Publicidad años 30

El jabón la Cibeles convierte en un placer la molestia del lavado.

Perfumes oxigenados del doctor Dei. Maravilloso invento, perfuman e higienizan el agua de la toilette, baños, lavados íntimos. Droguería San Jaume, Desengaño,  núm. 22. Casa Tomás, Sevilla, 3.

No queda ni una chinche con Dei.

No queda ni una mosca con Dei.

Dei exterminador de cucarachas. Fabricado en el laboratorio de la farmacia americana Dei.

El jabón la Cibeles el que conviene al bolsillo, a la ropa y a las manos.

Última hora: Once M. Aniversario del atentado en Madrid.

Ayer recordé, como creo todos los españoles, el terror que vivió Madrid hace nueve años. Fue el mayor atentado terrorista perpetrado en nuestro país,  que ha sufrido el terrorismo de ETA durante cinco décadas. Se dice pronto. Y nadie se puede acostumbrar a vivir sintiéndose vulnerable. No era preciso vivir en Euskadi, mi familia y yo lo hicimos, y puedo decir que admiro al pueblo euskaldun por como son de solidarios y generosos. No era preciso vivir allí para sentirse objetivo de ETA; cualquiera, en cualquier parte de nuestra geografía, podía ser víctima de un atentado. Nadie se acostumbra a vivir bajo el terror.

Pero la dimensión de lo que sucedió en Madrid era algo impensable. Lo de ETA era otro tipo de terrorismo, el terrorismo fascista, la lucha armada de un grupo que quiere imponer un sistema dictatorial. Lo de Madrid fue la obra sangrienta del terrorismo islamista. Mi hermana pequeña hacía ese recorrido para ir a trabajar y tuvo la inmensa suerte de no viajar en la hora en que las mochilas estallaron. Ayer, en el corazón de muchos españoles, se volvieron a encender las velas que en Atocha o en El Pozo recordaban a las víctimas. Me consta que la vida de los más del millar de heridos no volverá a ser como antes; son heridos que no sanarán jamás. Olvidar no es posible. Perdonar, el que pueda. Recuperar la fe en la «Humanidad» resulta difícil mientras existan los fanatismos religiosos. ¿Cómo es posible que en el segundo milenio las religiones sigan ocasionando dolor y muerte?  Olvidar no es posible. Perdonar, yo no puedo.

Eduardo Mendoza: Una trilogía prodigiosa

"El qué de las aceitunas". Foto: Bárbara.

«El qué de las aceitunas». Foto: Bárbara.

Desde hace meses tenía in mente rendir un pequeño homenaje al escritor barcelonés Eduardo Mendoza. Agradecerle las sonrisas y las carcajadas que le debo. Y no es fácil encontrar un autor que me haga soltar la carcajada, en solitario o en un lugar público, sin que me importe lo que los demás puedan pensar. Eduardo Mendoza (Barcelona 1943), escritor de reconocidos méritos por obras tan importantes como «La ciudad de los prodigios», elegido el mejor libro por Lire en 1989, y «Una comedia ligera», premio al mejor libro extranjero en 1998, ambos en Francia, es sin duda uno de los escritores de habla hispana más traducidos y respetados. «La verdad sobre el caso Savolta» tuvo, en el momento de su aparición, una gran acogida entre la critica y los lectores. Después, más premios y una larga lista de libros serios y menos serios configuran el legado Mendoza.

Me centro en la trilogía formada por «El misterio de la cripta embrujada», «El laberinto de las aceitunas» y «El tocador de señoras». Y ¡qué trilogía! Aparecieron por este orden y debo confesar que mi preferida es la segunda.

