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Louise Bourgeois (II)

 

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«Maman». 1992 (réplica en bronce). Museo Gugghenheim, Bilbao

La vida y el arte de Louis Bourgeois gira en torno al psicoanálisis y ella encuentra en los materiales plásticos el equivalente a los estados de la ambivalencia, la culpa, la compulsión, la agresión… El proceso creativo es una especie de exorcismo, un medio para llegar al autoconocimiento. En N. Y. comienza su carrera con dos exposiciones de pintura en los años 1945 y 1947; a partir de 1949, 1950 y 1953 muestra sus esculturas e instalaciones. Después y hasta los años 60 hay un periodo de reflexión que se rompe con la exposición en la Stable Gallery de N. Y. donde presenta una serie de esculturas abstractas en yeso, látex, y goma, donde se ve la inspiración de la artista basada en su propia experiencia psicoanalista. Louis se hizo psicoanalizar con el doctor Leonard Cammer en 1951 y después con un discípulo de Freud hasta los años ochenta. Por su parte se instruyó con la vasta lectura de diversos textos psicoanalíticos. Su condición de artista, esposa y madre, el cómo conjugar estas distintas facetas y los sentimientos contradictorios, pensamientos y proceso creativo se refleja en sus escritos hasta hace poco inéditos; la importancia de esos textos se equiparan a los escritos de Delacroix y las cartas de Vincent van Gogh. Sus sueños, sus emociones, su angustia, nada escapa a su análisis y todo queda registrado en una crítica a las teorías sobre la sexualidad femenina propias del psicoanálisis. «Maman», una de sus más ambiciosas esculturas, de 9 metros, inspirada en la araña, ocupa un lugar preeminente en su obra durante los años 90. La madre como tejedora, pero también como depredadora; esa duplicidad al mismo tiempo es conmovedora por la fragilidad de esas patas como arcos góticos… Una de sus arañas está situada en el exterior del Gugghenheim de Bilbao.

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«Cell XXVI», 2003 (detalle). Acero, tela, aluminio, acero inoxidable y madera. Collection Gemeentemuseum Den Haage La Haya.

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«A Girl», 1968

Louise Bourgeois, artista integral (I)

Louise Bourgeois 1982, printed 1991 by Robert Mapplethorpe 1946-1989

 

 

 

Louise Bourgeois nació en París en 1911 y murió en Estados Unidos en 2010. Pintora, escultora, grabadora, dibujante, escritora, Louise hace del arte una forma de psicoanálisis. Ella solía decir que el arte es una garantía de cordura.

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Esta magnífica artista polifacética es conocida sobre todo por sus esculturas; su arte personalísimo se entrecruza con los principales movimientos vanguardistas del pasado siglo.

 

 

La Dama y el Unicornio

 

 

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«Á mon seul désir». La Dama y el Unicornio. Museo de Cluny

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«La Vista». La Dama y el Unicornio. Museo de Cluny

En el Museo de la Edad Media de Cluny en Paris se encuentran los seis tapices que forman la serie conocida como la Dama y el Unicornio; fue en 1882 cuando los tapices se ubicaron allí de forma permanente y donde se pueden admirar hoy día. Los bellísimos tapices fueron encontrados en el castillo de Boussac. Y fue Prosper Mériée, que era inspector de monumentos, el que dio con ellos. En el Museo de la Edad Media situado en el Barrio Latino se exponen en una sala circular con una iluminación tenue para mantenerlos en las mejores condiciones;  un sencillo banco en medio de esa estancia permite al visitante detenerse, sumergirse en esas escenas que nos transportan al universo medieval: una maravilla que hay que disfrutar sin prisas y a lo que contribuye sin duda la estudiada iluminación. La extraordinaria oferta museística de París a veces hace que el pequeño museo de Cluny pase desapercibido, no obstante no hay que perderse esta joya. Los tapices se atribuyen a los artesanos flamencos de finales del siglo XV y estos están elaborados con lana y seda siguiendo una ornamentación al estilo denominado como «mil flores» En los años veinte del siglo pasado A. F. Kendric vio en los tapices una alegoría de los cinco sentidos y en años posteriores fue asumida esta interpretación por el director del Museo A. E. Branderburg y sirvió de guía para la disposición que tienen en la actualidad. Los cinco sentidos representados en sendos tapices concluyen en el sexto, que sintetiza el conjunto, y que contiene la siguiente enigmática divisa: » A mon seul désir».

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«El Gusto». La Dama y el Unicornio. Museo de Cluny

Liubov Popova

 

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«Violín», 1915.

Liubov Popova fue una se las mas fervientes defensoras del arte abstracto en Rusia, su país. Nacida en Ivanovsko en el seno de una familia acomodada, viaja por Rusia e Italia, tras finalizar sus estudios. Coincide con Vladimir Tatlin y con Grishcheno en Moscú. En París entra en contacto con el cubismo y se interesa posteriormente por el futurismo. Personalmente me entusiasman las obras cubistas de esta artista, de una calidad excepcional. A su regreso a Moscú se une a los suprematistas de Malevich. Entre 1918 y 1919 participa en varias exposiciones estatales. La labor de esta artista abarca desde la docencia en la Escuela de Arte y diversos centros de teatro, al diseño de cubiertas de libros, porcelanas, textiles, escenografía… son de destacar los diseños para las revolucionarias producciones «El cornudo magnánimo» y «La tierra en confusión». Ella se consideraba una artista cuya condición femenina no afectaba a su práctica artística, y sus contemporáneos también, hecho nada desdeñable que el pensamiento socialista propiciaba al amparo de la independencia de la mujer; sin embargo la mujer aún en muchos casos sigue atrapada en el ámbito privado, doméstico. Su marido, el critico de arte Boris Von Eding, muere de tifus y ella muere de escarlatina a la temprana edad de treinta y cinco años, enfermedad que le contagia su hijo que fallece también. Una vida truncada prematuramente. Ella consideraba que uno de los pocos proyectos constructivistas, el diseño de telas y vestidos que ella realizara, habían llegado a un público verdaderamente popular.

