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Los retratos de Lucian Freud

Lucian Freud

Lucian Freud: «Mujer con un pecho desnudo», 1970-72. Óleo sobre lienzo, 63,5 x 49,5

 

Lucian Freud

Lucian Freud: «Retrato de David Hockney», c. 1947

 

Lucian Freud

Lucian Freud: «El joven pintor», 1957-58. Óleo sobre lienzo, 40,8 x 39,4

 

Lucian Freud es un pintor inglés de origen alemán que nació en diciembre de 1922 en Berlín y emigró con su familia a Inglaterra en los años treinta. No sé si los genes influyeron en su obra, dado que su abuelo fue Sigmund Freud, del que hoy, precisamente, se cumplen 160 años de su nacimiento, pues de su pintura, y más concretamente de los retratos de su madre, se ha dicho que tienen una gran penetración sicológica. Con Bacon y Auerbach forma la denominada Escuela de Londres, siendo uno de los pintores más importantes de su generación. Aunque en sus inicios transita por el surrealismo y el neorromanticismo utilizando escasa pintura, a partir de los años cincuenta la materia cobra significado e importancia en su obra; tanto con sus rudas pinceladas de gran expresividad como a través de la espátula busca, a pesar de ello, el detalle, consiguiendo una pintura desgarrada e intimista; sus desnudos flácidos son perturbadores y a nadie deja indiferentes. La tradición realista inglesa le debe mucho a Lucian Freud y la figuración cobra un gran impulso gracias a su obra y, sin ella, quedaría coja la pintura del  siglo pasado. En los años ochenta se hizo una gran retrospectiva de su obra que recorrió París, Londres, Berlín… En el 2010 y en el Centro Pompidou de París se realizó su última gran exposición, con cincuenta obras de gran formato; Freud murió  al año siguiente. No me queda más que decir que sus retratos son extraordinarios.

Umberto Boccioni

Umberto Boccioni

Umberto Boccioni: «Formas únicas de continuidad en el espacio», 1913. MoMA, New York.

 

Umberto Boccioni

Umberto Boccioni: «Debajo de la pérgola de Nápoles», c. 1914. Óleo sobre lienzo. Civica Galleria d’Arte Moderna, Milan.

 

Umberto Boccioni, pintor y escultor, nacido en Reggio de Calabria en 1882, está considerado el máximo representante del movimiento futurista; su periplo vital lo lleva a vivir en París, Rusia, Venecia…, pero es cuando se traslada a Roma en 1901 cuando conoce a otros artistas que sienten las mismas inquietudes que plasma él mismo en el Manifiesto sobre la escultura futurista que publica en 1912:»Hay que destruir la nobleza totalmente literaria del mármol, del bronce… el escultor debe utilizar materiales diferentes o más aún en una sola obra, con tal de que la emoción plástica lo exija». Cualquier material vale, cartón, vidrio, espejos, crin, cuero…, con ello se abre la veda a un sinfín de materiales nunca antes considerados susceptibles de ser utilizados en «obras de arte», aunque no sé qué consideración le produciría que el Arte Povera, muchos años después, otorgara el placet a materiales tales como las heces del artista debidamente enlatadas. Y no es broma, como ya sabemos. Boccioni, admirador del cubismo, no obstante se manifiesta totalmente opuesto a ese arte inmóvil, congelado y apuesta por «un estilo del movimiento que nunca fue intentado antes de nosotros». Desarrolla las llamadas «líneas de fuerza» que buscan plasmar la huella que deja un objeto en movimiento en el espacio, es decir la continuidad del trayecto espacial de cualquier objeto; de esta manera, así mismo, busca esa dinámica en el cuerpo humano en obras tan conseguidas como en la escultura, «Formas únicas de continuidad en el espacio», curiosamente en bronce, de 1913, o en «Cabeza de su madre».

Naum Gabo: Constructivismo y arte cinético

Naum Gabo

Naum Gabo: «Construcción lineal en el espacio nº 2», plexiglás y filamento de nailon.

