Tagliatelle de espinacas con jamón ibérico

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

Este es un plato potente, nada ligt, pero para los amantes de la pasta como yo, resulta ideal como plato único para un día de relaxing (¡Ay, Annie Bottel, cómo nos facilitas hasta las recetas!), por ejemplo para un finde. Chorradas aparte, es fácil, se tarda poco en prepararlo y está, como diría Arguiñano, rico, rico. Indispensable, según mi criterio, un buen vino tinto.

 

Ingredientes: Setas de cardo o cualquier otro tipo de seta, jamón ibérico, nata, dos dientes de ajos, hierbabuena, pimienta, aceite de oliva, tagliatelle de espinacas y queso parmesano.

Hervimos la pasta en abundante agua con sal el tiempo indicado en el paquete por el fabricante o bien a gusto de cada cual, más hecha o al dente. En una sartén sofreímos los dientes de ajo fileteados y las setas cortadas en juliana. Escurrimos la pasta y mezclamos con las setas; en ese momento añadimos el jamón troceado, porque no conviene que se haga mucho, solo unas vueltas, Rehogado esto, agregamos nata, pimienta y hierbabuena. Rallamos justo al final el queso parmesano. ¡Y buen provecho!

Víctor Jara, in memoriam

Víctor Jara murió asesinado hace 40 años tras el golpe de estado que derrocó a Allende. Los fascistas se ensañaron con el que había sido la voz del pueblo chileno. El que fuera cantautor con el grupo Quilapayún, director teatral, compositor, activista político y un largo etc. nos dejó un legado de bellas canciones junto a la honestidad y sinceridad del campesino; él era un hombre del campo y Chile su territorio vital. Víctor Jara tenía 40 años. in memoriam.

Dalí en Port-Lligat

Dalí le debe al Ampurdán la visión temprana de la belleza de una tierra brava, de un cielo y una costa que siempre vuelca en sus lienzos. Los colores del Ampurdán  son los colores de Dalí, para ello basta con contemplar un amanecer en cualquier cala de Cadaqués, en Port-Lligat… eso es, aparte de un acto de amor, un fenómeno natural y similar en otros artistas; en los pueblos costeros de Holanda está, uno reconoce, la atmósfera de Rembrandt; en los cuadros de Miguel Barceló encontramos el mundo marino de Mallorca; en el  Picasso de la época azul se reconocen los rasgos celtas de las mujeres gallegas…

Pero además Dalí ejerció de cónsul o embajador de su tierra, anfitrión de todas las personalidades que acudían a su reclamo desde poetas, hasta pintores, aristócratas… Y existen documentos gráficos que detuvieron esos instantes, con García Lorca, Paul Eluard… : como testimonio estas dos fotos no muy conocidas y cuya fecha desconozco con exactitud pero que debía ser de alrededor de los años 60. ¡ Y qué bien se lo pasó!

La luz al fondo

"La luz al fondo". Foto: Bárbara.

«La luz al fondo». Cehegín. Foto: Bárbara.

Vivimos momentos de incertidumbre en un mundo convulso, donde lo que sucede a miles de kilómetros nos afecta de forma inmediata; estamos conectados a todas las realidades para bien o para mal. Hay días en los que el mundo nos duele, como decía Mafalda, y hay que ponerle tiritas al globo terráqueo; otros vemos la luz al fondo del túnel. Seamos hoy optimistas.

Un rincón callado

"Un rincón callado". Foto: Bárbara.

«Un rincón callado», Caravaca.. Foto: Bárbara.

Un rincón callado, silencioso en un día de domingo cuando buscamos la paz de los pueblos. No obstante somos tantos los que huimos de la ciudad que cada vez resulta más complicado buscar un encuadre en el que el lugar salga intacto, sin coches, sin gente, solamente callado.

Paul Cézanne: la pintura pensada

Cézanne: "Nayuraleza muerte con cesta", 1888-90. Museo D'Orsay.

Cézanne: «Naturaleza muerte con cesta», 1888-90. Museo D’Orsay.

La vida de Cézanne, repartida fundamentalmente entre Aix en Provence y París, nos puede a simple vista parecer insulsa comparada con la de Gauguin o de van Gogh o con la idea que tenemos del pintor un tanto atormentado y salvaje. Su infancia y adolescencia en Aix, una ciudad provinciana en 1839, estará ligada a su obra hasta su muerte en 1906. El pintor nunca se llegó a encontrarse cómodo en los círculos artísticos de París. En Aix inicia sus estudios de pintura y allí los continúa en la academia Suisse y se aplica en la copia de los grandes maestros del Louvre.  Fue tertuliano del Café Guerbois al que asistían Manet, Pissarro, Renoir, Bazille… Su trayectoria en París no es fácil y su obra fue rechazada una y otra ven en El Salón de Otoño. El 1865 Manet había presentado en el Salón su Olimpia con un gran escándalo, Cezánne admiraba profundamente su obra y se nota su influencia en muchas de sus obras de ese periodo. En 1869 conoce a la que será su mujer, Hortense Fiquet, y madre de su único hijo Paul. Se refugia en L’Estaque, en la bahía de Marsella, durante el periodo que desemboca en la instauración de la III República. En esta estancia se percibe el comienzo de una nueva etapa: deja atrás el estilo romántico dando paso a la pintura de la reflexión. En Pantoise comienza a pintar muy unido a Pissarro al que considera su maestro. Vive con su familia una temporada en Auvers-sur-Oise en casa del doctor Gachet, quien más tarde acogerá a otro genio, Van Gogh; su paleta se aclara en los paisajes que pinta allí al aire libre. En París fracasa en las exposiciones en las que participa con los impresionistas, abandonando los círculos artísticos y manteniendo su amistad con Pissarro y con Zola. su amigo desde la infancia, a los que visita en Pantoise y en Médan. Continua pintando en L’Estaque. La ruptura con su entrañable amigo Zola se produce como consecuencia de la publicación de este de «L’Oeuvre», una novela en la que Cézanne es el protagonista solapado en un pintor fracasado; Zola es ya un novelista afamado y curiosamente, a partir de ahí comienza el reconocimiento del pintor por los grandes del impresionismo y por parte de pintores más jóvenes, como Matisse. El pintor nunca perdonó a Zola. Cézanne ya es admitido en el Salón y la aparición de Vollard, el famoso galerista y marchante, admirador de su obra, lanza esta hacia lo más alto.

