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Comenzar danzando con Matisse

Matisse: "Nasturtiums y La Danza", 1912. Óleo sobre lienzo (190,5 x 114,5 cm.) Muaeo de Bellas Artes Pushkin, Moscú.

Matisse: «Nasturtiums y La Danza», 1912. Óleo sobre lienzo (190,5 x 114,5 cm.) Muaeo de Bellas Artes Pushkin, Moscú.

Empezar el año bailando no está del todo mal y, si lo hacemos con Matisse, mejor que mejor. A partir de 1912 Matisse se fue interesando de manera especial por la estructura, según dicen los estudiosos de su obra, como respuesta tardía al cubismo. En este año realiza dos obras estrechas y alargadas que llama «Nasturtiums y La Danza»; este es el primero de los dos con el mismo tema, un trípode que sostiene un jarrón con nasturtiums o capuchinas y una silla, teniendo como fondo un boceto sobre La Danza de 1908, pero no el definitivo. Es el juego del cuadro dentro del cuadro, que tanto gustara al pintor. Durante estos años Matisse y Picasso tuvieron encuentros frecuentes, incluyendo la práctica de la equitación, en los que se debía debatir sobre la vanguardia y el cubismo representado por Braque, Juan Gris y Picasso; lo realmente interesante es que Picasso consideraba a Matisse un magnífico colorista que buscaba el dibujo y a él mismo un dibujante magnífico que buscaba el color. En esos momentos en que él se preocupa por la estructura y modera el color, su amigo abandonaba el monocromático cubismo «analítico» para sumergirse en el «sintético», de paleta más colorista. Curioso e interesante. Lo más destacable de este cuadro es el «efecto fotográfico» que utiliza por primera vez como resultado de cortar parte de las cabezas y las extremidades de los danzantes; antes lo habían empleado los grabadores japoneses con gran acierto y el pintor francés Edgar Degas.

Picasso, el Bateau Lavoir y Madeleine

"La planchadora" de 1904. Pablo Picasso. Öleo sobre lienzo. Museo Guggenheim,N.Y.

«La planchadora» de 1904. Pablo Picasso. Öleo sobre lienzo. Museo Guggenheim,N.Y.

Cuando Picasso llegó a Montmartre y se instaló en 1904 en el Bateau Lavoire, y antes de conocer a Fernande Olivier, tuvo una amante llamada Madeleine de la que se sabe que era modelo. El Bateau Lavoire fue al principio una fábrica de pianos y después una cerrajería; con el tiempo el dueño decidió convertirlo en estudios. Parece ser que el de Picasso era amplio y luminoso, aunque el edificio estaba construido tan mal que propiciaba la humedad; carecían de luz y de gas, y en invierno se helaban las tuberías y el olor a moho impregnaba aquel laberinto de estructuras imposibles. Dado que Picasso prefería pintar de noche, se supone que lo haría como Goya, con velas, o bien con quinqués de gasóleo. Los alquileres eran bajos y se ocuparon enseguida; la miseria y las estrecheces económicas marcaban esos años, pero el pintor aprendió a vivir como un pícaro. Después de que unos anarquistas estuvieran alojados en el Bateau Lavoir con los consiguientes escarceos con la policía, el edificio se llenó de españoles con escasos recursos como Canals, Sunyer, Juan Gris, Max Jacobs, Andrés Salmón… Estos dos últimos bautizaron el edificio con el apodo con el que se le conoce, nombre con el que se designaba  a los barcos lavandería del Sena. Madeleine, el nuevo amor de Picasso, era una bella modelo muy delgada que inspiró el cuadro «La planchadora» y «Comida frugal» entre otros trabajos de esos años.  El escritor John Richardson, en la biografía sobre Picasso, sostiene que la estructura ósea de la modelo es responsable de esa estética de cuerpos anoréxicos, de miembros alargados, de dedos filiformes como en el cuadro en la que otra amiga, Margot, acaricia a un cuervo. Lo cierto es que con ambas avanza hacia los tonos pastel al tiempo que los cuerpos anoréxicos se mantienen incluso después de que conociera a Fernande Olivier, de formas rotundas del tipo que llamamos mujer-mujer. Pero eso para mí es solo una parte; la influencia del arte egipcio configura la estética que modela las obras de la llamadas época azul y rosa, como en el cuadro «Jovencita con el brazo levantado» de la colección Harriman de N.Y. Puede ser que esa influencia se realizara, se plasmara a través de ellas, pero no solo por ellas.

