El gran poeta ruso fue además, dramaturgo, director, actor teatral y de cine, conferenciante… su teatro responde como su poesía a los cambios sociales y transformaciones históricas que la revolución rusa marcó. Él quiere un espectáculo de masas, según sus palabras: «El teatro actual se olvida que debe ser un espectáculo»; la Revolución de Octubre cambió su orientación teatral. Su concepción estética orientó a los artistas de su época, en especial al gran renovador teatral Vsevolód Méyerhold y a los pintores abstractos Malevich y Ródchenko. Además contó con la colaboración musical de Shostacovich. Cada estreno teatral constituía una conjunción de valores de primera fila. Fue amigo y colaborador del gran cineasta Einsenstein, y junto con Ródchenko definían y teorizaban sobre el montaje, las superposiciones de imágenes, los primeros planos… Maiacovski concitó a su alrededor un grupo de trabajo de gran nivel y rigor artístico.
En 1929 escribió:
ALGUNOS PREGUNTAN.
¿Qué pienso yo de mis piezas?
A mí me contaron que:
En un tranvía se sentó un pasajero, no sacó boleto y quiso hacer el viaje gratuitamente. El guarda, al darse cuenta se enoja: ¡Eh, sinvergüenza -le dijo-, atorrante, aprovechador… chinche de Maiacovski…
Esta definición utilizada en la vida fue para mí el mejor comentario y el más agradable para mi obra.
¡Genial, digo yo!







