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Eduardo Mendoza: Una trilogía prodigiosa

"El qué de las aceitunas". Foto: Bárbara.

«El qué de las aceitunas». Foto: Bárbara.

Desde hace meses tenía in mente rendir un pequeño homenaje al escritor barcelonés Eduardo Mendoza. Agradecerle las sonrisas y las carcajadas que le debo. Y no es fácil encontrar un autor que me haga soltar la carcajada, en solitario o en un lugar público, sin que me importe lo que los demás puedan pensar. Eduardo Mendoza (Barcelona 1943), escritor de reconocidos méritos por obras tan importantes como «La ciudad de los prodigios», elegido el mejor libro por Lire en 1989, y «Una comedia ligera», premio al mejor libro extranjero en 1998, ambos en Francia, es sin duda uno de los escritores de habla hispana más traducidos y respetados. «La verdad sobre el caso Savolta» tuvo, en el momento de su aparición, una gran acogida entre la critica y los lectores. Después, más premios y una larga lista de libros serios y menos serios configuran el legado Mendoza.

Me centro en la trilogía formada por «El misterio de la cripta embrujada», «El laberinto de las aceitunas» y «El tocador de señoras». Y ¡qué trilogía! Aparecieron por este orden y debo confesar que mi preferida es la segunda.

«El laberinto de las aceitunas», al igual que sus hermanas, tiene lo que Fernando Marías describe como una fórmula mágica en la cual uno de los ingredientes sería la picaresca, más otros que yo llamaría «lo casposo nacional» y la receta de la novela negra americana. Sea cual sea esta fórmula y sus ingredientes, funciona de forma prodigiosa. El arranque de la novela es ya desternillante con sus gotas surrealistas. El personaje principal, recluido en un sanatorio mental contra su voluntad, un pobre diablo tipo «landista», está acompañado a lo largo de la trama por otros como el comisario Flores, el doctor Sugrañes, don Plutarquete, Emilia y Pustulina Mierdalojo… conforman un mundo tan real como inverosímil. El personaje de Pustulina Mierdalojo es una delicia; solo por el nombre ya dan ganas de adoptarla; las criaturas del libro tienen dosis, a partes iguales, de ternura, desvalimiento, poca vergüenza y desparpajo: es decir, tienen la dosis necesaria para sobrevivir en un mundo donde los especuladores y los fuertes ganan. Esto ¿les suena de algo?

Este libro se queda corto; leyendo la última página le entra a una un desconsuelo que solo los otros dos pueden mitigar.

Tengo ya una edad en la que debo ser selectiva, pero no por elitismo; más bien diría que por tener el tiempo más limitado, de modo que releo lo que realmente me apasiona y me hace disfrutar. Me he reído y bien todas las veces que he abierto sus páginas. Les recomiendo fervientemente la trilogía. Sabido es que traducir es difícil, de alguna forma se traiciona el original, mas la Éditions du Seuil  tiene todas las obras de Mendoza en francés y no desmerecen del original lo que no es fácil, porque las expresiones de la calle en castellano son muy de aquí.

 En España podemos encontrar sus obras  en Seix Barral.

Gracias don Eduardo Mendoza.

Miró: Yo trabajo como un hortelano

Joan Miró: "Femme et oiseau dans la nuit", 1967.

Joan Miró: «Femme et oiseau dans la nuit», 1967.

 Las manos, esas herramientas imprescindibles, tocadas por un tibio sol invernal se vuelven alegres como unas castañuelas cuando cae en ellas una joya como esta, que acaricio, toco y siento como respira. Miro las reproducciones, que también respiran, y rozo con las yemas de los dedos las palabras de Miró que palpitan vivas como guijarros. Empiezo por el final: esta joya se terminó de estampar el 10 de setiembre de 1964 en las prensas de la imprenta G.E.A. de Milán (Italia). Se imprimieron en español 600 ejemplares numerados y este es el número 252.

La vista y el tacto aliadas en esta mañana frente a la declaración de fe de Miró, el poeta de las constelaciones, que dice: «El espectáculo del cielo me trastorna. Me siento trastornado cuando veo, en un cielo inmenso, el creciente de la luna o el sol. Los espacios vacíos, los horizontes vacíos, todo lo despojado me ha impresionado mucho siempre».