Dalí en el Museo del Prado

Salvador Dalí expresó en distintas ocasiones su admiración por Velázquez y por Vermeer. Por el estudio me he encontrado con estas fotos del pintor, en una visita que hizo con Gala al Museo del Prado, en la que está ante su versión y el original del retrato de la infanta Margarita de Velázquez, así como de su «pose» ante el retrato de Felipe IV luciendo ambos bigotes parecidos, posiblemente él los calificaría de «dalinianos». Curiosas fotos muy al estilo del genio ampurdanés. Son fotos antiguas, por ello su calidad, hoy, no es muy buena, aunque como testimonio son impagables. Las fotos fueron publicadas por la revista «Blanco y negro» en un artículo de Miguel Utrillo.

Reconocimiento oficial a Braque en el Grand Palais

George Braque. "Violín y vaso". Praga, Galería Národní.

George Braque. «Violín y vaso». 1010-11. Praga, Galería Národní. Cubismo analítico.

 

El día 21 de este mes la corresponsal en París del diario «El País», Ana Teruel, nos ofreció otro de sus interesantes artículos, esta vez dedicado a George Braque. El pintor, cofundador con Picasso del cubismo, tendrá por fin el merecido homenaje por parte del gobierno francés. Durante los cincuenta años que han pasado desde su muerte, su figura ha sido paulatinamente eclipsada por la de su amigo; posiblemente ha contribuido a ello también el hecho de que fuera, en vida, el pintor oficial del gaullismo y el único pintor vivo que tuvo el honor de exponer en el Museo del Louvre. Siendo Malraux ministro de cultura en el momento de su fallecimiento, tuvo unos funerales casi de jefe de estado. Por todo ello se puede decir que Braque concitó en vida todos los honores y reconocimientos posibles, y que su estrella se ha ido apagando durante 5 décadas. Ahora se está preparando una muestra en el Grand Palais que esperábamos con ansia los amantes del cubismo y, sabiendo como hacen las cosas en el país vecino, seguro que no nos defraudará. Los cuadros que pintara en l’Estaque, cerca de Marsella, como «Casas en l’Estaque» y «Paisaje en l’Estaque», se pueden considerar los primeros trabajos cubistas; aunque al principio los colores fauvistas imperasen en sus cuadros, el propio Matisse reconoció que Braque pintaba, ya en esa época, la realidad mediante cubos. Pero es indudable que Picasso y él, cuando este preparaba «Las señoritas de Aviñón» en el «Bateau-Lavoir», iniciaron una amistad y una relación extraordinariamente fructífera que será el desarrollo del cubismo. Que una personalidad tan fuerte como la del malagueño fuera capaz de trabajar codo con codo con otro pintor es en sí un hecho reseñable;  ante el carácter difícil de Picasso, la personalidad de Braque debió ser fuera de lo común; felizmente alumbraron un camino nuevo, que según mi opinión no está ni mucho menos agotado. Este otoño se abrirá una exposición que puede ser la exposición del año. Y espero no perdérmela.

Respecto al cubismo, Braque dijo: «Lo que me atraía de modo especial era la materialización de una nueva espacialidad. La primera indagación cubista era precisamente el espacio; el color solo tenia una función modesta: del color no nos interesaba mas que su aspecto luz. La luz y el espacio son dos cosas intimaménte conexionadas y nosotros las abordábamos juntas».

Paul Cézanne: la pintura pensada

Cézanne: "Nayuraleza muerte con cesta", 1888-90. Museo D'Orsay.

Cézanne: «Naturaleza muerte con cesta», 1888-90. Museo D’Orsay.