 

 Naum Gabo

Naum Gabo: «Bronce esférico», 1960. Bronce fosforado sobre base de madera. Tate Gallery 

 

Naum Gabo

Naum Gabo: «Tema espiral», 1941. Acetato de celulosa y plexiglás. Tate Gallery

 

A este escultor ruso, Naum Neemia Pevsner, que nació en Briansk en 1890, le debemos el impulso del nuevo movimiento dentro del arte, el que se produce tras la revolución rusa de octubre, el movimiento constructivista y la creación del arte cinético. La obra de Gabo se puede sintetizar en una búsqueda e indagación  constante del espacio realizada de forma científica y la utilización de los nuevos materiales industriales, de manera especial los transparentes.En 1920 redactó el Manifiesto Realista junto con su hermano Anton, sentando las bases del constructivismo; en sus primeras líneas se dice: Dejemos el pasado a nuestras espaldas como una carroña. Dejemos el futuro a los profetas. Nosotros nos quedamos con el hoy.

El arte cinético es una corriente del arte en el que las obras tienen movimiento o parecen tenerlo, y se caracteriza por la utilización de materiales industriales; lo que busca es la integración entre la obra y el espectador. Las primeras manifestaciones de arte cinético se deben a Marcel Duchamp en 1910, pero el nombre de arte cinético aparece por primera vez en 1920 en el citado Manifiesto. De una manera sencilla se puede hablar de los distintos tipos de arte cinético: los estables, en los que el espectador debe rodearlos para percibir el movimiento; los móviles (ya vimos los móviles de Calder, posteriores), obras que producen un movimiento real y los penetrables, en los que el espectador debe entrar en la obra para recorrerla y así percibirla en su totalidad. Pictóricamente el arte cinético se basa en las ilusiones ópticas, en la vibración retiniana. Según el manifiesto solo la vida, sus leyes y sus movimientos incesantes pueden servir de base a un verdadero arte realista. En el manifiesto redactado por Gabo y Pevsner se atacan el cubismo y al futurismo por su incapacidad de crear el movimiento, la vida.

Desnudos de E. Weston

E. Weston

E. Weston: «desnudo»

 

E. Weston

E. Weston:»desnudo»

 

E. Weston

E. Weston: «desnudo»

 

Los desnudos y los objetos en general, así como los paisajes son retratados en primer plano, de forma directa, sin nada que moleste ni distraiga la atención. Buscando la esencia, el fotógrafo se había de desprender de cualquier regla o norma; la libertad y la espontaneidad en la visión eran los ingredientes para no coartar el empuje del acto creativo.

El gran maestro de la fotografía americana: Edward Weston

Edward Weston

Edward Weston: «Hoja de col», 1931

 

Edwar Weston

Edwar Weston: «Nautilus»

 

Eward Weston

Eward Weston: «Alcachofa»

 

Nacido en Illinois en 1886, se le considera el más grande fotógrafo americano. Sin ningún género de duda, Weston tuvo una vocación inequívoca desde joven: sería fotógrafo. Ensayó con temas y tratamientos nuevos y le pidió consejo al gran Stieglitz, el cual no le hizo demasiado caso. La idea de que un fotógrafo podía hacer obras de arte igual que un pintor, un escultor o un escritor le rondaba por la cabeza. La influencia de varias de sus amantes en su dedicación plena a la fotografía fue decisiva. Su estancia en México le unió al grupo de vanguardia de los «estridentistas» formado por Manuel Álvarez Bravo, Diego Rivera, Frida Khalo, Nahui Ollin… frente a la corriente europea y hubo un antes y un después de México. «La fotografía directa» supuso un gran avance para la fotografía americana con imágenes muy precisas, de gran nitidez. Weston, junto con Adams, Strand y Cunningham, fundaron el Grupo f/64 que defendía una nueva dirección hacia la «fotografía directa» frente al pictorialismo y las vanguardias europeas. En su época la influencia del pictorialismo era aún muy fuerte y él rescata la obra de los primeros retratistas que utilizaron el daguerrotipo y el trabajo tanto de profesionales como de amateurs que practicaban la fotografía por sí misma sin pensar en la valoración posterior. Buscaba la esencia de las formas y diferenciaba la fotografía de la pintura basándose en dos hechos fundamentales: la naturaleza del proceso de impresión y la naturaleza de la imagen.

Pollock en Málaga junto a Picasso

J. Pollock,:"Mural", 1943. Museo de Arte de la Universidad de IoWa.

J. Pollock,: «Mural», 1943. Museo de Arte de la Universidad de Iowa.

 

Lee Krasner: "Promenade", 1947.

Lee Krasner: «Promenade», 1947.

 

Motherwell: "Elegía a la República Española nº 126", (1965-75).

