
Cézanne: «Naturaleza muerte con cesta», 1888-90. Museo D’Orsay.
La vida de Cézanne, repartida fundamentalmente entre Aix en Provence y París, nos puede a simple vista parecer insulsa comparada con la de Gauguin o de van Gogh o con la idea que tenemos del pintor un tanto atormentado y salvaje. Su infancia y adolescencia en Aix, una ciudad provinciana en 1839, estará ligada a su obra hasta su muerte en 1906. El pintor nunca se llegó a encontrarse cómodo en los círculos artísticos de París. En Aix inicia sus estudios de pintura y allí los continúa en la academia Suisse y se aplica en la copia de los grandes maestros del Louvre. Fue tertuliano del Café Guerbois al que asistían Manet, Pissarro, Renoir, Bazille… Su trayectoria en París no es fácil y su obra fue rechazada una y otra ven en El Salón de Otoño. El 1865 Manet había presentado en el Salón su Olimpia con un gran escándalo, Cezánne admiraba profundamente su obra y se nota su influencia en muchas de sus obras de ese periodo. En 1869 conoce a la que será su mujer, Hortense Fiquet, y madre de su único hijo Paul. Se refugia en L’Estaque, en la bahía de Marsella, durante el periodo que desemboca en la instauración de la III República. En esta estancia se percibe el comienzo de una nueva etapa: deja atrás el estilo romántico dando paso a la pintura de la reflexión. En Pantoise comienza a pintar muy unido a Pissarro al que considera su maestro. Vive con su familia una temporada en Auvers-sur-Oise en casa del doctor Gachet, quien más tarde acogerá a otro genio, Van Gogh; su paleta se aclara en los paisajes que pinta allí al aire libre. En París fracasa en las exposiciones en las que participa con los impresionistas, abandonando los círculos artísticos y manteniendo su amistad con Pissarro y con Zola. su amigo desde la infancia, a los que visita en Pantoise y en Médan. Continua pintando en L’Estaque. La ruptura con su entrañable amigo Zola se produce como consecuencia de la publicación de este de «L’Oeuvre», una novela en la que Cézanne es el protagonista solapado en un pintor fracasado; Zola es ya un novelista afamado y curiosamente, a partir de ahí comienza el reconocimiento del pintor por los grandes del impresionismo y por parte de pintores más jóvenes, como Matisse. El pintor nunca perdonó a Zola. Cézanne ya es admitido en el Salón y la aparición de Vollard, el famoso galerista y marchante, admirador de su obra, lanza esta hacia lo más alto.
El pintor desde que dejara los postulados impresionista, aunque siguiera toda su vida pintando la naturaleza, en la Provenza, va realizando un proceso lento de introspección, más propio de la labor de un arquitecto. Él aspira a realizar una obra digna de los museos; no es un vanguardista ni pretende una ruptura con la tradición si no dar un paso hacia adelante y lo consigue buscando la esencia de las cosas, no la superficie de ellas, Para Cézanne la pintura era «un modo insustituible en la investigación de las estructuras profundas del ser, una búsqueda ontológica, una especie de filosofía». Hoy es un maestro imprescindible para entender la pintura posterior, por ejemplo, en su serie de las bañistas la esquematización de los cuerpos, la inexistencia de perspectiva, ni de leyes anatómicas y los rostros que miran directamente al espectador son como máscaras… Matisse y Picasso, evidentemente le deben mucho; en cuanto a la deuda de los cubistas daría para mínimo para otro post. Vivió en soledad sus últimos años; en la actualidad en Les Lauves está su casa museo donde se guardan bocetos, dibujos y elementos que formaron parte de sus naturalezas muertas.