El pintor desde que dejara los postulados impresionista, aunque siguiera toda su vida pintando la naturaleza,  en la Provenza, va realizando un proceso lento de introspección, más propio de la labor de un arquitecto. Él aspira a realizar una obra digna de los museos; no es un vanguardista ni pretende una ruptura con la tradición si no dar un paso hacia adelante y lo consigue buscando la esencia de las cosas, no la superficie de ellas, Para Cézanne la pintura era «un modo insustituible en la investigación de las estructuras profundas del ser, una búsqueda ontológica, una especie de filosofía». Hoy es un maestro imprescindible para entender la pintura posterior, por ejemplo, en su serie de las bañistas la esquematización de los cuerpos, la inexistencia de perspectiva, ni  de leyes anatómicas y los rostros que miran directamente al espectador son como máscaras…  Matisse y Picasso, evidentemente le deben mucho; en cuanto a la deuda de los cubistas daría para mínimo para otro post. Vivió en soledad sus últimos años; en la actualidad en Les Lauves está su casa museo donde se guardan bocetos, dibujos y elementos que formaron parte de sus naturalezas muertas.

Los guanches (I)

cerámica guanche

cerámica guanche

DEDICADO A CANDIDE 57 Y A GILDERIC, QUE SÉ QUE AMAN LAS ISLAS CANARIAS.

Viví en la isla de Tenerife algo más de tres años, cuando era adolescente y, como tal, descentrada y algo tonta;  allí pase la fiebre del «existencialismo», devoraba los libros de Camus, Sartre y soñaba con París; en eso fui precoz. Soñaba con les caves del Barrio latino y de Saint Germaine; Juliette Greco me inspiraba y Françoise Hardy, también. A pesar de  esa necedad juvenil, recorrí la isla, la viví y descubrí su enorme belleza.

Desde hace 2500 años los guanches habitaron las Islas Canarias. El desconocimiento de su origen hace que las fábulas y los mitos hayan crecido alrededor de los antepasados de los actuales habitantes del archipiélago canario. Los griegos situaban en las islas Los Campos Elíseos y los romanos las bautizaron con el nombre de Afortunadas; Plutarco describe maravillas de las islas; Plinio, en su «Historia natural», las llamó «aquellas apasionantes islas». Aristóteles también habló de ellas y se dice que fueron los fenicios y los cartagineses, en sus rutas comerciales, los primeros en descubrirlas. Las manzanas de oro del jardín de las Hespérides, del hipotético jardín, se hallaban allí. En fin, un buen número de cosas se han escrito sobre las islas y sus habitantes, como que los guanches podrían ser los supervivientes de la Atlántida o que son de origen mauritano. La opinión más generalizada es que su origen es norteafricano y bereber.  La lengua que hablaban tenía vocablos bereberes y de los tuaregs; vivían en el Neolítico cuando llegaron los españoles en el siglo XV y, tras casi 100 años de batallas, fueron doblegados sus reyes o menceys.  Los habitantes de las costas se refugiaron en el interior de las montañas y los barrancos. Este enigmático pueblo se alimentaba de carne, derivados lácteos, moluscos marinos y del gofio, una especie de harina  que obtenían moliendo el maíz. No conocían el horno y su cerámica de barro cocido al sol la hacían a mano, porque desconocían el torno. Sus armas eran la piedra y el palo, ya que desconocían los metales; sin embargo, momificaban a sus muertos y conocían la trepanación; existía el oficio de momificador. Las mujeres acompañaban a los guerreros en las batallas y se encargaban de retirar los cadáveres y de trasladarlos a las cuevas sepulcrales. Vivían en cuevas y se vestían con pieles de cabra o simplemente desnudos; eran blancos, con una estatura media de 1,71 los hombres y las mujeres, 1,57cm. Adoraban al Sol y tenían conocimientos medicinales. Un pueblo enigmático.

Cita de Miquel Barceló

Miquel Barceló dijo: «A los 25 años es difícil que pintes obras maestras. Velázquez, a los 25 pintaba cuadros interesantes, y era evidente que era un superdotado, pero sus grandes obras son las de la madurez. Pintar es cosa de viejos.