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Indignados: El tumor cerebral de Hitler

Dibujo de Leonardo da Vinci

La situación en Siria no mejora. La guerra civil continúa a pesar del alto el fuego y del nuevo mediador internacional. Nada ha cambiado, pues el número de victimas civiles sigue siendo a diario estremecedor. A todos los tiranos les llega su hora; pero mientras, los pueblos sometidos se desangran, siendo los más desvalidos -mujeres, ancianos y niños- los que sufren las consecuencia de sus locuras. A todos los que perdieron la esperanza o la vida les quiero dedicar este poema que escribiera Leonard Cohen en «Flores para Hitler», terribles poemas para denunciar lo más horrendo que un ser humano puede ocasionar a otro: la tortura y la muerte.

EL TUMOR CEREBRAL DE HITLER

El tumor cerebral de Hitler asoma por mis ojos

Goering derrite lingotes de oro en mis entrañas

Mi nuez abulta como la cabeza de Goebbels

Es inútil decir a un hombre que es judío

Con tu beso elabora la pantalla de una lámpara

¡Confiesa! ¡Confiesa!

es lo que me pedís

aunque creéis que me los estáis dando todo

HITLER THE BRAIN-MOLE

HITLER the brain-mole looks out  of my eyes

Goering boils ingots of gold in my bowels

My Adam’s Apple bulges with the whole head of

Goebbels

No use to tell a man he’s a Jew

I’m making a lampshade out of your kiss

Confess! Confess!

is what you demand

although you believe you’re giving me everything

Del libro «Poemas escogidos» (versión de Jorge Ferrer-Vidal), Ed. Plaza y Janés. Barcelona, primera edición, enero 1972.

Yukio Mishima: El ritual de su «harakiri»

Editorial Seix Barral. Primera edición: marzo, 1973.

 Hiraoka Kimitake, nació en Tokio en 1925. Para el mundo y para la literatura ha pasado a la historia como Yukio Mishima. Hijo de una noble familia de samuráis,  fue un superdotado. Dramaturgo, novelista, escribió una opera, según dicen en dos días, se graduó en Leyes, fue campeón de artes marciales y esgrima, director de orquesta… Es difícil definir la personalidad de un ser como Mishima, de una sensibilidad extrema; desde luego no es posible solo con la enumeración de las cosas que realizó hasta su muerte; muerte, por otra parte, meditada, orientada hacia una significación concreta, sometida al ritual del harakiri.

Con 23 años escribió una notable novela autobiográfica, «Confesiones de una máscara», en la que narra los tormentos que le ocasionan el descubrimiento de su homosexualidad en una sociedad machista; estamos hablando de los años veinte en la sociedad japonesa. El descubrimiento del amor, el ideal de belleza, el anhelo de lo prohibido está descrito de forma magistral. Su famosa novela «El sonido de las olas» está basada en el antiguo romance griego «Dafnis y Cloe». Con la novela «Shiosai» obtuvo en 1954 el premio Shinchosa. Aparte de sus novelas, escribió ensayos e innumerables obras de teatro.

Como dramaturgo, Mishima contribuyó al teatro moderno realizando una síntesis prodigiosa del teatro tradicional Nô, en obras rigurosamente insertas en la tradición, pero formuladas en la vida moderna. En la actual sociedad occidental, cada vez más abierta la atracción hacia la cultura japonesa, es una constante tremendamente enriquecedora. A principios del siglo pasado, el entusiasmo de poetas como Yeats y Pound así como la dedicación de Arthur Waley, hicieron posible la fascinación por la tradición del teatro Nô en la literatura occidental.

Desde el inicio del Nô en el siglo XIV, este tipo de teatro estuvo ligado al Shogunado que ostentaba el poder; a partir de 1868 la sociedad japonesa se occidentaliza y se moderniza, de modo que el futuro del teatro Nô era entonces incierto. Con el tiempo se dieron cuenta que se parecía a la ópera occidental y se recupera poco a poco. El Nô tiene su origen en piezas cortas representadas en los templos y altares como parte de fiestas populares. Con el tiempo solo se representaba en la corte y llegó a convertirse en un ritual en el que el diálogo se pronunciaba en tonos monocordes y los gestos terminaron por estilizarse. Es un teatro eminentemente simbólico, y en ciertos aspectos recuerda a los primitivos dramas griegos. De la misma manera que se dejaron de escribir madrigales finalizado el Siglo de Oro, se abandonó la creación de obras de teatro Nô; solo un genio creador de la talla Mishima fue capar de renovarlo y actualizarlo.