La vida de Cézanne, repartida fundamentalmente entre Aix en Provence y París, nos puede a simple vista parecer insulsa comparada con la de Gauguin o de van Gogh o con la idea que tenemos del pintor un tanto atormentado y salvaje. Su infancia y adolescencia en Aix, una ciudad provinciana en 1839, estará ligada a su obra hasta su muerte en 1906. El pintor nunca se llegó a encontrarse cómodo en los círculos artísticos de París. En Aix inicia sus estudios de pintura y allí los continúa en la academia Suisse y se aplica en la copia de los grandes maestros del Louvre.  Fue tertuliano del Café Guerbois al que asistían Manet, Pissarro, Renoir, Bazille… Su trayectoria en París no es fácil y su obra fue rechazada una y otra ven en El Salón de Otoño. El 1865 Manet había presentado en el Salón su Olimpia con un gran escándalo, Cezánne admiraba profundamente su obra y se nota su influencia en muchas de sus obras de ese periodo. En 1869 conoce a la que será su mujer, Hortense Fiquet, y madre de su único hijo Paul. Se refugia en L’Estaque, en la bahía de Marsella, durante el periodo que desemboca en la instauración de la III República. En esta estancia se percibe el comienzo de una nueva etapa: deja atrás el estilo romántico dando paso a la pintura de la reflexión. En Pantoise comienza a pintar muy unido a Pissarro al que considera su maestro. Vive con su familia una temporada en Auvers-sur-Oise en casa del doctor Gachet, quien más tarde acogerá a otro genio, Van Gogh; su paleta se aclara en los paisajes que pinta allí al aire libre. En París fracasa en las exposiciones en las que participa con los impresionistas, abandonando los círculos artísticos y manteniendo su amistad con Pissarro y con Zola. su amigo desde la infancia, a los que visita en Pantoise y en Médan. Continua pintando en L’Estaque. La ruptura con su entrañable amigo Zola se produce como consecuencia de la publicación de este de «L’Oeuvre», una novela en la que Cézanne es el protagonista solapado en un pintor fracasado; Zola es ya un novelista afamado y curiosamente, a partir de ahí comienza el reconocimiento del pintor por los grandes del impresionismo y por parte de pintores más jóvenes, como Matisse. El pintor nunca perdonó a Zola. Cézanne ya es admitido en el Salón y la aparición de Vollard, el famoso galerista y marchante, admirador de su obra, lanza esta hacia lo más alto.

El pintor desde que dejara los postulados impresionista, aunque siguiera toda su vida pintando la naturaleza,  en la Provenza, va realizando un proceso lento de introspección, más propio de la labor de un arquitecto. Él aspira a realizar una obra digna de los museos; no es un vanguardista ni pretende una ruptura con la tradición si no dar un paso hacia adelante y lo consigue buscando la esencia de las cosas, no la superficie de ellas, Para Cézanne la pintura era «un modo insustituible en la investigación de las estructuras profundas del ser, una búsqueda ontológica, una especie de filosofía». Hoy es un maestro imprescindible para entender la pintura posterior, por ejemplo, en su serie de las bañistas la esquematización de los cuerpos, la inexistencia de perspectiva, ni  de leyes anatómicas y los rostros que miran directamente al espectador son como máscaras…  Matisse y Picasso, evidentemente le deben mucho; en cuanto a la deuda de los cubistas daría para mínimo para otro post. Vivió en soledad sus últimos años; en la actualidad en Les Lauves está su casa museo donde se guardan bocetos, dibujos y elementos que formaron parte de sus naturalezas muertas.

Edgar Degas : más que bailarinas

Degas: "La tina", pastel sobre cartón, 1886. Museo d'Orsay, París.

Degas: «La tina», pastel sobre cartón, 1886. Museo d’Orsay, París.

Edgar Degas (París, 1834-1917) fue enterrado en el cementerio de Montmartre, en el panteón familiar, en la intimidad y alguien del pequeño cortejo, en el que se encontraba su buen amigo Manet,  dijo: «Le gustaba mucho dibujar…»; creo que fue su amigo Forain el que lo dijo, como si resumiera una labor marcada por la línea. Dibujó y dibujó, tal como le había aconsejado su admirado Ingres en 1825: «Dibuje líneas, muchas líneas, ya sea de memoria o del natural», Y así lo hizo. A Degas se le debe la más exacta y perfecta definición del arte : «El arte es el dominio del dolor por la belleza». Dedicado en cuerpo y alma a la pintura, tras varios años en Roma, Nápoles y Florencia, copiando y estudiando a los maestros Tiziano, Veronés, Tintoretto, los frescos de Giotto en Asís, Botticelli, Mantegna…, se instala en Montmartre. En aquel momento las tertulias allí se celebraban en el café Guerbois en la avenida Clichy, lugar de encuentro de los impresionistas, entre cuyos contertulios se encontraban Manet, Cézanne, Pissarro, Sisley y los poetas Mallarmé, Paul Valéry…; Degas, como el mismo Manet, mantuvo, no obstante, sus propios criterios, como su rechazo a pintar al aire libre; en ese sentido se les puede clasificar más como pintores de caballete, de estudio.