Motherwell: «Elegía a la República Española nº 126», (1965-75).

 

Se ha inaugurado en el Museo Picasso de Málaga la exposición «Mural. Jackson Pollock. La energía hecha visible», que estará abierta hasta el 11 de setiembre. Por primera vez se puede contemplar en España el mural de seis metros de J. Pollock que fue un encargo que le hiciera al pintor Peggy Guggenheim en el verano de 1943, un pintor entonces aún no muy conocido y que este finalizó en noviembre; esta famosísima obra fue concebida para ser colocada en el pasillo de entrada de la casa de la mecenas y coleccionista. El reducido espacio alargado otorgaba a quien lo recorría el privilegio de tener la impresión de estar dentro del cuadro. La muestra nos hace disfrutar también de la obra de su mujer Lee Krasner, «Otra tormenta» de 1963 y los cuadros de gran formato de R, Motherwell, «Elegía a la República Española nº 126»; de Andy Warhol, «Hilo/Yam» de 1983; de Saura «La grande foule» de 1963 … La exposición muestra otras seis obras más de Pollock como «Otro desnudo» y «Circuncisión», la primera todavía con referencias a la figuración y la segunda dentro de la gama de colores del «Mural» en rosas, amarillos y rojos de gran intensidad. Por último destacar que esta es una muestra itinerante que ya se ha visto en Venecia y Berlín y que se llevará después a Londres para la exposición «Expresionismo Abstracto». Según las palabras del pintor, su gran obra «Mural» representa una estampida de animales en el oeste americano; para mí es la pura expresión, dinamismo y fuerza que caracteriza su dripping.

Según el comisario de la exposición David Anfam el cuadro muestra a la perfección la admiración que Pollock sentía por el pintor malagueño. Una ocasión magnífica para acercarnos a ciudad que le vio nacer e ir de museos sin olvidar el tema gastronómico con la degustación de los espetos de sardinas a orillas del mar.

Calder en su estudio

Calder en su estudio

Calder en su estudio

 

El taller de un artista es fiel reflejo de su manera de trabajar. Los hay que son un modelo de pulcritud, véase el de Renoir en la Costa Azul francesa, el de Matisse o Monet por ejemplo, y otros en donde reina el caos como los de Picasso, el de Giacometti y este de Calder; el de Francis Bacon era el no va más del desastre, parecía el de alguien que padeciese el síndrome de Diógenes. Este de Calder, lleno de cachivaches, es el summun del chamarilero. Una mirada más pausada y atenta nos puede dar otras pistas; lo que a simple vista parece un desbarajuste, guarda un orden caótico que solo el creador sabe desentrañar; por ello no hay que dejarse engañar: el más completo caos guarda tesoros que en un momento determinado hacen saltar la chispa que hace posible que un trozo de cuerda, un alambre retorcido, la huella o restos de un color, un trozo de madera se conviertan por arte de magia del artista en algo importante.

Paul Klee

Paul Klee

Paul Klee: «Ad marginem», 1930. Acuarela barnizada, 46,3 x 35,9. Museo de Arte, Basilea

 

Paul Klee

Paul Klee: «Canto árabe», 1932. Colección Phillips, Washington D. C.

 

Paul Klee

Paul Klee: «Recordando un jardín».

 

La formación musical de Paul Klee, que a los siete años tocaba el violín, llegando a ser miembro de la orquesta Municipal de Berna, le lleva a concebir la pintura como un sistema bajo el cual las estructuras musicales se asimilan al lenguaje pictórico y, gracias a ello, se puede llegar a la abstracción. La música pasaría a ser una manifestación artística del espacio y las manifestaciones visuales artísticas lo serían del tiempo. Ni Kupka ni Kandinsky llegaron tan lejos en sus investigaciones; Klee afirmó que «el espacio es él mismo una noción temporal». Paul Klee fue profesor de la Bauhaus y, al igual que su gran amigo Kandinsky, compartía la idea de que hay que buscar la manera de plasmar la imagen subjetiva mental antes de que esta sea filtrada por el pensamiento, de modo que se busca, mediante un código, la imagen en estado puro. Y aunque la obra de Klee se mueva entre la figuración y la abstracción,  la apariencia debe ser superada y ampliada; en el fondo Klee concibe la pintura, en definitiva, como una meditación interior.

