Dalí en Port-Lligat

Dalí le debe al Ampurdán la visión temprana de la belleza de una tierra brava, de un cielo y una costa que siempre vuelca en sus lienzos. Los colores del Ampurdán  son los colores de Dalí, para ello basta con contemplar un amanecer en cualquier cala de Cadaqués, en Port-Lligat… eso es, aparte de un acto de amor, un fenómeno natural y similar en otros artistas; en los pueblos costeros de Holanda está, uno reconoce, la atmósfera de Rembrandt; en los cuadros de Miguel Barceló encontramos el mundo marino de Mallorca; en el  Picasso de la época azul se reconocen los rasgos celtas de las mujeres gallegas…

Pero además Dalí ejerció de cónsul o embajador de su tierra, anfitrión de todas las personalidades que acudían a su reclamo desde poetas, hasta pintores, aristócratas… Y existen documentos gráficos que detuvieron esos instantes, con García Lorca, Paul Eluard… : como testimonio estas dos fotos no muy conocidas y cuya fecha desconozco con exactitud pero que debía ser de alrededor de los años 60. ¡ Y qué bien se lo pasó!

10 pensamientos en “Dalí en Port-Lligat

  1. Je comprends intimement cet attachement du peintre à la terre qui l’inspire. Il me semble que l’imagination et la créativité prennent toujours racine dans un paysage qui a autrefois fasciné l’artiste…
    Merci, Barbara, pour cet article qui invite aussi à réfléchir sur le mystère de la création 🙂

    • Pienso que cuando el artista niño abre los ojos al mundo, su mundo, el que le rodea será para siempre parte esencial de él; creo que es inevitable y fecundo ya que su creatiividad potenciará cada elemento de ese paisaje volviéndolo universal para los demás.
      Usted, Odile, como creadora y artista lo sabe muy bien…
      Muchas gracias por su sensible comentario.

  2. Cuando hacía el servicio militar (cuya primera parte hice en San Clemente de Sasebas a 12 km. de Figueras), en uno de los permisos (de hecho sólo tuvimos uno, después de jurar bandera), fui una noche a Cadaqués. Realmente, es un pueblo mágico con el susurro de las olas, las paredes blancas, los barcos de pesca con sus luces en el horizonte. Incluso había un grupo de hippies sentados en la arena de la playa cantando “Venus” de los Shocking Blue (?)

    • ¡Cuánta razón tienes! Cadaqués es una preciosidad, un lugar mágico, con una fuerza telúrica que se percibe en muchas cosas; lo único que recuerdo con miedo es la carretera llena de curvas y más curvas. En la novela sale Calella y toda esa zona que me encanta…
      Has hecho una descripción muy bonita.

      • Otro recuerdo (menos placentero) de esa noche fue ser llevado en un viejo coche (creo que era un Renault 4 o 5) en la parte de atrás que tenía completamente suelto el asiento. El conductor iba todo el rato a más de 100 ¿Te imaginas lo que era verse proyectado a cada curva de un lado a otro unido al temor de que nos despeñásemos por el acantilado?

  3. Para Joaquín
    ¡No me lo quiero ni imaginar!!! Ya lo pasé fatal en condiciones normales así que… Si no fuera por la carretera me hubiera gustado volver; recuerdo que me bañé al amanecer en una calita solitaria y allí fue donde me di cuenta que estaba rodeada por los colores dalinianos, fue mágico, uno de esos momentos inolvidables.

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