La Boquería: La Catedral de los Mercados

La Boquería. Foto: Bárbara

La Boquería. Foto: Bárbara

Dos muestras de los  puestos coloristas, bodegones auténticos que se muestran en la llamada con justicia la Catedral de los Mercados; este en Barcelona es una fiesta para los sentidos, todo lo imaginable se encuentra en la Boquería, donde además se pueden tomar unas cañas con unas tapas fantásticas… ¿se puede pedir más?

La Boquería. Foto: Bárbara

La Boquería. Foto: Bárbara

La Casa Batlló

Detalle de la fachada de la Casa Batlló. Foto: Bárbara

Detalle de la fachada de la Casa Batlló. Foto: Bárbara

 

Una de las ventanas de la Casa Batlló, expresión fecunda del genio de Gaudí; las superiores son de menor tamaño por tener mayor luz natural. La fachada principal, situada en el Paseo de Gracia, es un conjunto de piedra y cristal con formas onduladas que revocó con mortero de cal y recubrió con trencadís de vidrios de colores y discos de cerámica. El salón principal de la parte noble tiene ventanas de madera que se abren con contrapesos lo que permite levantar todas las cristaleras para tener una visión panorámica. El tejado tiene forma de lomo de animal con grandes escamas tornasoladas. El mar, los elementos florales típicos del modernismo, no faltan en los detalles más mínimos, el mundo alegórico y orgánico de Gaudí se desarrolla como una gran ola; la total libertad que Don José Batlló dio al arquitecto hizo posible la espectacular y sorprendente obra; el dueño, un prestigioso hombre de negocios, quería una casa diferente y el genio de Gaudí transformó la materia en algo fabuloso que tiene respiración propia. Para conseguirlo se rodeó de los mejores artesanos de todos los gremios. La familia Batlló siguió viviendo en la casa hasta los años cincuenta, veinte años después del fallecimiento de Don José Batlló.

La luz de Gaudí

"La Sagrada Familia". Foto: Bárbara

«La Sagrada Familia, nave central, ábside y  lucernario del cimborrio central». Foto: Bárbara

 

De camino a la Provenza, pasar por Barcelona es parada obligada; aún llevo en la retina y en el corazón lo visto y lo vivido en esta ciudad maravillosa. La última vez que estuve en ella todavía no se había terminado el interior de la Sagrada Familia y no me defraudó en absoluto sino todo lo contrario, y eso que el exterior, fantástico, ponía el listón muy alto; por fuera es preciso sentarse y levantar la mirada hacia ese prodigio que parece un encaje, la piedra blanca de Garraf, extraordinariamente tallada, labrada parece un sueño hecho realidad. Gaudí utilizó generalmente seis tipos de piedra además de la ya citada: la piedra de Montjuïc, la de Lleida, la de Vilafranca, la de Figueres y el granito de ojo de serpiente del Maresme. Las cinco naves con el transepto de tres forman una cruz latina.

La luz del interior, modulada por las distintos vidrieras, ofrece una sinfonía de colores, un arco iris en azules, verdes, violetas…; y para escuchar, ver y sentir esa melodía gaudiana hay que volver a sentarse para dejarse inundar por el aura del genio catalán y sentir su espíritu en un abrazo inolvidable.

Velázquez: Boceto del dios Apolo

Velázquez: boceto del dios Apolo

Velázquez: boceto del dios Apolo. Óleo sobre lienzo, 36×25 cm. Colección particular. N.Y.

 

Muchos pintores quisieran al final de su producción poder realizar un boceto como este; el término «abocetado», que designa un estudio rápido, realizado con ligereza para un posterior trabajo más complejo, alcanza una dimensión diferente cuando los bocetos están realizados como este, como los de Leonardo, Miguel Ángel o Rembrand, y valen por sí mismos lo que una «obra» terminada; su calidad así lo manifiesta con la impronta de lo genial. Esta cabeza de Apolo, realizada sobre tela, para la «Fragua de Vulcano», está pintada en Roma en 1630, es un boceto donde se ve la impresión que le causara la visión de los pintores venecianos, quizás más que en su obra terminada. La factura de esta cabeza revoluciona el concepto pictórico y la técnica que se refleja en la libertad de la pincelada, la ligereza, el aire que la envuelve; el menos es más aquí se ejemplariza. Bellísimo boceto resuelto con cuatro pinceladas.

Safo (III)

Fresco pompeyano del cuarto estilo. Museo Arqueológico de Napoles

Fresco pompeyano del cuarto estilo. Museo Arqueológico de Nápoles

 

