Van Gogh y Klimt: Los girasoles.

 

Gustav Klimt: «Jardín de campo de girasoles».

Vincent van Gogh llega a Arles en febrero de 1888 buscando la luz del sur; al poco de llegar comenta desilusionado que en Arles no hay más que blanco. Las llanuras están cubiertas de nieve igual que las granjas y los huertos. La naturaleza tiene la oportunidad de ir desarrollando su fecundidad ante sus ojos que esperan, expectantes, su eclosión. Seguir cronólogicamente la obra durante su estancia en la Provenza, mes a mes, es seguir el ciclo de esta. Pinta los huertos nevados, los  almendros en flor, los pruneros,  el puente de Langlois, los iris y las viñas, las llanuras cubiertas de lavandas, el jardín del poeta… Pero es en agosto cuando comienza a pintar la serie de girasoles, doce en total, destinados a adornar la casa Amarilla y más concretamente la habitación que ocupará su amigo Gauguin.

Vincent pintará frenéticamente durante todo el verano, deseoso de saber la opinión  de su amigo. Por fin Gauguin llega a Arles el 23 de octubre.

Gustav Klim pinta  «Jardín de campo con girasoles (Los girasoles)» alrededor de 1905 o 1906 y «El Girasol» entre 1906-7.  En 1909, en verano,  se presenta una exposición en Viena en la que, junto a Klimt, figuran cuadros de Van Gogh, Munch, Toorop, Gauguin, Vallotton, Matisse  y otros.  El conocimiento e intercambio de experiencias pictóricas que supone compartir exposiciones es algo que siempre ha sido fuente de inspiración y debate entre pintores coetáneos; las que se realizan a posteriori son ya para la historia, críticos y apasionados del arte. Sabida es la influencia de Toorop sobre Klimt; de su afinidad sin embargo la muestra es, por ecléctica, de las que quedan para la historia.

¿Se puede hablar de que los giras0les de Klimt son un homenaje a esos otros girasoles anteriores en el tiempo de van Gogh? Sin duda los conocía. Y si no fue así, un homenaje entre dos colosos, me gustaría hermanarlos desde aquí, en este pequeño homenaje a estos dos Maestros.

La naturaleza se vuelve sensual e íntima con el cambio de siglo en la obra de Klimt: lo que Gaston Bachelard llamara » l’intimité matérielle», la intimidad material, del espacio de cualquier manera se da en Klimt; en su cuadro «El girasol» es sorprendente observar que da vida al girasol desde una estructura piramidal que ya se vio en el cuadro «Jardín de campo con girasoles» pero en el primero lo sorprendente y fascinante es que lo realiza como si de un retrato se tratara. Mírenlo con atención; es magnífico.

Lo que genera el cambio climático: ¡Tenemos un cactus hembra!

Cactus Hembra. Foto: Aurelio Serrano Ortiz.

A pesar de la obstinada negación de muchos políticos sobre los efectos del cambio climático y de los intereses de las grandes compañías contaminantes que van a lo suyo, es decir, a llenarse los bolsillos y el mañana dios dirá y que se apañen como puedan los futuros terrícolas, digo, a pesar de los pesares, hay cambios tan evidentes como el de la foto adjunta. Y no hay que irse a la Amazonía ni a los casquetes polares. Desde ahora observen su parcela, huerto, maceta o jardinera, por si ya se están produciendo mutaciones extrañas o chocantes. De entrada, desde hace unos años en el jardín no hay ni babosas ni caracoles ni tijeretas, que aparecían gozosas tras los riegos (tradicionales o por aspersión); las llamadas mariquitas desaparecieron, tan bonitas, con sus élitros rojos salpicados de puntitos negros; las abejas han emigrado a las ciudades y hasta hecho de menos la plaga de los pulgones que dejaba a la bignonia (para los de casa, la grannonia) que daba pena; y añoro también a las hormigas que los ordeñaban con mimo. Si les extraña esta última afirmación, infórmense: de toda la vida lo que hacen las hormigas es ordeñar a los pulgones que se concentran por cientos en los brotes más tiernos de las ramas, quedando estas (las ramas) con un color negro ala de mosca.

Mutaciones las hay; es cuestión de estar alerta, con los ojos muy abiertos, y hacer oídos sordos a quienes intentan acallar las voces disidentes que cada vez somos más.

Miren si no el aspecto que presenta este cactus de la foto: unas anómalas protuberancias simétricas le confieren el aspecto de una venus de Wilendorf prehistórica. El proceso casi nos ha pasado desapercibido y, de buenas a primeras, el cactus se nos ha convertido en fémina. ¡Tenemos un cactus hembra!

