
Gorky: «Los esponsales II», óleo sobre lienzo, 1947.
De Arshile Gorky, el pintor armenio afincado en Estados Unidos, se puede decir que vivió su corta pero fecunda vida entre dos mundos o, como dice John Golding, «suspendido entre dos continentes». Gorky nació el 15 de abril de 1904 en la Armenia turca, a orillas del lago Van, y se suicidó el 21 de julio de 1948 en Connecticut. La línea, de capital importancia en su obra de madurez, que unía unas figuras con otras, esa forma de caligrafía, puede ser una metáfora, una especie de cordón umbilical que uniera esos dos mundos. Me gusta pensarlo así. El legado de la cultura armenia, los paisajes, su infancia bucólica y las terribles experiencias de los saqueos turcos, la muerte por inanición de su madre, el exilio le hicieron experimentar en un corto periodo de tiempo lo que muchos no lograrían imaginar en varias vidas. Sin embargo, de alguna manera se sabía consciente de que su vida tenía un significado; en el lenguaje del arte, él era un escritor que, desde la actualidad, sumaba los valores del arte armenio a dicho lenguaje universal. Sin tener una formación académica concreta, se dedicó al estudio de los grandes maestros occidentales: Rafael, Uccello, Ingres, Cézanne, Miró, Braque y Picasso. Pasó por las distintas fases de conocimiento atravesando con la precisión de un bisturí por la espacialidad de los elementos de la composición de Cézanne, los métodos del surrealismo, «el efecto Rafael» de sus retratos, el mundo picassiano, el cubismo como el movimiento más importante del siglo XX etc., etc., etc. Tuvo estrechas relaciones con los pintores europeos que emigraron a América durante la segunda guerra mundial; con el surrealista Matta especialmente; Breton lo puso bajo su protección, aunque Gorky terminara abandonando el movimiento.
Gorky pasaba al lienzo la obra previamente muy trabajada sobre el papel. Matta, su amigo surrealista, le instó a que aligerara su pintura y fue dejando atrás las superficies más matéricas de los años treinta para conseguir «velos de color» mezclando su pintura con mucha trementina. En ocasiones mojaba el lienzo, aplicaba la pintura y lo volvía a mojar de manera que las formas resultaban evanescente, finalmente la línea definía los volúmenes. La luminosidad de sus efectos y esa línea que «cuenta una historia» dotan a sus obras de una ligereza lírica excepcional. El pintor recreaba su pasado armenio en los paisajes que pintara en Virginia al aire libre.
Sus obras de sus primeros años, deudoras de Cézanne, Picasso, Braque y Miró, son de una belleza incuestionable, como «El artista y su madre» de 1926-36 , «Abstracción con paleta» de 1930, «Nocturno, Enigma y Nostalgia» de 1933-34 … Con «El jardín de Sochi» (todavía deudor de Miró), maravilloso, de 1941, inaugura una nueva etapa. Los cuadros de los años cuarenta, personalísimos, le otorgan con justo merecimiento el titulo de Maestro del siglo XX.
Según Robert Storr, Gorky ha sido definido como el último gran surrealista del primer Expresionismo Abstracto… pero se ha convertido en el pintor arquetípico por excelencia. Para mí Gorky es pura poesía, sin más.
Los últimos años de su vida fueron también trágicos; un incendio en su estudio de Connectituc destruyó importantes obras de su periodo de madurez; se le detectó un cáncer y, como consecuencia de un accidente de automóvil, se le paralizó el brazo y la mano con los que pintaba. Sintiendo su incapacidad creativa que volcó en una serie de trabajos, finalmente se suicidó.