Mishima se suicidó en público haciéndose el Harakiri en 1972 como protesta y como ejemplo nacionalista. Muerte premeditada, racionalizada, expuesta….

Francisco Torres Monreal: Baudelaire maldito.

Portada del libro. Editorial Fundamentos. Madrid 2001.

Francisco Torres Monreal, catedrático de francés de la Universidad de Murcia, traductor, dramaturgo, crítico de reconocido prestigio internacional y voz autorizada como conocedor de las últimas tendencias teatrales, es el autor de «Baudelaire Maldito y otras obras». Me ceñiré a «Baudelaire maldito» y quiero reproducir lo que se recoge en la contraportada del libro sobre esta obra de teatro:

«Obra ideológica y estéticamente extraordinaria que merece los honores de un montaje digno» (A. González Vergel, director). » Qué magnífico espectáculo este texto» (L. Kemp, director y actor). «Su lectura me ha dejado literalmente fascinado» (F. Aguinaga, director). «Bellísimamente escrita… la obra posee una rara y atractiva mezcla de teatro ritual y teatro documento» (A. Miralles).

La introducción, por parte de Fernando Cantalapiedra, es una inteligente y clara disección y análisis de la obra, que plantea un reto ambicioso y difícil como es hacer una biografía teatral. Cantalapiedra opina, con sobrada razón, que supone una aventura quijotesca llevarla a cabo en nuestro tiempo; y más si se realiza a través del lenguaje poético. Solo una persona con el bagaje escénico, el conocimiento de las vanguardias teatrales, como es el caso, podía llevar a buen término un desafío de tal magnitud. Sé que para muchos leer teatro no es tarea fácil, aunque personalmente considero que es apasionante, siempre que el autor sea capaz de llevarnos hasta la magia del teatro, que sea capar de subirnos a una nube o ver el mar, «entre la negritud y el azul, evocando el cementerio marino de Paul Valéry», dice Cantalapiedra. Las acotaciones que nos hace el autor, acotaciones literarias como hacía Valle-Inclán, nos sumergen en el ambiente de forma tan intensa que nos lleva al escenario de la mano (magníficamente descrito e inscrito en los poemas de Baudelaire).

«Baudelaire maldito» está formado por veintitrés  cuadros, cada uno de ellos con su propio título, como en un libro, otra novedad que introduce Francisco Torres Monreal.  La obra es un recorrido apasionante por la vida atormentada del autor de «Las flores del mal». Vivimos el juicio inquisitorial a Baudelaire, sus amores, las tertulias con sus amigos, su relación  amor-odio con su madre, su soledad y su muerte. Mas sobre todo sobrevuela la personalidad, el pensamiento del poeta maldito, el mundo libertario frente a la sociedad conservadora, la nueva estética del momento: Manet, Zola, Flaubert… y Wagner… «Tanhausser»; los grandes renovadores de la escenografía teatral, con Appia y Gordon Graig a la cabeza, admiraban profundamente a Wagner. La obra del alemán está presente como leit motif en los momentos más intensos, en la muerte del poeta. La percusión es otro elemento que utiliza Torres Monreal, así como las proyecciones y las técnicas cinematográficas  en la iglesia de Namur, por ejemplo.

Este es un pobre y sucinto comentario de una obra grande, sorprendente, con una escenografía ritual, primitiva, ancestral que nos conmueve y estremece… Y a la vez el compendio de un saber enciclopédico.

Arthur Rimbaud, el vidente.

Portada del libro «Una temporada en el infierno. Iluminaciones». Libros de Autor. Madrid, 1994. Ejemplar nº 0727 de la edición limitada y numerada de 3000 ejemplares.

Con el título de «Arthur Rimbaud, el vidente» Enrique Azcoaga prologa el libro de la colección Biblioteca Edaf «Rimbaud, poesía y prosa». El libro, publicado en 1971, tiene en mi opinión la mejor versión en castellano que se ha hecho nunca de Rimbaud  a cargo del mismo Azcoaga, además de contar con una introducción muy sentida de Paul Claudel fechada en julio de 1912. Dicha introducción comienza así: «Arthur Rimbaud fue un místico en estado salvaje, una fuente perdida que brota en una tierra saturada…»

El poeta nació en Charleville el 20 de octubre de 1854 y murió en Marsella el 10 de noviembre de 1891. Muy joven se trasladó a París donde combatió con los revolucionarios de la Comuna. Mantuvo una relación conflictiva con el poeta Verlaine, que finalizó de forma dramática en Bruselas. Verlaine, por cierto, fue el que acuñó el término de «poeta maldito» en el que también encaja Rimbaud. Enfermó en África después de una vida errante por diversos países de Europa, Java, Sumatra, Egipto y Abisinia, donde lo mismo fue explorador, traficante de café y de armas. Arribó a Marsella muy enfermo, se le amputó una pierna y finalmente falleció a la temprana edad de 37 años.

