
Marc Chagall y Bella Chagall, París 1933. Fotografía de André kertész

Marc Chagall con su mujer Bella c. 1922

Marc chagall pintando

Marc Chagall y Bella Chagall, París 1933. Fotografía de André kertész

Marc Chagall con su mujer Bella c. 1922

Marc chagall pintando

Receta y foto: Bárbara
De casi todo se puede hacer una tortilla, desde la sencilla tortilla francesa a la de guisantes, de chorizo, de cebolla, de patatas a la de lechuga. Personalmente me gustan todas, pero esta última de lechuga me encanta. Y muchas veces, quien no tiene una lechuga en la nevera, nos soluciona un primero o un segundo.
Ingredientes:
1 lechuga de hoja larga, huevos, 1 cebolla mediana, aceite pimienta, orégano.
Picamos la cebolla y la pochamos en una sartén con un chorrito de aceite. La reservamos. Cortamos las hojas de lechuga, previamente lavadas, en trozos pequeños incluyendo la parte blanca porque le da un punto crujiente que me gusta. Una vez cortada toda la lechuga la rehogamos en una sartén con un poco de aceite. Salpimentamos. La lechuga merma mucho de volumen de modo que es mejor que esta sea grande. Cuando esté lista le agregamos bastante orégano que le da el punto interesante al conjunto. Batimos los huevos y una vez batidos le añadimos la lechuga. Cuajamos la tortilla en una sartén y listo.

Receta y foto: Bárbara
Ahora me doy cuenta de que puse esta receta en el 2012. Son tantas ya que la neurona patina que da gusto.

Louise Bourgeois nació en París en 1911 y murió en Estados Unidos en 2010. Pintora, escultora, grabadora, dibujante, escritora, Louise hace del arte una forma de psicoanálisis. Ella solía decir que el arte es una garantía de cordura.



Esta magnífica artista polifacética es conocida sobre todo por sus esculturas; su arte personalísimo se entrecruza con los principales movimientos vanguardistas del pasado siglo.



Fotografías: F. Torres Monreal
Sorprende en un paisaje bastante árido encontrar de repente, como surgido de la nada, este nacimiento de aguas cristalinas. Encontrar el lugar no era fácil, pero a la vista de las fotografías mereció la pena y si, además, se hizo en compañía de amigos entrañables, el resultado fue un día para recordar.

Río Bernesga. Foto: Bárbara

Río Bernesga. Foto: Bárbara

Río Bernesga. Foto: Bárbara
A su paso por la ciudad de León, el río Bernesga deja rincones que el paseante recorre sin dificultad, disfrutando de sus recodos llenos de flores, escuchando el ligero susurro de sus aguas tranquilas.

5 rue Lagrange. París. Foto: Bárbara
En este edificio rosa, el número 5 de la rue Lagrange, viví en París en el año 1972. Entonces todo el edificio era una residencia para chicas, que llevaban unas monjas que por cierto solo exigían que se cumplieran los horarios de modo que, si a las doce no entrabas, ya no lo podías hacer hasta el día siguiente. Y, claro, más de una noche nos quedamos a dormir «à la belle étoile» bajo los puentes de París, cantando y disfrutando de la vida. Cuando veo esta foto, vienen a mí muchos recuerdos y añoro a todas las amigas que compartimos esa experiencia inolvidable; teníamos todo el día por delante para recorrer los museos, sentarnos en los cafés del Barrio Latino, para recorrer Montmartre, para buscar las librerías de Montparnasse, para visitar la Cinemateca, recorrer en los cementerios las tumbas de nuestros poetas preferidos, escuchar música en les caves… celebrar en las calles la fiesta del 14 de julio… buscar gangas en el mercado de las pulgas… Me acuerdo de ti, Manola, Toñi, Mamen, Cari y sobre todo de Julia, que se marchó demasiado pronto. La rue Lagrange está al lado de Notre Dame, solo nos separaba de ella el pequeño puente metálico, «Le pont aux Double». Para todas ellas, este recuerdo nostálgico. Al cabo de los años, leyendo del maestro Cortázar su novela «El Perseguidor», me di cuenta de que además esta calle es muy literaria, pues en ella sitúa el domicilio de su personaje principal, Johnny Carter. Y no me extraña nada, pues está en el corazón del Barrio Latino y tiene en su ADN todo el embrujo de la bohemia parisina.

