Cola de merluza con mahonesa al horno

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Foto, Bárbara

Pedimos al pescatero que nos quite la espina central y la desescame. Hacemos una mahonesa casera, nada de esas industriales. Pelamos las patatas panaderas y  forramos una bandeja de horno con papel de horno. Salpimentamos la merluza. Y añadimos las patatas, que hemos pasado antes por una sartén porque en el horno tardan mucho en hacerse. Ponemos la merluza y las patatas en la bandeja. Cubrimos el pescado y las patatas con la mahonesa y metemos la bandeja al horno ya caliente. Horneamos un cuarto de hora o veinte minutos máximo, para que no se haga demasiado el pescado. Se formará una costra por la mahonesa. Resulta deliciosa y más fácil imposible, no da trabajo y para un día de fiesta resulta genial.

Die Blaue Vier, Los Cuatro Azules

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Pequeño sueño en rojo. Estructura

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Kandinsky, Klee, Feininger y Jawlensky son Los Cuatro Azules que, a iniciativa de Galka Scheyer, se unen para difundir su obra sobre todo en Estados Unidos. Los cuatro que formaron El Jinete Azul, que empezó siendo parte fundamental de la Bauhaus, era un grupo en principio expresionista que evoluciona hacia la abstracción y caminaba hacia una búsqueda espiritual de la obra de arte; la misma tiene siempre una relación con el interior del artista. La Bauhaus buscaba cambiar la función del diseño, del arte y de los mismos artistas, por ello no es de extrañar que Kandinsky, Klee y Feininger, que enseñaron en dicha institución, eran teóricos del nuevo movimiento que exponen sus ideas y experiencias más modernas en los Estados Unidos, que aún no era un centro importante del arte como lo será después con el expresionismo abstracto o con el pop.

Estilísticamente no se puede hablar de un estilo común, un estilo Bauhaus en la pintura, pero si en este periodo se da un centro común que es la abstracción pura tendente a la geometría.

Reproducciones: 1º Klee, 2º kandinsky, 3º Feininger y 4ºJawlesnsky

Juana J. Marín Saura, poeta

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Fotos, Bárbara

He buscado la luna para ti, Juana y a falta de ella he encontrado un cielo bonito, sugerente, sutil, expresivo, que no desentone y, si pudiera ser, sintonice con tus hermosos versos.

Os dejo un enlace con el Aula de Poesía de la Universidad de Murcia para que podáis ver a Juana recitando algunos de sus poemas. Os lo recomiendo:https://www.um.es/web/cultura/contenido/aulas/poesia/los-nombres-de-la-poesia-en-murcia

Y a modo de aperitivo estos versos:

“El ovalado cerco de la luna” de Juana J. Marín Saura

I
A pesar de la tristeza, gracias Señor
por el regalo diario de la vida.

VI
Ayúdame a sanar Morgana.
Invéntame algún brebaje
que calme mis tensados nervios.

Las angustiadas mariposas
que sin cesar revolotean,
dentro de mi estómago.

Bajo los árboles

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Sentada bajo los árboles, veo como algunas hojas van cambiando de color. El suelo amanece lleno de hojas que el viento ha ido depositando como una ofrenda a lo que está por venir. Cambia el tiempo por estas latitudes despacio, como de puntillas, quizás para que nos vayamos acostumbrando sin sobresaltos. Es un detalle por su parte, porque después de tanto calor el cuerpo necesita ir haciéndose a la idea.

Fotos, Bárbara.

Siempre nos quedará Paris

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Paris y su gran icono, la Tour. Precioso cielo también; preciosa foto que me envía ma belle nièce avec une petite pensée; ella es así de encantadora y sabe lo mucho que me gusta la ciudad luz. Gros bisous.

Lobo lunar

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Lobo lunar estaba inquieto; dentro de la lobera la oscuridad había ocupado cada rincón, cada recoveco y, como si tuviera un reloj dentro de su organismo, pensó y sintió que debía acudir a su cita. La nieve cubría los campos y las ramas de los árboles se doblaban por el peso. Corrió a toda velocidad temiendo llegar tarde, pero no, sobre lo alto de la colina la pudo contemplar en toda su plenitud, redonda y llena, irradiando la luz plateada que la distinguía de todo lo demás. Y vio el cielo plagado de estrellas que titilaban como si le guiñaran los ojos, y vio a Marte con aquel color anaranjado que no distinguía muy bien pues era daltónico, pero la luna estaba ahí para él, brillando solo para él y aulló, le aulló de felicidad, pleno también como siempre que ella, luna llena, le miraba desde lo alto más hermosa que nunca.

El miedo

El tiempo no estaba para bromas; negros nubarrones se acercaban desde la costa. El mar rompía en los acantilados y el bramido del viento se le unía como en un abrazo. Marta sonrío, nada la hacía más feliz que una buena tormenta; salió fuera de la casa hacia la leñera. Encendería una buena chimenea, llenaría la bañera mientras los relámpagos harían palidecer las velas; algunas se apagarían y un escalofrío le recorrería la espalda. El miedo la hacía sentirse más viva que nunca. Y mientras corría el agua, mientras abría la ventana del baño, pensó que Hitchcock era el mago, su Merlín particular. Una ráfaga de aire hizo batir las contraventanas de madera; encendió las velas y se sumergió en el agua fría como un cuchillo.

Rosas amarillas

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No sé si es tiempo de que florezcan los rosales, pero los últimos que compré está así de pimpantes. Claro que como el cambio climático es un hecho, aunque algunos lo nieguen, igual las flores han decidido ir a su aire y hacen lo que el cuerpo les pide. Cosa que a mi personalmente me parece muy bien, nada hay mejor que la libertad de expresión y cómo se expresan ellas, pues a través de sus colores que es una forma de pintar el aire que ni los mejores pintores del Renacimiento que ya es decir.

El mar o la mar

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El mar, las olas que rompen en la orilla, la espuma que burbujea como un buen champán, o la mar como dicen los marinos; ellos, que lo conocen más a fondo que nadie, que saben de su inconstancia, de su fortaleza, de su poder, de su volubilidad, de su temperamento frágil, sumiso, airado, tempestuoso, cualidades todas que a través de la historia se nos atribuye a las mujeres, no sé si por su parte es un cumplido o parte de la leyenda negra que desde Eva llevamos, como el pecado original, fuente de todos los males. Sea como sea, el mar es lo mas hermoso de la naturaleza, igual que las mujeres, al margen de cualquier disquisición. La mar me pregunta que si soy feminista y me lo repite como un eco, «claro que sí», le respondo, como mujer, no me queda otra que reivindicar lo que nos pertenece. Dicho queda.

Fotos, Bárbara