Ramsés II y su visita a París

Obelisco, Place de la Cordorde. Foto: Bárbara.

Obelisco, Place de la Condorde. Foto: Bárbara.

En tono jocoso podríamos decir que Ramsés II le devolvió la visita a Napoleón, aunque esta no fuera propiamente de cortesía. Pocos faraones tuvieron la grandeza de Ramsés II, cuyo reinado superó los sesenta años y una vida tan longeva más allá de los noventa. Hijo del también grande Seti I se destacó en sus primeros años de reinado por sus dotes militares y las sucesivas campañas contra los hebreos y los hititas; famosa es la batalla de Qadesh contra estos últimos, aunque los cronistas no se ponen de acuerdo sobre el final de la misma. A la vez que controlaba y pacificaba los territorios fronterizos, dedica parte de su longevo reinado a la construcciones de grandes obras monumentales para mayor gloria de su imperio. En 1881, por casualidad, se encuentra en el Valle de los Reyes un auténtico tesoro arqueológico: más de cuarenta momias de los faraones de la XVIII Y XIX dinastía, que habían sido depositadas en una gruta de Deir-el-Bahri por los sacerdotes de la dinastía XXI para evitar los saqueos de las tumbas. Entre todas las momias se encontraba la de Ramsés II. Gaston Maspero, artífice del hallazgo, fue el primero en ir separando las vendas de este faraón con fama de cruel, mujeriego y altanero; el momento debió ser impactante: la cara era la de un anciano de nariz prominente y su estatura, de alrededor de un metro ochenta.  La momia, hasta entonces perfectamente conservada, se fue deteriorando tras ser expuesta el público. Para los arqueólogos, conservadores y restauradores de todo el mundo este hallazgo fue tan importante y concitó tanta curiosidad como el de la de Tutankamón.  Una conservadora del Museo del Louvre, Cristianne Desroches fue requerida por el gobierno Egipcio para que analizara el estado del faraón. Valéry Giscard d’Estaign vio la oportunidad política de exponer la momia en el Museo del Hombre de París o en el Grand Palais y convenció al presidente egipcio Anwar el-Sadat, que comprendió así mismo la rentabilidad política de semejante viaje -cómo son los políticos-.

Dicho y hecho, el 26 de septiembre de 1976 llega a París la momia del faraón al aeropuerto de Le Bourget. ¡Si Napoleón levantara la cabeza, le tendría que rendir cuentas de todo lo que se llevó en sus campañas de Egipto!, todo hay que decirlo, y que no fue poco.Y se le rinden honores militares y protocolarios de un jefe de Estado. Y para mayor inri, al furgón de Ramsés se le da una vuelta por la Place de la Concorde, alrededor del obelisco del templo de Luxor. ¡La historia es implacable e impecable, al menos en este caso!

El caso es que la momia fue curada en Francia, fue radiada en Grenoble con rayos gamma de cobalto 60 que no la dañaron. Todos los hongos que la estaban destruyendo fueron eliminados. En la actualidad está expuesta en una urna de cristal en el Museo de El Cairo.

4 pensamientos en “Ramsés II y su visita a París

  1. ¡Apasionante historia, Bárbara, cuántas vueltas da la idem! Esperemos que lo poco que les dejamos a los egipcios no sufra daños en estos tiempos convulsos.

    • A mi me encanta y sobretodo que le rindieran honores de Jefe de Estado; los franceses son geniales para todas esas cosas. Hago votos como tú, la situación es muy difícil y les deseo lo mejor. Daría lo que fuera por estar allí, soy una reportera frustrada.
      Feliz fin de semana.
      Un abrazo.

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