LA SALAMANQUESA

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Fotos Bárbara

Sé que por el jardín de casa hay varias salamanquesas que de vez en cuando se dejan ver como esta. Y ahora debe ser época de cría porque las he visto muy pequeñitas. En Aragón las llaman dragones y eso me hace mucha gracia. Guapas, lo que se dicen guapas no son, pero si muy majas porque se comen mosquitos y otros bichejos desagradables. A mi desde siempre me han gustado mucho, pero son tan rápidas y se esconden al menor ruido, que no me da tiempo de poder contemplarlas como quisiera. Creo que les encanta tomar el sol, lástima que sean tan vergonzosas.

Sylvia Plath

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YO QUIERO. YO QUIERO

Abriendo la boca, el pequeño dios inmenso,

calvo a pesar de su cabeza infantil,

pidió a gritos el pecho de su madre.

Los dos volcanes secos se cuartearon y escupieron,

la arena abrasó los labios sedientos de leche.

El niño dios pidió entonces sangre a su padre,

que puso a trabajar a la avispa, al lobo y al tiburón,

Y luego ideó el pico del alcatraz.

Sin una lágrima en los ojos, el inveterado patriarca

creó a los hombres de carne y hueso,

púas en la corona de alambre enrojecido,

espinas en el tallo de la rosa encarnada.

«Poesía completa». Edición de Ted Hughes. Traducción de Xoán Abeleida. Bartleby Editores. Madrid 2008.

La prematura muerte de Sylvia Plath, a los 31 años, no ha impedido que sea considerada una de las grandes poetas del siglo pasado. Sylvia se suicidó metiendo la cabeza en el horno de gas mientras sus dos hijos jugaban en otra habitación. Es la primera obra póstuma a la que se le concedió el premio Pulitzer. Este volumen que recoge toda su poesía fue reunida en 1981 por su ex marido, el también poeta Ted Hughes.

El rosal rojo

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Fotos, Bárbara

Las hojas del rosal recortándose contra el cielo, para mí como pintora, me producen la misma emoción que contemplar la belleza de una obra de arte. Y me pregunto si, en el día a día, somos capaces de maravillarnos con todo lo que nos rodea; siempre lo digo y me repito, nada se puede comparar con la naturaleza, con su fuerza que hace que se renueve cada temporada todo lo que en invierno se ha agostado. Ese milagro a fuerza de verlo desde que nacemos a veces nos puede pasar desapercibido o no le damos la importancia que tiene, pero para mí que no creo en los milagros, este si lo es.

Bizcocho de yogur

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Foto, Bárbara, realización Aurelio.

En casa no somos buenos reposteros, esa es la verdad, pero nos hemos aficionado a lo dulce a medida que vamos sumando años, no sé porqué será pero es un hecho constatado. Este bizcocho, que dicho sea de paso, no es ninguna cosa espectacular, resulta que ha salido bueno. Aurelio lo ha hecho todo él solito, yo solo he hecho la foto y me lo voy comiendo con el café. Este es el clásico bizcocho de yogur que en unos pocos minutos está hecho en el microondas. Antes lo hacíamos en el horno porque nos parecía lo lógico, pero mira por donde el microondas nos lo hace en un plis plás y encima se puede comer de lo bueno que está.

Ingredientes para 6 personas: 1 yogur natural, 3 huevos, 1 medida de vaso de yogur de aceite de oliva, azúcar 2 medidas del vaso del yogur, harina 3 medidas de vaso de yogur, 1 cucharadita de levadura, un pellizco de sal, mantequilla para engrasar el molde, azúcar glas.

Mezclamos todos los ingredientes bien para que no queden grumos. Untamos con mantequilla un molde, vertemos la masa y lo tenemos en el microondas nueve minutos a máxima potencia. Dejamos enfriar para desmoldarlo y podemos espolvorear el bizcocho con azúcar glas. ¡Mas fácil imposible!

