Dalí y la memoria

Dalí: "Persistencia de la memoria". Óleo sobre lienzo. 24 X 33 cm.  MOMA , N- Y.

Dalí: «Persistencia de la memoria». Óleo sobre lienzo. 24 x 33 cm. MOMA , N.Y.

 

Esta obra, conocida también como «los relojes blandos», la pintó Salvador Dalí en el año 1931, se expuso primero en París en ese mismo año y con posterioridad en N.Y. En 1934 Hellen L. Resor lo dona al MOMA donde permanece. El cuadro, plenamente surrealista, registra el pensamiento científico y humanista del creador; siempre hago hincapié en el saber enciclopédico del pintor que marca el trasfondo de sus obras; las teorías físicas y filosóficas del momento (Freud sobre todo) están presentes de forma inequívoca. Ello hace que sus obras vayan más allá de lo anecdótico; en este caso, el paisaje amado de Cadaqués como telón de fondo de esa memoria ceñida a los relojes blandos, pero implacables.

 

Dalí: "La desintegración de la persistencia de la memoria". Óleo sobre lienzo. 2952-1954.

Dalí: «La desintegración de la persistencia de la memoria». Óleo sobre lienzo. 1952-54.

Con posterioridad Dalí vuelve sobre el mismo tema de la memoria; me pregunto si lo obvio, que sería pensar en la perdida de memoria con el paso del tiempo, es eso solo o él sabía que durante el sueño se regenera la memoria reciente, nos gasta una broma o nos dice algo más que no sabemos interpretar… El átomo, los sueños, la memoria, la desintegración y la muerte son temas recurrentes que no surgen por que sí; el miedo al paso del tiempo, que conduce a la desaparición total, le obsesionaba, aunque dijese que se inspiró en el queso camenbert para pintar los relojes blandos en  cuanto que eran: «tiernos, solitarios, extravagantes y paranoico-críticos». La boutade, estaba servida.

Este cuadro de 25 x 33 cm. se encuentra en el Museo Salvador Dalí, San Petersburgo (Florida).

A pesar del tiempo…

Foto: Bárbara.

Foto: Bárbara.

 

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

 

La idea más extendida es asociar el clima desértico con los cactus; no sé si los míos son tan díscolos que cuando más llueve más se esponjan,  o es que crecen por ser de casa y por oírme decir hasta el aburrimiento que no hay que desperdiciar ni una gota, que luego los pantanos en verano no… en fin, ¡ellos guardan el agua en su interior con tanta gracia que salta a la vista!

Montmajour: cerca del cielo

Torre vigía, abadia se Montmajour. Foto: Bárbara

Torre vigía, abadía de Montmajour. Foto: Bárbara

 

Torre vigía y claustro de la abadía de Montmajour. Foto: Bárbara

Torre vigía y claustro de la abadía de Montmajour. Foto: Bárbara

 

Torre vigía desde el claustro. foto: Bárbara

Torre vigía desde el claustro. Foto: Bárbara

 

La Abadía de Montmajour a las afueras de Arles es como un sueño, como volver a una época de cantos gregorianos, de silencio y vida contemplativa, lo dicho, un sueño donde no existen poderes financieros ni mafias que determinan las vidas de los ciudadanos… De aquellos tiempos solo nos queda la cerveza de la Abadía que, por cierto, está de vicio.

Kandinsky: setenta años de su fallecimiento

Kandinsky: "Improvisación Barranco. 1914"

Kandinsky: «Improvisación Barranco. 1914». Óleo sobre tela. 110 x 110 cm. Múnich, Galería Estatal de Lenbachaus.

 

Kandinsky  falleció el 13 de diciembre de 1944 en Francia; ayer se cumplieron setenta años. Esta obra de hermosísima factura, con esos azules tan queridos por el pintor, la creó en Múnich y la terminó cuatro semanas antes de volver a Moscú, a donde consigue llegar tras muchas penalidades. Las posibles referencias a la realidad circundante de los barrancos del Valle del Infierno, donde el pintor fue de excursión con Grabielle Munter, no distorsionan los sentimientos encontrados que los torbellinos de color provocan en el espectador; y aunque lo real está dispuesto como una cascada, un sendero y una pareja… la fuerza del color y las formas se imponen en el camino del despojamiento exterior hacia la abstracción más pura. Esta época muniquesa le deparó  grandes luchas internas creadoras y el descubrimiento de nuevos horizontes que desarrollará a su vuelta a Moscú; un arte nuevo y revolucionario.

 

Picasso: «Madre con niño enfermo»

Picasso: "Madre con niño enfermo". 1903.  Pastel sobre cartón, 47 X 41. Museo Picasso de Barcelona

Picasso: «Madre con niño enfermo». 1903. Pastel sobre cartón, 47 x 41. Museo Picasso de Barcelona.

 

Pintado en Barcelona, en pleno periodo azul, en el que empieza a tener cierto éxito. En Barcelona, y después en París, el artista creó cuadros emotivos, en pos de las sutilezas del sentimiento. Muchachas, lisiados, parejas famélicas, ciegos, maternidades doloridas, caras mortecinas testigos de una humanidad excluida del gozo. La tendencia de esos años de  empobrecimiento de los colores determina a su vez una simplificación de su empleo, su técnica alcanza la máxima simplicidad con toques siempre sutilísimos y lisos, lejos de cualquier abigarramiento.  A través de un estilo impecable, estas obras siguen siendo intensamente dramáticas. Otros hubieran caído en lo patético o lo melodramático, pero él con medios puramente plásticos logró salvar lo anecdótico.

