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Color nazareno

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

 

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

 

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

 

Color nazareno, color procesional en una época estival en la que ya no se oyen los tambores sino el zumbido de las abejas y el calor permanece pegajoso como la savia de algunas plantas. Debe pasar la primavera toda y, después, en agosto, florecerán de nuevo. Yo las espero contando los días, deshojando el calendario…

Buganvillas

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

 

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

 

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

 

Vacaciones, sol, playa y buganvillas color procesional. Arranca la primavera que avanza hacia el verano por el que muchos suspiran pensando en el dolce far niente… eso de «ganarás el pan con el sudor de tu frente» es una maldición; con lo bien que se está en plan contemplativo, pensando en las musarañas, sin dar palo al agua, dejándose ir como mecido por las olas…

Idomeni, la otra frontera. (Los ojos de Khaled)

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

 

Idomeni, la otra frontera

(Los ojos de Khaled)

 

 

            Estoy sola, perdida sin tus ojos en este tren que avanza hacia la noche. Y en este ir, la bruma confunde la línea del horizonte y transforma los campos en un mar inexistente. Taladraste mi cerebro: ¡Van a cerrar las fronteras, vete, Sara, vete!. Me empujas y me empujas y no quiero ir. Y me subes a este tren y ¡debo esperar a Houda! Sara, vete! Tu voz se apaga como una llama y ardo de dolor. Estoy sola, Khaled, perdida sin tus ojos en ese paisaje que se desliza. La máquina que silenciosa se dirige hacia el oeste tira de mi corazón que correría hacia el Este: hacia Macedonia… hacia ti, hacia vosotros.

            Nunca debió ocurrir. Nunca de nuevo aquí; jamás en ningún lugar del mundo. La guerra, y yo lejos sin poder estar; lejos de la barbarie y queriendo estar con vosotros y sin poder. Y aun protegida por los cristales que lloran, aun así, oigo; y bajito, para no dolerme demasiado, acompaño a la voz que acuna el silencio de los gritos. Y me consuela cantarme, cantarte a pesar de los gritos que nunca dejo de oír. Y tú, mala madre, Europa, sin corazón, te pudres desde hace años, sin oídos, sin entrañas. La noche es un caracol ciego que repliega sus ojos; a mi pesar estoy en su centro, justo en la última vuelta de su concha, cuando la espiral se vuelve pequeña, porque no sé donde más podría estar tan a cubierto. Cuando cesa la canción, no sé para donde volverme. Afuera, frío; dentro, peor que la muerte, tan helada. Sola, sin tus ojos, perdida y loca por buscarte sin remedio, desesperada en este tren que avanza hacia la noche. Delante de mí, el cristal y la palabra FRONTERA; y el cristal donde se reflejan los inocentes como polillas desvalidas en las que late un corazón pequeño y caliente. Pienso en los niños; es por que pienso en los niños, que grito sin sonido para no despertar a los muertos, y me tengo que acunar, cogerme entre los brazos para poder soportarlo. ¡Y creímos estar a salvo de esa barbarie! Un olor hediondo avanza con este tren a gran velocidad, y los gritos de los niños, de las mujeres, de los ancianos. Ese coro que se repite, que se repite, que se repite: ¡Niños en Europa! Muertos. Asesinados. Muertos.

            Estoy sola, Khaled. Perdida. Sin tus ojos, estoy sola, Khaled, perdida sin tus ojos…

Barbara García Carpi

Del rosa al rojo

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

 

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

 

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

 

La primavera, como quien dice, ya está aquí; se renuevan los ciclos mientras seguimos absortos pensando que aún tenemos tiempo de vivir nuevas primaveras y tres nonagenarios en la familia celebrarán durante ella su novena década, y todos asistiremos gozosos a sus largos caminos recorridos. Las campanillas vuelven la mirada sobre sí mismas capaces de medir, con disimulo, el vestido deslumbrante de las otras y se complacen ensimismadas, y algunas hasta enrojecen de orgullo.

Picasso en «La Rotonde»

Jean Cocteau: Picasso, Pâquerette y Moïse Kisling.

Jean Cocteau: Picasso, Pâquerette y Moïse Kisling, 1916. París.

 

Jean Cocteau: Picasso, Pâquertte, Kisling y Max Jacob

Jean Cocteau: Picasso, Pâquertte, Kisling, Max Jacob y Manuel Ortiz

Picasso, con gorra de visera a cuadros en la primera foto de Jean Cocteau que, sentado en la famosa «La Rotonde», sita en el 99 del Boulevard de Montparnasse, comparte mesa con el también pintor Kisling y con Pâquerette su amante de turno. En la segunda, de la misma fecha, aparecen también Max Jacob y Manuel Ortiz.

