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Andy Warhol: dibujos

Andy Warhol

Andy Warhol

 

Andy Warhol

Andy Warhol

 

Andy Warhol

Andy Warhol

 

Muchas veces he tenido la impresión de que los dibujos de los artistas suelen ser más «conservadores», que están años atrás respecto a sus obras, es decir que la línea, en cuanto define un espacio interior, es menos vanguardista; que el salto hacia adelante se conforma y apoya sobre todo en lo matérico y el color. Posiblemente esté en un error, pero lo siento de esta manera. De los tres dibujos, el primero me lleva a la línea matissiana; lo podría haber firmado el mismo Matisse sin ningún rubor, si la cronología fuera al revés. La influencia de la línea es tan fuerte en lo figurativo que de alguna manera es el cabo de un  mismo ovillo que se deslía a través del tiempo.

Georges de la Tour, maestro del claroscuro

Georges de la Tour:

Georges de la Tour:  «San José carpintero». Museo del Louvre.

 

Georges de la Tour

Georges de la Tour: «El recién nacido». Museo de Bellas Artes de Rennes

 

Georges de la Tour

Georges de la Tour: «La Magdalena penitente del espejo». National Gallery of Art, Washington.

 

Georges de la Tour es uno de los pintores más fascinantes y misteriosos de su época. Los pocos datos que se tienen sobre su biografía acrecientan ese halo que rodea tanto su vida como su obra. Los interiores íntimos con escenas domésticas reflejados a la luz de una vela hacen del claroscuro la fuente de inspiración casi mágica que nos introduce en espacios místicos de espiritualidad manifiesta. Sabemos que La Tour nació en 1593 en Vic-sur-Seille y que murió por la peste en Lunéville en 1652.; trabajó para el duque de Lorena y se cree que viajó, con anterioridad, a Italia por su estilo y su gran admiración por Caravaggio, con el que comparte similitudes. Los nocturnos caracterizan su última época, de la cual hay que destacar, entre otros, «San José carpintero». Pese a haber triunfado sobradamente en vida, su obra permaneció en el olvido durante siglos; fue gracias a varios investigadores, entre ellos el historiador de arte Herman Voss, quien en el siglo pasado lo rescató del olvido, que sabemos hoy lo que sabemos. La Tour no fechó ni firmó casi ninguna de sus obras, hecho que arroja más sombras sobre su cronología de por sí oscura. Georges de la Tour es un pintor popular y asequible, cuya obra llega directamente al público con la emoción que transmite una obra singular de gran belleza.

Las vidrieras de la catedral de León

Catedral de León

Catedral de León

 

Catedral de León

Catedral de León

 

Catedral de León

Catedral de León

 

Las vidrieras de la catedral de León son de las mejores de Europa. La catedral de León es, podemos decir, la más francesa de las grandes catedrales góticas españolas del siglo XIII, parecida a la de Reims en la planta y a la de Amiens en el alzado; como suele ser bastante habitual, la actual catedral se asienta sobre un templo románico de tamaño inferior y este a su vez reemplazó a unas termas romanas del siglo II. Esta magnifica obra es llamada la Pulchra Leonina y en su construcción intervinieron el Maestro Simón, el Maestro Enrique y la terminó el Maestro Pérez. La planta de la catedral consta de tres naves, girola simple y capillas radiales. Las naves se cubren con bóveda de crucería cuatripartita; y las torres, franqueando el hastial occidental, no se colocan sobre las naves laterales. En el exterior contemplamos las portadas del Juicio Final, San Juan y San Francisco; pero lo más bello de la catedral de León son las espectaculares vidrieras que enlazan con el ventanal superior dado que el triforio se cierra al exterior no con muro de piedra sino con vidrieras, que aportan la maravillosa luz al interior.

David Hockney

  DAVID HOCKNEY


David Hockney: L’arrivée du printemps à Woldgate», 2011. Dibujo creado en iPad y luego imprimido sobre papel, 144 x 108. Colección del artista.

 

  DAVID HOCKNEY

David Hockney: «L’arrivée du printemps à Woldgate», 2011. Dibujo creado en iPad y luego imprimido en papel, 144,1 x 108. Colección del artista

 

  DAVID HOCKNEY


David Hockney: «Tunnel de Près», 2006. Óleo sobre seis lienzos, 182,9 x 365,8 (cada uno de 91,4 x 121,9. Art Gallery of New South Walles, Syney Purchased.