Miró el hortelano, que define su trabajo como el del hombre del campo que debe sembrar, regar, cortar, injertar, podar para que las obras maduren. Miró amaba la tierra, la naturaleza era su fuente de inspiración; su filosofía: «Un guijarro, que es un objeto finito e inmóvil, me sugiere no solamente movimiento, sino movimiento sin fin». «Como dijera Kant, es la irrupción inmediata de lo infinito en lo finito».

En sus inicios, el pintor admiraba la pintura de Rousseau «el Aduanero», de Vang Gogh, de Cézanne. Al amar a Rousseau amaba el arte popular, «porque me ha conmovido siempre. No hay en este arte ni engaños ni trucos. Va directamente a su fin».

La tensión espiritual que necesitaba para crear era una tensión voluntaria que encontraba en la poesía, la arquitectura, la música. Este creador enorme que trabajó como un hortelano cultivó la pintura, el grabado, la escultura, la cerámica con la misma pasión que el payés insular cultivaba el campo.

Había que ver sus ojos azules como el mar que veía desde la Bonanova. Los Miró vivían en una zona alta de Palma de Mallorca, la Bonanova, zona residencial donde vivía entonces también Camilo José Cela. Miró tenía unos ojos, pequeños, muy vivos en una cara surcada con arrugas de payés. Cerca de su casa hay una hermita pequeña a donde acudía los domingos con su mujer. A la salida de la misa, departía con los vecinos, con los amigos que vivían en la Bonanova. Un domingo me presentaron a Miró y a su mujer, yo era una jovencita tonta como todas las adolescentes y entonces no supe calibrar la importancia del momento y solo recuerdo su mirada viva, sus ojos risueños, su aspecto de hombre bueno. Desde lo alto de la Bonanova se ve todo el puerto de Mallorca, los barcos y el azul del mar como sus ojos.

Este libro -Miró: «Yo trabajo como un hortelano»- está prologado por Yvon Taillandier. Editorial Gustavo Gili, Barcelona. Edición bilingüe (Castellano-Inglés)

Nota sobre la herida mortal de Vincent. «Van Gogh. La vida». De Steven Naifeh y Gregory Whithe Smith.

"Autoretrato con sombrero de paja", Ámsterdam, Rijkrmuseum Vincent Van Gogh

«Autorretrato con sombrero de paja». Ámsterdam, Rijksmuseum Vincent van Gogh.

Las críticas del «Time», de «The Washington Post», de «The New York Times», de «The Wall Street Journal», y de «El País» entre otros prestigiosos periódicos consideran este libro como la biografía definitiva de Van Gogh. Abruma la bibliografía de este trabajo, que ha contado con la ayuda y el apoyo del Museo de Ámsterdan, aparte de correspondencia y documentos inéditos aportados por la familia. Los autores, galardonados con el premio Pulitzer por su biografía de Jacskon Pollock, dan forma y respuesta a muchos de los interrogantes que sobre la vida del pintor quedaban en el aire. Su lectura es apasionante y en sus 962 páginas se incluye un apéndice muy esclarecedor sobre el misterioso suceso de su muerte. El apéndice lleva por título «Nota sobre la herida mortal de Vincent». Debo decir que, en principio, me interesó sobre todo este apéndice, porque como lectora reincidente de las «Cartas a Theo» no me ha casado nunca la idea de que el pintor se suicidara; como tampoco el mito del pintor loco. De sus cartas se desprende un espíritu cultivado, torturado, con accesos coléricos, pero no de alguien enajenado. La defensa vehemente de su teoría artística denota un soberbio conocimiento del arte. Van Gogh, que había manifestado su rechazo al suicidio como un acto cobarde, no parece, con ese que se le atribuye, acto que alimentase el mito y acrecentase su leyenda, consecuente con sus ideas. Reveladora es la relación con su hermano Theo, que le sobrevivió solo seis meses. Me quedo con ganas de comentar cosas sobre esta obra, pero sería desvelar parte de la contribución que este bello libro aporta y sé que no debo. Importantísimo el papel de la mujer de Theo en la conservación de la memoria de ambos y en la publicación de las cartas.