Alexander Calder: Móvil y estable

Alexander Calder:

Alexander Calder: «Cello on a spindle», 1936. Metal, madera y plomo pintados. Kunthaus, Zürich

 

Alexander Calder:

Alexander Calder: «Pequeña araña», c-1940. Hojas de metal pintadas y alambre de acero. Galería Nacional de Arte, Washington

 

Alexander Calder:

Alexander Calder: «Performing Seal», 1950. Hoja de metal y alambre de acero pintados. Museo de Arte Contemporáneo de Chicago

 

Alexander Calder:

Alexander Calder: «Avant-Garde in motion»

 

Alexander Calder (Filadelfia 1898-N.Y. 1976), fue el ingeniero y escultor americano que revolucionó con sus móviles, en contraposición a sus estables, la escultura del siglo pasado; de esta manera simplificada se podría definir someramente lo que fue Calder. Su amigo dadaísta Marcel Duchamp bautizó sus estructuras abstractas, ligeras, que se mueven a merced del aire, como móviles. Según él eran «dibujos» en el espacio, que, gracias a la liviandad de sus piezas, sus colores primarios y los materiales utilizados, unidos sus elementos por líneas y curvas, dotaban a todo el conjunto de dinamismo y lo convertían en algo realmente interactivo, convirtiéndose por todo ello en precursor del arte cinético. ¿Quién no conoce hoy día algún móvil y, es más, quién no ha tenido alguno en casa, en la habitación de los niños? La parte lúdica de sus móviles pronto hizo de Calder una figura imprescindible en innumerables espacios públicos, plazas y jardines de todo el mundo. Los estables (stábile), que fueron así bautizados por Arp, son esculturas abstractas inmóviles, que sugieren mediante formas imposibles a animales en tono humorístico. Pero no por ello, por ese tono y carácter lúdico, el arte de Calder es un arte menor; todo lo contrario, la belleza y elegancia, la simplicidad y austeridad de sus líneas elevan sus obras a lo genial; pareciese como si él hubiese descubierto la ingravidez en la escultura, la ligereza de la danza. Por lo demás, en su obra hay gran influencia de Joan Miró, Mondrian y Arp.

Moholy-Nagy. Fotogramas (1922-1943)

Moholy-Nagy

Moholy-Nagy

 

Moholy-Nagy

Moholy-Nagy

 

Moholy- Nagy

Moholy- Nagy

 

Moholy- Nagy

Moholy- Nagy

 

Mology-Nagy (1895-19469) es una figura renacentista del arte del siglo XX; de origen húngaro, su actividad abarca casi todos los saberes, pues fue crítico, pintor, escenógrafo, fotógrafo, pedagogo, diseñador y cineasta. Su preocupación por la luz, los efectos lumínicos  y el tiempo es una constante que se refleja en sus fotogramas. Los fotogramas, inventados al mismo tiempo que la fotografía a principios del siglo XX, fueron utilizados a partir de los años 20 por por Man Ray y Schad, pero el artista, que en ese momento estaba sobre todo dedicado a la creación pictórica, inicia sus fotogramas al entender las enormes posibilidades de este procedimiento que seguirá hasta su muerte; en total hablamos de unas 430 obras. Las propuestas de Maholy-Nagy siguen vigentes; la interacción entre sensibilidad y pensamiento, que desarrolla no solo en sus escritos sino en sus obras y su labor como pedagogo, dirigiendo en Chicago la New Bauhaus y creando el  Institute of Design, nos hablan de su intensa actividad. De igual manera que otros artistas en los años 20, utilizará y experimentará con distintos materiales como el aluminio, el acetato de celulosa. el plexiglás, que, posibilitando nuevas técnicas, corroboran la relación entre la industria, las artes y la ciencia. En sus fotogramas, usará dos técnicas diferentes, intentando captar la luz; para ello se sirve de objetos traslúcidos, como el vidrio, el cristal, tamices, velos que a veces superpone, que sitúa sobre un papel fotográfico especial que expone a la luz natural o artificial, o bien utilizando una cámara oscura. El tiempo de exposición dejará sobre el soporte de las superficies claras un fondo oscuro; con la cámara oscura el resultado se verá solo después del revelado tras la fijación de la copia.

Maholy-Nagy definió el fotograma como «una escritura y dibujo de la luz» o dijo de él que le permitía «pintar con la luz». Pero el fotograma era mucho más: el descubrimiento de otra realidad enriquecida.