Esta bella Afrodita, conocida como La Venus de Arles, fue encontrada entre las ruinas de Arrelatum, fundada por César en el 46; esta antigua ciudad romana (hoy Arles) fue uno de los centros más importantes del mundo romano occidental. Se asemeja a la Venus de Milo y, a pesar de su comedida belleza arcaizante, tiene ya el movimiento de Praxiteles, por ello se la suele datar hacia el 350. Los labios entreabiertos, los grandes ojos vacíos, la frente amplia y la inclinación de la cabeza hacia un lado le confieren un aire dulce y melancólico. En el hermoso y moderno Museo Departamental de Arles Antiguo se encuentra este bello busto de una Afrodita; se echa de menos una copia o reproducción de la de Arles.
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Última hora: El triunfo de Remedios Varo
La noticia dice literalmente:»Remedios Varo se merienda al gran Diego Rivera»; aparecía hoy en eldiario.es, sección feminismo. El suceso, que arrancó aplausos entre los espectadores de la subasta de Christie’s en N.Y., fue la suma que el cuadro de Varo consiguió, alrededor de tres millones de euros (3,3 millones de dólares) superando en tres veces el cuadro de Diego Rivera y el de Wifredo Lam. La subasta era de pintores surrealistas latinoamericanos; sin embargo, el famoso muralista mexicano, a mi entender y hasta donde llego, no se le puede considerar un pintor surrealista, a no ser que los entendidos digan otra cosa. Dicho lo cual celebro enormemente este triunfo que ha tenido la obra reproducida no hace mucho aquí en la Estirga Burlona: «Vampiros vegetarianos». La obra, absolutamente genial y divertida donde las haya, muestra a tres vampiros vegetarianos, sentados a la mesa y sorbiendo «sangre vegetal» con pajitas de rojos tomates y sandías, mientras uno de ellos sujeta a una gallina con cuatro patas con una cuerda y otro tiene atada a otra a la pata de su taburete. Esto me recuerda que Leonardo da Vinci narra como en los festines florentinos se ataban conejos para que los convidados se limpiaran la grasa de las manos en su piel, por lo que el gran genio tuvo que inventar también las servilletas.
¡Enhorabuena a Remedios Varo, allá donde esté! Despacio, pero avanzamos.
Gustave Moreau, «Orfeo»
Este «Orfeo» o «Joven tracia llevando la cabeza de Orfeo» de Gustave Moreau contiene todo el misterio y la emoción de la pintura simbolista. Moreau, pintor francés nacido en París en 1826 y fallecido en 1898, está considerado como el pintor prerrafaelita francés que como ellos vuelve sus ojos a las leyendas antiguas, a los temas bíblicos y mitológicos; de su paleta destacan los brillos dorados y su peculiar sentido del color, como buen conocedor de Miguel Ángel y Mantegna, con un acabado minucioso propio de un miniaturista.
Según el poeta Ovidio, Orfeo muere descuartizado a manos de las mujeres de Tracia, que no le perdonan que, tras su descenso a los infiernos en busca de su mujer Eurídice, pasara años sin querer trato con ellas. Se cuenta que, aun separada del cuerpo, la cabeza siguió cantando. En el cuadro, la cabeza reposa sobre la lira, de ahí la expresión de tristeza del rostro de la joven que la recoge. Esta hermosa obra de Moreau estuvo con anterioridad en el Museo del Louvre.
En la Piazza della Signoria…
En la Piazza della Signoria de Florencia, la escultura de Bandinelli acoge siempre a las palomas.
En la Loggia dei Lanzi, que toma su nombre de los lanceros, guardia personal de Cosme I, diseñada por Orcagna, «El rapto de las sabinas» de Giambologna de 1583 nos admira por los pliegues de la tela, por la admirable disposición de los volúmenes y «el barroquismo» de las formas.