En 1863, Félix Nadar era el fotógrafo de moda en París; los pintores vanguardistas se dieron cuenta de que la fotografía cambiaría la estética de la pintura; Degas fue de los pocos pintores que así lo reconocieron y pretendió captar la figura en movimiento al darse cuenta de las posibilidades que ofrecía la fotografía, con la que podría investigar la relación entre la figura y el espacio desde otra perspectiva. Con esa mirada nueva abrió puertas a la modernidad, consiguiendo llevar el realismo plástico a su apogeo, siempre desde su particular concepción del impresionismo.  La serie de bailarinas tuvo tal éxito en un París dominado por el baile de la Opera, los cafés-concierto que su marchante, el gran Durand-Ruel, le vendía todo lo que salía de su taller de la calle Victor Massé. La alta burguesía que compraba esos cuadros tenían a las bailarinas como objetos eróticos. En ese sentido sus desnudos causaron escándalo en la crítica más conservadora.

En esta admirable obra, «La tina», el espectador observa a la muchacha desde arriba, captada en un momento íntimo. El pintor une en este cuadro dos géneros, la naturaleza muerta y el desnudo, con una disposición del espacio magistral, las curvas de la tina y de la mujer, las líneas verticales, la disposición de los objetos sobre esa mesa y el mango del cepillo que sobresale de la cómoda como nexo de unión de los dos espacios.

Paseando por el Louvre: un cántaro beocio muy curioso

Cántaro de Beocia, Museo del Louvre

Cántaro de Beocia, Museo del Louvre

El tiempo veraniego propicia el paseo y, paseando por el Museo del Louvre, nos encontramos con este curioso cántaro beocio del siglo VI. Una de las asas está reemplazada por el hocico de un jabalí y en la otra vemos, con sorpresa, un ojo -de quién o de qué especie, no lo sabemos-. Un dios con cuerpo de serpiente sujeta un pez con una mano y dos delfines colocados como al azar y una palmeta completan el conjunto; se puede decir que la decoración es debida a una tradición popular más que a un estilo definido.

Paseando por el Louvre: una paella griega

Muchos estarán disfrutando de sus vacaciones; en nuestro país, junto a la playa, sentados en el chiringuito, algunos estarán esperando disfrutar de una sabrosa paella con un tinto de verano. Aquí llamamos paella al contenido del recipiente plano de dos asas; este es un error frecuente, pues lo correcto es llamar paella al recipiente, que así es como se llama. Paseando por el Museo del Louvre nos encontramos con esta copa jónica llamada «El pajarero» que, vista desde arriba, parece totalmente una paella.

Bromas aparte, la copa de mediados del siglo VI realizada con la técnica de las figuras negras todavía indecisa, representa la figura de un hombre que sujeta las ramas flexibles de dos árboles, entre las cuales se puede ver un pájaro y a la izquierda, lo que parece un saltamontes.

Un autorretrato sorprendente de Gauguin

Gauguin: "Autorretrato con nimbo". Óleo sobre lienzo. 79,6 por 51,7 cm. National Gallery of Art, Washington

Gauguin: «Autorretrato con nimbo». Óleo sobre lienzo. 79,6 por 51,7 cm. National Gallery of Art, Washington

Es posiblemente un autorretrato que cualquier pintor con sentido del humor y fina ironía hubiera querido hacer. La aureola de santidad sobre su cabeza quizá es lo primero que llama la atención. Este autorretrato lleva por título «Autorretrato con nimbo». Dos grandes masas de color conforman el cuadro, la parte superior en rojo, donde destacan dos manzanas, y la amarilla, en la que una serpiente que sostiene el pintor completa la idea de la tentación. La crítica religiosa se evidencia en esta simbología y en la intención de presentarse como «Tentador»; Gauguin se burla de sí mismo e ironiza sobre la imaginería cristiana.  Choca también su expresión triste o melancólica o de resentimiento; se ha hablado de amargura por no tener el reconocimiento esperado de sus compatriotas. El cuadro está fechado en 1889, antes de partir hacia la Polinesia francesa.

Paseando por el Museo Calouste Gulbenkian

Vaso egipcio o sirio.

Vaso egipcio o sirio.

Este bellísimo vaso casi cilíndrico de vidrio esmaltado y dorado datado en la primera mitad del siglo XIV,  plantea dudas sobre su origen egipcio o sirio. Sin embargo  fueron los vidrieros sirios los que destacaron en este tipo de vidrio dorado que tuvo su máximo esplendor en la época mameluca. Parece por su tamaño que tuvo una función ceremonial. El motivo decorativo sugiere un paisaje acuático representado por esas líneas ondulantes y un grupo de aves formado por gansos, un pato, un papagayo y un ave fenix