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Liubov Popova

 

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«Violín», 1915.

Liubov Popova fue una se las mas fervientes defensoras del arte abstracto en Rusia, su país. Nacida en Ivanovsko en el seno de una familia acomodada, viaja por Rusia e Italia, tras finalizar sus estudios. Coincide con Vladimir Tatlin y con Grishcheno en Moscú. En París entra en contacto con el cubismo y se interesa posteriormente por el futurismo. Personalmente me entusiasman las obras cubistas de esta artista, de una calidad excepcional. A su regreso a Moscú se une a los suprematistas de Malevich. Entre 1918 y 1919 participa en varias exposiciones estatales. La labor de esta artista abarca desde la docencia en la Escuela de Arte y diversos centros de teatro, al diseño de cubiertas de libros, porcelanas, textiles, escenografía… son de destacar los diseños para las revolucionarias producciones «El cornudo magnánimo» y «La tierra en confusión». Ella se consideraba una artista cuya condición femenina no afectaba a su práctica artística, y sus contemporáneos también, hecho nada desdeñable que el pensamiento socialista propiciaba al amparo de la independencia de la mujer; sin embargo la mujer aún en muchos casos sigue atrapada en el ámbito privado, doméstico. Su marido, el critico de arte Boris Von Eding, muere de tifus y ella muere de escarlatina a la temprana edad de treinta y cinco años, enfermedad que le contagia su hijo que fallece también. Una vida truncada prematuramente. Ella consideraba que uno de los pocos proyectos constructivistas, el diseño de telas y vestidos que ella realizara, habían llegado a un público verdaderamente popular.

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«Construcción con figuras», 1914-1915

Ventanas y contraventanas en Florencia

 

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Foto: Bárbara. Florencia

Cuántas vidas, cuántas personas hay detrás de las ventanas, no solo de los palacios, de las antiguas logias, sino en las casas habitadas por personas normales y corrientes. La ventana que nos abre, amplía la mirada al exterior, qué gran avance.  Y qué decir del gran invento árabe de las celosías, que te permiten observar sin ser visto. Este fundamento de la privacidad, ha tenido, gracias al ingenio, otros modos de ver sin que el observado se dé cuenta; las mirillas de las puertas sin ir más lejos. En algunos lugares, el derecho de admisión se fundamenta hoy en la mirilla y los habitantes abren la puerta al intruso según les venga en gana. Pero hay muchas formas más de observar sigilosamente, detrás de un tapiz estratégicamente situado, lo hemos visto en celuloides añejos de aventuras… Yo recuerdo que de pequeña me apasionaba tirar del separador de unos libros del despacho de mi abuelo, detrás de los cuales había una ventanita desde donde se veía el hall de entrada y desde allí el abuelo decidía si recibía al intruso o no. Fantástico invento que hacía volar mi imaginación.

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Foto: Bárbara. Florencia

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Foto Bárbara. Florencia

Retrato de Elena Colomina

Retrato de Elena

El retrato, siempre lo digo, es lo más difícil. Quizá por ello solo los hago de las personas que quiero y conozco lo suficiente como para intentar sacar lo que esa persona tiene en su interior y eso, tratar de plasmar de alguna manera la personalidad del retratado, es una tarea muy difícil. Yo parto precisamente del cariño para, de alguna manera, paliar con él la carencia de mis medios, de mis posibilidades. En este caso, se da la circunstancia de que  a la modelo la quiero de forma muy especial, es mi sobrina mayor, y la quiero como si fuera mi hija, de modo que  disfruté  muchísimo haciéndolo. ¡Tú ya lo sabes, Elena!

Aclaración

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«Autorretrato» 1941, MoMa.

 

 Debo decir en honor a la verdad que el título que reza en el post anterior como «Autorretrato» es en realidad «Campesina griega» de 1969. Corregido el error, pido disculpas por este despiste mío y paso a poner el verdadero «Autorretrato» hecho a lápiz de grafito sobre papel, propiedad del MoMa.

Françoise Gilot, pintora

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Limón y pescados, 1944

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Aurelia en Azul 1959

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«Campesina griega» 1969.

Después de sus dos licenciaturas y mientras se preparaba como abogada, Françoise se da cuenta de que su verdadera vocación es la pintura, y decidida, resuelta decide que Picasso debe ser su maestro. Quizá lo llevara en los genes, pues su madre era acuarelista; el caso es que Françoise, nacida en Nuilly-sur-Seine el 26 de noviembre de 1921, se lanza a conseguir sus sueños. Cuando Picasso y ella se instalan en Antibes, colabora en el trabajo ceramista del maestro. Con el también artista Luc Simon tiene una hija, Aurelia, a la que retrata en el cuadro , «Aurelia en azul».

Françoise Gilot y Picasso

 

 

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François y Picasso. Foto de Doisneau.

