La puerta de siempre y un juego de llaves de hoy. La foto era casi ineludible.
Mi «Homenaje a Picasso»
La serie de mis homenajes comenzó sobre los años 80 y se fueron espaciando en el tiempo, de modo que no fueron hechos de forma continuada sino que responden más a una expresión o arrebato de reconocimiento o cariño circunstancial. Muchos pintores hemos tenido, en algún momento, esa necesidad de decir de alguna manera: te quiero Picasso, te quiero Braque, te quiero Matisse…, que es lo mismo que decir: gracias, gracias, gracias por lo que nos han dado, nos han enseñado, nos han hecho sentir. Un homenaje, en el fondo y en la forma, es una expresión de amor.
Hartung: La abstracción lírica.
Hans Hartung nació en Leipzig en 1904 y murió en Antibes en 1989. Tuvo una vida larga y fecunda marcada por la guerra y el nazismo como todos los artistas de su generación. Fue un miembro eminente de la llamada Escuela de París, pionero del expresionismo abstracto y exponente y creador de la abstracción lírica. Pocos pintores han tenido como él un reconocimiento en vida tan grande y merecido: en el año 1945 se le otorga la Cruz de Guerra y la Medalla Militar por el gobierno francés; en 1952 es nombrado Caballero de la Legión de Honor; en 1956 se le otorga el Premio Guggenheim y es nombrado Miembro de la Academia de Bellas Artes de Berlín; en 1960 se le otorga el Grand Premio Internacional de Pintura de la Bienal de Venecia; en 1964 la gran Cruz de la Orden del Mérito de la República de Alemania; en 1967 el Premio de Honor la VII Bienal de grabado de Ljubljana; en 1970 el Gran Premio de Bellas Artes de la ciudad de París… y otras distinciones como miembro de distintas Academias de Bellas Artes en distintas ciudades de todo el mundo.
Enumerar todos los datos de su biografía sería muy prolijo, datos que, por otra parte, están al alcance de cualquiera. En lo que sí quiero incidir es en el hecho de que se crió en un ambiente familiar donde la pasión por la música y la pintura era compartida por todos sus miembros, lo que, unido a la desahogada situación financiera familiar, le permitió estudiar Historia del Arte y Bellas Artes en su ciudad natal y en Dresde. De niño le atraía la astronomía y la fotografía, las cuales le acompañarían e influirían en su creación posterior. Siendo estudiante en la Universidad, acude a una conferencia de Kandinsky; es su primer contacto con la abstracción, aunque puramente teórico. Es entonces cuando uno de sus profesores le aconseja estudiar en la Bauhaus, pero él opta por seguir sus estudios en Dresde. En esta ciudad, en La Exposición Internacional, descubre la pintura moderna de fuera de Alemania: impresionismo, fauvismo, cubismo… Sus viajes por Francia e Italia le hacen confrontar la estética de Cézanne y Van Gogh. Expone por primera vez en Dresde y en Berlín, y con su mujer Anna Eva Bergman en Oslo. Ante el crecimiento del nazismo abandona Alemania. Se cierra una etapa.
En 1932 se instalan en Menorca, en el litoral norte de la isla, en la cala Tirán, cerca del puerto de pescadores de Fornells, donde se construyen una casita diseñada por Anna Eva. Es allí, en la soledad buscada, donde Hartung inicia su propio camino. La belleza incuestionable de la isla, el mar, el cielo limpio lleno de estrellas, que inspiró siempre a su después amigo Miró, le embarcan hacia su propia constelación. Su pintura se vuelve más instintiva: el frustrado astrónomo debió sentir toda la fuerza cósmica que la isla procura.
