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La flor del otoño

Foto : Bárbara

Foto : Bárbara

 

Foto: Bárbara

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Aunque con un solo ojo todavía, no puedo dejar de acudir al blog; debo tener «mono» bloguero. Mañana me intervienen del otro de modo que, y antes de que se marchiten estos crisantemos que tanto me gustan, ahí se quedan ellos tan pimpantes celebrando el otoño con ese color tan espectacular. Y además, por si alguien me quiere felicitar, hoy es mi cumpleaños.

No es un adiós

 

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

 

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

 

Desde que la Estirga Burlona comenzó su andadura, casi a diario se ha asomado a esta ventana, salvo en los dos últimos meses en los que un quebranto de salud me lo ha impedido hacer de forma regular; ahora entro en quirófano para pulir y dar esplendor a mis ojos y dejarlos como nuevos, eso dicen y eso espero, de modo que hasta noviembre esto se queda así, con estas dos imágenes que a modo de un hasta luego os brindo para que no nos olvidéis.

 

Jugando al escondite

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

 

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

 

Las hojas de la monstera, enormes, disparatadas este año, me han tentado esta tarde y, aunque no tocaba foto hasta dentro de unos días, no he podido y he cedido – la máquina es débil- y me he sentado a su lado en el jardín y he jugado un buen rato a hacer cucú.

 

 

Un otoño sigiloso…

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

 

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

 

Ya está aquí y ha venido sin hacer ruido: de hecho por aquí ni nos hemos enterado, los treinta grados no nos lo quita nadie. Sueño con abrigos, bufandas, guantes mientras las orquídeas siguen tan campantes y exultantes desafiando las estaciones.

Los troncos secos

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

 

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

 

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

 

Los nudos de la madera son como señales de tráfico, redondas ellas, para que las plantas se paren justo ahí o para seguir creciendo a su aíre según les venga en gana: son, la verdad, bastante anárquicas.

La higuera

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

 

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

 

Me han regalado esta higuera verdal, esa que da higos y no brevas, y desde que llegó no paro de mirar los higos, que se asoman por la ventana del comedor; por la noche, con la fresca -es un decir-, desde la tumbona la observo y me siento como una niña con zapatos nuevos. Los árboles, esos seres vivos que nos acompañan, son el mejor regalo que una puede recibir.

¡Rebasadas las 100.000 vistas!

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

La hoja del plátano, así ondeando al viento como una bandera vegetal para saludar y dar las gracias a todos los amigos y seguidores de la Estirga Burlona que lo han hecho posible. Sé de buena tinta que ella, subida a una de las torres de Notre Dame, está muy contenta observando a los miles de turistas que en el Parvis esperan su turno para subir hasta lo alto. Y desde allí os manda un beso y yo, emocionada, un millón de gracias.

Lo que nos acompaña…

Foto; Bárbara

Foto; Bárbara

 

Foto: Bárbara

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Lo más natural para que nos acompañen durante el verano son los materiales que la naturaleza nos brinda, las fibras vegetales y la madera de los troncos de viejos árboles que han cumplido su ciclo vital. Nada como ellos para no sentirnos tan urbanitas y recobrar el latido que nos ata a la tierra.  Se inaugura el mes de junio y el día 21 a las 6:38 de la tarde,  el solsticio de verano nos llama a la fiesta.

Plateándose al atardecer

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

Estar agazapada buscando un tono, según las horas, no es nada nuevo ni original pero es cuanto menos muy entretenido y el tiempo pasa volando.