Particularmente tengo otra visión sobre la relación de los dos hermanos, nada real posiblemente, solo basada en sentimientos e impresiones que volqué en un cuento largo, «La Arlesiana», hace de eso ya algunos años (licencias literarias o quizás un pelín de mala uva).

Para todos los amantes del arte en general, y del pintor en particular, este es un libro imprescindible. Conocer a Vincent viviendo con su hermano en el 54 de la rue Lepic, conocer la trastienda de Tanguy, los talleres parisinos, el ambiente literario, los años en la Provenza… un placer irresistible.

Jo, la viuda de Theo, hizo trasladar los restos de su marido desde Utrecht a Auvers, donde reposan los dos hermanos; en las lápidas reza: «Ici repose Theodore Van Gogh», «Ici repose Vincent van Gogh». En un lugar tranquilo sobre los trigales.

Este libro se publicó en octubre de 2012, por la Editorial Taurus. Madrid

Una cena con Calígula

·"Sardinas resacosas".. Foto:Bárbara.

·»Sardinas resacosas». Foto: Bárbara.

Con el subtitulo de «El libro de la cocina depravada», los autores, Medlar Lucan y Durian Gray, nos sorprenden con un trabajo curioso y ¿»provocador»? A mi entender se trata de un volumen que, para los amantes de la cocina e incluso para los que no son precisamente adeptos, resulta sumamente entretenido. El libro, que se publicó en 1995, ha sido reeditado por la Editorial Alba en 2007. Los autores, dueños del restaurante «The Decadent» en Edimburgo, cerrado por escándalo, eran protagonistas de, digamos, acontecimientos gastronómicos poco habituales, como explican en la Introducción.  El repaso por la historia y por textos de Flaubert, de Huysmans, de Homero, de Mandiargues con evocaciones medievales, orgías romanas, resonancias del Marqués de Sade hacen de este libro un recetario distinto y sorprendente. La receta del «Pavo real vivo con aves pequeñas» resuelve el misterio que para mí tenía el hecho de que al trinchar un animal salieran volando de su interior y como por arte de magia distintas clases de pajaritos. Por sus distintos capítulos -«El desayuno del Gran Inquisidor», «La sangre, el ingrediente vital», «La salchicha decadente», «El goloso marqués de Sade»…- se pasean personajes conocidos como Gérard de Nerval, Pío IV, Sade, Heliogábalo, Tiberio, Calígula…

En resumen, no hace falta poner en práctica recetas como «Gato en salsa de tomate» o «Pechos de virgen» para disfrutar leyendo un libro distinto sobre el arte de comer.

Cita de Julio Cortázar

Creo que la literatura sirve como una de las muchas posibilidades del hombre para realizarse como homo ludens, en último término como hombre feliz. La literatura es una de las posibilidades de la felicidad humana: hacerla y leerla.

 

Del libro «Conversaciones  con Julio Cortázar» de Ernesto González Bermejo.

Aurelio Serrano Ortiz: dibujante y poeta

Aurelio Serrano Ortiz: " 26-12-2012". Lapiz sobre papel. De la serie "Depuis l'art nouveau"

Aurelio Serrano Ortiz: » 26-12-2012″. Lápiz sobre papel. De la serie «Depuis l’art nouveau»

 

Entrar dormido en la mar

y despertar en mí

lleno de cielo

con la mar dormida

entre los dedos

 

Del libro «Desde la soledad. Poemas»  (1967-69)

La relación epistolar de Julio Cortázar

Cementerio de Montparnasse. Tumba de Cortázar y de Carol Dunlop. Escultura de Julio Silva.

Cementerio de Montparnasse. Tumba de Cortázar y de Carol Dunlop. Escultura de Julio Silva. Foto: Bárbara.

