Helen Frankenthaler

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Un pensamiento verde en una sobra verde. 1981

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Montañas y mar. 1952

Esta gran pintora neoyorquina nació en diciembre de 1928 y fue una de las figuras mas importantes de expresionismo abstracto americano e inspiración de varias generaciones posteriores.  Su obra recibe la influencia de Jackson Pollock y Greenberg; con este ultimo participó en el Movimiento de Arte Abstracto desarrollado de 1940 a 1960. Se formó en la Escuela Dalton, recibiendo lecciones de Rufino Tamayo. Se casó con el pintor Motherwell. Expuso por todo el mundo desde 1950 hasta 2011.Cualquier crítico poco fino diría que por su delicado colorido se nota la mano femenina, algo que detesto ya que la obra es buena o mala, no tiene género. Su técnica llamada soak (mancha de empapado) conseguía ese efecto de color tan bello. Con su técnica que consistía en pintar directamente sobre el lienzo sin preparar, la tela absorbía directamente los colores, consiguiendo que el efecto fuera de acuarela aunque estuviera pintado al óleo. Para ello diluía mucho el óleo con trementina o queroseno, esta técnica fue luego adoptada por otros pintores como Morris Louis y Noland: lo que entre los pintores llamamos «cocina» de cada cual. La forma de trabajar de esta gran pintora, su «cocina» conseguía, además que alrededor de cada área donde se aplicaba la pintura consiguiera un efecto de halo alrededor. Una de sus obras más conocidas, de gran formato, «Mountain and Sea» tiene ese efecto de acuarela. En el MoMA de N.Y. se realizó una retrospectiva de su obra en 1989. En el 2001 se le otorgó la Medalla Nacional de las Artes. Vivía en Darien, en Connecticut donde murió el 27 de diciembre de 2011.

Bizcocho 1, 2, 3.

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Receta y fotografía: A. R. S. O.

Este bizcocho tan esponjoso y con esta pinta tan buena es el que llamamos 123 porque tomamos como medida el vaso de yogur, generalmente natural. Ya sabemos que en la repostería las cantidades marcan la diferencia y debemos ceñirnos a ellas si queremos que nos salgan las recetas bien.

Ingredientes: 1 yogur natural o bien de limón, en cuyo caso no hace falta añadir a la mezcla ralladuras de limón, 1 medida del vaso del yogur de aceite de girasol, 2 medidas de azúcar y 3 de harina, 1 sobrecito de levadura royal (16g.) y 3 huevos.

Precalentamos el horno antes de preparar la masa a 160 grados con calor arriba y  abajo. Untamos con mantequilla o aceite el recipiente. En un bol mezclamos los huevos con el azúcar y batimos con unas varillas eléctricas hasta que la mezcla duplique su tamaño y blanquee. Esto ayuda a que el bizcocho quede más esponjoso. Añade el aceite a la mezcla y bate un poco para integrarlo. Después añade el yogur y sigue batiendo para mezclar todo muy bien. Por último añadimos la harina junto con la levadura que antes tamizamos. Batimos un poco y luego seguimos mezclando con una lengua pastelera o una espátula para que quede más esponjoso. Vierte la mezcla en el molde y dale unos golpecitos sobre la mesa para quitar las posibles burbujas de aire. Introdúcelo en el horno, que mantenemos a 160 grados, durante 50 minutos y, si ves que se está  tostando demasiado, tápalo con papel de aluminio. Comprueba con una puntilla si está hecho cuando esta salga seca. Si ya está, retira del horno. Fácil y rápido. Podemos ponerle por encima azúcar glas.

Colegas de La Estirga, gárgolas y quimeras

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Creo que ayer hizo un año del incendio de Notre Dame que, retrasmitido en directo, nos helaba el corazón. Seguimos con angustia el desarrollo del fuego y no podíamos creer que algo así estuviera sucediendo. Uno de los más bellos monumentos representativos de París se quemaba; claro que yo pensaba en La Estirga sobre todo y me reconfortaba pensando que la piedra aguantaría. Piel de piedra, lavada por esa lluvia fina tan parisina, garras de piedra bruñida por el viento, toda un arca de Noe De todas me sorprende ese personaje con gorro frigio y barba larga y esa pelícano que escruta el vacío…; abajo, el parvis de Notre Dame, con personas que, horrorizadas, miraban hacia las torres.