Los refugiados rechazados por Europa

Homenage a los Refugiados. Puerto de Cartagena

Homenaje a las víctimas del terrorismo. Puerto de Cartagena. Foto: Bárbara

 

Homenaga a los refugiados. Puerto de Cartagena

Homenaje a las víctimas del terrorismo. Puerto de Cartagena. Foto: Bárbara

 

Homenage a los refugiados. Puertp de Cartagena. Foto: Bárbara

Homenaje a las víctimas del terrorismo. Puerto de Cartagena. Foto: Bárbara

Desconozco el autor de esta escultura, cuya fuerza nos habla de tantas cosas: emplazada bajo el sol y el cielo azul, al lado del mar, en el puerto, que evoca tantas rutas; no se puede ignorar por su imponente presencia. Un hombre derrotado, desnudo, cabizbajo, herido en su dignidad, recogido sobre sí mismo, con la mirada fija en el suelo, impotente. Cuando la vi, me sentí sobrecogida y golpeada. Y te tienes que parar, clavada en el suelo, y te dan ganas de abrazarla… mientras la gente pasea entre los barcos y las gaviotas.

Y SIENTO VERGÜENZA DE SER EUROPEA.

Y siento vergüenza por ser europea. El gran mito de Europa se nos ha roto definitivamente. Ya se me rompió cuando Europa bombardeó la antigua Yugoslavia, mirando para otro lado, cuando se masacraba a los albaneses. Ahora, los miles y millones de refugiados que intentan salvar la vida claman, pero Europa, con su política de mercachifles, está sorda y ciega. Y me da vergüenza cada día, porque los vemos atrapados como animales y Europa solo sabe poner alambradas. Y pagar, eso sí, para que Turquía se las apañe !Qué Vergüenza! Y solo me viene a la mente la frase de «El año que vivimos peligrosamente», la que dice y martillea sobre el teclado con desesperación el fotógrafo, después asesinado: ¿Qué podemos hacer? ¿Qué podemos hacer? ¡Qué podemos hacer!

Rectificación: Buscando al autor de la escultura, me entero de que es un homenaje a las víctimas del terrorismo, pero es realmente lo mismo, salvo que este terrorismo es un terrorismo de Estado; la realidad es tan dolorosa la una como la otra; el desamparo, el mismo, las vidas que se pierden en el camino son las mismas. La magnífica obra es de  Víctor Ochoa.

 

Retratos de A. L. Coburn

A. L. Coburn: Matisse

A. L. Coburn: Matisse, 1913

 

A. L. Coburn: Ezra Pound

A. L. Coburn: Ezra Pound, 1913

 

A.L. Coburn: B. Sw

A.L. Coburn: B. Shaw, 1908

 

A. L. Coburn: Walt Whitman, 1891

A. L. Coburn: Walt Whitman, 1891

Si magníficas son las fotografías pictorialistas que Coburn hiciera de Londres, buenísimos son sus retratos; el de Walt Whitman es, por la luz y la atmósfera que enmarca el rostro venerable de patriarca, un retrato clásico, como si fuera más el resultado de una obra pictórica; su aspecto me recuerda al dibujo de Leonardo anciano. Muy bello el retrato de Ezra Pound, así como la fuerza magnética del premio Nobel B. Shaw. Respecto al retrato de Matisse paleta en mano y con su pulcra bata, debía ser la pose más natural de un pintor infatigable, pues así ha sido retratado en numerosas ocasiones.

 

 

Tagliatelle con espinacas, nueces y pasas.

Foto: Bárbara. Receta mía

Receta y foto: Bárbara.

 

Receta y foto: Bárbara

Receta y foto: Bárbara

 

Con lo que tengamos en casa, podemos jugar e inventar recetas con las que podemos aprovechar restos y así ir renovando la despensa. Para el domingo esta receta acompañada de un buen vino tinto, por ejemplo un Faustino crianza 2011, es una buena propuesta.

Ingredientes: Tagliatelle de pasta dura, espinacas, salsa bechamel, nueces y pasas.

Hervimos la pasta en abundante agua con sal, durante el tiempo que marque en el paquete. Hacemos una salsa bechamel no muy espesa (con harina, sal, leche y nuez moscada) y la reservamos. Escurrimos la pasta y le añadimos la bechamel. Hacemos en una sartén las espinacas con muy poco aceite y las agregamos a la pasta. Salpimentamos el conjunto y añadimos unos trozos de nueces y las pasas, que las habremos tenido en remojo con un poco de coñac. Et voilà, très facile!

 

Este febrero está un poco loco

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

 

Fotos: Bárbara

Fotos: Bárbara

La meteo nos anuncia bajada de las temperaturas y nevadas. Siempre me digo, aquí no. En los viveros están las flores al sol tan calentitas y disfrutando de una primavera anticipada. Miro la ropa de abrigo en el armario con resignación; qué le voy a hacer soy una rara avis que suspira por el invierno, las castañeras y esa lluvia mansa que repiquetea en los cristales.