Giacometti, escultor II. La soledad del individuo
El gran dibujante que busca el realismo de la figura y su relación con su entorno hicieron que Giacometti, a pesar de poseer todas las cualidades precisas, después de finalizar su aprendizaje con Bourdelle en París, abandonara la figuración por considerarse incapaz de expresar lo que quería. El arte de Giacometti es el resultado de esa obsesión a la que finalmente consiguió dar forma de manera magistral; cualquier proceso creativo lleva su tiempo y la decepción que sentía le hizo realizar incursiones en el cubismo, y dar forma a esculturas-objeto, en las cuales se puede ver la influencia de Arp. En los años 30, Breton y Dalí lo introducen en el círculo surrealista, que abandona cinco años más tarde cuando decide volver a la representación figurativa y tras cometer la «aberración» de realizar trabajos decorativos, actos ambos que los surrealistas no podían consentir. Su obsesión volvía con más fuerza, el dibujo, el modelado, la pintura del natural serían las vías que le llevarían al camino, esta vez definitivo, del realismo. Giacometti no busca el parecido; a través de la reducción y del esquematismo nos habla de la soledad del hombre contemporáneo, y establece un diálogo con los filósofos existencialistas; es un hombre de su tiempo que enraíza y siente también las angustias del individuo como ente social, en su acción creativa. Su amistad con Sartre y Simone de Beauvoir fue un intercambio más que fructífero.
Buda de la dinastía Gupta
La imagen del Buda de la dinastía Gupta -la edad de oro del arte indú- intenta reflejar lo humano idealizando la figura de forma que se transmita la serenidad extrema, la paz y alegría interior propias del ideal budista. La máxima expresión de esta religiosidad llena de dulzura son las figuras del Buda creadas en Samath durante la época Gupta. Esta dinastía se fundó en el norte de la India hacia el año 320 cuándo la presión militar y política ejercida sobre los reyes Andhra hacen desparecer el arte de Amaravati, y reinó hasta el año 650 alcanzando las artes visuales y la literatura escrita en sánscrito su máximo apogeo, influyendo las fábulas en el mundo musulmán (Las mil y una noches) y en el mundo Occidental (Chaucer, Boccaccio, Lafontaine…). La famosa obra de Kalidasa, el mayor poeta y dramaturgo de la India, «Sakuntala» influyó en muchos escritores europeos, entre ellos Goethe.
Andy Warhol, el pop art

Andy Warhol: «Mao». Pintura de polímero sintético y tinta de serigrafía sobre lienzo.448 x 346 cm. 1973.
¿Hay alguien más genuinamente americano que Andy Warhol, sus pompas y sus obras? ¿Quién no conoce sus latas de sopa Campbell y sus botellines de Coca-Cola? El rey del pop art, de origen eslovaco y nacido en Pittsburg, lleva en sus genes el espíritu aventurero de los primeros colonos; habiendo destacado desde joven en arte, es después de un viaje alrededor del globo cuando decide conquistar el nuevo mundo y el mundo entero. Andy lo consigue en todo lo que su genio toca, cine, publicidad, colaboraciones musicales, pintura… Y como nada surge de la nada, el pop art se inspira en el dadá y hunde sus raíces en el Marcel Duchamp que eleva a la categoría de arte la elección de un objeto de la vida cotidiana; el arte ya no reside en la realización manual. La elección puramente accidental o banal encierra una crítica irónica sobre el consumismo, el materialismo, el dinero, la fama… Sus latas de sopa y las botellas de cola son los iconos de los nuevos tiempos, siendo presentados por primera vez en la exposición en el Paul Bianchinni bajo el nombre de «El supermercado estadounidense»; corría el año 1964.
La unión de arte y vida, esa es la idea. Warhol utiliza la fotografía y la serigrafía como antes no se había hecho. Las fotografías bien conocidas de estrellas de cine como Marilyn Monroe y Elizabeth Taylor, o de la música como Elvis Presley y Mick Jagger reiteradas en distintos colores, o bien accidentes de tráfico, la silla eléctrica, animales, flores o sus retratos son el resultado de su trabajo incansable de las décadas de los sesenta y setenta; los ochenta fueron años más tranquilos en los que el artista juega también y proyecta su imagen andrógina, tanto o más importante que su obra, él es el icono del pop. Su estudio The Factory fue no solo un lugar de reunión de los artistas underground de N. Y., fue también un centro de creación, de intercambio de ideas. Warhol muere en N. Y. en 1987. Su excentricidad y su magnetismo crearon escuela, todos querían formar parte de su círculo, pero Warhol es único e irrepetible.
El retrato de Mao, soberbio, me inspira más que sus latas; es solo cuestión de gustos. El mayor icono de la China revolucionaria es su guiño más genial.