Hay escritores que se relacionan epistolarmente con sentido histórico, puliendo y retocando sus cartas, haciendo de este género algo académico perfectamente acabado. Alguna vez he comentado que al Maestro -que escribió un sinfín de cartas- le resultaba detestable este tipo de cartas y lo dejó bien claro en numerosas ocasiones. En la larga e interesantísima conversación que el periodista, ya fallecido, Soler Serrano mantuvo en un programa de TVE con el escritor, una se daba cuenta de que escribía con el mismo verbo prodigioso con el que hablaba. Oírle hablar era como asistir a un relato que se iba generando en vivo y en directo. ¡Era pasmoso!; como un milagro de creación pura. Leer el epistolario de Cortázar es lo más parecido a leer un diario; diario que no escribió. Adentrarse en su mundo epistolar es descubrir todos los paisajes del mundo que él vivió, todos los afectos que sintió, todos sus juicios sobre arte, literatura, política…

 En el 2000 la editorial Alfaguara publica dos volúmenes de cartas  con la edición a cargo de Aurora Bernárdez.

En 2010 la editorial Alfaguara editó un hermoso libro «Cartas a los Jonquières», con el diseño de cubierta de Raquel Cané. La edición de Aurora Bernárdez, su mujer, y de Carles Álvarez Garriga supuso un trabajo de muchos años. La recopilación y transcripción del material permite conocer desde los años cincuenta hasta los ochenta; desde que se instala definitivamente en París hasta casi su fallecimiento. En febrero de 2012, Alfaguara vuelve a organizar en cinco volúmenes, con la adicción de más de mil cartas nuevas, toda la correspondencia de Cortázar desde 1937 hasta 1984, año en que muere en París. La labor de recopilación y transcripción de Aurora Bernárdez y el trabajo de Carles Álvarez Garriga así como el de Alfaguara es un hermoso homenaje a la figura del escritor y una delicia para los lectores que en contadas ocasiones podemos admirar tanto el genio del escritor como la persona sensible, cariñosa, ética, incorruptible, firme en sus creencias revolucionarias y defensor de los derechos humanos. Un ejemplo a seguir como el de Albert Camus.

Cándido o el optimismo. Un libro excepcional para estos tiempos que corren

Texto de Voltaire en el interior del café Procope, Paris. Foto: Bárbara

Texto de Voltaire en el interior del café Procope, Paris. Foto: Bárbara

El gusto por algo es tan subjetivo como personal.  Lo digo porque, aunque puedo presumir de haber leído «El Quijote», no es -para mí- un libro al que recurro con asiduidad; sin embargo, cuando quiero pasar un buen rato y reírme a gusto, vuelvo a releer «Cándido». Voltaire, que arremetió contra todo con su demoledora ironía, lo hizo también contra Shakespeare o Dante, dos genios de la literatura universal, cosa chocante; sin duda él también tenía sus gustos particulares. «Cándido»  comienza así:

DE COMO CÁNDIDO FUE EDUCADO EN UN HERMOSO CASTILLO Y DE QUÉ MANERA  FUE  EXPULSADO DEL MISMO.

Había en Westfalia, en el castillo del señor barón de Thunder-ten-tronck, un joven a quien la naturaleza había dotado de hábitos modestos y encantadores. Su rostro dejaba adivinar su alma. Quizá por eso y porque hacía gala de un juicio recto y de un espíritu simple, se le llamaba Cándido.

La candidez y el espíritu optimista del personaje dan pie a un sinfín de aventuras por todo el mundo, teniendo como enseñanzas las del preceptor Pangloss, el más grande filósofo (de la provincia), que enseñaba la metafísica teologocosmolonigología. «Cándido» es definido por el rey de los búlgaros como «metafísico ignorante de las cosas de este mundo».

EN EL CAPÍTULO IV,  ENTRE OTRA COSAS, SE DICE:

Pangloss contestó en estos términos:

-¡Ah mi querido Cándido! Vos mismos conocisteis a Paquita, aquella bella sirvienta de nuestra augusta baronesa; en sus brazos gusté de las delicias del paraíso, que son las que me produjeron estos tormentos infernales que me están devorando; estaba infestada y tal vez haya muerto. Paquita había recibido ese regalo de un fraile franciscano, muy sabio, quien había conocido el origen del mal: una vieja condesa que lo había recibido a su vez de un capitán de la caballería, el cual se lo debía a una marquesa,  a quien había contagiado a un paje, habiéndolo recibido este de un jesuita, que, a su vez, siendo novicio, lo adquirió en línea recta de uno de los acompañantes de Cristóbal Colón. Por mi parte, no podré legárselo a nadie,  porque me muero.