 

David Hockney, el artista de Bradford (Inglaterra, 9 de julio de 1937), está considerado uno de los creadores más influyentes del siglo XX. Creador polifacético que se siente a gusto con cualquier medio de expresión, ha encauzado su labor a través de sus pinturas satíricas, sus dibujos, su obra gráfica, sus retratos, sus fotografías, sus escenografías, dentro del pop art inglés, aunque en sus inicios se mostrase cerca de un expresionismo parecido al de Francis Bacon. Su declarada homosexualidad se ve reflejada en obras como We Two Boys Together Clinging (1961). Sus obras de los años 60, como la serie de sus piscinas pintadas en Los Ángeles con una temática popular, están realizadas con un estilo deliberadamente ingenuo, con superficies planas de pintura acrílica o al óleo. En la década de los ochenta, sus trabajos con la polaroid dan lugar a lo que llama sus ensamblajes. Son de destacar sus escenografías operísticas y el diseño de los escenarios de obras de Puccini, Strauss y Wagner así como los decorados de «la Flauta mágica» de Mozart.; igualmente trabajó para obras de Satie, Poulenc, Ravel y Stravinsky. Ha realizado cubiertas para «Vogue» y en 2001 publicó «El conocimiento secreto», un curioso trabajo en el que narra cómo los pintores clásicos habían utilizado medios ópticos para trasladar sus imágenes al lienzo, como la cámara oscura o epidiascopos y que esto lo mantenían más o menos en secreto. Personalmente lo que más me atrae de él son sus paisajes y, aunque reconozco su calidad, no es precisamente uno de mis pintores preferidos, quizá porque encuentro su pintura excesivamente fría.

Torre Tatlin o Monumento a la Tercera Internacional

Vladimi Tatlin: Maqueta de la Torre. Real Academia de las Artes, Londres.

Vladímir Tatlin: Maqueta de la Torre. Real Academia de las Artes, Londres.

 

Vladimir Tatllin

Vladímir Tatllin: Maqueta de la Torre

 

En 1920, Tatlin presentó la maqueta del proyecto para el Monumento a la Tercera Internacional. La utilización de nuevos materiales como el acero, el hierro y el cristal, y la concepción del edificio como un centro plural dotado de movimiento pone las bases de una nueva arquitectura que más tarde serán desarrolladas. El edificio estaba formado por un cubo, una pirámide y un cilindro, elementos geométricos con un armazón común de estructura helicoidal ascendente y que se articulan sobre un eje vertical. Los tres volúmenes girarían alrededor de dicho eje una vez al año, al mes y al día respectivamente. El edificio albergaría un centro de congresos, un centro de comunicaciones y el órgano ejecutivo. En definitiva, el nuevo orden social contaría con esta especie de faro que alumbraría los nuevos tiempos; la Torre se remataba con un artilugio que proyectaba sonido e imágenes; la proyección de luz de la Tour Eiffel me lleva, de hecho, a recordar lo que podría haber sido la Torre Tatlin. La influencia del constructivismo en el desarrollo de la arquitectura posterior fue grande, pues veía en la arquitectura, compendio de todas las artes, el instrumento ideal para conciliar arte y sociedad; las innovaciones y las propuestas vanguardistas de los constructivistas  son, hoy en día, de innegable importancia; ya en su momento concitaron una gran polémica e hicieron que los dadaístas berlineses consideraran a Tatlin su gurú espiritual. El edificio, de 300 metros, se situaría encima de un río y, al margen de que su significación primera fue, no olvidemos, la expresión vanguardista del comunismo, el edificio sobrepasó con creces las expectativas y la idea primigenia, siendo hoy un referente en la arquitectura moderna.

Vladímir Tatlin, el constructivismo ruso

Tatlin: "Relieve", c.1914.Metal y cuero sobre madera. Colección particular

Tatlin: «Relieve», c.1914. Metal y cuero sobre madera. Colección particular

 

Tatlin: "Comuter Reliev", 1916

Tatlin: «Counter Reliev», 1916

 

Tatlin: ", Contrarelieve Azul", 1914

Tatlin: «, Contrarelieve Azul», 1914

 

Vladímir Tatlin  (Moscú, 1885-1956) es el  artista ruso que inicia el Constructivismo dirigiendo la vanguardia soviética. Tras la revolución rusa de 1917, el arte debía fundir la transformación social en el arte, y el arte con la tecnología, es decir, un arte nuevo donde la investigación plástica individual no fuera el resultado del análisis del artista a diferencia de Malevich, que propugnaba la investigación artística ajena a toda contaminación externa, el arte basaba su sentido siempre al servicio de la sociedad, ya fuera en arquitectura, carteles, diseño industrial… Tatlin abandera la vanguardia soviética.