Con el cálamo sobre los labios y la tablilla de cera, el rostro pensativo de la joven, en este supuesto retrato de Safo, del siglo I d.c., al margen de que la represente o no, es ciertamente hermoso. El fresco, en el Museo Arqueológico de Nápoles, es conocido como La Gioconda de la Antigüedad; desconozco el porqué, pero es de destacar la mirada de unos ojos ¿excesivamente grandes? que miran al espectador. En la Antigüedad clásica la figura de Safo se nos antoja compleja y fascinante; por un lado, si ella, en vez de nacer en la aldea de Eresos, en la isla de Lesbos, lo hubiera hecho en Atenas, tendría que haber sido una cortesana para tener acceso a la cultura y a las artes, pues solo a ellas les era permitido, de modo que hubiera estado condenada a vivir una oscura vida dentro del hogar; por suerte para todos los autores venideros que adoraron sus poemas, como Virginia Woolf, Platón, Baudelaire, Lord Byron, Ezra Pound y un largo etc., nació en una isla abierta a todas las culturas, a todas las influencias y donde las mujeres tenían el mismo derecho que los hombres, por lo que pudo dirigir su Academia al modo de la de Platón, donde se impartía danza, música, poesía, literatura; ella creó ritmos y metros nuevos, y hay que tener en cuenta que las composiciones entonces  estaban destinadas  a ser cantadas, bailadas, acompañadas por la flauta o por la lira y que ella, una excelente bailarina, coreografiaba, componía la música… ay, fuente de inspiración para la gran Isidora Duncan. Existe una especie de nebulosa sobre su vida debido en parte a que la sabemos por fuentes indirectas, de personas que no la conocieron en vida; aun así se sabe que era de familia acomodada, que se dedicó también a los negocios y a la política, que tuvo amantes tanto masculinos como femeninos, que se casó y tuvo una hija, todo ello bastante habitual en Lesbos. La fama de Safo, el mito Safo, el fenómenos Safo, a la que Platón llamó la Décima Musa, ha llegado hasta nuestros días a pesar de que su obra nos llega fragmentada. Su poesía intimista y sencilla la escribió en aeólico frente a la poesía épica del momento y desde la pasión revolucionaria del subjetivismo femenino. y fueron posteriormente copiadas a través del tiempo hasta que el Papa Gregorio VII ordenó quemar sus manuscritos por inmorales (con la Iglesia hemos topado). Sus obras más famosas son Oda a Afrodita, Oda a las Nereidas y Adiós a Atthis.

Marguerite Yourcenar en su libro «Fuegos» le dedica un hermosísimo relato titulado «Safo o el suicidio», cuya lectura recomiendo por su excelsa dosis de desgarrada poesía.

Safo: «A una muchacha inculta» (II)

foto: Bárbara

foto: Bárbara

A UNA MUCHACHA INCULTA (IV)

Cuando te mueras, te enterrarán, y en ningún sitio quedará memoria de ti para el futuro por no tener parte en las rosas de Pieria. Invisible morarás en la mansión del Hades, sombra al vuelo entre muertos oscuros.

 

No tener parte con las rosas de Pieria significa tanto como «no tener trato con las musas», también llamadas Piérides por hijas supuestas, de  Piero.

De la Antología incluida en The Oxford Book Of de Greek Verse (1954) Editorial Aguilar. Biblioteca de Iniciación al Humanismo. Madrid 1968.

Safo: «Una amada ausente»

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

UNA AMADA AUSENTE (VI)

Te igualaba a una diosa insigne, y tú te embelesabas con su canto como con otro ninguno. Pero se fue, y ahora sobresale entre las damas lidias lo mismo que la luna de rosados dedos eclipsa todas las estrellas una vez puesto el sol. Y su brillo baña de plata el mar salobre, e ilumina las campiñas floridas, donde ha caído el rocío y han brotado las rosas, el tierno perifollo, las dulces flores del trébol.

Mas en el ajetreo de su nueva vida no deja de añorar el cariño de su amada Atis, y en el pecho le duele de nostalgia el corazón.

Poema VI que figura en la antología incluida en La Oxford Book OF Greek Verse (1954), traducido directamente del griego por Manuel Rabanal Álvarez. Editorial Aguilar. Biblioteca de Iniciación al Humanismo. Madrid, 1968.

¡En la plaza… gana el tronco!

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

 

¡Bonitas patas! La belleza del tronco no se deja empañar ante el «invento» del palo de la sombrilla cuyo pie deteriorado nos puede llevar a pensar, por contraste, que lo natural permanece ….  Plaza de San Antonio (Denia)

 

 

Tomates rellenos de atún y langostinos

Tomates rellenos. Foto: Bárbara

Tomates rellenos. Foto: Bárbara

 

Una receta muy fácil, barata y rápida de hacer. Las propiedades beneficiosas del licopeno, presente en los tomates, hace además que sean una buena apuesta en cualquier época del año; es cierto que los tenemos todos los meses en las grandes superficies, pero también lo es que ya no saben como sabían antes los de temporada, los que iban madurando al sol en las tomateras y de ahí iban directamente a los mercados. El recuerdo del olor, color y sabor de un tomate cogido en la huerta me lleva a la nostalgia… y a pensar en todo lo que nuestra gastronomía le debe al continente americano.

Ingredientes: 1 lata de atún en aceite o de bonito, 1 tomate mediano por persona, arroz redondo, salsa de tomate a ser posible casera o que sea un bote de salsa buena, (no de esas muy aceitosas que arruinan el plato, ojo ahí está el meollo de cualquier plato que lleve tomate), mahonesa casera, gambas o langostinos.

 

Cortamos los tomates en dos y los vaciamos; los ponemos boca abajo para que suelten el agua. Hervimos el arroz y lo enfriamos bajo el grifo para quitarle el almidón y que el grano quede suelto; reservamos. Si por falta de tiempo tenemos que utilizar mahonesa no casera… qué le vamos a hacer, pero está mejor con la casera… en fin. Mezclamos en un bol el atún bien escurrido de aceite -evidentemente cuanto más atún pongamos mejor será el resultado; yo suelo poner dos latas para cuatro comensales-, la salsa de tomate, el arroz y la mahonesa; la mezcla tiene que quedar untuosa, el arroz seco no tiene gracia en esta receta. Por último cocemos muy poco en agua con sal los langostinos o los compramos ya cocidos; aunque otra opción es pasarlos por la sartén. Rellenamos los tomates salpimentados y los guardamos en la nevera para que a la hora de consumirlos estén fresquitos. ¡Y nada, a disfrutar que son dos días!

PD: En la foto parece que el langostino se zambulle en el arroz!