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Juan Gris antes del cubismo

Juan Gris:" Sifón y botellas"

Juan Gris:» Sifón y botellas»

Este bodegón de Juan Gris, pintado en 1910, un óleo sobre cartón y tela de 57 x 48 cm. propiedad de Georges González Gris, es la muestra palpable del buen hacer del pintor cuando, como tantos otros, buscaba su propio camino; son sin duda los años de experimentación que cualquier artista, desde la asunción de lo anterior y lo circundante, da el paso que lo lleva a otra cosa. Hay pintores de los que, cuando se ven sus balbuceos, uno se lleva una decepción, esperando ya una calidad que no aparece; no es el caso de Gris o eso es una apreciación que delata mi admiración por su obra. Personalmente me recuerda a un Bores  en la limpieza y «soledad»  de los elementos de la composición. Después vinieron este y todos los demás.

Juan Gris: "La ventana del pintor". 1925

Juan Gris: «La ventana del pintor». 1925

Una extrordinaria excepción: Sofonisba Anguissola

Sofonisba Anguissola:

Sofonisba Anguissola: «La dama del armiño». Óleo sobre lienzo. 62 x 50. Pollok House, Glasgow.

Este extraordinario retrato de la infanta Catalina Micaela, la segunda hija de Felipe II e Isabel de Valois fue realizado en Italia alrededor de 1591 por la pintora italiana Sofonisba Anguissola. Durante mucho tiempo se atribuyó su autoría a el Greco. Gracias a los estudios e investigaciones llevadas a cabo desde comienzos del siglo XX, pero sobretodo en las tres últimas décadas en las que se comenzó a cuestionar que fuera del pintor cretense, fue la labor de María Kusche la que definitivamente dejó bien claro la autoría del cuadro; sería muy prolijo detallar punto por punto todos los datos que, en la conferencia en El Prado en 1999 «Felipe II, un Principe del Renacimiento», desmontan la falsa autoría. La magnífica obra ni es del Greco ni el armiño es armiño -que es lince- ni la dama lo es, sino infanta.

El hecho extraordinario es que una pintora del Renacimiento tuviera la oportunidad de llegar  a trabajar durante veinte años como retratista en la corte de Felipe II y que después desarrollara su trabajo en Italia. El arte ha relegado a un papel secundario durante siglos a las mujeres artistas y esta injusticia se debe ir corrigiendo, en los museos, mediante exposiciones monográficas. En el Museo de El Prado hay alrededor de 1.700 0bras expuestas y alrededor de 3.800 en los fondos.  En los últimos años muchas cosas han cambiado en la gran pinacoteca. Según Judith Ara, coordinadora general de conservación hay 52 mujeres representadas desde el siglo XVI hasta el XX, Pero se está corrigiendo el hecho de que de las 76 obras solo cuatro obras hayan estado expuestas, las de: Artemisia Gentileschi, Clara Peeters y Sofonisba Anguissola.  Sea bienvenida la nueva política de los museos, ya iba siendo hora.

La categoría de los pinceles de esta genial pintora no necesita comentarios, basta con que observemos con detenimiento el retrato, que es admirable. ¡Y esto es solo el aperitivo!

Un hermoso Tintoretto

Tintoretto: "Dama enseñando el pecho". Óleo sobre lienzo. 61 x 65. Museo del Prado , Madrid.

Tintoretto: «Dama enseñando el pecho». Óleo sobre lienzo. 61 x 65. Museo del Prado, Madrid. 

 

Este hermoso retrato de Tintoretto es mi preferido. Cuantas veces he visitado la pinacoteca de El Prado siempre he tenido que contemplarlo en una cita ineludible. Un cuadro se puede analizar de formas muy diversas: situándolo en la historia, formal, conceptual y analíticamente, viendo su estado de conservación, los pigmentos utilizados, las posibles arrepentimientos, los reentelados, craquelados… Mas ese análisis, uniendo, centrando, aclarando, definiendo, nada tiene que ver con el sentimiento que en nosotros provoca. Cuando lo veo, la emoción me clava en el suelo y es como si me dijese a mí misma: «Otra vez puedo disfrutar de toda su belleza», como si temiera que fuera la última vez.  Es de un clasicismo tan actual, que resulta arrebatador, su intemporalidad es sorprendente y la suavidad que trasmite el ropaje de la dama lo hace con la textura de la seda. La armonía de color se extiende desde el fondo hasta la carne en unos cálidos tonos rosados, conjugando los mismos pigmentos en una sinfonía tonal prodigiosa. Entonces puedo marcharme feliz.