-¡Oh, Pangloss- exclamó Cándido-, qué extraña genealogía! ¿No habrá sido el diablo el origen de tamaño linaje?

-Nada de eso-replicó el gran hombre-; esta era una cosa indispensable en el mejor de los mundos, un ingrediente necesario. Porque si Colón no hubiera atrapado la enfermedad en una isla de América, esta enfermedad que envenena toda fuente de generación y que con frecuencia impide la misma, oponiéndose a los fines específicos de la naturaleza, nosotros no hubiéramos tenido la suerte de conocer el chocolate o la cochinilla.

EN EL CAPÍTULO XII SE DICE:

«…Al cabo de algunos días resolvieron comerse a las mujeres. Teníamos un imán muy piadoso y compasivo que les hizo un excelente sermón, con el cual casi los convenció de que no nos mataran del todo. «Cortadles -dijo- una nalga a cada una de las señoras y eso os reanimará ; si es preciso repetir, tendréis otro tanto dentro de algunos días. Con seguridad el cielo os premiará por tan benéfica acción y seréis socorridos.» Como era hombre de mucha elocuencia, los persuadió y se llevó a cabo la  operación terrible.

Voltaire fue despiadado con las religiones, satírico, con un ingenio portentoso, de una cultura insuperable, de una imaginación fértil y un gracejo deliciosamente socarrón. Polemizó con todo y con todos; fue anatematizado, odiado, silenciado y amado como pocos autores. Si tienen ganas de pasar un buen rato y si son además de mente abierta, les recomiendo que lean El «Cándido» de Voltaire. Yo, debo confesar,soy una de sus fans.

Bram Stoker, el padre de Drácula

Muñeca de porcelana. Colección privada. Foto: Bárbara.

Muñeca de porcelana. Colección privada Albaladejo-Serrano. Foto: Bárbara.

Este genial irlandés -nacido en Clontarf en1847  y muerto (?) en Londres-, escribió » la novela  más hermosa jamás escrita» según palabras de Oscar Wilde.  El escritor autor de «Drácula» pasó una infancia marcada por la enfermedad, la soledad y el sufrimiento físico. La introspección que ello conlleva, ha sido en muchos casos el caldo de cultivo desde donde muchos artistas -en potencia- se han visto impulsados hacia la práctica de cualquier expresión artística como válvula de escape. El espíritu trasciende, tiene que hacerlo para poder sobrevivir al dolor y a las carencias; en compensación, el supremo  placer que experimentan «creando», solo  unos pocos espíritus privilegiados son capaces de sentirlo, de disfrutarlo. Muchas veces el camino no es fácil, y el mismo Stoker llevó durante  unos cuantos años la vida reglada de un funcionario. Fue en 1897 cuando escribió «Drácula», la novela considerada como la cima de la literatura gótica de terror. El personaje del vampiro, el conde de Transilvania, ha sido toda una inspiración para generaciones sucesivas. Hoy más que nunca el vampirismo está de moda, particularmente entre los jóvenes, gracias a las diferentes versiones cinematográficas y a una serie muy de moda. Particularmente me quedo con el conde Drácula de Stoker.

 Stoker fue además critico teatral y autor de numerosos  relatos como «El entierro de las ratas», «La casa del Juez» y «El invitado de Drácula» que fue escrito como primer capítulo de su gran obra «Drácula».

Stoker tuvo en Sir Arthur Conan Doyle un admirador ferviente. Juntos compartieron su afición por las ciencias ocultas y el espiritismo.

El anhelo del hombre por la inmortalidad ha sido, sin duda, el motor de muchas creaciones literarias. Vencer a la muerte es en sí una aspiración inútil, pero  qué  herramienta más fértil para la imaginación.

Albert Camus. Solitario y Solidario. Por Catherine Camus

Albert Camus, foto de Cartier-Bresson.

Albert Camus, foto de Cartier-Bresson.

Este libro ha estado dormido durante unos meses; callado -por mi voluntad- esperando que el deseo de afrontarlo llegará un día con la necesidad perentoria de escribir como lo hace el escritor que vuelca de pronto un manantial de letras. El momento ha llegado propiciado por la soledad, la perra durmiendo a mi lado y la chimenea encendiendo el rostro hermoso de la portada.