Rimbaud, el visionario, rechazó en su obra un orden de cosas corrompido, la inclinación hacia el mal que anima al ser humano, la sociedad enferma… Fatal fue que quisiera vivir conforme a las reglas que su nuevo método poético había creado.

Para Jacques Riviêre, estudioso de «Las iluminaciones», a Rimbaud hay que verlo como «una dosis más fuerte de la realidad, como una cantidad mayor de existencia».

Su voz es la de un visionario, tiene la fuerza del rayo, la alucinación del profeta.

En el periodo que va de 1870 a 1872 escribe los primeros versos, de entre los cuales destaco «El barco ebrio», «Los cuervos» y «Vocales» ( tema que retoma en «La alquimia del verbo»); esta elección se debe únicamente a un gusto puramente personal. En 1873 escribe «Una temporada en los Infiernos» e «Iluminaciones», impresas en vida del autor. Lo realmente extraordinario es que su obra tan nueva y rompedora, TAN INNOVADORA, la realizara desde los catorce a los diecinueve años. Su influencia no ha dejado de sentirse entre los poetas desde entonces; los simbolistas los adoptaron como libros sagrados de culto del mismo modo que, con posterioridad, lo hicieran los dadaístas y los surrealistas. Consiguió hacer realidad una de sus obsesiones que era ser un poeta «absolutamente moderno».

METROPOLITANO ( de «Iluminaciones»)

Desde el estrecho índigo a los mares de Osian, sobre la arena rosa y naranja lavada por el cielo vinoso, terminan de subir y cruzarse bulevares de cristal, habitados incansablemente por jóvenes familias pobres que se alimentan en los huertos. ¡Nada de riqueza! -¡La ciudad!

Levanta la cabeza y mira: este puente de madera, arqueado; estas últimas huertas de Samaria; estas máscaras que ilumina el farol azotado por la noche fría; la ondina  necia en la orilla del río, con su ropa brillante; esos cráneos luminosos en las parcelas de guisantes, y tantas y tantas fantasmagorías. -El campo.

Edgar Allan Poe

El libro » The Poems of Edgar Allan Poe», editado por George Bell & Sons, London, 1900, reeditado en 1970 y reimprimido en 1970 y 1971, está ilustrado y decorado por W. Heath Robinson con unos exquisitos dibujos modernistas de gran belleza. Además de los poemas incluye escenas de «Politian», «Carta a Mr…», «Ensayo de principios poéticos» y «Ensayo de Filosofía de la composición» -esta edición de 1971 que obra en mi poder, desconozco si se ha vuelto a editar-. El libro, comprado en Londres, es por su cuidada edición un objeto de culto para los bibliófilos y amantes de la letra impresa que disfrutamos desde el perfume de sus páginas a la música de sus poemas. La obra de Poe ha tenido una influencia decisiva en prácticamente todo el mundo literario. Poe, creador de ambientes, es el maestro para grandes escritores como Baudelaire, Faulknert, Dostoyevski, Mann, Borges, Bierce, James, Kafka, Lovecraft, Cortázar, Maupassant y un largo etc. interminable. El genial bostoniano nació en 1809 y murió en su ciudad natal a primeros de octubre de 1849.

El CUERVO

UNA VEZ, al filo de una lúgubre media noche,

mientras débil y cansado, en tristes reflexiones embebido,

inclinado sobre un viejo y raro libro de olvidada ciencia,

cabeceando, casi dormido,

oyóse de súbito un leve golpe,

como si suavemente tocaran,

tocaran a la puerta de mi cuarto.

«Es -dije musitando- un visitante

tocando quedo a la puerta de mi cuarto.

Eso es todo y nada más»

THE RAVEN

Once upon a midnight dreary, while I pondered, weak and weary,

Over many a quaint and curious volume of forgotten lore-

While I nodded, nearly napping, suddenly ther came a tapping,

As of some one gently rapping – rapping at my chamber door.

«This some visitors,» I muttered, «tapping at my chamber door-

Only this and nothing more

Primera estrofa del poema.

Juana J. Marín Saura, poeta.

