Exhortación 29: «También hay en la frugalidad una mesura. Quien no la considera sufre algo semejante a quien se desborda a causa de su inmoderación»
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Joaquín Carpi y Ruata y el Monasterio de Santa María de Sigena, hoy en el MNAC (Barcelona)
Las bellas pinturas que cubrían los muros de monasterio de Sigena se perdieron durante el verano de 1936 junto con su artesonado, biblioteca y otros elementos muebles; solo se salvaron las de la Sala Capitular, que hoy se pueden contemplar en el Museo Nacional de Arte de Cataluña (fotos adjuntas). Las pinturas de esta Sala Capitular constituyen el más extraordinario conjunto europeo de pinturas murales de entorno al 1200. En cada uno de los intradós de cada arco se han inventariado catorce retratos de los antecesores de Cristo gracias a fotografías anteriores al incendio. Con posterioridad, Karl Schuller sugiere que podría haber habido ochenta, dieciséis por cada arco, pues los situados en la parte de abajo, podrían haber sido sustituidos por ménsulas en el siglo XVII. En el siglo XIX, otros retratos situados en la base de los intradoses se vieron afectados por la humedad y otros agentes medioambientales y, para su restauración, el Monasterio encargó al pintor Joaquín Carpi y Ruata los trabajos pertinentes. Esto, saber que mi bisabuelo contribuyó a la restauración de esos retratos y que toda la belleza de esas pinturas murales se encuentran en el MNAC de Barcelona me llenan de emoción y, antes que tarde, espero poder verlas in situ.
El Monasterio de Santa María de Sigena (Huesca)
En la provincia de Huesca se encuentra, en Villanueva de Sigena, el Monasterio de Santa María, de estilo románico tardío y luego cisterciense. Fue panteón real de la corona de Aragón y se fundó en 1188 por Doña Sancha, esposa del primer rey de Aragón, Alfonso II.
La iglesia monástica es una parte del gran monasterio; tiene planta de cruz latina con transepto más largo en su lado norte por el añadido del panteón real. La nave es de gran altura, con bóveda apuntada y rematada en ábside de tambor. La portada del templo consta de catorce arquivoltas que le otorga un especial ritmo geométrico.
La sala capitular constituye el ejemplar más completo de pinturas de salas capitulares anteriores a 1250 de las que han llegado a nosotros, como las de la catedral de Puy, la abadía de Bauweiler, la catedral de Worcester o el monasterio de Lavaudieu.
Un hecho a destacar es que fue en Villanueva de Sigena donde nació Miguel Servet, descubridor de la circulación menor de la sangre, que fue condenado a muerte como hereje por Calvino en 1553.
Notre Dame de París y Marc Chagall

Marc Chagall: «El árbol de Jesé». Óleo sobre lienzo, 150 x 120. 1960. Öffentliche Kunstsammlung, Basilea.
¿Qué tiene Notre Damme de París? ¿Es real el simbolismo de la barca de Isis-Cité donde se asentó el núcleo de lo que después sería París?; ¿qué relación tiene con las Vírgenes negras, ya que todas reciben el nombre de Nuestra Señora?… ¿qué hace que algunos lugares objeto de culto y peregrinaciones resulten mágicos desde tiempos muy remotos? Siempre me hago esta pregunta cuando esa magia la siento en alguno de esos lugares, no siendo precisamente alguien practicante; lo curioso es que lo que cambia sea el culto, el nombre, la religión: el lugar sigue siendo el mismo. Las religiones mistéricas de la antigüedad se han ido sustituyendo, en apariencia, bajo otros nombres.
Chagall hace al cielo soporte de su pintura, uno de azules intensos donde libremente, sin sujeción ninguna el hombre libre vuela, donde la magia permite que los peces con cabeza de asno circulen y se crucen con arpías, y de Notre Dame brote el árbol de Jesé, que es la representación simbólica de la genealogía de Cristo a partir de la figura de Jesé padre del rey David. En el primer cuadro, su autorretrato, el pintor sostiene en la cabeza un gallo y a una mujer; la total falta de respeto de Chagall por la proporción, por la medida y la lógica lo hacen especialmente atractivo para los surrealistas cuando desembarca en París en 1910; entonces triunfaban estos y los fauvistas, y también posteriormente se dejó influenciar por los cubistas, pero solo admite algún elemento de pasada: su camino era distinto. Chagall, de origen judío, fuera de Bielorrusia necesita poblar su pintura de todo su acervo, los violines, velas, samovares, vacas, su origen y sus raíces, con la ingenuidad de niño; pero desde la fábula, la risa y la comicidad de los inteligentes. Su color, el color, debe responder a la química, resultado de una intensidad casi alquímica.
