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¿Egipto en Taití?

Gauguin: "Ta Matete", 1892. Kunstmuseum, Basilea.

Gauguin: «Ta Matete», 1892. Kunstmuseum, Basilea.

 

Esta obra de Gauguin de 1892, realizada en su paraíso salvaje, Taití, lugar soñado durante mucho tiempo y centro al que todas sus coordenadas vitales conducían, contiene un elocuente parecido con las pinturas egipcias, sobre todo en los gestos, en el posicionamiento de las manos y pies, las figuras hieráticas, planas y en el color oscuro de la piel. Todo ello contribuye a ese aire de primitivismo muy acusado e incluso a una cierta estética naïf. Personalmente encuentro que tiene mucho encanto y que en él aflora el embrujo que el arte egipcio ha ejercido en todos los artistas de todas las épocas a pesar de ellos mismos, irremediable e inconscientemente.

Odilon Redon y Poe

Odilon Redon: "El ojo como un globo extraño"

Odilon Redon: «El ojo como un globo «. Litografía, 1882.

 

Una de las seis litografías que Odilon Redon dedicó a Poe no como ilustraciones de los poemas del gran poeta sino como homenaje y como reconocimiento de la pasión que este sentía por lo sobrenatural y extraordinario. Curiosísima litografía donde el ojo, que era un tema recurrente en el pintor, tenía, según estuviera abierto o cerrado, distintos significados; abierto, como conciencia universal y cerrado, como soledad y vida interior.

 

 

 

Akhenatón

Estatua de Akhenatón de Bek. Museo de El Cairo.

 

 

La escultura, debida a Bek, representa a Amenofis IV y se encuentra en el museo de El Cairo. Este faraón de la XVIII dinastía, nieto del gran Tuthmosis, fue el artífice de la gran revolución religiosa y estética que comenzó por sustituir Tebas, la hasta entonces capital del imperio, por la ciudad a la que hoy llamamos Tell-el-Amarna. Cambió su nombre por el de Akhenatón y la religión politeísta por otra monoteísta en la que el único dios es el disco solar Atón que con sus rayos propicia la vida y el crecimiento de todos los seres vivos. Al abandonar la idealización de las formas, los artistas se ciñeron a un realismo antes nunca visto; desconcierta el realismo que nos muestra a un faraón de hombros caídos, pecho hundido, con un cuello enorme, brazos muy delgados, piernas cortas y un vientre abultado… Su aspecto andrógino, lejos de los modelos atléticos o robustos anteriores, algunos lo atribuyen además al hecho de encarnar lo femenino y lo masculino.

En la tumba de Ay en Tell-el- Amarna se encuentra el conocido y hermoso himno al sol, El Gran Himno a  Atón y que comienza así:

 

¡Qué hermoso te levantas en el horizonte del cielo,

Oh viviente Atón, creador de la vida!

Cuando amaneces en el cielo oriental

Tú llenas todos los países con tu belleza.

Eres hermoso, grande, radiante,

por encima de todas las tierras.

 

 

Carl Spitzweg, «El poeta Pobre»

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Carl Spitzweg :»El poeta pobre». Neue Pinakothek, Munich.

 

 

Esta pintura de Carl Spitzweg perteneciente al romanticismo alemán, «El poeta pobre», tiene un marcado matiz humorístico propio del costumbrismo típico de dicho movimiento. Personalmente me divierte muchísimo; el poeta más pobre que una rata demuestra muy gráficamente que en todas las épocas y países el saber, la cultura y la creación conlleva penuria, miseria y ningún reconocimiento salvo que exista un mecenazgo, algo que ha pasado a la historia… El cuadro tiene mucha gracia a pesar de la triste realidad que muestra.