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«Construcción con figuras», 1914-1915

Ventanas y contraventanas en Florencia

 

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Foto: Bárbara. Florencia

Cuántas vidas, cuántas personas hay detrás de las ventanas, no solo de los palacios, de las antiguas logias, sino en las casas habitadas por personas normales y corrientes. La ventana que nos abre, amplía la mirada al exterior, qué gran avance.  Y qué decir del gran invento árabe de las celosías, que te permiten observar sin ser visto. Este fundamento de la privacidad, ha tenido, gracias al ingenio, otros modos de ver sin que el observado se dé cuenta; las mirillas de las puertas sin ir más lejos. En algunos lugares, el derecho de admisión se fundamenta hoy en la mirilla y los habitantes abren la puerta al intruso según les venga en gana. Pero hay muchas formas más de observar sigilosamente, detrás de un tapiz estratégicamente situado, lo hemos visto en celuloides añejos de aventuras… Yo recuerdo que de pequeña me apasionaba tirar del separador de unos libros del despacho de mi abuelo, detrás de los cuales había una ventanita desde donde se veía el hall de entrada y desde allí el abuelo decidía si recibía al intruso o no. Fantástico invento que hacía volar mi imaginación.

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Foto: Bárbara. Florencia

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Foto Bárbara. Florencia

Retrato de Elena Colomina

Retrato de Elena

El retrato, siempre lo digo, es lo más difícil. Quizá por ello solo los hago de las personas que quiero y conozco lo suficiente como para intentar sacar lo que esa persona tiene en su interior y eso, tratar de plasmar de alguna manera la personalidad del retratado, es una tarea muy difícil. Yo parto precisamente del cariño para, de alguna manera, paliar con él la carencia de mis medios, de mis posibilidades. En este caso, se da la circunstancia de que  a la modelo la quiero de forma muy especial, es mi sobrina mayor, y la quiero como si fuera mi hija, de modo que  disfruté  muchísimo haciéndolo. ¡Tú ya lo sabes, Elena!

Aclaración

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«Autorretrato» 1941, MoMa.

 

 Debo decir en honor a la verdad que el título que reza en el post anterior como «Autorretrato» es en realidad «Campesina griega» de 1969. Corregido el error, pido disculpas por este despiste mío y paso a poner el verdadero «Autorretrato» hecho a lápiz de grafito sobre papel, propiedad del MoMa.

Françoise Gilot, pintora

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Limón y pescados, 1944

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Aurelia en Azul 1959

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«Campesina griega» 1969.

Después de sus dos licenciaturas y mientras se preparaba como abogada, Françoise se da cuenta de que su verdadera vocación es la pintura, y decidida, resuelta decide que Picasso debe ser su maestro. Quizá lo llevara en los genes, pues su madre era acuarelista; el caso es que Françoise, nacida en Nuilly-sur-Seine el 26 de noviembre de 1921, se lanza a conseguir sus sueños. Cuando Picasso y ella se instalan en Antibes, colabora en el trabajo ceramista del maestro. Con el también artista Luc Simon tiene una hija, Aurelia, a la que retrata en el cuadro , «Aurelia en azul».

Françoise Gilot y Picasso

 

 

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François y Picasso. Foto de Doisneau.

Picasso conoce a Françoise Gilot cuando ella tenía 21 y el 61. De alumna se convierte en su amante mientras este todavía tenía una relación con Dora Maar, lo que contribuye a que esta última se desestabilizara del todo. De gran belleza, y sin duda gran personalidad, Françoise fue la única mujer del pintor que lo abandonó y siguió con su vida. Su vocación por la pintura vino después de que se graduara por la Sorbona con una licenciatura en Filosofía en 1938 y un año después en Cambrige con una licenciatura en inglés. De sólida formación, no era la típica mujer hermosa que vive bajo la influencia de una fuerte personalidad como la de Picasso, pero supo darle estabilidad, además de dos hijos al pintor, Claude y Paloma, y con posterioridad, al casarse con el también artista Luc Simón, tuvo otra hija, Aurelia. Aún se casaría con Jonas Salk, el pionero de la vacuna de la polio con el que estuvo hasta el fallecimiento de este en 1995.

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Con Picasso en Antibes

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Fotografía con Jean Cocteau, Picasso, Paulo y Braque

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Françoise  Gilot pintando

La vida de Françoise sin el genio es tranquila y apacible. Sin género de duda una gran mujer.

Modelo del impresionismo: Suzanne Valadon (II)

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«Polvos de arroz» de Toulouse Lautrec. 1887- 88.

 

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«La risueña» de Santiago Rusiñol

Fue pintada por los mejores artistas del impresionismo, Renoir, Degas, Puvis de Chavanne, y  por Modigliani, Santiago Rusiñol… De todos esos trabajos lo más curioso y a la vez más apasionante es comprobar como ante un mismo modelo, los distintos pintores tratan de forma tan diversa la imagen que ella proyecta. Evidentemente no eran retratos; ella, Suzanne, era simplemente la modelo, la excusa para afrontar una composición.  Conociendo a posteriori el gran papel que esos artistas jugaron en el arte del siglo pasado, el ambiente efervescente de Montmartre, podemos decir que Suzanne lo vivió todo en primera persona.

 

 

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» La lavandera». 1884- 88. Toulouse Lautrec

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«La mujer triste». Amadeo Modigliani

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«La sombrilla». Renoir, 1881-86

En todos ellos es Suzanne.