En 1913, en un viaje a París, visita el estudio de Picasso, donde este le muestra sus pinturas con añadidos de cartones pegados o recortados y estos influyeron en la creación de sus Relieves y Contrarrelieves que realiza en los siguientes años, basados fundamentalmente en líneas e intersección de planos. Tatlin a partir del Cubismo despoja al objeto de toda referencia real  y, tomando del Futurismo el interés por todo tipo de materiales, crea relaciones entre los planos, el espacio, los volúmenes, modulando todos los elementos como un artista-constructor lo haría, como un demiurgo industrial en pos de un mundo nuevo. Y siendo la arquitectura el compendio de todas las artes, lo natural es que esta sea la plasmación de la unión lógica de arte y sociedad, de modo que la arquitectura moderna le debe mucho a las investigaciones de los arquitectos rusos. Tatlin,  como arquitecto, pintor y escultor, dirige la revolución soviética y el «Monumento a la Tercera Internacional» se convierte en el paradigma del constructivismo; esta es su obra más conocida  y básica en la arquitectura moderna, concebido como un edificio plural y dotado de movimiento con la utilización  de nuevos materiales y apoyada en la  nueva tecnología.

 

 

 

De inauguración, Joan Miró y Picasso

Picasso y Joan Miró el día de la inauguración del Pabellón español, el 12 de julio de 1937

Picasso y Joan Miró el día de la inauguración del Pabellón español, el 12 de julio de 1937

¡Qué guapos se han puesto! Picasso con pajarita y pañuelo en el bolsillo y Joan Miró con corbata y cara de susto.

 

Joan Miró trabajando en su obra dentro del Pabellón.

Joan Miró trabajando en su obra dentro del Pabellón.

 

Picasso y Joan Miró

Picasso y Joan Miró

Las fotos no son muy buenas, pero como testimonio valen un potosí.

 

Vista interior.

Vista interior.

 

Patio del pabellón.

Patio del pabellón.

El patio cubierto con una lona, respetaba la copa del árbol

 

Fachada

Fachada.

 

Vista de parte de la fachada con una escultura que me atrevería a decir que es de la serie de cabezas que Picasso hiciera en Boisgeloup, aunque no lo puede afirmar por la falta de definición.

La fuente de mercurio de Calder

La fuente de mercurio: Calder

La fuente de mercurio (detalle): Calder

 

En el post anterior, El Pabellón Español de la  República Española, se reprodujo la maqueta hecha por el autor y la citada fuente que Calder regaló al Pabellón y que no pudo firmar por su condición de extranjero. Las autoridades francesas solo permitían que en cada pabellón expusiesen los del país correspondiente y en todo caso artistas franceses. Cuando Calder se enteró de lo que se estaba montando en París, quiso exponer con sus amigos españoles y la única forma en que pudo fue donando la Fuente de Mercurio al Estado Español. Calder había regresado a París tras una ausencia de cuatro años y, acompañado de su amigo Miró, recorrió las instalaciones en construcción. «Sandi», como llamaban los amigos artistas españoles a Calder, supo que se iba a exponer el «Gernika», el «Payés catalán en rebeldía» de Miró y «La Montserrat» de Julio González. El mismo arquitecto responsable de la construcción del pabellón, Sert, le dijo que no podía aceptar sus servicios por no ser español.

La historia de la fuente de mercurio tiene su gracia; parece ser que la primera fuente de mercurio la construyeron los árabes en el salón oriental o salón rico de Medina Azahara o en el Alcázar de Córdoba.

A los pocos días llegó de España una fuente de mercurio que se construyó para la Exposición Internacional del 29 en Sevilla; dicha fuente, que era de mármol, no tenía valor artístico alguno e inmediatamente Calder se ofreció para reformarla. Colocó dos varillas paralelas, como un puente, de un extremo al otro del estanque circular; sobre ellas, tres bandejas a distinto nivel sobre las que iba fluyendo el metal que, al rebosar de una a otra, caía sobre dos elementos que obstaculizando el fluido originaba dos cascadas. El metal líquido surgía por un fino surtidor; además incluyó  un elemento móvil, una varilla vertical que, por el efecto del metal fluido, vibraba continuamente. La fuente tuvo un éxito tremendo y los visitantes arrojaron monedas para ver como flotaban sobre el mercurio; se llegaron a recoger 15.000 francos. Para el gobierno republicano  español, en plena guerra civil, la fuente tuvo un gran valor simbólico de la riqueza mineral de Almadén. De la parte superior de la varilla colgaba otra con un disco rojo en un extremo y en el otro la palabra Almadén en alambre de cobre. En la actualidad la fuente se encuentra en la Fundación Joan Miró de Barcelona como un deposito de la Fundación Calder.