Cabo de San Antonio (Denia) Foto: Bárbara

Cabo de San Antonio (Denia). Foto: Bárbara
Si hay algo que echo en falta todos los días es el mar. El hecho de haber vivido en dos islas durante años y haber nacido en un puerto de mar me ha condicionado de tal manera que cuando vuelvo a estar cerca de él siento que hasta respiro mejor; ese olor a salitre que todo lo impregna crea adicción. Y en ese sentido me siento totalmente dependiente.

Foto: Bárbara. Florencia
Cuántas vidas, cuántas personas hay detrás de las ventanas, no solo de los palacios, de las antiguas logias, sino en las casas habitadas por personas normales y corrientes. La ventana que nos abre, amplía la mirada al exterior, qué gran avance. Y qué decir del gran invento árabe de las celosías, que te permiten observar sin ser visto. Este fundamento de la privacidad, ha tenido, gracias al ingenio, otros modos de ver sin que el observado se dé cuenta; las mirillas de las puertas sin ir más lejos. En algunos lugares, el derecho de admisión se fundamenta hoy en la mirilla y los habitantes abren la puerta al intruso según les venga en gana. Pero hay muchas formas más de observar sigilosamente, detrás de un tapiz estratégicamente situado, lo hemos visto en celuloides añejos de aventuras… Yo recuerdo que de pequeña me apasionaba tirar del separador de unos libros del despacho de mi abuelo, detrás de los cuales había una ventanita desde donde se veía el hall de entrada y desde allí el abuelo decidía si recibía al intruso o no. Fantástico invento que hacía volar mi imaginación.

Foto: Bárbara. Florencia

Foto Bárbara. Florencia

El retrato, siempre lo digo, es lo más difícil. Quizá por ello solo los hago de las personas que quiero y conozco lo suficiente como para intentar sacar lo que esa persona tiene en su interior y eso, tratar de plasmar de alguna manera la personalidad del retratado, es una tarea muy difícil. Yo parto precisamente del cariño para, de alguna manera, paliar con él la carencia de mis medios, de mis posibilidades. En este caso, se da la circunstancia de que a la modelo la quiero de forma muy especial, es mi sobrina mayor, y la quiero como si fuera mi hija, de modo que disfruté muchísimo haciéndolo. ¡Tú ya lo sabes, Elena!

François y Picasso. Foto de Doisneau.
Picasso conoce a Françoise Gilot cuando ella tenía 21 y el 61. De alumna se convierte en su amante mientras este todavía tenía una relación con Dora Maar, lo que contribuye a que esta última se desestabilizara del todo. De gran belleza, y sin duda gran personalidad, Françoise fue la única mujer del pintor que lo abandonó y siguió con su vida. Su vocación por la pintura vino después de que se graduara por la Sorbona con una licenciatura en Filosofía en 1938 y un año después en Cambrige con una licenciatura en inglés. De sólida formación, no era la típica mujer hermosa que vive bajo la influencia de una fuerte personalidad como la de Picasso, pero supo darle estabilidad, además de dos hijos al pintor, Claude y Paloma, y con posterioridad, al casarse con el también artista Luc Simón, tuvo otra hija, Aurelia. Aún se casaría con Jonas Salk, el pionero de la vacuna de la polio con el que estuvo hasta el fallecimiento de este en 1995.

Con Picasso en Antibes

Fotografía con Jean Cocteau, Picasso, Paulo y Braque

Françoise Gilot pintando
La vida de Françoise sin el genio es tranquila y apacible. Sin género de duda una gran mujer.