Aurelio Serrano Ortiz, dibujante: mi avatar
Lee Krasner, pintora expresionista abstracta
Quizás no sean los más conocidos de Lee Krasner, como «Esquinas Blancas» en el Museo Whitney de N.Y. , «Sin título» en el Museo de Arte moderno de N. Y., «El resurgir de la primavera» en el Museo de Arte contemporáneo de Los Ángeles o «Espacio libre» en el Museo de Bellas Artes de San Francisco…, son los que particularmente me gustan de entre todos los que más me gustan, que son muchos. La pintora neoyorquina tuvo que esperar treinta años para que su gran obra tuviera el reconocimiento que se merecía. Representante de lo mejor del expresionismo abstracto, luchó durante parte de su vida para mantener, con su trabajo, las clases de pintura de Pantuhoff, con quien vivía; después haría lo mismo con el alcoholizado Pollock, su marido, hasta que este murió en un accidente de coche. Hasta el punto que abandonó la pintura para satisfacer las necesidades materiales del pintor. Aquí me quedo sin aliento: ¡qué barbaridad! Hay que pararse para darse cuenta del papel de la mujer no hace tanto tiempo. Hasta después de la muerte de su marido no fue «ella», artista, y de las grandes; y luego dicen que las viudas se esponjan, cómo no. Por cierto Igor Pantuhoff terminó de retratista de la alta sociedad… ¡Válgame!
Hans Hofmann, el maestro alemán, influyó a través de su Academia en muchos pintores neoyorquinos, como en el caso de Kresner, que conocieron así la Escuela de París y a Picasso, Matisse y Braque; el concepto de bidimensionalidad del lienzo que preconizaba Hofman determinó el quehacer de la pintora. Con el tiempo se fue alejando de los preceptos de su maestro y se acercó más a la obra de Joseph Albers. En 1941 conoce a Pollock a través de Willem de Kooning cuya obra la impactó grandemente. Aquí lo dejo; Lee Krasner tiene obra sumamente importante para poder disfrutarla en otras entradas.
Alicia Gaya, dibujo de Cristobal Hall
La guerra, cualquier guerra, es una hecatombe, un suceso terrible que cambia el rumbo, el destino de millones de seres humanos. La nuestra, la guerra civil, fue una lucha fratricida, de las peores, la que enfrenta a hermanos contra hermanos. En el bombardeo de Barcelona murió Fe, la madre de Alicia, y su marido, el pintor Ramón Gaya, huye a Francia y termina en un campo de refugiados. Ramón Gaya, Medalla de Oro a las Bellas Artes en 1985, Premio Nacional de Artes Pásticas en 1997 y Premio Velázquez de las Artes en 2002, tendría un largo y difícil camino por delante, subsistir, el exilio en México y el retorno a Europa: a Roma -y el Trastevere sobre todo-, que es volver a la vida oliendo y sintiendo el mundo clásico del arte que circulaba por sus venas. A su salida del campo, deja a su hija Alicia en el Chateaux de Cardese con su gran amigo el pintor Cristóbal Hall y su familia, formada por Trinita Japp, su mujer y Anne Pauline, la hija de ambos; solo entonces el padre de Alicia emprende el exilio a México. Es así como la vida de Alicia, con apenas siete años, une su destino al de los Hall; con ellos vive en Jamaica y en Cuba, en Londres y en Lisboa como una hija más.
Hoy Alicia es una mujer encantadora que vive en Portugal con los modales de una inglesa, fina y extremadamente cortés, que dice que tiene dos padres pintores, Ramón Gaya, el biológico, y Cristobal Hall, el inglés. Y los dos la pintaron y retrataron, como era natural, cuando era pequeña, con el buen hacer de cada uno y según su estilo propio.
Cristóbal Hall se merece una entrada más, pues si la vida de Ramón Gaya fue azarosa, no lo fue menos la suya, quebrada también por la guerra europea. La pintura figurativa de Hall es elegante, sobria lo mismo en sus retratos que en sus paisajes, particularmente los de Jamaica. Y me gusta en especial este dibujo precioso de Alicia, que me lleva a Matisse con esa línea suelta por donde pasa el aire y palpita la vida.
En Murcia Alicia tiene una cita con el Museo que contiene la obra de su padre biológico, al que menos trató y conoció; Cristóbal Hall está enterrado en Lisboa; sus dos padres pintores ya no están y ella acude a esa cita de cuando en cuando buscando aún sus raíces…
Y cuando Alicia nos anuncia su llegada, nos da una enorme alegría.