Delacroix, «Dante y Virgilio» y «La Libertad guiando al pueblo»

Delacroix (1798-1863) fue el pintor francés más personal de la época. Coincidió en el taller de Guerin con Géricault, que fue el fundador del romanticismo pictórico en Francia e, influenciado por «Le Radeau de la Meduse», expuso con poco más de veinte años «Dante y Virgilio atravesando la laguna que rodea la ciudad infernal de Ditis», sacado de la Divina Comedia, que tuvo un enorme éxito y obtuvo el título de «Manifiesto de la estética nueva» . Fue realmente con esta obra con la que se dio a conocer en 1822.

 

Delacroix: "Dante y Virgilio". Mueseo de El Louvre.

Delacroix: «Dante y Virgilio». Museo de El Louvre.

 

En el salón del pintor napoleónico barón Gérard conoció a Merimée y a Stendhal con los que tuvo una gran amistad. Luis Felipe lo tomó bajo su protección una vez que llegó al trono tras la Revolución de julio de 1830. En el Salón de 1831 expuso una de sus pinturas más famosas: «La Libertad guiando al pueblo», donde la Libertad está representada por una mujer tocada con el gorro frigio enarbolando la bandera tricolor sobre las barricadas, contrastado el desnudo alegórico con el traje del burgués y del obrero y las torres de Notre Dame como fondo de una ciudad humeante.

 

Delacroix: "La Libertad guiando al pueblo". Museo de El Louvre"

Delacroix: «La Libertad guiando al pueblo». Museo de El Louvre.

El Greco y el paisaje

El Greco: "Toledo". The Metropolitan Museum of N.Y.

El Greco: «Toledo». The Metropolitan Museum of N.Y.

 

 

Estamos en el año del Greco y la ciudad de Toledo le rinde homenaje merecidísimo. Todo aquel que pueda acercarse a visitar la ciudad para contemplar las distintas exposiciones y los lugares donde dejó su huella el pintor cretense, como su casa convertida en Museo desde 1910 situada en la judería que perteneció al mecenas Samuel Levi, el Hospital Tavera, cuyo retablo proyectó el Greco y realizó su hijo Jorge Manuel -allí se conserva una de las pocas esculturas que realizara, el «Cristo Resucitado»-, la Catedral… ; se encontrarán además con el añadido de ver los bellos paisajes y el contorno de una ciudad encantadora encaramada en lo alto con el Tajo a los pies.

En «Vista y plano de Toledo» (1608-1614), conservado en su casa Museo, nos encontramos con sus figuras idealizadas y estilizadas, y la descripción meticulosa de las casas, palacios e iglesias, la alegoría del río Tajo, el plano que porta el Niño …, una obra compleja que dio lugar a numerosas interpretaciones: para unos era una obra inacabada; para otros, un precedente de los paisajes de Cézanne y de la corriente impresionista.

El dramatismo y movimiento que caracteriza a las figuras del pintor de Candia (hoy Heraklión) los traslada al paisaje, dotándolo de toda la fuerza interior al enfatizar su representación dramática antes que la descriptiva en los pocos que realizó. Esta forma de tratar el paisaje dotándolo de una atmósfera onírica, angustiada, fue muy valorada por los pintores simbolistas del siglo XIX y con posterioridad otros pintores impresionistas, posimpresionistas y expresionistas bebieron de estos, considerados primeros paisajes españoles y, más concretamente, su «Vista de Toledo», fechado en 1597-1599.

Este cuadro «Toledo», hoy en el Museo Metropolitano de N.Y. , cumple todos esos requisitos antes citados y yo añadiría que el color verde aplicado sin matices, además, lo hace absolutamente moderno, actual, destacando también ese hermosísimo cielo cargado de expresividad emotiva que me lleva a los cielos de otro pintor personalísimo, Van Gogh, evidentemente no en la forma sino en el tortuoso sentimiento proyectado.

La pintura egipcia de la XIX dinastía

Nefertari.

Nefertari.