Faro de Mesa Roldán

Al final de este verano pesado y caluroso como pocos, aun cuando la fatiga de esos días no se ha difuminado del todo, recibo un regalo que, aunque anunciado tiempo atrás, me sobresalta y alegra como si la lluvia hubiera, por fin, llegado; como esa lluvia vivificadora que todo remansa y dulcifica. Y he pensado que el regalo, aunque no mío del todo, por unos instantes lo ha sido.  Su cualidad generosa  radica en que su finalidad es precisamente ser DE TODOS. Juana me ha enviado dos poemas inéditos, primicia pues de una «Antología de los faros» que le agradezco de corazón. El mar, que tan bien recrea o evoca en su obra, como fondo…. Y… nosotros los amigos que tenemos el privilegio de disfrutarlos en primicia.

A Mario Sanz, farero y ángel protector

desde su faro de Mesa Roldán.

I

FARO DE  MESA ROLDÁN

Por si de pronto la lluvia,

la bruma y las tormentas

cegaran los ojos de tantos marinos,

de tantos viejos barcos desorientados

                                                               tras huracán o marejada…

Ilumino tu ruta.

Estoy seguro que mi destello

es ilusión de cercanía,

aviso amigo en medio de las olas.

Por si te olvidas de que la costa está aquí,

que nos vemos y estamos frente a frente.

Al Capitán de  Marina Mercante

Pedro Antonio Munar,  in memoriam

II

PALABRAS DEL CAPITÁN

Ahí te veo al mismo borde

del acantilado, alto, en medio

                                                  de la noche…

Al fin descubro tu destello, tus

señales de esperanzada luz,

tu aviso de atención… Reconforta

mirar tu resplandor y con

alegría nos decimos los unos

a los otros: Ya en casa…

                                     No estamos tan solos.

Julio Cortázar y Carol Dunlop juntos en la autopista

Tumba de Julio Cortázar y de Carol Dunlop. Obra de sus amigos, Julio Silva y Luis Tomasello. Cementerio de Montparnasse, París. Foto: Aurelio Serrano Ortiz.

Carol Dunlop, escritora y fotógrafa canadiense, fue la segunda mujer de Julio Cortázar. Activista y defensora de la lucha sandinista, amante de Nicaragua, apasionada de la vida, fue compañera incondicional de Julio, en todas las «rutas» que ambos recorrieron hasta que el 2 de noviembre de 1982 muere en París. Amantes los dos y defensores de las libertades en América Latina, habían vuelto de un viaje feliz a Nicaragua cuando ella recayó de una dolencia que creía superada y él, por entonces, ya estaba enfermo de leucemia aunque sin saberlo, según se desprende de algunas cartas de su mujer. Julio Cortázar muere dos años después, el 12 de febrero de 1984… en un día gélido y gris.

El día era frío.

El día es así, frío, con ese helor que corta el aliento y los corazones. En Montparnasse, los amigos suben por la avenida hacia la rotonda donde el ángel de piedra recibe al cuervo que va marcando el camino en rápidos y cada vez más cortos vuelos. Allí en la última morada, sobre el féretro de ella, Julio reposa para siempre. Desde entonces está el cuervo, mensajero de los amigos que en Montparnasse descansan; va y viene de unos a otros en un vuelo de vida, que no de muerte.

Unos años antes tuvieron una feliz idea.

Y juntos, Julio y Carol, tuvieron la feliz idea de hacer un viaje surrealista París-Marsella en 33 días sin salir de la autopista, parando en todas las áreas de servicio (en dos cada día). La venturosa y alegre aventura contó con la ayuda de amigos que, o bien desde París o bien desde Marsella, puntualmente les proporcionaban las vituallas necesarias. Un homenaje divertido a los libros de viajes. El resultado de esta odisea es el delicioso libro que lleva el titulo de «Los autonautas de la cosmopista».

El libro, escrito mano a mano, lleva algunas fotos de ellos, de las rutas y, cómo no, del «dragón», el coche furgoneta, un Volkswagen Combi rojo, llamado «Fafner», como el dragón que guardaba el anillo de los nibelungos . En el libro, como en un cuaderno de bitácora que se precie, no falta nada sobre intenciones, objetivos, lista de suministro indispensable, rutas, sucesos y aconteceres. Al final el viaje por la autopista del sur resultó, por ese rodar pausado, por la falta de teléfono, un remanso de paz y de alegría. El ajuar imprescindible constaba entre otras cosas de dos máquinas de escribir y algunos discos… (¿se imaginan al Maestro sin música?) Los dibujos, casi naïf, son de Stéphane Hébert, hijo de Carol.

