Camille Pissarro fue uno de los artistas impresionistas mejor dotados. Nacido en las Pequeñas Antillas en el seno de una familia de origen portugués, estudió en Francia y, en vista de su decidida vocación artística, su padre le envió a París, donde Corot le aconsejó sobre la pintura paisajística por la que se sentía atraído. En la Academie Suïsse conoció a Monet y a sus amigos. Residió en Pontoise antes y después de la Gran Guerra y con Monet y Renoir salía a pintar los paisajes de Bougival. En su quehacer pictórico fue un espíritu inquieto que adoptó el impresionismo buscando «la vibración de la luz», aunque investigó el divisionismo y el puntillismo para definitivamente seguir por el camino iniciado, donde la luz es sujeto fundamental. Expuso con los impresionistas, pero fue la que realizó en la Galería Dural-Ruel en 1892 la que lo consagró.
Al año siguiente comenzó a pintar desde un balcón de un piso en alto, iniciando sus series de vistas «plongeantes» (desde arriba) de París. De esta manera, Pissarro aporta unas perspectivas nuevas de los bulevares, de los quais, del Sena, de gentes paseando, con los coches y ómnibus; visiones nocturnas con farolas de gas iluminando un rincón … Su aportación al paisaje urbano es evidente, esa visión de picado casi fotográfica es muy novedosa; aunque también los compaginó con los paisajes rurales, huertos y frutales en flor hasta su muerte en 1903.
Camille Pissarro, «Le Pont Royal et Le Louvre». Óleo sobre tela. Su obra se puede contemplar en el Musée d’Orsay.