Entre tanto sus bienes son confiscados en Alemania. Regresa a París y desde allí parte para Estocolmo con el ánimo de volver a Alemania; en Berlín tiene que escapar de la policía nazi. Vuelve a París y crea su taller en el 19 de la rue Daguerre. Entabla amistad con Goetz, Kandinsky, Miró, Calder, Mondrian. Desde 1935 hasta el mismo año en que estalla la guerra, expone todos los años en el Salon des Suridépendents. Entre 1934 y 1938 pinta una serie de telas denominadas taches d’encre (manchas de tinta). En 1937 expone en la Internacional que organiza Zervos en el Museo Jeu de Paume donde conoce al escultor Julio González cuyas esculturas le impresionan enormemente. En los años posteriores su situación es precaria y trabaja en el taller de González; expone con su hija Roberta y se casa con ella -su anterior pareja le había abandonado- y es movilizado en la Legión Extranjera. Tras la derrota, regresa a la Francia no ocupada y vive con la familia González en el departamento del Lot. Tras la muerte de González y la ocupación de toda Francia, huye a España donde es hecho prisionero e internado en las prisiones de Figueres y de Girona, y en el campo de Miranda del Ebro; liberado, se vuelve a enrolar en la Legión extranjera; es herido y se le amputa una pierna. En 1945 vuelve a Paris donde el gobierno le concede la nacionalidad francesa y lo condecora. A partir de ahí participa en las exposiciones internacionales más prestigiadas: Bienal de Venecia, Documenta de Kassel, en Sao Paulo, en Tokio, en Lausana, en Estados Unidos, en Canadá, en Osaka, en la Fundación Maeght…
En 1961 se inicia un nuevo periodo en su pintura: los rascados sobre la superficie fresca, nuevo experimento en lo que los pintores llamamos «la cocina» de cada cual. En el año 1964 la fotografía retoma con fuerza su lugar, propiciado por los innumerables viajes que realiza por todo el mundo. En 1966, abandonando el grafismo casi en su totalidad, aparecen las grandes manchas oscuras, generalmente en telas de gran formato. A Hartung le debe la pintura actual toda la fuerza del expresionismo abstracto, la poesía, el gestualismo inconsciente, la rapidez de la ejecución, aparte de la ya mencionada «cocina» donde él experimentó con la genialidad del que abre caminos antes inexplorados. Su obra reverenciada en todo el mundo es, no un referente, sino «el referente» del expresionismo abstracto.
Por si no se nota, les diré que me entusiasma su pintura, aunque en estos casos los adjetivos se quedan cortos. A él acudo cuando necesito, en el estudio, oxígeno para seguir pintando.
Nuevo gazpacho manchego
A los alicientes de una ruta, de un viaje se unen muchas veces las delicias gastronómicas de los lugares visitados. A los que disfrutamos de las maravillas de un paisaje, del conocimiento de las gentes que lo habitan, de sus costumbres, nada como sumergirnos en sus fogones para comprender su idiosincrasia La Mancha, conocida a través de su hijo más universal Don Miguel de Cervantes y de su personaje don Quijote tiene su ruta turística, como no podía ser menos; sorprende la variedad y belleza de la meseta. Quien tenga la idea, muy común, de un paisaje monótono, árido y exclusivamente llano se lleva una gran sorpresa; las lagunas de Ruidera y las Tablas de Daimiel, espacios adornados por el agua, desmienten esa idea; los cielos velazqueños enmarcan una variedad enorme de tierras sienas, ocres, sepia… su belleza nos alimenta el espíritu y su gastronomía, contundente, tras un día movido nos reconforta y reconcilia con el mundo. Otro manchego universal, Pedro Almodóvar, nos recuerda en su filmografía la cocina que las madres y abuelas hacían, las conservas, la repostería. Aparte de las famosas gachas que se hacen con harina de almorta, el gazpacho manchego representa la esencia del buen comer. El gazpacho manchego, que nada tiene que ver con el andaluz, tiene como base las tortas cenceñas y la carne de caza. Desde hace unos años, en la costa levantina, una serie de cocineros jóvenes e innovadores han dado una vuelta de tuerca al gazpacho manchego y con gran acierto han creado una forma de hacerlo realmente exquisito. Suelen hacerlo con langosta, almejas, rape o mero. Como los tiempos no están para dispendios, yo lo hago con ingredientes asequibles; caso de no encontrar las tortas, que son como un tipo de pasta italiana seca, vale sustituirlas por lo que tengamos a mano. La textura de las tortas, una vez cocidas, es muy parecida a la pasta fresca hecha en casa.
