Poder leer a un autor en su propia lengua es un placer del que disfrutan los estudiosos de los idiomas o los que han tenido el privilegio de vivir en distintas culturas. Los países de habla derivada del latín tenemos una raíces comunes que facilitan la labor en varios países europeos, pero que en el caso de España está por demostrar, bien por vagancia congénita o por falta de interés; y esto teniendo ventaja; no obstante el caso se pone más peliagudo si nos adentramos en lenguas sajonas, ahí la cosa se complica; es sabido que del mismo modo que hay pueblos como los eslavos, que tienen una facilidad pasmosa para los distintos idiomas, otros como el nuestro carecen del llamémosle «estímulo» suficiente para adentrarnos en el mundo no latino. Aunque sé también que últimamente nuestros jóvenes más lanzados inmersionan en el japonés y el chino mandarín y quiero creer que no todos acuciados por la necesidad de volar como aves migratorias (la UE se está poniendo imposible), sino por el simple placer de leer a Confucio, por poner un ejemplo en su propia salsa. A mí, que me siento muy cerca de la filosofía budista, me supone una gran frustración no haber pasado del francés, que adoro, y del catalán, que encuentro que es la lengua más bonita para decir «palabras de amor» como dice Serrat.
Todo este largo preámbulo para decir que me sé de memoria trozos de «La muerta enamorada» de Théophile Gautier, relato que estudié en mis cursos de francés y que la he disfrutado y sigo disfrutando junto con otros relatos del mismo autor. El maestro Gautier, que nació en Tarbes (Francia) en 1811 y murió en París en 1872, fue además de narrador, poeta, fotógrafo, columnista y escritor de libros de viajes y fundador del Parnasianismo como reacción frente al Romanticismo. El parnasiano tiene por lema «el arte por el arte», aspirando a la belleza al margen de la moral. La altura literaria de Gautier es indiscutible; Baudelaire le dedicó su obra maestra «Las flores del mal» y Balzac y Victor Hugo fueron amigos y admiradores de su obra; este último escribió una sentida «Elegía a Théophile Gautier». Si quieren adentrarse en un auténtico relato de vampirismo, escrito con un estilo elegante, de gran belleza descriptiva con la hondura sicológica de un clásico, lean «La muerta enamorada» y, si pueden hacerlo en francés, mejor que mejor: un auténtico placer.