Última hora: La ONU acusa al régimen sirio y a los rebeldes de crímenes de guerra

El informe de una comisión independiente propiciado por la ONU ha sido presentado hoy en Ginebra. El informe no dice nada nuevo, es decir, ya sabíamos que el régimen mataba y torturaba a través de los shabiha y que naturalmente mataba y torturaba más que las tropas rebeldes con menor capacidad operativa. ¡Claro que sí! Lo que sucede en Siria es una guerra civil y que se sepa, siempre la guerra más sangrienta, más salvaje es la que se da entre hermanos. O ¿qué pensaban en la ONU?  ¿Que esto era, como decían desde el gobierno, la actuación de unos terroristas de otros países? ¿Así de sencillo, de simple, de perverso? Tampoco es nuevo que el terror infringido a la población por parte de las milicias gubernamentales estuviese planificado desde el gobierno; pues claro que no, ya se sabía. Lo más delirante, si no fuera sangriento, es que, mientras que se llega a estas conclusiones, la ONU ha permitido que se matara, asesinara, torturara, violara a tantos inocentes; en cualquier genocidio el tiempo es oro, son vidas.¡Señores de la ONU, dedíquense a otra cosa! Lo más llamativo es que llegan a la conclusión de que, aunque los dos contrincantes violan los derechos humanos, unos matan, violan y torturan más que los otros. Y es este organismo internacional el que va ha solucionar el problema, cualquier problema. ¡Señores de la ONU, dedíquense a otra cosa!

¡La quimera olímpica volvió!

La quimera olímpica. foto: Aurelio serrano Ortiz

Volvió de Londres imperturbable. A las preguntas de las gárgolas y de otras quimeras dijo: «El Támesis, como río, no esta mal; ancho, caudaloso, navegable. Lo que resulta  evidente es que es feo, a simple vista gris. ¡Y por si fuera poco no habla francés!»

Medallas no trajo ninguna porque según dijo en el aeropuerto se la «birlaron». Y «que no había presentado denuncia alguna, porque se le escapaba el «vueling» de las tres p.m.». Las gárgolas, que son la monda, jocosas e irreverentes, lenguaraces y cotillas, no han tardado en hacer leña del árbol caído. A cada risotada de las gárgolas, un chorro de agua rebotaba sobre los viandantes; y retumban hasta el campanario; y en las galerías todo es jolgorio y cuchufletas. ¡La pobre anda cariacontecida con un rictus amargo en los labios aunque, como es muy bretona y orgullosa, ha vuelto a su esquina de siempre, como si no hubiese pasado nada, como si la cosa no fuera con ella. En el fondo ya está pensando en Río de Janeiro, en las caipiriñas y en el tanga con los colores de su país.

Indignados: Alepo bajo las bombas. Y Pablo Neruda.

Foto: «Santiago» (aplicable a cualquier lugar donde ocurra lo que en el Chile de septiembre de 1972). Del libro «Neruda: entierro y testamento». Las Palmas de Gran Canarias, 1973.

Hoy terminan los Juegos Olímpicos. Durante dieciséis días los ojos de todo el mundo han estado pendientes de lo que sucedía en Londres. Daba la sensación de que nada ocurría fuera del Reino Unido. Las noticias con categoría de anécdota apenas contribuían a  despertar el interés de los ciudadanos agotados por las altas temperaturas, por el sopor de las siestas a más de cuarenta grados. En agosto las ideas se van a la playa y las lagartijas acumulan grados centígrados para el invierno.

Pero mientras el «negocio» del olimpismo generaba millones que engordaban a las grandes multinacionales, las hambrunas y los conflictos armados continuaban, porque la rapiña y el desprecio por la vida de los poderosos no baja la guardia. Lo que se juega en esos campos de batalla es la vida y el sueño de libertad de muchos; ahí no hay balones ni modernos estadios ni himnos nacionales ni lágrimas en los ojos por la emoción de las medallas ganadas para la patria.

En Alepo, mientras el mundo feliz y civilizado se ponía las medallas, se apretaban los dientes cuando las bombas caían sin descanso. En los campos de refugiados de Turquía o de Jordania los miles de refugiados sirios que han podido escapar con vida del infierno no sueñan con récords, sueñan con sobrevivir día a día. Alepo, como Damasco (nombres de ciudades legendarias asociadas a viajes de aventuras) y antes Homs, está siendo objeto de cruentos ataques por parte del régimen de ese sátrapa  que no renuncia al poder. La minoría alauí a la que pertenece Bachard al Asad y su corte de familiares y amigos no está dispuesta a perder su posición privilegiada. La mayoría suní apoya al ELS en su lucha sin cuartel por reconquistar el terreno que había perdido en los barrios más pobres de la ciudad, como el de Saladino. Posiblemente esta semana se nombre al nuevo negociador tras el fracaso del plan de paz de Kofi Annan. A pesar de esto, EEUU  podría dar un paso hacia adelante que fuese decisivo a la hora de equilibrar las fuerzas beligerantes; Hillary Clinton, de visita en Turquía, estaría a favor -contando con la Liga Árabe y con Turquía- de la exclusión aérea, que fue lo que se hizo en Libia. Por otra parte la CIA está apoyando de hecho al Ejército de Liberación…

Mientras, con esta canícula, en Alepo  la gente malvive, hay escasez de alimentos y de medicinas, los precios de los alimentos básicos, como la leche para los niños, se ha elevado de forma escandalosa. Cada día sobrevivir es un milagro: las bombas de Bachard al Asad no dejan de caer sobre Alepo.