Jeanne Hébuterne, mujer de Modigliani

 

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Retrato de Amedeo Modigliani por Jeanne Hébuterne

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Autorretrato

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Jeanne Hébuterne

La vida y la muerte de Jeanne Hébuterne está unida a la vida y la muerte de su amante Modigliani, Modi para los amigos. Una triste vida llena de excesos: drogas, alcohol y miseria que les llevarán a los dos a una muerte prematura. Como pintora la anuló y como pareja la maltrató hasta que ella se suicidó lanzándose por una ventana de la rue Amyot; y allí, frente a la casa de sus padres, permaneció su cuerpo destrozado; un obrero subió el cuerpo a casa de sus padres que no quisieron hacerse cargo de él hasta que la policía decide que se lleve al estudio donde vivió con Modi, en la rue Grande Chaumière. Allí los amigos del pintor velaron su cuerpo; ella estaba embarazada de ocho meses y tenían otra hija pequeña. Modigliani murió a los 35, enfermo de tuberculosis; Jeanne tenía apenas 21 años y no supo superar su muerte. Fue enterrada en el cementerio de Bagneaux en soledad y él en el Père Lachaise rodeado de amigos. Diez años más tarde la familia de ella permitió que la enterraran junto a él. Modigliani llegó a París a los 22 años con su sueño, ser escultor, pero la pobreza lo decantó por la pintura. El pintor, adicto a los excesos, tuvo numerosas amantes y a todas las pintó desnudas, cosa que nunca hizo con Jeanne; entre ellas a la periodista Beatrice Hasting a la que llegó a tirar por la ventana y a la  mejor poeta rusa Anna Ajmátova… un sin fin de mujeres que a pesar de todo le amaron.  Este personaje depravado tuvo entre sus amigos a Picasso, Cocteau, André Salmon, Ortíz de Zárate, Guilliaume… Siempre digo que la obra de un artista nada tiene que ver con su esencia como ser; se puede ser grande y un ser despreciable. La bohemia deja de tener ese halo de romanticismo cuando, como en este caso, la vida es un caos, un torbellino al que arrastró a la persona que más le quiso: Jeanne Hébuterne.

Juana J. Marín Saura, poeta

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Foto: Bárbara

La obra poética de Juana J. Marín Saura es de una sensibilidad, grandeza y delicadeza que a estas alturas no voy a descubrir. Ante una gran persona y artista lo mejor es, porque yo me veo incapaz de analizar o desmenuzar su obra como lo haría un crítico, oír, leer la musicalidad de sus versos y penetrar en su mundo lleno de sutiles percepciones. Hoy más que nunca necesitamos de la poesía, alimentarnos de ella para encontrar un poco de paz en estos tiempos de zozobra. Estos dos poemas inéditos, además, son un regalo que debo agradecerle a su generosidad. Y vienen encabezados con una cita  de Cesare Pavesse que dice así:

«La poesía es una defensa contra las ofensas de la vida»

COMO ALAS transparentes

de múltiples insectos…

en vuestro pensamiento instalo

                                 mi pequeño hogar

Avanzo… giro… retrocedo…

 

Y este otro poema:

DE la bóveda celeste

                          cuelgo mil besos

Tomad del cielo vuestra parte.