Picasso conoce a Françoise Gilot cuando ella tenía 21 y el 61. De alumna se convierte en su amante mientras este todavía tenía una relación con Dora Maar, lo que contribuye a que esta última se desestabilizara del todo. De gran belleza, y sin duda gran personalidad, Françoise fue la única mujer del pintor que lo abandonó y siguió con su vida. Su vocación por la pintura vino después de que se graduara por la Sorbona con una licenciatura en Filosofía en 1938 y un año después en Cambrige con una licenciatura en inglés. De sólida formación, no era la típica mujer hermosa que vive bajo la influencia de una fuerte personalidad como la de Picasso, pero supo darle estabilidad, además de dos hijos al pintor, Claude y Paloma, y con posterioridad, al casarse con el también artista Luc Simón, tuvo otra hija, Aurelia. Aún se casaría con Jonas Salk, el pionero de la vacuna de la polio con el que estuvo hasta el fallecimiento de este en 1995.

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Con Picasso en Antibes

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Fotografía con Jean Cocteau, Picasso, Paulo y Braque

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Françoise  Gilot pintando

La vida de Françoise sin el genio es tranquila y apacible. Sin género de duda una gran mujer.

Modelo del impresionismo: Suzanne Valadon (II)

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«Polvos de arroz» de Toulouse Lautrec. 1887- 88.

 

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«La risueña» de Santiago Rusiñol

Fue pintada por los mejores artistas del impresionismo, Renoir, Degas, Puvis de Chavanne, y  por Modigliani, Santiago Rusiñol… De todos esos trabajos lo más curioso y a la vez más apasionante es comprobar como ante un mismo modelo, los distintos pintores tratan de forma tan diversa la imagen que ella proyecta. Evidentemente no eran retratos; ella, Suzanne, era simplemente la modelo, la excusa para afrontar una composición.  Conociendo a posteriori el gran papel que esos artistas jugaron en el arte del siglo pasado, el ambiente efervescente de Montmartre, podemos decir que Suzanne lo vivió todo en primera persona.

 

 

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» La lavandera». 1884- 88. Toulouse Lautrec

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«La mujer triste». Amadeo Modigliani

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«La sombrilla». Renoir, 1881-86

En todos ellos es Suzanne.

 

Suzanne Valadon (I)

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«Desnudo», 1922.

Me declaro admiradora absoluta de esta mujer nacida Marie-Clémentine Valadon y rebautizada para el mundo del arte por Toulouse Lautrec como Suzanne Valadon. Si hay alguien que se hizo a sí misma, esa fue Suzanne. De familia humilde y casi analfabeta, llega a París siendo una adolescente; sola y sin medios, se abre paso realizando trabajos alimenticios hasta que comienza a posar como modelo para distintos pintores. Se instaló en Montmartre, lugar poco recomendable en aquellos años y de todos ellos va aprendiendo, absorbiendo como una esponja la forma en que pintaban; de esta manera se inicia como pintora autodidacta. Suzanne, nacida en Bessines-sur-Gartempe en 1865, muere en París en 1938. Su belleza está presente en cuadros de los grandes maestros del impresionismo, presente en las mejores colecciones particulares y en los museos de todo el mundo, pero ella, por sí sola, merece un puesto destacadísimo en todos ellos, pues es una de las mejores pintoras del siglo pasado. A los dieciocho años tuvo un hijo de padre desconocido, que reconoció el pintor catalán Utrillo, al que llamó Maurice. Sé que para muchos es una desconocida, incluso para muchos amantes del arte; si este blog sirviera solo para divulgar aún más su obra, ya me sentiría feliz y recompensada, pues creo, con otros muchos críticos que saben más que yo, que está al mismo nivel que un Renoir, un Degas, un Toulouse-Lautrec, un Puvis de Chavannes o incluso por encima. Su paleta de riquísimos colores vibrantes, sus paisajes a la manera de Cézanne, sus desnudos, sus dibujos y sus interiores conforman una manera de hacer que llega hasta Matisse. Perfeccionista al máximo, fue una de las primeras artistas en pintar desnudos masculinos. A finales del siglo fue reconocida por este grupo de pintores y aceptada como una más, su éxito y reconocimiento le llegó en vida, codeándose con las grandes figuras del arte europeo.

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«Vista desde mi ventana en Lenets (Bretaña)». Óleo sobre lienzo. 1922. Colección privada

 

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«Mi Utrillo a los 9 años». Lápiz sobre papel.1892

Polifemo y Galatea

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Portada

El mito de Polifemo es recogido por Góngora en este poema escrito en octavas reales que  pronto se hizo famoso en el Madrid de 1612. El mito de Polifemo aparece ya en los orígenes de la literatura desde la Odisea de Homero y otros poetas griegos y latinos. El argumento es bien sencillo: es una historia de amor no correspondido que termina en tragedia. Se trata de un triángulo amoroso en el que aparece la bella Galatea enamorada de Acis y el gigante Polifemo que encarna la fealdad física con un solo ojo en mitad de la frente. Polifemo, al sentirse rechazado por Galatea, se venga de una manera muy cruel: decide matar a Acis arrojándole una piedra enorme, pero Galatea le pide a los dioses que conviertan a su amado en arroyo, cosa que le conceden. Esta figura del cíclope, la atracción por personajes monstruosos, más adelante será también una constante en el Barroco y se puede decir que llega hasta nuestros días. El poema tiene una belleza descriptiva notabilísima.

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Facsimil de «El Polifemo de don Luis de Góngora comentado». Extramuros edición S. L. Sevilla 2008