Los «ingrávidos» de Tintoretto

Tintoretto: "El origen de la Vía Láctea". Circa 1575.

Tintoretto: «El origen de la Vía Láctea». Circa 1575. Óleo sobre lienzo. 149 x 168. National Gallery, Londres.

 

Tintoretto: Venus, Baco y Ariadna". 1578. Oleo sobre lienzo. Palacio Ducal, Venecia.

Tintoretto: «Venus, Baco y Ariadna». 1578. Óleo sobre lienzo. Palacio Ducal, Venecia.

 

Tintoretto debía tener complejo de Ícaro -es una licencia socarrona-, pues en sus composiciones en diagonal o en zig-zag gustaba de colocar cupidos, angelotes que volaban -eso es lo que se espera de ellos-, pero, y ahí viene lo curioso, es que se saltaba las leyes de la gravedad con personajes que, por muy dioses o diosas que fueran, volaban con una gracilidad asombrosa. Dos ejemplos: en el Nacimiento de la Vía Láctea todos, animales y personas, flotan en el éter, salvo la diosa Hera esposa de Zeus de cuyo pecho brota la leche (en la tradición cristiana la Virgen María), origen de la Vía Láctea; Hermes, el mensajero de los dioses le había colocado a Hércules cuando ella se encontraba dormida para que así obtuviera la inmortalidad ya que este era hijo bastardo de Zeus y la mortal Alcmena. La leche se derramó cuando retiro bruscamente de su pecho al niño. En el cuadro de abajo, Ariadna flota que da gusto, posando ligeramente su mano en la diosa Venus mientras sostiene una corona sobre la cabeza de la deidad. Dos magistrales obras donde destaca el hermoso color propio de la escuela veneciana.

Jacopo Comin, «Tintoretto»

Tintoretto: "la última cena". 1592-94. Óleo sobre lienzo, 365 x 568 cm, San Giorggio Maiore. Venecia

Tintoretto: «La última cena». 1592-94. Óleo sobre lienzo, 365 x 568 cm, San Giorgio Maggiore. Venecia

 

Singular y peculiar composición en diagonal donde la figura de Jesús no ocupa el centro; de ambiente abigarrado, esta Última Cena, con un exceso de personajes no habituales en la mayoría de las representaciones al uso, parece más un acto social refinado; no hay más que apreciar los detalles de los ropajes y de la  mesa bien surtida, que chocan por su opulencia con la mayoría de versiones, al tiempo que en la parte superior del cuadro unos seres casi transparentes, a modo de espíritus celestiales, sobrevuelan la escena. La ingravidez es una cualidad que encontramos, representada en carne y hueso, en más de una obra de este gran artista de la escuela veneciana, aun no siendo estas de carácter religioso, y esta licencia etérea es realmente sorprendente y encantadora. En su estética se aprecia la influencia de Miguel Ángel y se anuncian las formas manieristas.  Posiblemente fue Tintoretto el último gran pintor del  Renacimiento italiano.

Hasta 2007 a Tintoretto se le apodaba Jacopo Robusti por su padre, que defendió con vigor las puertas de Padua frente a las tropas imperiales. Su verdadero apellido, «Comin», fue descubierto por el jefe del departamento de Pintura Italiana del Museo del Prado de Madrid y se hizo público en la retrospectiva que le dedicó el Museo en 2007.

Tiziano Vecellio

Tiziano: "Sísifo".1543. Óleo sobre tela, 234 x 216. Museo del Prado.

Tiziano: «Sísifo». 1549. Óleo sobre tela, 237  x 216. Museo del Prado.