Gazpacho manchego de mariscos
Ingredientes: Tortas cenceñas o en su defecto otro tipo de pasta, mejillones, calamar pequeño, almejas y unos trozos de pescado. Para el sofrito: tomate natural, cebolla, 2 dientes de ajo. Caldo de pescado.
Hacemos el sofrito y reservamos. Abrimos los mejillones en una sartén y las almejas en otra; limpios y bien secos, pasamos por una sartén los calamares pequeños (muy poco, unos 4 minutos). En una cacerola ponemos el caldo de pescado, el sofrito y el caldo que hayan soltado los mejillones y las almejas. Cuando esté caliente, añadimos las tortas o la pasta; cuando le falte poco para que esté hecha, añadimos el pescado troceado, sin espinas y los calamares pequeños; por último las almejas y los mejillones sin sus valvas. No debe quedar muy caldoso. El resultado es espectacular y el sabor, delicioso.
Una péniche por el Sena
Kandinsky y Monet
Wassily Kandisky nace en Moscú en 1886, el 4 de diciembre, y muere en Neuilly-sur-Seine, cerca de París, en diciembre de 1944. Su vida abarca unos momentos históricos y artísticos trascendentes: primera guerra mundial, revolución rusa y la ascensión del nazismo y caída del tercer Reich. Vive en Rusia, Alemania y Francia inmerso en todos y cada uno de esos conflictos y, en primera fila, los distintos movimientos que se producen en el arte en todas sus manifestaciones: en Munich entra en contacto con la Secession, el movimiento que agrupa a los artistas alemanes contrarios al academicismo, preside el grupo de artistas de Die Phalanx, funda la asociación artística NKVM, época de Der Blaue Reiter (expresionismo alemán), revolución rusa, Bauhaus…
Sabemos que en Rusia se hace abogado e imparte clases en la universidad de Moscú. En 1896 el impacto que le produce un cuadro de Monet en la más importante exposición de pintura impresionista celebrada en Moscú, le impulsa a dedicarse a la pintura. Se dice que tuvo su primera intuición de la abstracción al ver un cuadro de la serie de los Almiares de Monet, se dio cuenta de que la fuerza del color podía hacer prescindible el objeto, pese a lo cual la pintura no perdía fuerza. Quiero hacer hincapié en este hecho; la pintura, y el arte en general, es el resultado de avances, de pasos sucesivos que enlazan los unos con los otros; pero también que las distintas manifestaciones se alimentan y se complementan.
La formación artística primera de Kandisky fue la música, decisiva en su creación, lo mismo que su contacto con la arquitectura en sus años como profesor en la Bauhaus. Tras el impacto que le produjo Monet, se traslada a Munich abandonando la abogacía y se inscribe en la academia de Antonin Azbé, en donde el modernismo vivía su máximo esplendor. Es un momento de gran agitación cultural -August Endell declara que»no hay mayor error que pensar el arte como una reproducción escrupulosa de la naturaleza»-. El pintor aprovecha de los fauvistas la potencialidad del color; son años de ensayos, de tentativas. En sus primeras «Improvisaciones», aparece el lenguaje musical aplicado a la pintura; ya en 1896 le impresionó profundamente la representación de la ópera «Lohengrin» de Wagner, quien postulaba un «arte total», cuya fuerza transmutaba los sonidos en colores, efecto que ahora él procuraba invertir. El color y la forma son más genuinas para expresar la subjetividad del artista, el cual no debe fijarse en lo externo sino en su espíritu.