 

Lobo Lunar

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Lobo Lunar encendía la noche con sus aullidos; a su alrededor el mundo  enpequeñecia, y cuando salia solo de la lobera, cuando la manada dormia, era un rehén  de su propio miedo. Sobre el peñasco habitaba el azul y mientras la luna se recortaba, él veía mundos gigantes que se aproximaban a la tierra. Era el sueño que despierto le perseguía, que le mantenía no obstante aferrado a la tierra, paralizado, pero lúcido añorando esas otras lunas que jamás visitaría; ellas flotaban a su alrededor como globos gigantes y el eco de sus aullidos resonaban en un espacio cada vez más finito. Sentía que a medida que envejecía su tiempo menguaba, que él se enfriaba como un río de lava y que solidificado no podría presenciar tanta belleza

Tortilla de cebolla

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Tortilla de cebolla. Receta y foto: Bárbara

I 2 cebollas grandes  (eso dependerá del tamaño que queramos hacerla), 2  o 3 huevos, sal, aceite de oliva, (pimienta negra, optativo)

En una sartén grande, ponemos  2 cucharadas de aceite de oliva, mejor si es virgen extra. Cortamos finamente en palmera la cebolla, bajamos el fuego y dejamos que se vaya pochando, y la salamos. No se trata de que se frían, sino de que poco a poco se pochen. Una vez bien pochada, la retiramos. Batimos los huevos y mezclamos (si queremos añadimos un poco de pimienta negra), y la cuajamos como es habitual, dándole la vuelta como si se tratara de una de patata. Como la cebolla contiene mucha agua, y aunque esta se pierde en el proceso, queda muy jugosa. Os la recomiendo.

La plaza del Ayuntamiento de Arles

 

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El Ayuntamiento con la bandera francesa y S. Trófimo

 

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Fotos: Bárbara

En el centro de Arles se encuentra la plaza del Ayuntamiento con San Trófimo a la derecha, que estaba en obras y cubierto de andamios, una pena, y en medio de la plaza está ubicada esta fuente con varios caños y unos leones de piedra que suelen gustar a las palomas. La fuente termina en un monolito que se eleva hacia el cielo como esperando  sobre las siete de la tarde a una bandada de cuervos que pasa inexorablemente todos los días. Cuando estudiaba historia del arte en la carrera me imaginaba que S. Trófimo sería grande, más monumental y resulta que tiene tanto de hermoso como de pequeñas proporciones.

El desconocido

La miró desde lejos sin reconocerla. La luz del mediodía, filtrada como  a través de un papel japonés, era suave. María se dio la vuelta. La vio correr entre los árboles y cómo se giraba de vez en cuando como huyendo de algo o de alguien. Ahora, ella dio un traspiés y pensó que se caería, pero se apoyó con fuerza contra un tronco, abrazándolo. Encendió un cigarrillo, pero sin dejar de observarla. El viento susurraba entre las hojas y le enredó el cabello que le tapaba la cara. Corría y corría asustada. Él pensó que sentía miedo, un miedo irracional. Desde donde estaba, podía mirarla sin problema mientras hacía aros con el humo, que se iban desvaneciendo en el aire. Por un instante se olvidó de ella, que seguía corriendo como poseída. Después ella se enredó con algo parecido a raíces vegetales que se ocultaban entre la hojarasca del suelo; un hombre al que no reconoció la tomó entre sus brazos. Entonces María despertó y él se desprendió del sueño.

Marina de Lucía Carpi Cases

 

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Marina de Lucía Carpi Cases. Fotografía: Bárbara

Esta marina ha estado siempre en casa o por lo menos desde que tengo memoria. Mamá ha pintado desde siempre, porque entonces, cuando las niñas iban al colegio, generalmente de monjas, se les enseñaba sobre todo dibujo, pintura, música, a bordar y a ser buenas futuras amas de casa. Mamá tocaba el violín y pintaba, pero nunca pensó en exponer, porque en su época era casi impensable y seguro que a ella esa idea no le pasó jamás por la cabeza. Y cuando tuvo a sus hijas, mientras pintaba, mecía el capazo suavemente con el pie. Esta marina, de pequeño formato, siempre me ha gustado y ahora la tengo colgada en casa; me gusta su composición equilibrada y posiblemente el hecho de que me sugeriría viajes y aventuras cuando era niña y sobre todo porque el mar es mi gran pasión. Uno de sus hermanos fue capitán de la marina mercante y recorrió medio mundo; si hubiera nacido en otra época, me hubiera gustado seguir sus pasos… y sus aventuras marineras que él, ya jubilado, me contaba.