 

 

 

Pabellón de la República Española en París

Entrada al Pabellón /Del archivo de Alberto)

Entrada al Pabellón

 

Picaso, Alberto y cuando llegó el Guernika

Picasso, Alberto y Sert el día de la llegada del Gernika al Pabellón

 

Cuadro de Miró

Joan Miró: «El payés catalán en rebeldía»

 

Calder frente a su fuente y con el Guernika al fondo

Calder frente a su fuente y con el Gernika al fondo

 

Maqueta de la fuente de Calder

Maqueta de la fuente de Calder. MNCARS

 

Detalle de la fuente de Calder

Detalle de la fuente de Calder

 

Fotografía de la escultura de Alberto «El pueblo español tiene un camino que conduce a una estrella» que presidía la entrada al Pabellón español y que se utilizó como cartel de la muestra. La obra de Alberto, evocadora de dimensiones terrestres y celestes de sus amados paisajes toledanos y de su sentido poético cósmico, era el perfecto equilibrio entre tradición y vanguardia. En la segunda foto, Picasso, el arquitecto Sert y Alberto el día que llegó el Guernika al Pabellón. La tercera nos muestra el cuadro de Miró y su ubicación en el interior del Pabellón que realizaran Luis Lacasa y Josep Lluis Sert, el magnifico arquitecto responsable también de la fantástica Fundación Miró de Barcelona entre otros muchos museos del mundo. La cuarta nos muestra a Calder, el único artista extranjero en el Pabellón, que donó su obra para la muestra, frente a su fuente de mercurio y de espaldas al Gernika. La quinta nos muestra la maqueta de la fuente y, por último, un detalle de la misma realmente fantástica. Todas ellas, documentos históricos de indudable valor.

Alberto Sánchez

Alberto Sanchez

Alberto Sánchez: «Toro», 1958-60. Madera y pasta de madera, 94 x 73 x 23. MNCARS, Madrid

 

Alberto Sanchez

Alberto Sánchez: «Maternidad», 1930-65. Bronce, 80 x 22 x 14 (realizada a partir del ejemplar en piedra de Novelda original. Fundición póstuma). MNCARS, Madrid

 

  Alberto Sanchez

Alberto Sánchez: «El pueblo español tiene un camino que lleva una estrella», cemento, 12,5 m. (reproducción del original frente al MNCARS) 

 

La obra de Alberto Sánchez, solo Alberto para la gente del mundo del arte, es fruto de su experiencia vital sumada a su ideología y a una honestidad personal y artística notables. Consecuente con su periplo existencial, de este artista toledano Iliá Erenburg dijo en una exposición retrospectiva que se realizó en Moscú: «Lo que más impresiona aquí es la comprobación de que a los veinte años de forzoso exilio, Alberto sigue siendo español y artista por los cuatro costados. Tercamente español y artista». Con estas palabras Erenburg define al hombre luchador que tuvo que desempeñar los más humildes trabajos para conseguir hacer lo que llevaba dentro. Duro, y sin desviarse, al mismo tiempo que de panadero, trabaja los materiales que convierte en arte desde su conciencia social obrera. Después de la guerra civil tuvo que exiliarse a Moscú donde fallece en 1962. Antes de la guerra se dio a conocer en la exposición de Artistas Ibéricos celebrada en Madrid, formando parte de la vanguardia española y colaborando con Lorca, Alberti, Miguel Hernández y Neruda… Es de destacar, al lado de sus pinturas y esculturas, su colaboración en escenografías y realización de telones  para la Barraca, en Fuenteovejuna, El cerco de Numancia de Cervantes o Las germanies de Valencia de Bergamín y Altolaguirre. La guerra trunca esa colaboración siempre fructífera entre los artistas plásticos y el teatro. Para  el pabellón español de la Exposición Universal del 37, realiza en París su obra «El pueblo español tiene un camino que conduce a una estrella» de 12 metros, cargada de simbolismo poético, cuya réplica se encuentra frente al Museo de Arte Reina Sofía. Esta escultura fue realizada en cemento monocromo, con una basa que era una rueda de molino traída desde España y rematada por una estrella roja y una paloma apoyada en un saliente. Picasso al respecto dijo: «Alberto era un hombre muy grande, como aquella escultura que presentó en la exposición de París».