Pero ¿qué tiene Notre Dame?, ¿responde a su necesidad de magia, de lo esotérico»? En el cuadro que tituló «El monstruo de Notre Dame», el tamaño de la Estirga saliendo de las torres casi dobla al de la catedral; la intensidad la contiene el «monstruo». La atracción que siente por Notre Dame es evidente. Lo mismo se puede decir de Picasso que, ¿se lo imaginan? iba a los muelles a dibujarla, a hacer bocetos que nunca quiso enseñar ni exponer.
Pequeño homenaje a Joaquín Carpi y Ruata
Joaquín Carpi y Ruata nació en Tamarite de Litera (Huesca) en 1855 y murió en 1910. Abogado y pintor del XIX, fue discípulo de Dionisio Fierros. Sé que expuso con regularidad y que se casó con Pilar Zaidín i Ballesta y tuvieron cuatro hijos, y uno de ellos, Joaquín, fue mi abuelo. Poco más sé de su vida; pero ¿qué se sabe de nuestros ancestros cuando nos remontamos solo dos generaciones? En casa de mis abuelos, cuando era pequeña, en aquella casa enorme de Tamarite, recuerdo contemplar los cuadros del bisabuelo y escuchar tocar el piano a la abuela, que tuvo tiempo además de tener ocho hijos y casi de formar una rondalla, pues todos tocaban algún instrumento musical, el violín, la guitarra, la bandurria y todos pintaban y tenían el gusanillo del arte en los genes, que fue floreciendo a través de los años con más o menos acierto. Del bisabuelo nos quedó su legado y de sus genes mi abuelo Joaquín, que, aparte de heredar su nombre, heredó lo mejor: su enorme humanidad y su socarrona sabiduría. Hombre de letras, -era abogado-, amante de los animales llenó la casa de setters de caza, de gatos, de grandes pajareras con periquitos, de carpas en el estanque, tórtolas en las falsas… y ocho hijos y nietos en aquel paraíso familiar. Mi abuelo, gran conversador, hombre cultísimo y bondadoso, hizo el primer diccionario del dialecto de la Litera, zona lingüística muy interesante, frontera del catalán y del aragonés.
En los veranos, cuando era ya jovencita, acompañaba a aquel señor, Don Joaquín, con bastón todas las noches después de cenar a tomar café; paseábamos por las calles y charlábamos como dos amigos entrañables, y ese recuerdo me llena de orgullo y emoción; me parecía un auténtico honor que él me hacía con todo su cariño… Recuerdo, este, emocionado al abuelo Joaquín, al que añoro y guardo en el corazón. La abuela era su contrapunto feliz y quien ponía música a esta melodía interrumpida solo con la muerte de él.
La bondad de la pintura del bisabuelo es patente y nada más, aquí, que expresar mi admiración en este pequeño esbozo familiar.
Marc Chagall y los girasoles
Muy curiosa esta obra del pintor ruso por el uso de una paleta de tonos apagados, aunque aparecen la ventana y la escena cotidiana de una pareja con su hija (¿Ida?) asomados a un espacio ciudad-cielo. Los girasoles que han pintados casi todos los pintores que han pasado por la Provenza, en este caso no forman parte del paisaje, sino que forman parte de ese otro paisaje interior en los que Chagall reinventa la realidad con su magia y fantasía, donde los enamorados vuelan por el cielo y los burros también y las vacas son verdes o blancas… y la música y los violines y los samovares; todo grácil y etéreo. Cuando Chagall pinta este óleo atípico -los enamorados están dentro de una habitación-, en 1955, hacía tres años que se había casado con su segunda mujer, Vava, y lejos quedaban los años en que él y su primera mujer, Bella, se refugian en el precioso pueblo de Gordes al estallar la Segunda Guerra Mundial, como Vassarely y tantos otros. Fueron años, a pesar de todo, tranquilos en ese pueblo provenzal situado en la zona del Parque Natural del Luberon y con las bellezas paisajísticas de Vaucluse. Pero la memoria la utiliza el pintor para bucear y rastrear su pasado remoto de la infancia y el más próximo, a fin de que de «su realidad» no se escape nada; como en sus memorias, «Ma vie», escritas en 1933. De modo que, muerta su querida Bella, la sigue evocando en estos girasoles que son los «vividos» por ambos en la Provenza.