«El laberinto de las aceitunas», al igual que sus hermanas, tiene lo que Fernando Marías describe como una fórmula mágica en la cual uno de los ingredientes sería la picaresca, más otros que yo llamaría «lo casposo nacional» y la receta de la novela negra americana. Sea cual sea esta fórmula y sus ingredientes, funciona de forma prodigiosa. El arranque de la novela es ya desternillante con sus gotas surrealistas. El personaje principal, recluido en un sanatorio mental contra su voluntad, un pobre diablo tipo «landista», está acompañado a lo largo de la trama por otros como el comisario Flores, el doctor Sugrañes, don Plutarquete, Emilia y Pustulina Mierdalojo… conforman un mundo tan real como inverosímil. El personaje de Pustulina Mierdalojo es una delicia; solo por el nombre ya dan ganas de adoptarla; las criaturas del libro tienen dosis, a partes iguales, de ternura, desvalimiento, poca vergüenza y desparpajo: es decir, tienen la dosis necesaria para sobrevivir en un mundo donde los especuladores y los fuertes ganan. Esto ¿les suena de algo?

Este libro se queda corto; leyendo la última página le entra a una un desconsuelo que solo los otros dos pueden mitigar.

Tengo ya una edad en la que debo ser selectiva, pero no por elitismo; más bien diría que por tener el tiempo más limitado, de modo que releo lo que realmente me apasiona y me hace disfrutar. Me he reído y bien todas las veces que he abierto sus páginas. Les recomiendo fervientemente la trilogía. Sabido es que traducir es difícil, de alguna forma se traiciona el original, mas la Éditions du Seuil  tiene todas las obras de Mendoza en francés y no desmerecen del original lo que no es fácil, porque las expresiones de la calle en castellano son muy de aquí.

 En España podemos encontrar sus obras  en Seix Barral.

Gracias don Eduardo Mendoza.

Aviso a navegantes

A partir de hoy «Aviso a navegantes» será una llamada a los seguidores del blog a los que como a mí nos gusta leer hasta los anuncios en la prensa. Aparte de mi actividad con los pinceles, desde hace años la escritura, que me apasiona, ha ido haciéndose un hueco en mi quehacer diario. Sin grandes pretensiones, porque le tengo muchísimo respeto, intento divertir y, en la cadena de transmisión que supone la palabra, desearía compartir sentimientos tiernos y divertidos que se mezclen en una coctelera que nos hagan pasar un buen rato. Si lo consigo, estaré debidamente recompensada. A tal fin, en las dos páginas recién creadas, «Mis escritos: cuentos» y «Mis escritos: novela», iré colgando capítulos y cuentos nuevos. ¡»Aviso a navegantes» se pone en marcha!

Le Sacré Coeur

Le Sacré Coeur.

Le Sacré Coeur. Foto. Bárbara

Visto desde abajo, con la grandiosa escalinata, es como un delicioso pastel de nata; visto de cerca, de frente o de lado, visto desde atrás, siempre esa basílica de reminiscencias bizantinas me trasporta a otros lugares de ecos orientales. Su piedra blanca lavada por la lluvia preside, desde lo alto, el paisaje de la ciudad adormecida por el repiqueteo del agua. En verano la ciudad es un gigante aletargado por la «canicule», diseminada en barrios que celebran sus fiestas estivales. Y en pleno Montmartre una multitud bulle por sus calles empinadas. Impasible, le Sacré Coeur preside el paisaje.

Miró: Yo trabajo como un hortelano

Joan Miró: "Femme et oiseau dans la nuit", 1967.

Joan Miró: «Femme et oiseau dans la nuit», 1967.

 Las manos, esas herramientas imprescindibles, tocadas por un tibio sol invernal se vuelven alegres como unas castañuelas cuando cae en ellas una joya como esta, que acaricio, toco y siento como respira. Miro las reproducciones, que también respiran, y rozo con las yemas de los dedos las palabras de Miró que palpitan vivas como guijarros. Empiezo por el final: esta joya se terminó de estampar el 10 de setiembre de 1964 en las prensas de la imprenta G.E.A. de Milán (Italia). Se imprimieron en español 600 ejemplares numerados y este es el número 252.