Helechos

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Fotos, Bárbara y Aurelio

Tener en Murcia helechos de casi un metro de alto en nuestro mini garden es, aparte de impensable por el clima tan caluroso, como poco muy exótico. Por la mañana temprano, en los días como hoy que rondaremos los 34 grados, es muy reconfortante abrir la puerta y encontrarte con la sorpresa de que parece que te has transportado durmiendo milagrosamente al norte. Tanto verdor gracias a esta planta de los periodos del Jurásico, por lo menos, es de agradecer, porque todo empezó por uno que se había colado en un maceta de aspidistra que me regalaron. Y como se ve en la última foto, que es de Aurelio, el sol curiosamente tampoco las quema. Me da que alguna deidad protectora cuida de nuestro mini jardín.

La eterna pregunta

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Foto Jesús Juárez

Bicheando por Internet, visitando blogs que me interesan, aunque no siempre tengo todo el tiempo que quisiera para corresponder como se merecen mis seguidores, me encuentro con la cuestión de siempre, y que no se ofenda nadie, pues no es mi intención sino todo lo contrario. Además, y quiero insistir en eso, creo que cada cual es libre de hacer lo que mejor le parezca, faltaría más. Dicho esto voy derecha al grano, que es lo siguiente: cuando la generosidad de los amigos me mandan fotos preciosas, me gusta agradecérselo licando lo que me mandan, además de darles la gracias de corazón. Hasta ahí bien, pero luego pienso que sería correcto que yo me licara a mí misma. Yo pienso que no, pero veo que mucha gente lo hace; no sé, a mí me da pudor, sería como aplaudirme a mí misma mismamente y tampoco sé si alguna vez el ego me ha traicionado y plas, plas, plas, lo he hecho. Esta foto, por ejemplo, me la mandó un excelente amigo y es tan bonita que no me queda otra que licarla. ¡Muchísimas gracias, Jesús!

El desconcierto de Lobo

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Lobo se encontraba en una situación inusual. El tiempo pasado en la lobera cuando el frío invadía la tierra dejaba paso a una primavera inaceptable. Jamás había vivido algo parecido. Sus pezuñas se hundían en el barro y notaba que en el aire, a veces, olía diferente; constató que ya no nevaba y que las tormentas invernales habían desaparecido para dar paso a otra estación. Y su memoria animal o su instinto le empujaba a subir a los riscos en busca de presas. Lobo se despertaba con un rugir de tripas que le anunciaba algo inevitable e ineludible: tenía un hambre canina que tenía que saciar. Y menos mal que, ya viejo, no tenía alrededor pequeños lobeznos que alimentar. Por un instante añoró tiempos pasados, pero recordó que entonces las estaciones se sucedían de forma regular. Hacía tiempo que no aullaba a la luna y ahora, que ya era el momento, sucedía algo que no sabía explicar. Un día notaba calor y al siguiente una lluvia torrencial que salpicaba hasta su guarida le dejaba inerte en el fondo contemplando con asombro esa tormenta propia de los trópicos. Su pensamiento, entonces ensimismado, le llevó a la conclusión de que el tiempo se había vuelto loco o que él estaba como una cabra. ¡Y esto último si que no!

Lyonel Feininger, su trayectoria

 

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Museo Thyssen- Bornemisza

FEININGER, Lyonel_Barcos, 1917_544 (1967.2)