Del gran poeta chileno Pablo Neruda, que nos conmovió con su poema «España en el corazón» (subtitulado » Himno a las glorias del pueblo en guerra») en su libro «Tercera residencia», transcribo estos versos que se pueden extrapolar a cualquier situación bélica que suponga la masacre de un pueblo:

Y una mañana todo estaba ardiendo,

Y una mañana las hogueras

salían de la tierra

devorando seres,

y desde entonces fuego,

pólvora desde entonces,

… … … … … … … … … … …

Venid a ver la sangre por las calles,

venid a ver 

la sangre por las calles,

venid a ver la sangre

por las calles!

(Editorial Losada, Buenos Aires, 1970).

Sir Arthur Conan Doyle

Foto: Aurelio Serrano Ortiz.

La participación en las campañas africanas y en la guerra de los Bóers le valió a Arthur Conan Doyle el título de Sir. Medico de profesión, que ejerció con más pena que gloria, se dedicó desde que era estudiante a escribir pequeños relatos que iba publicando en revistas y periódicos. Este escritor escocés fue enormemente prolífico, contando en su haber novelas históricas, de ciencia ficción, cuentos…, siendo mundialmente conocido por su criatura de ficción, el detective Sherlock Holmes. La tremenda popularidad que alcanzó Sherlock Holmes y su inseparable compañero el doctor Watson llegó a ensombrecer  al mismo autor que, en su momento y cansado de su notoriedad, decidió «matarlo». Peregrina idea que le trajo más de un disgusto y el enfado -iracundo a veces- de sus fieles seguidores. No le quedó más remedio que «resucitarlo». ¡Menudo parricidio! En la vida del escritor hay un antes y un después tras su experiencia bélica en África. Es a partir de ahí y de la muerte de su hijo en la primera guerra mundial cuando se demuestra claramente su interés por el espiritismo («Historia del espiritismo» y «Cuentos de la penumbra y lo invisible»). En «La guerra de los Bóers», su libro más extenso, narra su anteriormente citada experiencia africana. De sus novelas de ciencia ficción habría que destacar «El mundo perdido», «La máquina desintegradora» y la «Zona ponzoñosa». De sus novelas históricas quizás «La compañía blanca», «Rodney Stone», «Sir Nigel»… «El sabueso de los Baskerville», «El valle del terror», «Las aventuras de Sherlock Holmes», «El signo de los cuatro» y un largo etc. pertenecen al detective que nos ha hecho pasar ratos tan apasionantemente entretenidos. Los personajes construidos con gran brillantez son un ejemplo de que se puede deleitar entreteniendo sin bajar el listón literario.

De paseo por el Louvre

 

 

Toro alado visto de frente. Foto: Aurelio Serrano Ortiz

Toro alado -visto de frente- que formó parte del palacio de  Khorsabad en Irak.  Museo del Louvre.

La Gárgola vigía

Gárgola. Foto: Aurelio Serrano Ortiz.

La gárgola vigila las aguas del Sena por si ve venir a la quimera olímpica. Desde que comenzaron los juegos, desapareció del mapa; se supone que está en Londres y digo que se supone, porque no ha dado señales de vida. La prensa deportiva tampoco ha reseñado una medalla olímpica ganada por Francia en salto de trampolín por nadie parecido a una de las quimeras que habitan las galerías de las torres de Notre Dame. Hercule Poirot se ha puesto en contacto con Sherlock Holmes; de momento Scotlan Yard se mantiene al margen.

Remedio Casero (hágaselo usted mismo)

Frascos de farmacia antiguos.

Los remedios caseros, los de la abuela, las curas a base de hierbas, que la sabiduría tradicional ha conservado durante generaciones, tuvo, todos lo sabemos, un coste a veces desmedido, terminando algunas veces por la ignorancia reinante en la quema de «brujas» portadoras y guardianas de secretos inconfesables. Cuando en la Prehistoria se adoraba a la diosa blanca y el gobierno del hogar y de la sociedad dependía de las mujeres, el matriarcado funcionaba a la perfección; los hombres se dedicaban a hacer el bruto cazando, cosa que iba con su naturaleza, y todos tan a gusto desarrollando los roles que les eran propios. La cosa se torció cuando llegó el patriarcado y los varones se dedicaron a la práctica del «te quito y me pongo yo» y como temo tu poder te machaco. Después se hicieron funcionarios médicos…

Indudablemente hay enfermedades o incidentes patológicos para los cuales resulta ridículo llamar al médico, sobre todo si se tiene en cuenta que las visitas de dicho «funcionario» no suelen ser desinteresadas.