 

Tiziano, junto con el Veronés y Tintoretto, forman parte fundamental de la llamada Escuela Veneciana. Desde muy joven entró a aprender el oficio de pintor en distintos talleres de la ciudad de los canales; decantándose, según Vasari, por el maestro Giorgione y por el nuevo estilo del Cinquecento. En esta obra, hoy en el Museo del Prado, Tiziano, admirador de la «Metamorfosis» de Ovidio, nos describe el sufrimiento de Sísifo obligado eternamente por haber engañado a los dioses, a subir una gran roca hasta la cima de una montaña, objetivo nunca logrado por rodar esta siempre antes de llegar a la cima. Aunque el cuerpo de Sísifo netamente musculado, nos recuerda el influjo de Miguel Ángel, el tratamiento del color mediante fuertes pinceladas rojas y amarillas de las lenguas de fuego y lava que caen desde la montaña, nos dice que el efecto que pretende es otro. La luz magistral que rodea al personaje mitológico de frente y por detrás de la roca, nos hablan de una atmósfera dramática que se irá perdiendo, en la pintura  posterior del maestro, donde se van difuminando los contornos, con líneas menos definidas, para dar paso a un predominio del color, es decir, un nuevo paso hacia adelante que llegará hasta los impresionistas.

María de Hungría, hermana de Carlos V,  le encargó esta obra junto a las tres otras «Furias» destinadas al Palacio de Binche. En 1558 esta las legó a su sobrino Felipe II, que las destinó al Alcázar de Madrid; después se colgaron en el Buen Retiro, pasando con posterioridad por el Palacio Real antes de finalizar en el Museo del Prado.

Tiziano: "El hombre del guante".1523. Óleo sobre lienzo,  100 x 89. Museo del Louvre.

Tiziano: «El hombre del guante». 1523. Óleo sobre lienzo, 100 x 89. Museo del Louvre.

Magnifico guante y soberbio retrato anterior al de Sísifo, que podemos admirar en el Louvre.

Isidre Nonell ( Barcelona 1872-1911)

"Gitana (Consuelo)" (1904), oli sobre tela (Museu de l'Empordà de Figueres),  de l'exposició "Nonell, figures i espais", a la Fontana d'Or de Girona.

 Isidre Nonell: «Gitana» (Consuelo)». 1904, óleo sobre tela. Museu de l’Empordà de Figueres.

 

Isidre Nonell

Isidre Nonell : «Consuelo», 1902, óleo sobre tela,  72 x 59. Colección privada,

 

Isidre Nonell

Isidre Nonell: «Consuelo». 1903, 65 x 50, óleo sobre tela. Colección privada.

 

La manera en que Isidre Nonell trata la figura, a partir de 1900 es un referente para mí; lo fue cuando comencé a plantearme lo figurativo allá por los años 70. Antes de 1900, Isidre Nonell formaba parte de un grupo llamado la «Colla del Safrá» (Grupo del azafrán) formado por pintores como Joaquim Mir, Canals, Pichot… que pintaban paisajes por los alrededores de Barcelona preocupados por la luz, los cambios cromáticos al dictado del posimpresionismo, buscando los efectos atmosféricos en tonos cálidos, de ahí el nombre del grupo. Isidre Nonell también formó parte del mítico «Quatre gats» junto con Picasso y Rusiñol en ese ambiente  de efervescencia creativa de la época en Barcelona. Si para Picasso su estancia en Horta del Ebro marca el momento de reflexión que dará sus frutos  en el cubismo, para Nonell la estadía en Caldes de Boí, pequeño pueblo de los Pirineos, donde muchos de sus habitantes padecían de cretinismo, afectará de modo esencial en el tema de sus obras posteriores: los marginados y más desfavorecidos de la sociedad. A partir de entonces se centra en la figura humana con una manera nueva de hacer, el volumen de sus mendigos, de sus gitanas en actitudes claras de tristeza y abatimiento sobrecogen por la  atmósfera de soledad, de abandono; al comienzo su paleta se torna oscura, pero tras dos largas estancias en París en 1900 comienza su nueva etapa con sus famosas gitanas por el contacto con la pintura francesa más moderna; mientras, Picasso se sumerge de otra manera en su época azul seguida de la rosa, aunque ambos comparten su interés por los  personajes marginados. El eco de la crítica burguesa catalana es negativa para Nonell, que muestra una realidad que no les gusta: su pintura es una provocación. Nonell muere prematuramente con 38 años tras obtener un gran éxito, en 1910, en una exposición en Faianç Catalá de Barcelona que supuso su reconocimiento de público y crítica.

