Para el verano

El sombrero. Foto: Bárbara.

«El sombrero». Foto: Bárbara.

Aunque el verano aún está sin estrenar en según qué latitudes, en otras el sol se apodera hasta de los sombreros. Como muestra este, que en la pared espera cumplir su función; pero el astro sol se filtra, impaciente, insuflándole vida.

Francis Bacon: el sentido trágico

Francis Bacon: Segunda versión de "Pintura 46", 1971. Óleo sobre lienzo,198 x 147cm. Colonia. Museum Ludwig.

Francis Bacon: Segunda versión de «Pintura 46», 1971. Óleo sobre lienzo,198 x 147cm. Colonia. Museum Ludwig.

Francis Bacon (1909, Dublín-1992, Madrid) es uno de los grandes de la pintura del pasado siglo. Él se consideraba un creador de imágenes y sin ellas no se podría entender, posiblemente. el conflicto interior, el desgarro y la angustia del hombre moderno. Como nadie, explora el subconsciente y transmite a través de los múltiples iconos que le sirven de inspiración el desamparo del ser. Se sirve de los grandes maestros que admira, como Rembrandt, Picasso, Miguel Ángel, Van Gogh, Degas…  y de la fotografía, de libros de ciencia y de radiografías para, desde el caos, la superposición, la saturación, encontrar un lenguaje propio donde no se escamotea ni lo brutal ni lo descarnado; es el suyo un lenguaje tan expresivo como hermoso, en el que no sobra nada y nada se oculta. Es un arte vivo. Bacon utiliza el círculo y el cubo, formas geométricas donde es encerrado y limitado el ser consiguiendo crear una atmósfera de aislamiento desasosegante. En sus paisajes incardina a la figura de forma que esta se funda en él; es el caso de «Estudio de figura en un paisaje» de 1952, en el «Hombre arrodillado sobre la hierba» del mismo año, en «Figuras en un paisaje» de 1956-7, cuadros de una gran belleza.

Bacon consideraba su inicio pictórico desde «Tres estudios para figuras en la base de una crucifixión» de 1944, aunque llevara una década pintando. Entonces utilizaba una técnica mixta de óleo y pastel; la obra consta de tres elementos coordinados entre sí a modo de tríptico, que el pintor utilizaría posteriormente con frecuencia, como por ejemplo en el «Tríptico inspirado en la Orestiada de Esquilo» de 1981, donde ya aparecen las figuras encerradas en formas geométricas.

Los «Estudios  del retrato del papa Inocencio X de Velázquez», de 1953, y el «Estudio de Velázquez» de 1950 estremecen por su brutal expresividad.

El icono que toma prestado de Rembrantd es el buey abierto en canal que formará parte en la segunda versión de «Pintura 1946», en «Figura con trozo de carne» y en «Pintura 1946». En relación a sus retratos y autorretratos es indudable la influencia de Picasso cuya obra conoce en la galería de Paul Rosenberg en París y queda profundamente impresionado, era en el año 1927. Pero la descomposición del rostro en Bacon no se produce en planos, es una masa de carne decostruida a jirones deformes, trozos descarnados que forman el todo: impresionantes los «Tres estudios de Muriel Belcher», solo por poner un ejemplo. El universo de Francis Bacon es el del hombre del siglo XX en adelante. Creo que es innecesario enumerar los premios internacionales, los museos donde están sus obras y el reconocimiento unánime del mundo del arte. Particularmente su obra me apasiona, es la obra inimitable de un genio.

Esperando el Ave

Estación de LLeida. Foto: Bárbara.

Estación de Lleida. Foto: Bárbara.

En las estaciones ferroviarias el tiempo circula de otra manera o eso nos puede parecer. A veces el reloj es protagonista, como en «Solo ante el peligro», y cada minuto se estira como una goma; otras nos rebota en la cara y apenas tenemos conciencia de que nos trasladamos de un paisaje a otro. Hay rutas puramente turísticas e itinerantes y otras que nos dirigen hacia la gente que queremos. Esta foto responde a estas últimas, que son entrañables y nos hacen viajar con el amor en cada tramo.

Ensalada murciana

 

Ensalada murciana. Foto: Bárbara

Ensalada murciana. Foto: Bárbara

 

El levante y zona sur de España que soportan en verano temperaturas elevadas han aportado una serie de recetas-remedio para sobrellevar el rigor del termómetro. Son recetas ligeras, plenas de vitaminas, que nos reconfortan al tiempo que son una delicia al paladar. El gazpacho andaluz, el ajoblanco, el salmorejo y la ensalada murciana son algunos brillantes ejemplos.