Las flores de Odilon Redon en el Museo de Orsay

Odilon Redon: «La rama florecida amarilla». Carboncillo, óleo y temple sobre lienzo. 248 x 163. 1901. Museo de Orsay. París.
Odilon Redon es de la generación de los impresionistas y, como estos, recibe encargos para decorar salones, castillos o grandes mansiones. Lo «decorativo», a partir de 1900 no tiene el carácter peyorativo que posteriormente se le ha dado; grandes figuras como Monet o Renoir y el mismo Odilon Redon reciben gustosos los encargos de las grandes fortunas de Francia para llevar a cabo dichas decoraciones que les permiten realizar obras de gran formato. Para algunos hoy sería un escándalo la frase que acuñó Albert Aurier, escritor y crítico: » No existen cuadros, solo existen decoraciones». El primer encargo que recibió fueron los cerca de quince paneles para el castillo del barón Robert de Domecy en Yonne, entre 1900 y 1901; realizados con temple, óleo y pastel, atrás quedaron sus obras en carboncillo, sus «Negros» de otra época anterior. En 1902 decora el salón de música de la casa parisina de la viuda del músico Chausson; y posteriormente la manufactura de Gobelins le encarga cartones para tapicerías. Pero es en Fontfroid en donde realiza su gran obra en decoración.
El primer cuadro, «La rama florecida amarilla», destaca por su marcado aire japonés dentro de su peculiar estilo; el segundo nos lleva a los paneles de Fontfroid.
Formidable exposición en la calle II: Sebastiao Salgado
Formidable exposición en la calle: Sebastiao Salgado

Instalación de la exposición, patrocinada por CaixaForum. Avd. de la Constitución. Murcia. Foto: Bárbara.
La belleza del blanco y negro tiene en Sebastiao Salgado su máximo exponente. Inicia su carrera profesional en París y trabajó en las míticas agencias Magnum, Sygma y Gamma; nuestro país le reconoció su labor con la concesión del Premio Nacional Príncipe de Asturias en 1998. Su sorprendente dominio de la monocromía ha hecho que se le compare con maestros de la pintura como Rembrand y La Tour, allá donde las luces y las sombras son protagonistas en el juego de la más bella sinfonía tonal. Con su mujer Léila, comisaria de esta exposición, funda Amazonas imágenes que se encarga de sus fotos en exclusivas.
Magnífica exposición y montaje en Murcia. En la periferia se agradece la descentralización del arte con muestras como esta de primera magnitud.
Ponte Vecchio y Corredor de Vasari desde los Uffizi
Cuando el Ponte Vecchio está mas bonito es al atardecer visto desde el Ponte Santa Trinità o desde cualquiera de las orillas; cuando hice las fotos era a mediodía de un día claro y luminoso y puedo asegurar que se veía hermoso. El puente medieval de tres arcos descansa en dos fuertes pilares con forma de proa de barco; fue construido en 1345 siendo el más antiguo de Florencia; y, menos mal, se salvo de los bombardeos durante la II Guerra Mundial. Siempre ha habido talleres y comercios a lo largo del puente, sobre todo de joyería y orfebrería, pero inicialmente había carnicerías, herrerías y curtidores que contaminaban el río; algunos de los talleres medievales más antiguos tienen pequeñas ampliaciones que dan al río siendo sostenidas por puntales de madera llamados sporti.


