La línea magistral de Nonell, que delimita el sufrimiento de ese volumen rotundo y sin nada anecdótico que nos aleje de la esencia, es portentoso. Nada sobra y nada falta para bajar el volumen de la marginalidad. Las gitanas no son en él nada folclórico. Me resulta difícil expresar mejor mi admiración.

La naturaleza en Gaudí

Gaudi: segrada Familia. Foto: Bárbara

Gaudí: Sagrada  Familia. Foto: Bárbara 

 

Gaudí: Sagrada familia. Foto: Bárbara

Gaudí: Sagrada familia. Foto: Bárbara

 

El universo ornamental de Gaudí se nutre de la naturaleza tanto vegetal como animal, reverenciando la belleza del mundo creado.

La línea de Rubens

Rubens

Pedro Pablo Rubens: «La cabeza y mano derecha de una mujer». Colección privada.

 

Rubens

Pedro Pablo Rubens: Su hijo Nicolás con un sombrero rojo. 1625-27. 29 x 33

 

La línea suelta, mágica de los grandes maestros del Renacimiento italiano como Tiziano, Veronés y Tintoretto, que tanto admiraba Rubens, tiene en común el don inasible que hace tan actual lo clásico: la perfección de unos trazos que el pintor flamenco del siglo XVII  hace suyos.

Admirables estos dos dibujos de Rubens  desde los que emerge toda su extraordinaria sensibilidad.

 

 

Van der Weyden, maestro del siglo XV

Van der Weyden:

Van der Weyden: «El descendimiento». Óleo sobre tabla, 22o X 262. C. 1435, Museo del Prado.

Roger de la Pasture o lo que es lo mismo (traducido al flamenco) Rogier Van der Weyden, pintor flamenco, maestro indiscutible -sin olvidar a Jan Van Eyck- de mediados del siglo XV fue el genio que más influyó en toda la pintura europea de su tiempo. Discípulo aventajado de Robert Campin dota a su pintura de una carga dramática intensa y de una emotiva  muestra de sentimientos. El realismo de las figuras volumétricas, la viveza de los colores prodigiosos (los azules y verdes de pigmentos de piedras semipreciosas) y el detalle de las ricas telas en sus plegados, la perfecta composición de las distintas figuras hace que ante esta obra nos sintamos sobrecogidos, no tanto por el tema religioso, como por lo que de sobrenatural tiene; tal maestría parece de otro mundo. Al sellar el fondo con panes de oro y evitar así posibles distracciones, coloca todas las figuras en primer plano, sin que ninguna estorbe la visión de las otras.  En El desposorio de la Virgen (Museo del Prado) coloca una figura de espaldas en primer plano, cerrando y unificando el espacio de forma magistral.

El Descendimiento tuvo muchos pretendientes, entre ellos Felipe II que, al no conseguirlo, hizo hacer una copia para el Monasterio de El Escorial; hasta 1574 el cuadro no pudo ser adquirido por la corona española gracias a María de Austria. Ahora se puede admirar en el Museo del Prado maravillosamente restaurado. Para cualquier persona que sienta pasión por el arte, entrar en los talleres de restauración del Prado es un sueño; yo pude hacerlo cuando precisamente se estaba limpiando esta maravilla; es de esos momentos en los que una se siente anonadada, emocionada, insignificante y clavada al suelo sin ni siquiera querer respirar: momento inolvidable.

Van der Weyden

Van der Weyden: «Descendimiento de la Cruz»