Leonardo Borgese, en el «Corriere della Sera» el 23 de septiembre de 1953, dice: «… si la historia fuera una cosa seria debería … demostrar que el Pablo Picasso de 1901 a 1906 sigue siendo el más vivo y el más interesante…»

Desde entonces ha llovido mucho y él ha transformado el panorama artístico. Personalmente es, junto a la época rosa, el momento que más me atrae y emociona, pero gracias a su genio hemos podido comprobar todas las puertas que abrió, fagocitando el siglo; otro posiblemente se hubiera quedado ahí, pero Picasso, al inicio de su carrera, poseía ya el dominio de las relaciones cromáticas, la seguridad del trazo, de la composición, como buscan los artistas de gran experiencia a lo largo de toda una vida. Bellísima esta maternidad.

 

Taschen y los Rolling Stones

 

 

Caratula de un single del 65. Foto Bárbara

Caratula de un single del 65. Colección particular.

 

Single. foto: Bárbara

Single. Colección particular.

 

Guardamos como oro en paño los viejos vinilos y aún mantengo en forma mi equipo de música de plato Garrard y suena todavía muy bien… esto viene a cuento porque hojeando el catálogo de libros de Taschen  me puse nostálgica.

En el catálogo de invierno de la reputada editora alemana Taschen, hay una edición fantástica de toda la historia fotográfica de los Rolling Stones que sin duda es un regalo de Navidad que uno puede hacer o hacerse como homenaje a toda una vida de fidelidad a estos músicos. El libro en sus tres versiones, edición de arte (firmada por Mick Jagger, Keith Richards, Charlie Watts y Ron Wood), edición de coleccionista y la normal, está prologado por el ex presidente Bill Clinton, con más de 500 páginas y las fotografías de cincuenta años de historia captadas por fotógrafos como David Bailey, Cecil Beaton, Anton Corbijn, Annie Laibovitz, Helmut Newton… y sesenta y tantos más. El libro: «The Rolling Stones».  Una joya que se edita este mes.

Tapa de cocido madrileño

Tapa de cocido madrileño. Foto: Bárbara

Tapa de cocido madrileño. Foto: Bárbara

A veces me pongo creativa y me sumo a la moda de la «tapa». Tapear es un deporte gastronómico que en este país se practica mucho y bien; es una manera de comer deliciosa y variada que tiene en San Sebastián y en la Rioja la cota más alta de calidad. Ese día me había sobrado cocido del día anterior y tuve que improvisar y yo, cuando improviso, me pongo estupenda, con la adrenalina a tope, de modo que me inventé «la tapa de cocido»; en estos casos pueden pasar dos cosas o que el resultado sea un asco o que se pueda comer y te lo piropeen, y una se sienta la reina de los fogones. Esta vez el invento salió bien.

El cocido madrileño, para todos los amigos de los distintos países del mundo que no lo conozcan, es el típico plato de invierno resultado de la cocción de carnes, embutidos, garbanzos, patatas y verduras; con el caldo se hace una sopa con fideos y después se emplatan las carnes y las verduras con los garbanzos. Maravilloso invento el del cocido madrileño, que tiene en «Casa Lucio», en la capital del reino, su más alta representación.

Tapa de cocido madrileño: 1 cebolleta, garbanzos, patatas, chorizo, morcillo (de ternera), aceite de oliva virgen extra. 

Lo único que tuve que hacer es picar una cebolleta tierna y ponerla en un bol con un chorrito de aceite de oliva, bastante vinagre de manzana y una pizca de sal. A continuación chafé con un tenedor los garbanzos con las patatas y lo mezclé con la cebolleta y su aliño; lo puse en un molde triangular y por encima el chorizo y la carne, troceados. Más fácil, imposible  et voilà …

Matisse: «Rincón del taller»

Matisse: "Rincón del taller". 1912, óleo sobre tela. 191 x 114 cm.  Museo de Bellas Artes Pushkin, Moscú.

Matisse: «Rincón del taller», 1912. Óleo sobre tela, 191 x 114 cm. Museo de Bellas Artes Pushkin, Moscú.

 

Este cuadro forma una unidad con la tela que hay en el mismo museo «Jarrón con capuchinas y ‘La danza’ «, pintado también en 1912, y representa un rincón del taller del artista en Issy-les-Moulineaux. Magnífico «rincón» con un encuadre fotográfico patente, donde ya no hace falta que se reproduzca todo el objeto. Las masas de color sabiamente perfiladas las alterna con otras en las que estas, sin fundirse, aligeran el objeto tornándolo más liviano; este contraste está magistralmente dosificado.

Epicuro: Exhortaciones

Dibujo de Matisse.

Dibujo a pluma de Matisse de la serie «Dibujos. Temas y variaciones».

 

Exhortación 32: «Tengamos compasión de nuestros amigos, pero no derramando lágrimas, sino preocupándonos por ellos».

Del libro «Matisse. Line drawings and prints». Dover Publications, Inc., New York, 1979.