La primera edición del libro es de octubre de 1983, de Muchnik Editores, y salió a la luz a la vez que la traducción francesa de Gallimard. Tras la muerte de Carol, le toca a Julio coordinar y ordenar el manuscrito de los dos y que ella no pudo ver publicado.

Aurelio Serrano, poeta

Aurelio Serrano Ortiz: Dibujo (lápiz sobre papel). 1998.

En Lanzarote con Bárbara

Halló un orificio la lapa y

por adaptar su concha

segregó la forma de sus bordes

Mas el cincel de una llave

hizo entrar en vacío aire y agua

hasta hacerla caer en la palma de una mano

Y aun hablan hoy del orgullo

de ser prenda de amor

entre unos dientes

Del libro «Ensueños de la razón».

Picasso y los Maestros

Picasso «Muchacho conduciendo un caballo»

Abro el bellísimo catalogo-libro «Picasso y los Maestros» y me encuentro con esta dedicatoria: «Voici une petite contribution pour que le plaisir perdure… énorme bisou parisien. Elena y Josema»  ¡Qué suerte tengo de teneros y de teneros en  París!

Y el placer continúa desde noviembre de 2008 en que tuve la enorme ocasión de encontrarme allí. Entonces llovía con esa fina lluvia que apenas cala y, por el contrario, concede al gris todo su esplendor. El día era pues genuinamente parisino y Picasso, junto con los grandes Maestros de todos los tiempos, nos aguardaba en las salas del Grand Palais. París en solitario tiene su encanto; en buena compañía es doblemente encantador. Y si además la compañía es una excelente amiga culta y sensible, entonces compartir el «gran banquete » que nos esperaba dentro de las salas se convierte en un momento inolvidable. Conservo el recuerdo de esa exposición como una de las mejores, si no la mejor, que he podido ver y eso que me he pasado la vida practicando ese bello deporte que no precisa más que de un buen calzado y la mirada expectante.

La impresionante exposición, organizada bajo la batuta y el entusiasmo de la directora del Museo Picasso de París Anne Baldassari, así mismo Conservadora General de Patrimonio, y de Marie-Laure Bernadac, es además fruto  del trabajo del Museo del Louvre y del de Orsay. Dicha exposición contó además con la participación de la National Gallery de Londres, del Museo Nacional del Prado y del Museo Picasso de Barcelona; sin olvidar la valiosa aportación de los familiares y herederos de Picasso; todo ello bajo el mecenazgo de LVMH/ Moët Hennessy y Louis Vuitton. Para poder montar y gestionar una muestra tan impresionante, se han debido aunar esfuerzos e ilusiones por parte de todos los que la hicieron posible, pues aparte de todos los organismos antes mencionados había muchas obras excepcionales de colecciones particulares.

Este acontecimiento único hasta el momento, esta intensa y extensa exposición fue presentada en las galerías nacionales del Grand Palais, en las salas Denon del Louvre  y en el Museo de Orsay a la vez desde octubre de 2008 hasta febrero de 2009 y, con posterioridad, fue llevada a Londres desde febrero hasta junio de este mism0 año.

La exposición tuvo tanto éxito que se habilitaron visitas nocturnas; algo que en los últimos tiempos se ha hecho más común.

El diálogo que Picasso mantuvo hasta el fin de su longevo quehacer con los grandes Maestros de todos los tiempos es, visto así, una labor de titanes.  Picasso, visitante asiduo del Prado y del Louvre, reinventa o recrea desde el mundo clásico (maravillosa época neoclásica con obras como «Tres mujeres en la fuente», de 1921) hasta la pintura clásica española o la de la escuela francesa, la de los impresionistas y posimpresionistas… Picasso bebe de todas las fuentes, es un estudioso voraz, un alumno aventajado que se impregna tanto de los clásicos como del arte africano. Picasso es un dipsómano del arte que nos devuelve casi desde Altamira la cultura de todos los tiempos.  El diálogo con Velázquez («Las meninas»), con Manet («Desayuno en la hierba»), con Delacroix («Las mujeres de Argel»), con David y Poussin («El rapto de las sabinas», «Las sabinas»), Rembrandt,  Goya, Ribera, Zurbarán, Murillo, el Greco, Courbert, van Gogh, Degas, Gaugin…