 

 

Pintura que representa a la reina Nefertari, hallada en su tumba de alrededor de -1280; la reina fue la esposa de Ramsés II, de la XIX dinastía. En ella Nefertari, vestida con un vaporoso traje blanco de lino según la moda transparente, ofrenda dos jarritas de vino a la diosa Isis, sentada frente a la mesa de ofrendas. En Tell- el -Amarna los artistas podían tener libertad de expresión; la tonalidad acusada y matizada de la piel se suma a la espontaneidad del gesto, que refleja el afán de realismo del nuevo estilo. Una muestra de la pintura amarniense  de gran sutileza es la decoración mural de la pajarera del palacio norte de  el-Amarna, al parecer la última residencia de Nefertiti.  Dos reinas de leyenda, Nefertiti y Nefertari, objetos del buen hacer del arte nuevo  egipcio que responde a la revolución que propició Akhenatón.

Nefertiti

 

Nefertiti. Museo de El Cairo.

Nefertiti. Museo de El Cairo.

Todos conocemos, aunque sea por reproducciones,  la bellísima cabeza de Nefertiti, esposa de Akhenatón, que se encuentra en el Museo de Berlín, pero esta, en cuarcita rosa, no por ser menos famosa deja de sorprendernos por la belleza de sus rasgos, teniendo en cuenta que está inacabada. Aun así es curioso el color de sus labios y el leve perfilado, en negro, de cejas y ojos y aun  sin el perfilado final ni la tiara real con el «ureus» responde claramente al canón estético de Tell-el -Amarna, perteneciendo al taller del primer escultor del reino, Tutmés. La revolución estética que supuso Tell-el-Amarna duró poco, hasta la muerte del faraón, pero el impulso renovador influyó en toda la época de los Ramésidas, es decir la XIX Dinastía. Este hermoso retrato se encuentra en el Museo de El Cairo.

Corot, «El puente de Mantes»

 

Corot: "El puente de Mantes". Museo del Louvre. Paris.

Corot: «El puente de Mantes». Museo de El Louvre. Paris.

 

El puente de Mantes lo pintó Corot una docena de veces desde su juventud, desde distintos ángulos, manteniendo la robustez de los elementos geométricos; este, realizado al final de su vida, destaca por su luminosidad y la atmósfera peculiar que caracterizan todas sus obras. En sus obras paisajísticas se percibe el aire, la frescura, la sensibilidad hacia la naturaleza y, aunque su concepto de paisaje sea clásica ciñéndose al de Poussin, avanza en la manera de sentir a la naturaleza. Moreau-Nélaton publicó el libro «Corot raconté par lui-même» donde se vierte esa relación del pintor con ella. Théophile Gautier emitió el juicio siguiente sobre el arte de Corot: ¡Qué talento más singular el de Monsieur Corot. Tiene ojo, pero no le sigue la mano; ve como un artista consumado, y pinta como un niño!». Siempre se habló de la ingenuidad de Corot que, por más que busco, no encuentro… y si es así, es penetrante, sagaz y luminosa.

 

Toulouse-Lautrec, «La toilette»

Toulouse-Lautrec, "La Toilette".1889 (67x54 cm.) Musée d'Orsay.  Paris.

Toulouse-Lautrec, «La Toilette».1889. Óleo sobre cartón, (67×54 cm.) Musée d’Orsay. Paris.

«La toilette» es uno de los esbozos para una serie de litografías que el pintor reunió bajo el titulo de «Elles». Los modelos de Toulouse-Lautrec solían ser prostitutas, sus desnudos de gran naturalidad, admirables, están tratados con frescura, elegancia, pero nunca son vulgares. A la sagaz mirada del pintor nada se le escapa y llena de ternura el mundo donde se movían esas criaturas alegres o desdichadas. En una exposición que realizó en la Galería Goupil en 1893 a la que invitó a Degas, por el que sentía una gran admiración, cuentan que este al salir comentó:» Ça, Lautrec, on voit que vous êtes du bâtiment», en señal de aprobación. Esta obra, catalogada como óleo sobre cartón, tiene, según mi opinión, el acabado y la textura del óleo y el pastel y una luminosidad espectacular; estuvo expuesta en su momento en el Jeu de Paume y se puede admirar, hoy, en el Musée d’Orsay. ¡Admirable esta obra de Toulouse- Lautrec!