es ya un pintor consagrado, su marchante mantiene la casa, los gastos de la servidumbre, incluidos los jardineros y el chófer, los gastos escolares de los niños… y puede dedicarse a pintar con tranquilidad; eso es otro sueño que le permitirá conseguir sus objetivos, donar las pautas que permitan a la pintura llegar a otro lenguaje: el expresionismo abstracto. Para rediseñar aquel espacio, tuvo que lograr la desviación de un afluente, del Epte,  crear su estanque y su jardín, su huerta, su taller. Monet tuvo que mantener las condiciones precisas para que el agua templada permitiera el crecimiento de las ninfeas, hacerlas traer de Japón, los pedidos de semillas (que se conservan) son una lista de la compra muy reveladora; Monet crea su mundo, todo lo supervisa, su huerta es tan importante como su rosaleda, sus agapantos, sus lirios o sus sauces llorones. Monet consigue su «Jardín de Epicuro» y, como él, recibe a los amigos con el mismo deleite; ministros, pintores, poetas, escritores disfrutan de las delicias gastronómicas de la cocina de Alice. Monet, epicúreo, disfrutaba de la vida y de la buena mesa. En su comedor amarillo decorado con grabados japoneses, tan de moda, se intercambian recetas como la bullabesa de Cézanne, o poemas como «La ninfea blanca» de Mallarmé, que representa las fuentes secretas de la vida y la indivisibilidad del ser. Monet conecta con la literatura de Proust -en «En busca del tiempo perdido», el personaje del pintor Elstir representa una forma de pintar coincidente con la del Monet maduro-.

Monet hace construir en la parte más estrecha del estanque un puente de madera elevado; su estilo japonés y la vegetación dieron origen al nombre de «jardín japonés», aunque no se puede identificar como tal, pues falta en él un elemento tan esencial como un  jardín de piedra. En 1899 su amigo y marchante Durand-Ruel expone la primera serie de cuadros sobre el puente japonés, precursora de los de las ninfeas.

En los primeros cuadros puros de las ninfeas desaparece la orilla; este es el inicio de la gran revolución. El 6 de mayo 1909 Durand-Ruel expone estas insólitas representaciones con las que rompe definitivamente con la escuela de Barbizon al crear paisajes sin horizontes. Pinta un trozo de la superficie del agua, lo que sus ojos ven, lo que tiene justamente delante, con lo que la pintura se transforma en un campo de proyección de sentimientos subjetivos y la naturaleza en metáfora.  La disposición de distintos planos de lo temporal, de la realidad interior y exterior, y el concepto serial son aportaciones que dotan de aire nuevo a la pintura. Los cuadros sin marcos, sin ruptura, permite la unión de unos con otros al estar concebidos como una unidad seriada; sin orientación espacial, son paisajes reflejados donde no se distingue la realidad del reflejo, lo de arriba con lo de abajo. La pincelada expresiva, abstracta, la superficie por si misma sin referentes exteriores son la gran aportación del genio en su casi ancianidad.

A través de su gran amigo, Clemenceau, primer ministro y después presidente francés, el pintor donó al Estado la serie de ninfeas que se puede contemplar en el museo de L’Orangerie, antiguo invernadero de naranjos en un anexo del Louvre. André Masson la ha calificado como «La Capilla Sixtina  del impresionismo». En un principio la donación iba a ser albergada en el Hotel Biron, hoy Museo Rodin, como también estuvo a punto de irse a Japón. Pasear por sus salas  redondas nos hace sentir como en medio de una isla rodeado de ninfeas, de sauces llorones, viendo el temblor del agua, el rizo de una hoja levemente sacudida por un ligero viento interior: el nuestro. La luz de las rotondas, como de acuario, dota a las salas de una intimidad providencial, se puede llorar quedamente ante tanta belleza sin que se note. Yo lo he hecho y me he quedado después muy bien.

Monet: "Ninfeas". 1914. Óleo sobre lienzo, 200 por 200 cm. Tokio, The National Museum of Western.

Monet: «Ninfeas». 1914. Óleo sobre lienzo, 200 por 200 cm. Tokio, The National Museum of Western.