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Pintor neoyorquino nacido en el verano de 1871 fue uno de los máximos exponentes del expresionismo alemán. De origen germano-estadounidense, sus padres eran músicos alemanes, la familia decidió que fuera a Alemania a estudiar violín. Toda su vida compaginó la música con la pintura. En Alemania decidió abandonar sus estudios en el conservatorio para inscribirse en Hamburgo en Bellas Artes. En 1888, año en el que Vincent Van Gogh llega a la Provenza, él se traslada a Berlín para seguir sus estudios en la Academia Konigliche. Se traslada a París en 1892, donde amplió sus estudios con el escultor Filippo Calarossi. Allí permaneció un año volviendo a Berlín y dedicándose a la ilustración de novelas y en donde publicó sus dibujos para la revista satírica Ulk y para una revista norteamericana, Harspe’s Round Table. En 1906 volvió a París con Julia Berg, con la que se casó en Londres dos años después. Y, aunque siguió haciendo ilustraciones, el contacto con las vanguardias alemanas y francesas le llevó a dejar la ilustración para dedicarse a la pintura. Inicialmente estuvo muy influido por el Fauvismo y el Cubismo, dentro de cuyos movimientos creó composiciones con formas geométricas y un colorido muy particular, como en su obra «Carrerra de bicicletas» de 1912, hoy en la Nationale Gallery of Art de Washington DC. Expuso en el «Salon des Indépendants» de París en 1911, lo que le permitió ser conocido en toda Europa. Expuso después con grupos de vanguardia, como Der Blaue Reiter o Die Brucke. Hizo su primera exposición individual en 1917. Gropius le invitó a participar en la Bauhaus, donde estuvo dando clases hasta 1932. Tuvo una excelente amistad con Kandinsky, Paul Klee y Jawlensky, y con ellos fundó el grupo los Cuatro Azules, que expuso por primera vez en N.Y. en 1925. Con la invasión nazi se trasladó a N.Y. donde residió hasta su muerte en enero de 1856. En el MoMA se exhibe su obra, siendo su etapa cubista la más representativa.

Cuadros; 1) Bahía en Normandía. 2) Forma geométrica. 3) Barcos. 4) Sails.

Una tortuga que es tortugo

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Foto, Jero

El término animalista, la verdad, no me suena bien, no me gusta, pero como ahora todo se simplifica estilo sajón, pues eso. Yo me siento defensora de los animales, los adoro, pero no me veo como «animalista», será por la edad. El caso es que me chiflan las tortugas y los caracoles, las dos especies tan tranquilas, llevando a cuestas su casa, lo cual me parece el summum de la inteligencia y progreso, y si no, piensen que son los únicos animales que van con su rulotte a todas partes. Que hace mal tiempo, pues adentro y listo. Por su forma de vida vegetariana, no hacen daño a nadie salvo a los tomates y a las lechugas; no sufren estrés, pues su andar lento contribuye a ello de forma importante. Sexualmente tampoco tienen aceleros, eso de aquí te pillo y aquí te mato, no, nada de eso, podían estar de coyunda horas y horas. En verano, en las noches calurosas los sacaba del terrario y los dejaba pacer a su antojo, los regaba bien y se quedaban en la gloria. De la vida sexual de las tortugas no sé nada, pues siempre que he tenido ha sido de una en una. Esta de la foto, que es tortugo, me la envía Jero desde Ceuta y, como es casi inevitable, se llama Legionario. Por qué digo esto último, pues porque una de las sedes de la Legión ha estado y está en Ceuta, ciudad que, dicho sea de paso, César Manrique dejó preciosa. ¡Y qué bonita su concha! Y conste que por naturaleza soy pacifista cien por cien.

Raras pero muy bonitas

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Fotos, Bárbara

Esta planta carnosa no la conocía y por la dichosa pandemia me he cuidado muy mucho de ir al vivero, que es uno de mis lugares preferidos por donde pasear y disfrutar de las vistas. Hay uno que es mi preferido, porque te da la sensación de repente de estar en medio de la selva y ya te ves con ropa de Indiana Jones, con un machete en la mano, y solo te falta oír el grito de Tarzán, que Chita se te cuelgue al cuello o paseando con Sean Conery de liana en liana buscando la planta que cure todos los males. En fin, es una de esas cosas de las que nos hemos visto privados y, aun así, rogando por todos los que lo están pasando mal y sumando un día tras otro, contando sin ver el fin a esto. Volviendo a la selva imaginada, a su falta, pasé por un chino que está cerca de casa y que tiene en el exterior un sinfín de plantas que milagrosamente se han ido multiplicando, de modo que parece la multiplicación de los panes y los peces, lo digo porque la cosa empezó tímidamente, con unas poquitas macetitas y ahora es un vergel donde sin que él me vea hago fotos a sus plantas, me escondo ladinamente y debo decir que alguna vez me ha pillado. De todas formas ya somos amigos, porque siempre le compro algún hallazgo como esta planta, cuyo nombre desconozco, pero que debe ser china porque me dio «las galasias» con una amplia sonrisa de satisfacción.