Juan Gris: el mejor cubismo

Juan Gris: "La maceta de geranios". 1915.

Juan Gris: «La maceta de geranios». 1915.

 

De los tres grandes artistas que crearon, trabajaron y desarrollaron el cubismo, Braque, Picasso y Juan Gris, sin duda este último es el que aborda el color de una forma más vital, dedicándole una importancia central; él es el más colorista, el más hedonista. Esta obra, me atrevería a decir alegre, incluso frivolizando «veraniega», conjuga los colores pastel con esa originalísima disposición de las hojas del geranio en dos planos inclinados con las hojas dispuestas como en un puzle y sus negativos solamente dibujados sus contornos sobre un fondo de lunares. La eficacia de la línea delgada y el contorno de la mesa fuertemente perfilada en el margen izquierdo en negro marca un volumen sólido que se consolida  en el extremo triangular de la misma levantándola. Genial composición donde no se soslaya ninguna de las partes del todo; feliz análisis y desarrollo magistral.

Pintura románica: San Clemente de Tahull

San Clemente de Tahull

San Clemente de Tahull

 

En el ábside de la iglesia pirenaica de Tahull figura este bellísimo ejemplo característico de la pintura mural. El famoso Pantocrátor, Dios creador, preside el conjunto, universalmente conocido y admirado. La iglesia de San Clemente de Tahull está situada en el valle de Bohí (Lleida); las pinturas originales se encuentran desde 1913 en el Museo Nacional  de Arte de Cataluña, en Barcelona.  La fecha de su realización, por parte de un artista anónimo, se sitúa alrededor de 1123. Esta pintura realizada al fresco sobre el muro representa un pasaje del Apocalipsis de San Juan, Cristo entronizado, Cristo en Majestad bendiciendo al mundo, pero también Cristo juzgando las obras de los hombres y, como reza la frase en latín, Él como principio y fin de todas las cosas. En la misma franja rodean al Pantocrátor cuatro ángeles que llevan los símbolos de los cuatro evangelios. La obra está realizada sobre una bóveda de cuatro metros de diámetro de cuarto de esfera.

Me he preguntado muchas veces el porqué de la atracción que sentimos los seres humanos del segundo milenio por el arte románico; mil años nos separan y sin embargo el románico, sobre todo la pintura, nos parece moderna, actual, como realizada hoy. Será la incertidumbre del cambio de milenio, la atracción del hombre por las grandes ciudades, el abandono del campo por el siervo, igual que ahora, el fin del feudalismo, el nuevo orden que llena de angustia, lo apocalíptico… La simbología del arte románico es el reflejo de un arte aterrorizado, con visiones terroríficas, el oscuro terror milenario. Los fantásticos dragones de Tahull alimentaron quizás la fauna de Chagall… la emancipación del hombre moderno de la realidad objetiva en busca de lo espiritual en el arte, de la pureza, de la abstracción… Kandinski, Picasso… El románico que desarrolla los códices, el románico que nos emociona alrededor de ese cordón umbilical que es el arte a través de los tiempos.

Berenjenas rellenas con sardinas salmuerizadas

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

Los productos de la huerta están en su mejor momento; aprovechemos sus beneficios culinarios y dietéticos.  La berenjena, ese manjar primordial en la cocina de todo el arco mediterráneo, ha inspirado tantos platos como la imaginación es capaz de producir: en tortilla, rebozadas, asadas, rellenas, en revueltos, en ensaladas… de modo que se ha visto que casan bien con carnes, huevos, pescados, mariscos, pastas; solo basta pensar en una deliciosa mousaka,  en una fresquita escalivada o en una fantástica lasaña para darse cuenta de su versatilidad. En este caso, y para el fin de semana, hacer una buena cantidad de ellas rellenas nos puede resolver un entrante, un primero o incluso un plato único acompañada de una ensalada veraniega que nos recarguen de vitaminas. Las sardinas en salmuera siguen el mismo proceso que las anchoas y resultan deliciosas con un punto de sabor más fuerte que estas; en los supermercados es fácil encontrarlas.

Ingredientes: Berenjenas de tamaño mediano, puerro, cebolleta, perejil, pan rallado, 1 diente de ajo, queso rallado (cualquier tipo va bien, pero a mi me gusta el parmesano), aceite de oliva y filetes de sardinas en salmuera.

Partimos las berenjenas por la mitad, les hacemos unos cortes en la pulpa y las ponemos boca abajo en un recipiente con agua y sal abundante para que suelte el amargor. Pasado un tiempo, las vaciamos con un sacabolas; reservamos la pulpa. Metemos las mitades en una bandeja al horno a 200 grados hasta que estén hechas. Mientras picamos el ajo  y el perejil; troceamos muy fino el puerro y la cebolleta y la pulpa de las berenjenas. En una sartén con un poquito de aceite de oliva salteamos el puerro bien picado y la cebolleta; cuando comiencen a tomar color, añadimos la carne de las berenjenas también picadita. Rehogamos todo. Rellenamos las berenjenas con esto y por encima cubrimos con la mezcla de pan rallado, ajo y perejil, por encima unos filetes de sardina con un poco de su aceite y por último queso rallado. Metemos al horno solo para gratinar el queso. Si caliente están muy buenas, frías me entusiasman, de modo que siempre hago bastantes para que queden para la cena. ¡Este es uno de los muchos placeres que nos depara el verano!