La vista y el tacto aliadas en esta mañana frente a la declaración de fe de Miró, el poeta de las constelaciones, que dice: «El espectáculo del cielo me trastorna. Me siento trastornado cuando veo, en un cielo inmenso, el creciente de la luna o el sol. Los espacios vacíos, los horizontes vacíos, todo lo despojado me ha impresionado mucho siempre».

Miró el hortelano, que define su trabajo como el del hombre del campo que debe sembrar, regar, cortar, injertar, podar para que las obras maduren. Miró amaba la tierra, la naturaleza era su fuente de inspiración; su filosofía: «Un guijarro, que es un objeto finito e inmóvil, me sugiere no solamente movimiento, sino movimiento sin fin». «Como dijera Kant, es la irrupción inmediata de lo infinito en lo finito».

En sus inicios, el pintor admiraba la pintura de Rousseau «el Aduanero», de Vang Gogh, de Cézanne. Al amar a Rousseau amaba el arte popular, «porque me ha conmovido siempre. No hay en este arte ni engaños ni trucos. Va directamente a su fin».

La tensión espiritual que necesitaba para crear era una tensión voluntaria que encontraba en la poesía, la arquitectura, la música. Este creador enorme que trabajó como un hortelano cultivó la pintura, el grabado, la escultura, la cerámica con la misma pasión que el payés insular cultivaba el campo.

Había que ver sus ojos azules como el mar que veía desde la Bonanova. Los Miró vivían en una zona alta de Palma de Mallorca, la Bonanova, zona residencial donde vivía entonces también Camilo José Cela. Miró tenía unos ojos, pequeños, muy vivos en una cara surcada con arrugas de payés. Cerca de su casa hay una hermita pequeña a donde acudía los domingos con su mujer. A la salida de la misa, departía con los vecinos, con los amigos que vivían en la Bonanova. Un domingo me presentaron a Miró y a su mujer, yo era una jovencita tonta como todas las adolescentes y entonces no supe calibrar la importancia del momento y solo recuerdo su mirada viva, sus ojos risueños, su aspecto de hombre bueno. Desde lo alto de la Bonanova se ve todo el puerto de Mallorca, los barcos y el azul del mar como sus ojos.

Este libro -Miró: «Yo trabajo como un hortelano»- está prologado por Yvon Taillandier. Editorial Gustavo Gili, Barcelona. Edición bilingüe (Castellano-Inglés)

Disculpas a los amigos.

Quiero pedir disculpas a los amigos que dejáis vuestros comentarios, que agradezco tanto; desde hace varios días y por razones que desconozco ha desaparecido la sección de comentarios recientes -y que, por cierto, es la que más me alegra ver todos los días-. No soy una experta, pero estoy intentando ver como se puede solucionar esto.

Gracias. ¡Todo solucionado!

Indignados: Stéphane Hessel

Dibujo de Leonardo da Vinci

Dibujo de Leonardo da Vinci

Muere en París a los 95 años Stéphane Hessel, el humanista, diplomático, autor de «Indignados». Hace dos días, falleció en su modesto piso parisino, el hombre que supo inspirar a jóvenes de todo el mundo, que les invitó a indignarse, a rebelarse contra la crisis más grave del capitalismo que ha provocado una oligarquía poderosísima que obra en la sombra. Pero este hombre de gran fortaleza, que sobrevivió al nazismo, que participó en la redacción de la Declaración de los Derechos humanos, era el ejemplo vivo de la conciencia de un ser que creía en la unión de los pueblos europeos. Y este hombre sabio que se preparaba para «morir bien», que afrontaba la muerte como una experiencia positiva, les decía a los jóvenes que después de la justa indignación hay que comprometerse. No basta con indignarse: después, el siguiente paso es el compromiso. Y él creía que los jóvenes pueden cambiar el estado de cosas, el mundo injusto por otro en el que cada cual tenga lo que necesite.

Hessel es todo un ejemplo de humanista comprometido.