El respeto hacia el hombre y el tesoro que encierra el libro me han hecho demorar el momento excitante de conocer más sobre alguien a quien he admirado desde que leí por primera vez con catorce años «El extranjero». Albert Camus ha sido para mí un hombre digno. No es poco. Decir que es uno de los mejores escritores, Premio Nobel, articulista magistral, ensayista, director de teatro… ya es sabido. Algunas veces -pocas- una gran obra se corresponde con una talla humana excepcional: ese es el caso de Camus.

El libro, de formato grande, tiene en la portada una hermosa foto del escritor. Su hija, Catherine Camus, escribe una introducción sorprendentemente bella y precisa sobre él, el padre. Sincera, con una contención que emociona. El libro está estructurado en distintos apartados: Introducción, La génesis 1913-1936, El despertar-La acción 1937-1945, La Rebelión 1946-1951, Solitario-Solidario 1952-1960. Esta obra, repleta de magnificas fotografías en blanco y negro, repasan y contienen su vida junto con una selección de textos que se adaptan cronólogicamente a las imágenes. Firmas, como la de Cartier-Bresson, son una garantía de la calidad de estas. Genial la tomada en el estudio de Picasso cuando se representó la obra de teatro «El deseo atrapado por la cola», escrita por Picasso y dirigida por Camus, en la que aparecen Cécile Eluard, Pierre Reverdy, Simone de Beauvoir, Sartre, Michel Leiris… Las fantásticas fotografías son además un documento histórico sobre la vida cultural, social y política de la época que le tocó vivir. Es un libro imprescindible para todo aquel que esté interesado en esos años convulsos de una Europa en guerra y que ame la fotografía de calidad.

Sus artículos en «Combat» en defensa  de la libertad y de la justicia, con titulares como «À guerre totale resistence totale», le permiten luchar con el instrumento que tiene a mano, la pluma. Camus, enfermo de tuberculosis, se vio rechazado para la lucha armada; no obstante no hubo compromiso que eludiera: estuvo en el juicio contra Petain, se reveló cuando Franco entró en la UNESCO, rechazó el uso de las armas nucleares y la pena de muerte…

Camus tuvo un amor profundo por su madre, Catalina Sintes, de origen menorquin; un amor y devoción sin límites por una madre humilde, de raíces humildes como toda su familia. El primer apartado del libro, sus años en Argelia en el despertar a la vida, es un canto feliz de un niño huérfano de padre que murió en suelo francés sirviendo en la primera compañía de Zuavos. Niño que jugaba al fútbol y disfrutaba del mar en las playas argelinas, en aquel mar que ya en la madurez recobró en la Provenza. Catalina Sintes y Argelia, dos amores que le acompañaron hasta el final, igual que la figura del  padre al que brinda su obra inacabada «El primer hombre» -obra de lectura muy recomendable, de una belleza increíble-.

La perra sigue durmiendo en el sofá, a mi lado; el fuego lame los troncos de leña que crepitan como la carcoma. Y recuerdo que leí a Camus por primera vez en Mahón, de donde era José Cardona y Pons, ascendiente menorquín de Albert Camus. ¡Casualidades de la vida!

Muchas veces me he preguntado por las obras que su muerte prematura nos ha hurtado. El absurdo accidente de coche se ha cuestionado por algunos investigadores que culpan a un servicio secreto de un país concreto deseoso de acallar a un defensor de la libertad que arremetió contra toda tiranía. Contra el franquismo, contra el totalitarismo marxista, contra la utilización de la bomba atómica, contra la situación en Argelia, contra el nazismo. Su ideología de hombre de izquierdas, progresista libre, no sujeto por el adoctrinamiento de ningún partido concreto -su adhesión al partido comunista duró poco-  le permitieron, en el tiempo, luchar por la defensa de la libertad, de la dignidad y por el respeto hacia el ser humano.

El libro «Albert Camus, Solitario, Solidario», esta impreso en China, editado en España por Plataforma Editorial, Barcelona, 2012. Edición preciosa, cuidadísima de gran belleza que recomiendo para estas fiestas. ¡Mejor regalo imposible!