El pintor frecuenta al expresionista Marc, con quien colabora activamente en la época del «Jinete azul», y a Paul Klee, amigo y compañero en la Bauhaus; el conocimiento de la música de Schönberg, desde su formación musical, le permite darse cuenta del alcance revolucionario del trabajo del músico.
Kandinsky buscó el efecto visual e incluso sonoro de los colores; para ello se sirve del círculo, de la esfera, de la pirámide, del cuadrado y del cubo, de los grafismos y de los colores puros, así como de la relación entre las emociones del creador y del receptor.
Al Kandinsky teórico le debemos dos obras fundamentales: «De lo espiritual en el arte», de gran influencia en el siglo XX, y «El punto y la línea sobre el plano» -esta última como consecuencia de su actividad docente y de su práctica como pintor-.
La extraordinaria actividad de Kandinsky y su recorrido vital dan para varias entradas; esta vez solo un apunte para dejar constancia de cómo un movimiento se enlaza con otro, cómo una pisada hace al artista avanzar en una determinada dirección, el por qué y su consecuencia; asistir en el tiempo a ese devenir es un privilegio del que podemos disfrutar.
Plaza de Franz Liszt
Aviso a navegantes
Nuevo capítulo de la novela. Y continúa el viaje de Ricardo Lambea.
Monet: el sueño de Giverny

Monet:» El estanque de ninfeas». 1899. Óleo sobre lienzo, N,Y. The Metropolitan Museum. 92’7 por 73’7 cm.
El sueño que arropó a Monet hasta su muerte fue Giverny; su casa y el jardín, el proyecto de su vida. El botánico que era Monet creó un sueño y lo diseñó. Los años en que él y su segunda mujer Alice Hoschedé con sus numerosos hijos dieron forma a aquel hogar fueron los años de la madurez y ancianidad de un genio que abrió un camino enorme a la pintura actual. Cuando Monet se instala en Giverny es ya un pintor consagrado, su marchante mantiene la casa, los gastos de la servidumbre, incluidos los jardineros y el chófer, los gastos escolares de los niños… y puede dedicarse a pintar con tranquilidad; eso es otro sueño que le permitirá conseguir sus objetivos, donar las pautas que permitan a la pintura llegar a otro lenguaje: el expresionismo abstracto. Para rediseñar aquel espacio, tuvo que lograr la desviación de un afluente, del Epte, crear su estanque y su jardín, su huerta, su taller. Monet tuvo que mantener las condiciones precisas para que el agua templada permitiera el crecimiento de las ninfeas, hacerlas traer de Japón, los pedidos de semillas (que se conservan) son una lista de la compra muy reveladora; Monet crea su mundo, todo lo supervisa, su huerta es tan importante como su rosaleda, sus agapantos, sus lirios o sus sauces llorones. Monet consigue su «Jardín de Epicuro» y, como él, recibe a los amigos con el mismo deleite; ministros, pintores, poetas, escritores disfrutan de las delicias gastronómicas de la cocina de Alice. Monet, epicúreo, disfrutaba de la vida y de la buena mesa. En su comedor amarillo decorado con grabados japoneses, tan de moda, se intercambian recetas como la bullabesa de Cézanne, o poemas como «La ninfea blanca» de Mallarmé, que representa las fuentes secretas de la vida y la indivisibilidad del ser. Monet conecta con la literatura de Proust -en «En busca del tiempo perdido», el personaje del pintor Elstir representa una forma de pintar coincidente con la del Monet maduro-.
Monet hace construir en la parte más estrecha del estanque un puente de madera elevado; su estilo japonés y la vegetación dieron origen al nombre de «jardín japonés», aunque no se puede identificar como tal, pues falta en él un elemento tan esencial como un jardín de piedra. En 1899 su amigo y marchante Durand-Ruel expone la primera serie de cuadros sobre el puente japonés, precursora de los de las ninfeas.