 

ENSALADA MURCIANA

 

INGREDIENTES: Tomate natural troceado de bote, aceitunas negras, cebolla, huevo duro, atún en aceite de oliva, aceite de oliva, vinagre, orégano (optativo), sal.

La receta es tan fácil como abrir un bote de tomate, añadir el resto de ingredientes, aliñar y meter en la nevera. Lo suyo son las aceitunas negras, pero yo prefiero las partidas y aliñadas. Tomada bien fría es una delicia. Y más económica, imposible.

 

Lobo lunar

La caja registradora de los miedos reseñó el suyo. Era novilunio y lobo lunar insularizó su pánico, rodeado como estaba de ojos fluorescentes; en la noche feroz la tierra acechaba a la luna que giraba ingrávida en la bóveda celeste. Lobo lunar maldijo al planeta que en novilunio la ocultaba. Ciego, sin luz aullaba su ausencia y las presas se desternillaban en sus madrigueras.

Aurelio Serrano Ortiz: dibujante

Aurelio Serrano Ortiz: " 06-06-2013".

Aurelio Serrano Ortiz: » 06-06-2013″.

De la serie «Endogénesis. Après le dernier Matisse». Lápiz sobre papel.

Negativo del mismo dibujo.

Negativo del mismo dibujo.

Muchos de los dibujos de esta serie me llevan a «La danza» de Matisse por el movimiento y a los «recortables» de su última época en la que, imposibilitado, crea no obstante una  fértil iconografía que se plasma en unos tapices prodigiosos.

Rafael de Urbino: El «efecto Rafael»

Rafael: retrato de "Baldassare Castiglione". Museo del Louvre. París.

Rafael: retrato de «Baldassare Castiglione». Museo del Louvre. París.

La obra del divino Rafael ha sufrido los peores males: incendios, naufragios, guerras, el saqueo de Roma de 1527… un sin fin de calamidades y, por si ello no fuera poco, ha sido mal comprendido e incluso calumniado. Su gloria no ha sido estable. Vasari, su biógrafo, no entendió su facilidad de ejecución; en el siglo XVII Bernini desaconsejaba imitar la simplicidad de Rafael; en el siglo XVIII Boucher consideraba que Rafael era un pintor triste. Pero al final del siglo, Goethe y más tarde Shelley lo descubren en Italia. «Las obras de Rafael tienen una gran importancia para el desarrollo del espíritu humano… su estudio ha sido una de las más bellas alegrías de mi larga vida», dice Goethe. Si la vida de Miguel Ángel está profusamente documentada, no es el caso de Rafael; ni Vasari en su biografía es capaz de expurgar entre los innumerables errores que la pueblan. Es en el transcurso del siglo XX cuando los críticos de arte han rehabilitado su obra, entre las falsas atribuciones que aún pululan por los museos más famosos. Renoir nos deja un testimonio de admiración: » Fui -le dice a Vollard, hablándole de «La virgen sentada»- a ese cuadro para divertirme y me encontré con la pintura más libre, la más sólida, la más maravillosamente simple y viva que sea posible imaginar, brazos, piernas con la carne verdadera y qué impactante expresión maternal».

La vivacidad, la sensación de que el «cuadro habla» en muchos de los retratos de Rafael se debe al hecho singular de que el pintor hacía coincidir justo en la mitad de la obra el lagrimal de uno de los dos ojos del retratado. Si trazan una línea vertical en la mitad del cuadro verán que coincide. Es el llamado «efecto rafael».  Observen con atención el retrato del Cardenal Bibbiena, el de Bindo Altovici, el de Baldassare Castiglione, el de la «Donna velata» o el de la Fornarina entre otros. Que un retratista conozca ese efecto es verdaderamente interesante, lo he comprobado… luego, hay que saber pintar como él sabía hacerlo. Ni más ni menos.

«Raphaël» Librairie Laousse, París 1962.

Detrás de la Estirga

Notre-Dame. Foto: Bárbara

Notre-Dame. Foto: Bárbara

Las notas del órgano de Notre Dame se esparcen desde arriba hacia el rosetón lateral que da al Sena; la luz que filtra es un arcoiris que inunda la nave para asombro de las piedras. Las notas salen al exterior y la luz se filtra hacia el corazón de la nave de Isis. La Estirga sonríe dominando los cuatro puntos cardinales. Detrás de la Estirga, el Sena discurre plácido, sereno de verde alga.