Un lápiz nuevo

 

 

 

La imagen de la chica  sesentera con las puntas de la melena hacia arriba, ligero cardado y aires mundanos con esa boquilla kilométrica de femme fatale, nos recuerda que ya existía «Desayuno con diamantes» en aquellos años de una España aún casposa que se reinventaba hacia la modernidad. La chica «Yeyé» estaba de moda y el turismo nos invadía en oleadas veraniegas con chicas en bikini, que sorprendía a los catetos de los pueblos costeros. El «landismo» se tuvo que inventar; esta vez la economía iba de la mano de un cambio radical en los usos y costumbres de la población. Y la modernidad de entonces quedó fijada en la publicidad a través de anuncios como este, en el que lo de menos es que lápiz llevara acento o no, lo increíble es que condensa una época, con tan pocos elementos y con una eficacia indudable- «Sensación rosa», reza el anuncio, el color del verano;  entonces hasta la pantera era rosa… y Mancini le ponía música.

El sol de julio

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

 

El sol ya lo tenemos y muchos preparan sus vacaciones; listas las maletas con los bañadores, las toallas de baño, los protectores solares… Por su parte, los limoneros ofrecen sus frutos dorados para refrescar los gin tonics, las sangrías, los mojitos a falta de limas …, para sazonar los calamares a la romana, las gambas a la plancha, las paellas… ¡El sol ya lo tenemos y los limones también! A todos los que se van de vacaciones que se lo pasen muy bien.

El beso

 

 

El  tierno beso de Picasso a su mujer, Jaqueline Roque. Otra de las fotos que D. Douglas Duncan hiciera a la pareja en escenas domésticas y cotidianas.

 

Bárbara Carpi: «Dona»

Bárbara Carpi: "Dona". Técnica mixta sobre lino. 1984. Foto: Bárbara.

Bárbara Carpi: «Dona». Técnica mixta sobre lino. 146 x 114. 1984. Foto: Bárbara.

 

Formó parte de la exposición «Tendencias» y fue mi homenaje  personal y muy especial a la cultura catalana por la que siento una gran admiración y respeto.

Ensalada de judías blancas con brandada de bacalao

Foto: Bárbara.

Foto: Bárbara.

Ensaladas frescas de vegetales, de pasta o de legumbres para alimentarse bien cuando el calor apriete, es una apuesta segura de la dieta mediterránea. Receta fácil, económica que se puede dejar preparada de un día para otro.

Ingredientes: judías blancas de bote, 1/2 cebolleta, migas de bacalao, leche o nata, 1/2 puerro, 2 dientes de ajo, 1 zanahoria, 2 patatas, aceite de oliva, perejil.

Cocemos las patatas y la zanahoria y reservamos. Desalamos el bacalao o bien ya lo compramos desalado. Enjuagamos bien las judías blancas. Hacemos la brandada de bacalao de la siguiente manera: cocemos el bacalao desalado en agua durante 10 minutos; picamos la cebolleta y el puerro, los ajos y los rehogamos en una sartén con un poco de aceite; a continuación rehogamos también el bacalao, bajamos el fuego para añadir la leche o la nata a fin de obtener una mezcla cremosa. Pasamos todo por la batidora.

En un bol ponemos las judías blancas, la patata o patatas y la zanahoria cortada en cuadraditos; aliñamos con un poco de sal, y un chorrito de aceite de oliva. Regamos con la brandada de bacalao. y adornamos con perejil.

 

Ana María Matute, el adiós no, un hasta siempre.

"Hojas en la sombrilla", foto: Bárbara

«Hojas en la sombrilla», foto: Bárbara.

 

 

Para el niño tonto de su libro de cuentos «Los niños tontos», el mar era como una caracola, una gran caracola: «El niño se figuró que el mar era como estar dentro de una caracola grandísima, llena de rumores, cánticos, voces que gritaban muy lejos, con un largo eco. Creía que el mar era alto y verde».

Por eso le he puesto esta sombrilla al niño tonto…

«Él, que creyó el mar alto y verde, lo veía blanco, como el borde de la cerveza, cosquilleándole frío, la punta de los pies». Ella, Ana María tuvo ese libro en sus manos, por primera vez, en 1956. y ya entonces con sabia maestría desmigaba palabras como bolitas de pan sobre el mantel de las letras; unas letras brillantes como la luna de la niña que quería : «Si yo pudiera meter las manos en la luna… si yo pudiera lavarme la cara con la luna, y los dientes, y los ojos»; o como esas tristes, de ese otro cuento, de ese niño al que no le llegó el año, que no llegó a cumplir: «… «Pero el grito de los vencejos agujereó la corteza de luz, el color que era distinto a todas las cosas, y aquel año, nuevo, verde, tembloroso, huyó. Escapó  por aquel agujero y no se pudo cumplir…»

Ya entonces, en 1956,  ella tenía todos los medios mágicos para deslumbrarnos, sus cuentos, brevísimos algunos, eran ya pura poesía, aunque no soslayan la crueldad de ese mundo infantil, quizás porque la vida está tan presente en todos ellos, como ella está en nosotros. Y ella, tan viva, no ha muerto… pienso que se ha ido a pasear por otros mundos para enseñarnos otros juegos, porque ella sí que sabía jugar y desmigar las palabras sobre el mantel de las letras… In memoriam.

Ana María Matute: «Los niños tontos». Ilustraciones y sobrecubierta de José María Prim. Ediciones Destino, Barcelona, 1971.