En los primeros cuadros puros de las ninfeas desaparece la orilla; este es el inicio de la gran revolución. El 6 de mayo 1909 Durand-Ruel expone estas insólitas representaciones con las que rompe definitivamente con la escuela de Barbizon al crear paisajes sin horizontes. Pinta un trozo de la superficie del agua, lo que sus ojos ven, lo que tiene justamente delante, con lo que la pintura se transforma en un campo de proyección de sentimientos subjetivos y la naturaleza en metáfora. La disposición de distintos planos de lo temporal, de la realidad interior y exterior, y el concepto serial son aportaciones que dotan de aire nuevo a la pintura. Los cuadros sin marcos, sin ruptura, permite la unión de unos con otros al estar concebidos como una unidad seriada; sin orientación espacial, son paisajes reflejados donde no se distingue la realidad del reflejo, lo de arriba con lo de abajo. La pincelada expresiva, abstracta, la superficie por si misma sin referentes exteriores son la gran aportación del genio en su casi ancianidad.
A través de su gran amigo, Clemenceau, primer ministro y después presidente francés, el pintor donó al Estado la serie de ninfeas que se puede contemplar en el museo de L’Orangerie, antiguo invernadero de naranjos en un anexo del Louvre. André Masson la ha calificado como «La Capilla Sixtina del impresionismo». En un principio la donación iba a ser albergada en el Hotel Biron, hoy Museo Rodin, como también estuvo a punto de irse a Japón. Pasear por sus salas redondas nos hace sentir como en medio de una isla rodeado de ninfeas, de sauces llorones, viendo el temblor del agua, el rizo de una hoja levemente sacudida por un ligero viento interior: el nuestro. La luz de las rotondas, como de acuario, dota a las salas de una intimidad providencial, se puede llorar quedamente ante tanta belleza sin que se note. Yo lo he hecho y me he quedado después muy bien.
Remedio Casero: Berros afrodisíacos
Consejo Práctico. Cómo cultivar berros. Extraído de un tratado de los años 30.
«Los Berros, de que tan poco uso se hace en nuestro país, constituyen un producto que hasta tienen propiedades terapéuticas, pues, según se expresa en algunos tratados de medicina, son un depurativo de la sangre bastante enérgico,
Una ensalada de berros, si se toma antes de comer, hace el papel de aperitivo, y si se comen aquellos con algo de la comida, al masticarlos producen en las glándulas salivales una prudente excitación, aumentando con ellas la cantidad de saliva que tan precisa es para una buena digestión.
En Francia se usan tanto los berros que hasta los cultivan en las casas, por un procedimiento curioso que merece ser conocido.
Se cría esta planta en la humedad y a la sombra; no gusta de temperatura elevada y, en cambio, es ávida del agua como pocas.
Para obtenerla, ponen en el país vecino un medio barril, o barreño, al aire, donde no le dé el sol, y lo llenan de agua.
Encima, a modo de tapadera, colocan un cedazo, tela metálica o cosa por el estilo, y sobre ella varios manojos de berros frescos; a las dos semanas habrán aparecido raíces y brotes nuevos que cubrirán por completo el tape.
Hay que cuidar de que el recipiente empleado esté siempre lleno de agua, compensando la que se pierde por evaporación; si se echa en aquella una mezcla de 5 gramos de sulfato de amoníaco y 1 de sulfato de hierro, por cada 10 litros de agua, se obtendrá mayor cantidad de producto.
También es conveniente cuando se corte en ramitos hacerlo en los sitios donde la vegetación sea más espesa, pues con ello se facilita el que lleguen el aíre y la luz a las plantas que quedan, con lo cual crecerán más lozanas, pues ya es sabido, cómo nutren aquellos dos elementos a los seres del reino vegetal».
Nota: El nombre científico de los berros es Nasturtium officinale, comúnmente llamado «berro de agua» o «mastuerzo de agua». En la medicina popular se utiliza contra la tuberculosis, la caída del cabello y como depurativo. Plinio lo consideraba como remedio afrodisiaco.









