

No hay que ser muy marineros para que nos gusten los productos del mar, pero si además se da esa circunstancia, miel sobre hojuelas; lo digo porque el fuerte sabor a mar de las almejas crudas me encanta y ni qué decir de las ostras. Una vez compradas las almejas, las depuro durante media hora en un bol con agua y un puñado de sal, y después, antes de hacerlas en salsa, me reservo unas cuantas para comerlas crudas con un chorrito de limón; así están deliciosas. Respecto a las ostras, sé que hay recetas en las que se rebozan, pero para mí nada como comerlas crudas también con un chorrito de limón.
Almejas al vino blanco:
Ingredientes: 1 cebolla, 2 dientes de ajo si son pequeños o 1 si es grande, vino blanco o vinagre, pimienta negra y perejil.
Laminamos el ajo y, en una cacerola, ponemos aceite de oliva y lo doramos ligeramente; agregamos la cebolla cortada finamente y removemos hasta que quede blanda; no debe tostarse. Es el momento de añadir las almejas para que se abran, aadimos pimienta recién molida y el vino blanco; finalmente espolvoreamos por encima el perejil picado. El resultado es espectacular y, más sencillo, imposible.
A las ostras las dejo tal como el mar nos las ofrece, sin manipulación alguna y en todo caso haría algo con los ostrones, que considero son menos finos. En París las ostras son deliciosas y servidas con un baujolais fresquito el no va más. No obstante, existe en la zona de Les Halles un aliño muy sencillo a base de cebolla picada cruda, vinagre y pimienta.




