«El asma, uno de tantos azotes de la humanidad, por lo penoso de sus accesos y por el peligro de que terminen de modo fatal, vale la pena conocer algunos medios de contener aquellos. Si el enfermo conoce la proximidad del acceso podrá hacerlo menos intenso con inhalaciones de vapores de piridina poniendo cuatro o seis gotas de esta en un pañuelo y haciendo que el paciente las aspire.

«Si al mismo tiempo, con un pincel se humedecen las fosas nasales con una solución de clorhidrato de cocaína  en agua al veinte por ciento, el efeccto del párrafo que antecede será mayor.

«Remedios existen varios, siendo los más sencillos poner sinapismos en las extremidades, pediluvios de agua muy caliente, inhalaciones de vapores de alcanfor y compresión en el cuello del neumogástrico. Son también buenas las fumigaciones que se producen al quemar ciertas sustancias, con las cuales se pueden hacer cigarrillos a propósito».

¡Después dicen que el tabaco es malo!

El genio de Gaudí

Fragmento de la fachada de la casa Milà, Barcelona.

Este extraño país que habitamos, mosaico de lenguas, de culturas, cruce de caminos, a veces bárbaro, radical, insumiso, ácrata, pasota y quijotesco, ha dado de forma excepcional hombres y mujeres fuera de lo común; unos dotados de ingenio, otros de valor y unos  pocos tocados por la llama del genio que digo debe venir desde arriba,  concretamente del Olimpo de los dioses. Gaudí, orgullo de todos los que formamos esa amalgama que es España, es el genio que mejor representa el mar, el azul del Mediterráneo, la cultura clásica griega, la música de todas las orillas del Mare Nostrum. Gaudí es clásico (él dice: tot això des mosaics és grec = todo esto del mosaico es griego), es barroco ( él dice: i la casa d’estadant del carrer de Casp és ben emparentada  am el barroc català= y la casa de la calle Casp está emparentada con el barroco catalán), es mudéjar-morisco (él dice, hablando de los arcos: trobo superior el sentit mecànic des àrabs = encuentro superior el sentido mecánico de los árabes). Gaudí es todo y su originalidad está en la vuelta al origen, a la simplicidad de las primeras soluciones. Gaudí hace las cosas bien, es un perfeccionista que siempre busca, indaga hasta conseguir lo mejor; siempre busca mejorar lo inicialmente proyectado, y consigue la perfección del inconformista. Gaudí es inclasificable, porque  Gaudí es un genio y a los genios no se les cosifica. Gaudí es como Beethoven: sus sinfonías arquitecturales se basan en la repetición; igual que el músico, reitera, amplia, retoca y vuelve sobre la partitura. Los dos son únicos e irrepetibles. Preguntado por qué hacía columnas inclinadas, respondía que por la misma razón que el caminante cansado se para y se apoya en el bastón inclinado, porque si lo apoyara vertical no descansaría. ¡Maravillosas las columnas inclinadas del parque Güel! De ensueño, «la Pedrera» (casa Milà) por dentro y por fuera: subir a la azotea es ascender a otra galaxia; las chimeneas tienen un diseño futurista y visionario. Y es que además fue un visionario al mismo tiempo que un hombre de su tiempo; en el momento en que el fauvisme triunfaba, él soñaba con el color al que daba la misma importancia que los griegos. Cada una de sus obras es un todo donde se unen la música, la pintura, la escultura. De la naturaleza extrae las formas paraboidales, helicoidales, conoides, la proporción áurea. Catalán universal, Gaudí define el mar como la única cosa que sintetiza las tres dimensiones. «El mar és l’unica cosa que em sintetitza les tres dimensions-espai. A la superficie, s’hi reflecteix el cel, i a través d’ella veig el fons i el moviment.»

Definir lo que es Gaudí es vano; a Gaudí hay que sentirlo como sucede con los grandes: trasciende la piedra, lo material, es la retorta donde la alquimia se traduce en poesía mística.

Las obras más importantes de Gaudi son:  «El capricho», Comillas; Palau Güel, Barcelona; «Los Botines», León; Palau Episcopal de Astorga; Casa Calvet, Barcelona; Casa Batlló, Barcelona;  Casa Milà («La pedrera»), Barcelona; Park Güel, Barcelona; y la Sagrada Familia.

Del libro-catálogo: VV. AA. «Gaudí x Gaudí», Ed. Triangle Postals S. L., Barcelona, 2001.