Calas

Bárbara Carpi: "Calas". Óleo sobre lienzo,

Bárbara Carpi: «Calas». Óleo sobre lienzo,

Las calas se encierran en sí mismas, se enrocan por así decir. Su piel es fuerte, a prueba de vientos inclementes. Y ese único diente largo como un colmillo le parte la cara en dos. Se ríe de forma jocosa para espantar el flujo de los días y palidecen de noche ante la imagen de lobo lunar.

Fernande Olivier: «Picasso y sus amigos»

Picasso: "Desnudo de Fernande Olivier con las manos enlazadas". !905, Toronto, colección Zacks.

Picasso: «Desnudo de Fernande Olivier con las manos enlazadas». 1905, Toronto, colección Zacks.

De todas las mujeres que tuvo Picasso, su primer amor parisino, Fernande Olivier, quizás fue la única que nunca renegó de su relación con él. Hasta el final de su larga vida, Fernande siempre insistió en que los mejores años fueron los que pasó con Picasso. Fueron los años de Montmartre, de la bohemia, de la miseria, de las dificultades, pero sobre todo los de la juventud. Fernande escribió un libro delicioso de aquellos años con un estilo fresco y directo, con la sinceridad de quien lo ha vivido en primera persona. Leí el libro «Picasso y sus amigos» con un especial interés y lo disfruté enormemente; una amiga me lo había prestado; después, desde hace tiempo lo he buscado inútilmente; era una edición francesa cuyo nombre lamentablemente no recuerdo, pero lo recomiendo sinceramente aunque no pueda aportar ningún dato al respecto.

Picasso llega a París por primera vez en octubre de 1900, acompañado de Casagemas y Pallarés y fue huésped de Nonell en su estudio de la rue Gabrielle. A los pocos días conoce a Pedro Manach, un compatriota marchante que apuesta por el joven pintor de diecinueve años, quien le asigna un sueldo (15o francos) que le permite encarar bien los primeros tiempos. Gracias a él, en junio de 1901 expone en la Galería de Vollard (el gran coleccionista y marchante). En octubre llega  Sabartés, que será su amigo y secretario hasta el final. Al principio Picasso conoce la vida alrededor de la zona de Clichy, más acomodada que la parte obrera y canalla de la «butte». Picasso había iniciado en Barcelona su época azul. Hasta 1904 el pintor va y viene desde la ciudad condal y no es hasta abril de ese año cuando decide instalarse definitivamente en París. La relación con Manach se había roto y las dificultades económicas habían sido acuciantes ya en Barcelona. Es entonces cuando vive plenamente el ambiente de Montmartre. Al mismo tiempo que él, en el Bateau-Lavoir vivían el escultor Paco Durio, van Dongen, André Salmon y Max Jacob entre otros; fue este último el que bautizo el barracón, que se convirtió en un centro muy vivo de arte y artistas, situado en la rue de Ravignan (hoy plaza de Emile Goudeau). En medio de la plaza hay una pequeña fuente donde los vecinos iban a por agua; allí Picasso conoció a Fernande, que también vivía en el Bateau-Lavoir, igualmente  llamada «La casa del trampero». Picasso permaneció allí hasta octubre de 1909.

Son los años de la «cuadrilla» de Picasso, a la que se habían sumado Apollinaire, Joaquín Sunyer, Canals..., de las noches en «Le lapin agile» o en el «Moulin de la Galette», donde la juerga, la risa, los traspiés y el vino que llenaba muchas veces la tripa vacía, hacía de sus noches la expresión del compañerismo y del intercambio fructífero entre pintores y poetas. Sentados en el suelo del estudio de Picasso, los pintores catalanes compartían las viandas cuando las había, el hambre casi siempre, Apollinaire recitaba a Verlaine y Fernande se las componía como podía para estirar la escasez.  El Montmartre de arriba no tenia nada que ver con el de abajo. Como el barrio tenía mala fama Picasso llevaba una pistola que disparaba de madrugada acompañando las risotadas y el jolgorio.

En su libro «El siglo de Picasso», Fernande Olivier dice, según Pierre Cabanne: «Yo era, según decían, la salud, la juventud en todo su esplendor: alta, llena de vida y de todas las apetencias de felicidad, confiada, viviendo de ilusiones… ¡El contraste perfecto con él! Dicen que los polos opuestos se atraen, pues hay que creer que así es…«

Pasados los años, Picasso volvió varias veces a su barrio, al Montmartre de arriba, a la plaza, a las fachadas desconchadas, a las tabernuchas de mala muerte, para ver la miseria, a las busconas… recordando ese tiempo en que los poetas y los pintores se influían recíprocamente.