El arte intemporal, el arte con mayúsculas, el arte enfrentado sala a sala en ese diálogo con Picasso, o al revés, nos dejó agotadas. Sobre la una, como si hubiéramos dado la vuelta al día en ochenta mundos,  paramos para comer. En cualquier museo se come  mal, aunque no se nota, porque como una está «flotando» lo mismo da una cosa que otra; los sandwiches son de color amarillo limón fondo de la «Arlesiana» o la ensalada «césar» está aderezada con azules de ultramar de la época «azul y rosa»… en fin. A la hora de pagar el camarero se parece a Sabartés con gárgola y todo…

A modo de resumen, me impresionaron cuadros de colecciones privadas, que o es así en una muestra de tal categoría o no los puedes ver: un retrato al óleo de Olga, un desnudo de pie, el dibujo a la sanguina neoclásico ( de más de dos metros por uno y medio), el muchacho que conduce un caballo y un largo etcétera, me dejaron sin habla. Repito a modo de resumen: en cada sala, Picasso ganó por goleada. Solo en una, van Gogh con su «Arlesiana» le ganó por muchos goles.

La noche ya estaba en la calle cuando bajamos las escaleras del Museo, los árboles chorreaban colores y los bancos del jardín dejaban los asientos cubistas impracticables. Yo hubiera hecho cualquier cosa por sentarme… pero no hubo manera.

El Greco » San Martin y el mendigo»

62/ Modelo para armar. La novela «díscola» de Cortázar

Interior del restaurante «Polidor». París. Foto: Bárbara

Julio Cortázar afirmaba que la novela es un gran baúl, que hay novelas que son un poema y poemas que son novelas… Textualmente, sobre la novela en general, dijo: «Es la posibilidad de expresar una multitud de contenidos con una libertad enorme porque, en realidad, la novela no tiene leyes, como no sea la de impedir que actúe la ley de la gravedad y el libro se le caiga de las manos al lector».

62/ Modelo para armar no es una novela fácil. Muchas veces la crítica no ha tratado demasiado bien esta novela, pienso que debido a una falta de capacidad de discernimiento por parte de quienes no han sabido dónde y cómo encuadrarla. El «juego» utilizado en «62» nace del capitulo 62 de «Rayuela» -muy corto- y en dos textos titulados «La muñeca rota» y «Cristal con una rosa dentro» del libro «Último Round». Son las claves que el mismo Cortázar ha explicado cuantas veces se le ha preguntado sobre esta hija «díscola».

El proceso creador de Cortázar es, se podría decir, en el fondo surrealista en cuanto que es una no aceptación de la realidad que le rodea y una necesidad urgente, en un momento determinado de acceder a otra cosa, a otra dimensión. Todos sabemos la admiración de Cortázar por este movimiento, por lo fantástico, por los fenómenos parasicológicos, por lo lúdico, por las distintas dimensiones de la realidad.

El subtitulo «Modelo para armar» es ya toda una promesa. Es un puzzle en el que el lector puede disfrutar «armando» la realidad de los personajes que se desarrolla en distintas ciudades (Londres, París, Viena y Buenos Aires)  y donde ellos -los personajes- pasan del diálogo al monólogo sin despeinarse (es un decir). «62/ Modelo para armar» no es una novela fácil de leer, pero quien se adentre en sus páginas con espíritu y mente abiertos puede disfrutar enormemente a través de una lectura pausada y con los cinco sentidos alerta.

Todavía estoy por descubrir a alguien que hable de escritura cubista. ¿Por qué digo esto? En pintura hace décadas que aceptamos el cubismo como un movimiento sumamente interesante que mostraba a la vez los distintos planos de una misma realidad. Y costó, pues al principio parecía que aquello era una cosa rara y extravagante, siendo sin embargo algo estático frente a lo cual -la tela de un cuadro- uno podía estar tiempo escudriñando aquello a fin de encontrarle un sentido.  Desde hace muchos años me he preguntado, ¿será que en literatura no se ha producido esa cosa que llamamos cubismo? Yo, como soy muy atrevida y cortazariana, afirmo (también sin despeinarme) que Julio Cortázar es un escritor plenamente cubista -para mí- por los distintos planos, por las distintas dimensiones de la realidad que nos hace «ver» ya desde «Rayuela», pero de forma rotunda en «62». Quizás esta última novela desconcertara a los críticos literarios por ese carácter más novedoso y deslumbrante aún. Y también más excepcional.

Ya saben que la novela comienza así: » «Quisiera un castillo sangriento»,  había dicho el comensal gordo» («Je voudrais un château saignant»). Y la escena se desarrolla en el restaurante  el «Polidor».